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Opinión
La increíble y triste historia
del Canal 40
Ciudad de México,
1º de agosto (Redacción RG / El Universal).-
Ahora resulta que siempre sí. Que el más reciente
capítulo de esta compleja historia era eso: una entrada
de la NBC, subsidiaria del gigante global General Electric a la
televisión mexicana, pero por la puerta trasera.
Todavía hace unos días,
se trataba de un préstamo quirografario, de buena voluntad,
a la palabra, nomás porque sí, por pura ocurrencia.
Difícil imaginar a alguien explicando estos argumentos
en una reunión de Consejo de la transnacional. Está
claro en cambio que se trata de una maniobra encubierta para introducirse
ilegalmente al negocio mediático mexicano.
La simulación no es buena
consejera. Todo se sabe, tarde o temprano. Ahora de plano los
de GE han tenido que ceder a los públicos cuestionamientos
sobre la verdadera intención del financiamiento. El asunto
ha sido tan burdo que está destinado al fracaso por las
presiones oficiales para que se respete la ley y las de la cauda
de interesados y acreedores de un gigantesco alud de deuda que
ha prácticamente sepultado a CNI, que es la empresa propietaria
de Canal 40.
Por ello es imposible creer que la
intervención de GE-NBC se limitaría a 4 millones
de dólares: peanuts... cacahuates, dirían allá,
para pagar 41 millones de salarios atrasados a los trabajadores.
¿Y luego? Pues es muy fácil suponer que eso era
apenas el comienzo para después apoderarse de la mayoría
o la totalidad de acciones de los 110 millones de dólares
en que CNI valora su precio de mercado.
Una cifra astronómica aun
para algunos ricos mexicanos que se comen las uñas por
entrar al apetitoso y políticamente influyente medio que
es hoy por hoy la televisión en México, sobre todo
de cara a la elección presidencial del 2006.
Pero ¿qué son 110 millones
de dólares para un monstruo como General Electric?, peanuts...
todavía cacahuates. Sobre todo si se considera que les
vendieron la idea de que por la vía fast track podrían
incluir la difusión de los contenidos que genera Telemundo,
filial en español de NBC.
Lo increíble del asunto es
que Javier Moreno Valle, propietario de CNI, haya rechazado una
y otra vez propuestas que le permitieran una salida honrosa: quería
que le pagaran y también seguir mandando; quería
todo y está a punto de perderlo todo.
Se ha negado a reconocer que su administración
ha sido desastrosa: las carencias, conviviendo con las excentricidades;
el ayuno forzado junto al dispendio; ahorrando centavos y gastando
fortunas.
Mientras tanto, el tsunami de un
pasivo financiero en el que la lista de acreedores es mucho mayor
a la de sus clientes. A la deuda inicial con TV Azteca, que ahora
asciende a 50 millones de dólares, hay que sumar otros
tantos por créditos personales, renta, impuestos atrasados
y pagos a proveedores. Una loza descomunal. El que quiera comprar
adquirirá básicamente deuda y la posibilidad de
salir al aire, por supuesto.
Por ello nadie puede creer que General
Electric financie de gratis tan sólo 4 millones de dólares
que son apenas la punta del iceberg de una inmensa deuda bajo
la superficie.
Pero hay todavía más.
CNI enfrenta un largo litigio con TV Azteca que asegura que tiene
el derecho a adquirir 51% de las acciones de CNI, porque así
lo estableció el convenio inicial de intercambio en julio
del 98. Está pendiente, pues, una resolución judicial
que se está peleando todavía en los tribunales.
Por si fuera poco Javier Moreno Valle, el propietario de CNI,
se encuentra prófugo a causa de una orden de aprehensión
en su contra por evasión fiscal.
Así que resulta absolutamente
inverosímil que, con todos estos asegunes, una empresa
como GE haga un préstamo mínimo en comparación
con la problemática gigantesca de CNI. A menos, claro,
que haya algún convenio oscuro en que estarían involucradas
las autoridades del ramo a fin de garantizar lo que sería
apenas el principio de toda una operación encubierta.
Si el llamado Chiquihuitazo fue un
grave error de forma, el origen de todo este enredo es totalmente
insensato. Hace ya siete años años Moreno Valle
recibió de Ricardo Salinas Pliego el préstamo que
le permitió la sobrevivencia; luego se lo gastó;
luego bajó el switch de su conexión con TV Azteca.
La frase aquella de "me equivoqué de socio" para
intentar justificarse fue y sigue siendo completamente inaceptable.
En ningún lugar del mundo
de los negocios puede quebrarse un acuerdo tan cínicamente
sin caer en el descrédito empresarial y personal, como
ha ocurrido en este caso.
Increíble, pues, la historia
de desatinos, caprichos y excesos que han caracterizado la vida
del 40 desde el primer día de su existencia.
Lo triste es que su proyecto esté
también en peligro. Y es que, como es públicamente
sabido, aun al interior de este pandemonium jurídico y
administrativo pudo darse un proyecto periodístico de magnífica
calidad profesional y probada honestidad.
Fundamentalmente sostenido por dos
periodistas de la talla de Ciro Gómez Leyva y Denisse Maerker
y la contribución más reciente de analistas como
Adolfo Aguilar Zinser. Ellos y algunos más a pesar de las
circunstancias adversas crearon una propuesta nueva y refrescante
en la que se privilegió el talento por encima del uso robótico
del telepronter; el riesgo de la improvisación en lugar
de la lectura por consigna; el atrevimiento en vez de la comodidad
del conservadurismo; la crítica al poder y no las lisonjas
a los poderosos en turno. Es ese el activo del Canal 40. Y nada
más.
Así que, ante la incertidumbre
por el futuro inmediato, preocupa que un proyecto como ése
pueda perderse. Porque bien sabemos que construir programas confiables
y creíbles para el público significa un esfuerzo
de mucho tiempo. Acabar con ellos es cuestión de un instante,
de apagar un botón. Ojalá no sea este el caso.
Todo indica sin embargo que CNI Canal
40 cambiará pronto de dueños. Tal cual está,
la situación es insostenible. Incluso este mal cálculo
venido del norte podría precipitar los acontecimientos.
Por ello sería muy deseable
que los nuevos propietarios reconocieran el valor que tienen las
alternativas, incluso como semillero de nuevas y grandes ideas
y talentos. Ocurre en los grandes y añosos estudios de
cine en Hollywood, que impulsan proyectos de pequeñas y
muy dinámicas empresas; se da en España, donde también,
incluso por ley, los grandes concesionarios de televisión
están obligados a comprar importantes porcentajes de su
programación a productores independientes; sucede en Gran
Bretaña, donde un gran conglomerado editorial publica al
mismo tiempo un diario conservador, otro muy liberal y hasta uno
sensacionalista.
Aquí, todavía nos falta
para entender los beneficios de la diversidad. Y es una lástima.
(Con Información
de Ricardo Rocha / El Universal)
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