Ya es santo, casi ángel, José María Escrivá de Balaguer, que por nosotros vela desde el Cielo.
En vida, este piadoso siervo de Dios predicó el amor a
la guerra, denunció a los rojos y a los libertinos, odió a los
homosexuales y a los judíos y despreció a las mujeres.
Mucho antes de que el Papa lo hiciera santo, el
generalísimo Francisco Franco lo había hecho marqués : él le cantaba
himnos de alabanza y custodiaba la paz de su espíritu mientras Franco
exterminaba la república española y aniquilaba a los herejes.
En el camino de la gracia divina, Escrivá fundó el Opus
Dei, para que los banqueros virtuosos practicaran la caridad prodigando
cheques al Vaticano.
Según sus devotos, produjo varios hechos milagrosos. Su
milagro más extraordinario ocurrió cuando un creyente desesperado,
víctima de la inseguridad ciudadana, oró implorando su protección.
Escrivá, que todavía no era santo pero ya estaba en eso, escuchó la
plegaria. Entonces la estrella de la fe iluminó la puerta de la casa de
aquel buen hombre y allí apareció, intacto, el automóvil que le habían
robado.
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