Opinión

La infame historia del canal de televisión secuestrado

Ciudad de México, 18 de agosto (Redacción RG / Milenio).- La huelga del Canal 40 cumple mañana tres meses. Estalló porque había un adeudo salarial con los empleados. Fue, por lo mismo, una huelga justa. Pero cuando el dinero llegó y los líderes nacionales de la CTM comenzaron a inventar pretextos para no terminar el conflicto y con ello las angustias económicas de 350 familias, la huelga se pervirtió. Si el Canal 40 sigue en huelga es porque hay una poderosa voluntad política que así lo tiene decidido. El Canal 40 está secuestrado.

“La desconfianza es mayor que la deuda”, es la frase que usan los líderes nacionales de la CTM para impedir que la huelga se levante con honores, pues el sindicato habría obtenido mucho más de lo que pedía el 19 de mayo. Y, sin embargo, hace circo, maroma y teatro para impedir que la gente cobre y se reabra la fuente de trabajo. ¿Cuándo se había visto cosa similar? El dinero está sobre la mesa. No es un asunto de confianza. Es cosa de quitar las banderas rojinegras, pasar a cobrar y reanudar actividades.

Al borde del ridículo, exhibiendo que lo último que le interesa es el trabajador, la CTM le tiró la papa caliente a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), que para efectos ha sido en esta historia, en este sexenio, una oficialía de partes de los intereses de TV Azteca. Sin mayor argumento que la sospecha, el secretario Pedro Cerisola y el subsecretario Jorge Álvarez Hoth anunciaron hace un mes que solicitarían información en México y Estados Unidos sobre el préstamo de General Electric al Canal 40 para terminar la huelga.

¿Qué información quiere conocer la SCT que no le haya dado General Electric? ¿Cómo es posible que una huelga se mantenga en pie porque la CTM le pide al gobierno que investigue el crédito y el gobierno acepte y proceda con una lentitud de muerte? ¿Y cómo es posible que la CTM no se inconforme frente al tortuguismo gubernamental? A estas alturas, la respuesta lógica es porque ni una ni otra quieren levantar la huelga. Porque ni una ni otra quieren irritar a TV Azteca.

La CTM puede hacer lo que se le pegue la gana. Quintaesencia de la impunidad, no tiene que darle cuentas a nadie. Nunca ha tenido que hacerlo. Basta con que financie marginalmente la huelga, con que tire unas monedas al sombrero, para que pueda seguir jugando con ella, prostituyéndola, tratando de entregársela al mejor postor.

Pero Cerisola y Álvarez Hoth no se mandan solos. Al menos eso se supone. Es decir, la Presidencia de la República no quiere que esta huelga se levante. Los Pinos está en contra de que el 40 regrese al aire, o de que General Electric entre a competir en el mercado de la televisión. O de las dos cosas. O, como en el caso del Chiquihuite, prefiere hacer un papel vulgar, miserable antes que decirle no a TV Azteca.

¿Qué va a ocurrir cuando las autoridades de Estados Unidos le notifiquen al gobierno mexicano que no hay ilegalidad en el préstamo de General Electric al Canal 40; que, por el contrario, ven el proyecto con simpatía? Aun contra su voluntad, el gobierno mexicano tendrá que informar que no hay problema ninguno. Y aun contra su voluntad, la CTM tendrá que cumplir su palabra y levantar la huelga, ponerle fin a este infame secuestro.

Vicente Fox, Marta Sahagún, Cerisola, Álvarez Hoth y otros habrán fallado por segunda ocasión en tres años. Qué miseria, qué vergüenza. Dos veces, como matones, le habrán prometido a Televisión Azteca que destruirían al Canal 40 de Javier Moreno Valle. Dos veces habrán fracasado.

(Con la opinión de Ciro Gómez Leyva / Milenio)

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