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Opinión

Canal 40

Ciudad de México, 26 de julio (Redacción RG / El Universal).- Envueltos en la Bandera Nacional y al grito de ¡los invasores!, de manera concertada y en plena correspondencia, autoridades de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y la Televisión (de la CTM por supuesto), y el duopolio televisivo Azteca-Televisa, pusieron en marcha la semana pasada una nueva embestida en contra de CNI Canal 40, la empresa de Javier Moreno Valle que, como él, atraviesa una de las más duras pruebas de su existencia. No recuerdo un medio de comunicación que más allá de los desatinos y excesos que siempre se le recuerdan a Moreno Valle, para justificar los abusos contra la empresa, haya conjuntado la resistencia de actores tan influyentes en su contra.

A como dé lugar y casi como objetivo del sexenio ha estado tronar ese proyecto que un día se soñó alternativo de la mercantilista e insaciable televisión mexicana. Un proyecto crítico que, por serlo, perdió una tras otra sus fuentes de financiamiento, la publicidad sobre todo y luego ante el incumplimiento del pago de salarios perdió lo más valioso, la enorme, estoica y generosa solidaridad de sus trabajadores.

Pero ahora que los representantes legales de Canal 40 y sus todavía directivos han logrado negociar en términos de comercialización 5 millones de dólares como préstamo de la empresa General Electric dueña de la cadena estadounidense de televisión NBC, para saldar todas y cada una de esas deudas por salarios y prestaciones devengadas, incluso encarecidas por la gestión del STIRT como medida para dificultar más la negociación, se ha puesto en marcha una hipócrita y manipuladora estrategia informativa por parte de las televisoras que exige respeto a la Ley Federal de Radio y Televisión, y llama a detener la invasión de los extranjeros en los medios electrónicos de comunicación de nuestro país, señalando hacia el norte, de donde nos viene esta nueva intromisión. De no ser porque se ha involucrado también la autoridad en esta cantaleta, tal despliegue provocaría sólo risa ante el cinismo, pero también provoca pena.

Lo penoso es que la autoridad se coaligue con ese enfoque y se preste a reproducir la confusión en un asunto del que aún ni claro está el ámbito de su competencia. Un préstamo de esa naturaleza tendría que registrarse por lo menos en el Registro Público de la Propiedad y el Comercio; o si fuera el caso de una inversión neutra que no lo es, tendría que inscribirse conforme a la ley en el Registro Nacional de Inversión Extranjera, y ser autorizado en la Secretaría de Economía.

A diferencia de la lenta y sinuosa actuación cuando las instalaciones de esa televisora fueron asaltadas en el cerro donde localiza su antena de transmisión, en el caso que nos ocupa la Subsecretaría de Comunicaciones ha tenido inmediatez y diligencia insospechadas, pues hasta un comunicado emitió advirtiendo que no permitiría violación alguna de las cláusulas legales que en México excluyen a los extranjeros de participación accionaria en empresas de radio y televisión.

En efecto, varias disposiciones de la Ley Federal de Radio y Televisión establecen importantes salvaguardas para mantener en manos nacionales esta industria cultural; para evitar ceder "ni en manera alguna gravar, dar en fideicomiso o enajenar total o parcialmente la concesión, los derechos en ella conferidos, instalaciones, servicios auxiliares, dependencias o accesorios, a un gobierno o persona extranjeros, ni admitirlos como socios de la empresa concesionaria"; pero ello tampoco significa que un préstamo a riesgo de un inversionista extranjero se constituya en el supuesto legal. Cualquier convenio de inversión que tenga como garantía de pago una participación accionaria en sociedades excluidas de inversión extranjera sería nulo de pleno derecho. Eso lo sabe la Subsecretaría de Comunicaciones, pero su intervención está enfilada con el ánimo de evitar la solución del conflcito laboral que levante la huelga del Canal 40, y pueda volver a ponerse en operación su señal.

Detrás de ese prurito por la legalidad con el que algunas autoridades y sobre todo Televisa quieren enfrentar la nueva oportunidad que se le abre a Canal 40 con ese préstamo, se muestra la magnitud de la resistencia a abrir y diversificar la oferta comunicacional televisiva en nuestro país. Pero también está expuesta la doble moral y el falso nacionalismo de los que con la historia y la Bandera mexicana critican la inversión extranjera en el área de las telecomunicaciones, la radio y la televisión. v Si algún grupo empresarial entregó a manos extranjeras el control de sus estaciones de radio fue precisamente Televisa, mediante un mecanismo de fusión de capital que llegó hasta 50% y a través de la figura legal de inversión neutra ha otorgado en los hechos la operación de grupo Radiópolis a la empresa española Prisa, del no muy bien librado Jesús de Polanco. Ahí el nacionalismo sospechosista de Televisa no contó, ni el nacionalismo histórico del ingeniero Carlos Slim se hizo presente, siendo que es un importante accionista de la empresa. Tampoco digo que Prisa lo ha hecho mal, para fortuna nuestra y en contrasentido de esa simulación, la operación ha sido plural y crítica; prueba fehaciente de que no la dirigen los televisos.

No son pocos los medios electrónicos de comunicación de los impedidos por la ley, que han dado entrada a capital foráneo por esa vía, y cada vez están más extranjerizados en su administración y contenidos. Un dato revelador es la férrea oposición que los dirigentes de la CIRT tienen para con la propuesta de nueva Ley de Radio y Televisión en el sentido de que los medios deberán transmitir no menos de 50% de programación nacional. Los patrioteros de los últimos días pusieron entonces el grito en el cielo.

Canal 40 nos confirma el escenario más seguro para cualquier reforma legal o acto que busque abrir la tele: la resistencia a la competencia será brutal, la enfrentarán con todos los medios posibles y bajo cualquier esquema de manipulación. Habrá que irnos preparando, los abusos decantarán la decisión.

(Con Información de Javier Corral / El Universal)

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