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Hidalgo
'Esclavizan a menores en Hidalgo'
Tepeji del Río, Hidalgo,
10 de junio (Redacción RG / El Universal On Line).-
El abandono del padre, una madre enferma de diabetes y la necesidad
de comer, llevaron a Teresita de Jesús a convertirse en
una mujer adulta a los 14 años.
El dejar la escuela para trabajar
pudiera considerarse como algo común. Sin embargo, tener
que hacerlo "en condiciones parecidas al esclavismo",
no lo es.
Teresita, al igual que otras 15 compañeras
menores de 16 años, como Janet, han tenido que soportar
ser encerradas en una maquiladora para trabajar hasta más
de 12 horas diarias, con sólo media hora de descanso "a
lo mucho", para poder comer "alimentos en mal estado"
que ahí mismo les vendían y poder utilizar el baño
que se encontraba en pésimas condiciones.
Las propias jovencitas han venido
denunciando que la explotación, el trato inhumano y la
violación a sus garantías individuales es una práctica
diaria en la empresa Rubie`s de México, dedicada a la confección
de disfraces en Tepeji del Río, Hidalgo.
Entre los trajes que ahí se
hacen están algunos de personajes de la muñeca Barbie,
sobre lo que la propia compañía que las fabrica,
Mattel, se ha deslindado argumentando que sólo otorgó
la concesión para hacer las prendas, pero nada tiene que
ver con la forma en que se conducen en esa maquiladora con sus
empleados.
Y de la relación con ésta
señala que "nos reservamos el derecho de hacer cualquier
anuncio a futuro sobre la relación con Rubie`s de México".
Este asunto, paralelamente al conflicto
laboral que ha desencadenado debido a más de 60 despidos
injustificados, ha llamado la atención por la explotación
laboral de menores.
Teresita cuenta que en el cuarto
de tres metros cuadrados donde vive con su madre ha sentido mayor
libertad que en la empresa donde trabajaba hasta hace siete semanas.
Desde las siete de la mañana
que iniciaba su jornada laboral se cerraban las puertas con llave
y a nadie se le permitía salir, platicar o distraerse un
momento de sus actividades.
"Parece un trabajo fácil,
pero cuando después de un rato teníamos que cargar
bultos de 50 o 60 kilos, ahí empezaba lo difícil,
porque conforme iban pasando las horas el propio trabajo nos iba
agotando y no podíamos ni siquiera tomar agua o ir al baño.
"Si la gerente Delia Mendoza
nos veía platicando nos reprimía con groserías
y nos amenazaba con descuentos a nuestro salario que era de 400
pesos a la semana".
Teresita, al igual que sus compañeros
de la empresa en la que laboraban unos 90 trabajadores, descansaban
un día a la semana y cuando se acumulaba el trabajo debían
asistir sin que se les pagara el sueldo extra establecido por
la ley.
"Había tenido que aguantar
todo eso porque si no mi mamá y yo nos íbamos a
morir de hambre... Bueno, yo no estaba tan lejos de eso, porque
sólo medio comía una vez al día en el comedor
de la fábrica, donde nos vendían una comida a nueve
pesos, pero la mayoría de las veces ya estaba echada a
perder".
Cuando llegaba la hora de salida
a las 4:30, "muchas veces no nos abrían la puerta
y nos decía la gerente que teníamos que quedarnos
más tiempo porque había mucho trabajo y llegábamos
a salir en ocasiones hasta las 9:00, sin el pago de horas extras...
Hasta entonces le quitaba la llave a la puerta, porque durante
el día nadie podía salir".
Nadie podía ingresar alimentos
para comerlos durante la media hora que les daban para ello, forzosamente
tenían que consumir en el comedor interno, comenta la joven.
De hecho, cosas que parecieran tan
simples pero que son importantes, es el hecho de que tampoco les
permitían llevar entre sus pertenencias papel higiénico,
se los recogía un vigilante al entrar y en el baño
nunca disponían de ello, según comenta Teresita
de Jesús.
Al igual que esta adolescente, Janet
de 16 años y Guadalupe Grisel de 21 han padecido del maltrato
laboral y ahora buscan las reinstalen pero bajo condiciones apegadas
a la ley.
(Con Información
de Gustavo Castillo y Alfredo Méndez / La Jornada)
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