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Opinión

La operación General Electric-Canal 40 (Primera de dos partes)
Ciro Gómez Leyva

Ciudad de México, 25 de julio (Redacción RG / Milenio).- El viernes 15 de julio por la mañana, en la terraza de un hotel de Polanco, altos funcionarios de NBC Universal se reunieron con altos funcionarios de TV Azteca. Los estadounidenses les informaron que iban a apoyar al Canal 40, ayudarlo a levantar la huelga, participar en su operación; y que pensaban hacerlo en los mejores términos. Los mexicanos respondieron con la delación.

Por la tarde, los abogados del Canal 40 cumplieron al notificar por escrito a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) que la empresa había recibido un préstamo (sin especificar de quién) para levantar la huelga de 60 días. La respuesta de la SCT fue de una velocidad extraordinaria. En poco más de una hora difundió un intimidante boletín de prensa para advertir que, en modo alguno, capital extranjero podría participar en el 40. ¿Cómo se enteraron los funcionarios públicos de la procedencia del dinero? Por la delación de TV Azteca, seguramente.

Sin datos sólidos, sin conocer el esquema de la operación financiera, la SCT amenazó de muerte al Canal 40. La maniobra del viernes 15 de julio es una de las más bajas y descaradas de una Secretaría que, aun con una orden judicial, negó la devolución de la planta transmisora del Chiquihuite el 24 de enero de 2003 y que, en los hechos, se ha conducido en este conflicto como oficialía de partes de TV Azteca.

El de SCT fue un claro ¡STOP! para Canal 40. En instantes comenzaron a ocurrir cosas cuando menos extrañas. Empresas y periodistas que no habían prestado mínima atención a la huelga del 40, dedicaron largos y furiosos espacios para dejar en claro que el ¡STOP! de la SCT significaba ¡STOP! Hoy se sabe que de esa dependencia salieron trascendidos envenenados para contaminar la información. En el río revuelto, la CTM elevó al punto de atraco las condiciones para levantar la huelga. Pero cuando la empresa dijo adelante, la CTM respondió también ¡STOP!

Ahora que se sabe que el dinero para levantar la huelga procede de General Electric (GE), y que en el diseño de la operación para rescatar al Canal 40 participan las divisiones televisivas de GE (NBC y Telemundo), pueden responderse todas las preguntas promovidas por quienes han marcado el ¡STOP! a la posibilidad de que, sin pedirle favores a nadie, sin humillarse ante Televisa, TV Azteca, Los Pinos o la primera dama, nazca una tercera propuesta de televisión en México.

GE es la segunda empresa más grande del mundo. Tiene 300 mil empleados. En 2004 vendió 152 mil millones de dólares y su utilidad fue de 16 mil millones. Sus activos ascienden a 750 mil millones y su valor de mercado es de 372 mil millones.

Por qué el interés de GE en la operación del Canal 40, se preguntan los más enardecidos sin recorrer las rutas elementales de la lógica. Porque GE quiere participar, minoritariamente, en la televisión mexicana, y quiere hacerlo con socios mexicanos, a quienes busca ya. Porque quiere aportar contenidos, aprovechar la fuerza de NBC y Telemundo para desarrollar una propuesta competitiva en México. ¿Tiene eso algo de malo, de ilegal?

Se olvida que GE opera en México desde hace 108 años y da empleo a 25 mil mexicanos. Sólo en Estados Unidos hay más gente trabajando en GE de la que lo hace en México. Ese es el capital oscuro al que, supuestamente, la SCT y la Secretaría de Gobernación están investigando para que la CTM ya no tenga pretextos para levantar la huelga del Canal 40. Y como bien saben las autoridades, no hay una empresa global que respete mejor las leyes mexicanas que GE.

Por lo demás, y a través de NBC Universal, GE participa desde hace tiempo en México en la distribución de películas, series de televisión, canales de cable y producción y distribución de DVDs.

Con ingenuidad se pregunta si GE quiere tener más presencia en la industria de la televisión mexicana. Por supuesto que sí. Quiere pelear en un muy atractivo mercado, hoy ocupado por dos cadenas. Y quiere hacerlo con la experiencia nacional del Canal 40 como punta de lanza. ¿En dónde está el pecado, el delito?

En una de las reuniones de la semana pasada con la gente de GE, NBC y Telemundo escuché a un ejecutivo decir que a Televisa y TV Azteca les preocupa escandalosamente que un tercer jugador se siente en la mesa; que por tanto no espera que se les reciba con alfombra roja; que la reacción conjunta de la SCT y la CTM es apenas un buen primer ejemplo de lo que vendrá, pero que al cumplir con todas las leyes y normas entrarán y tratarán de competir de tú a tú con Televisa y TV Azteca. Y que el resultado de esa competencia será algo bueno: bueno para la industria, para los televidentes mexicanos, para México.

¿Qué no es eso lo que busca el gobierno del presidente Fox: inversión extranjera bien regulada que se una a la nacional para generar empleo y fomentar la competitividad y la calidad? ¿Puede, por lo mismo, el gobierno del presidente Fox oponerse a un proyecto de esta naturaleza? Por supuesto. Basta que, una vez más, acepte las recomendaciones, órdenes quizá, de quienes desde el primer minuto le pidieron, ordenaron quizá, que encendiera el aviso de ¡STOP! a la operación General Electric-Canal 40.

Mañana: Cinco respuestas a cinco preguntas recurrentes

(Con Información de Ciro Gómez Leyva / Milenio)

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