MICROBIOGRAFÍA
Nació en Metapa, y murió de alcoholismo a los 49 años en León, Nicaragua. Se le
ha considerado el pionero del Modernismo. Fue un artista insuperable,
considerado el más genial de todos los Modernistas en el verso y el más grande
poeta desde el Siglo de Oro español. La versatilidad de su temperamento lo hacía
apropiarse con gran personalidad expresiva los más disímiles y superficiales
tonos o formas poéticas. Excepto por el teatro, cultivó todos los géneros y el
poema en prosa lo llevó a un grado de brillantez desconocido en nuestro
idioma.
Vivió del periodismo y de algunas ocasionales misiones
diplomáticas. Estos viajes y sus estancias en Chile, Buenos Aires,
España y Francia le
dieron la cohesión al Modernismo y a la vez logró difundir sus obras y le dió
reconocimiento internacional... Entre sus obras principales están:
"Azul" (1888); "Prosas Profanas" (1896);
"Cantos de Vida y Esperanza" (1905)....
¡Bolívar!, alto nombre
que de justo entusiasmo el pecho inflama,
fue
semidiós no hombre:
ante el tiempo lo aclama
la sonora trompeta de la
fama.
La América aguerrida
hoy levanta un clamor que se dilata
de
la vega florida
del Orinoco al Plata,
Que turbulento en su raudal
desata.
Y ese clamor ya suena
del Nuevo Mundo en el jardín
hermoso;
lo lanza el Magdalena
y hoy se eleva glorioso
en la margen del
Lempa caudaloso.
El pueblo herico y grande
que se levanta altivo y
soberano
a la vista del Ande,
el que a un rudo tirano
supo vencer en
Coatepeque, ufano.
El pueblo que encendida
el alma lleva siempre
agitada
con un fuego de vida;
por quién nunca empeñada,
Morazán levantó
su limpia espada;
el pueblo que pregona
derecho y libertad,
idependiente;
y que su sien corona
con luz viva y fulgente
como las
chispas de su Izalco ardiente;
la patria de Delgado,
de Angulo y otros
cien bravos campeones;
el suelo que agitado
sus internas
regiones
mantiene en gigantescas convulsiones;
la nación cariñosa
y
hospitalaria, El Salvador, se llena
de galas, presurosa
y de su voz
serena,
el concierto sublime más resuena.
De América al
hosanna
responde ahora el pueblo cuscatleco
con altivez ufana
como
responde seco,
¡el trueno al rayo y el retumbo al eco!
¡Une su voz al
coro
que las naciones forman: al profundo
vibrar de arpas de oro,
con
que al genio fecundo
celebra con ardor el Nuevo Mundo!
Bien haya el
bendecido
pueblo que sigue de la luz la senda;
y en anhelo cumplido
a
la paz da su ofrenda
olvidando el fragor de la contienda.
Y hoy alza
su himno al cielo
en donde luce el genio poderoso;
y al remontar el
vuelo
a admirar el coloso
saluda al porvenir
esplendoroso.
Muéstrase soberano
y yergue ahora la cabeza altiva;
y
conduce en la mano
antorcha de luz viva,
llevando de la paz la verde
oliva!
Tiene por fuerte arrimo
la industria que es la vida de la
tierra:
grano recoge opimo,
sin oír el que aterra
rudo clamor de
concusión de guerra.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de
azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de
elefantes.
Un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una
gentil princesita,
tan bonita, Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la princesa
vió una estrella aparecer;
la princesa era
traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar
un prendedor,
con un verso y una perla,
una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a tí.
Cortan lirios,
cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la
hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo
ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un
dulce resplandor.
Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y
no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"
La princesa no mentía,
y así, dijo la verdad:
"Fui a cortar la
estrella mía
a la azul inmensidad."
Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor
se va a enojar."
Y dice ella: "No hubo intento:
yo me fui no sé por
qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté."
Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al
cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el buen
Jesús.
Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis
flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."
Viste el rey ropas
brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la
orilla de la mar.
La princesa está bella,
pues ya tiene el
prendedor,
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de
azahar:
tu aliento
Ya que lejos de mí vas a estar
guarda, niña, un
gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
Aquí, junto al mar latino,
digo la verdad:
siento en
roca, aceite y vino,
yo mi antigüedad.
¡Oh!, qué anciano
soy, Dios santo,
¡oh, qué anciano soy!...
¿De dónde viene mi
canto?
Y yo, ¿adónde voy?
El conocerme a mí mismo
ya me va costando
muchos momentos de abismo
y el cómo y
el cuándo...
Y esta claridad latina,
¿de qué me
sirvió
a la entrada de la mina
del yo y el no yo?...
Nefelibata contento,
creo interpretar
las
confidencias del viento
la tierra y el mar...
Unas vagas
confidencias
del ser y el no ser,
y fragmentos de
conciencias
de ahora y de ayer.
Como en medio de un
desierto
me puse a clamar;
y miré el sol como un
muerto
y me eché a llorar.
¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros
clarines.
La espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro,
el cortejo de los paladines.
Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas
Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus
largas trompetas,
la gloria solemne de los estandartes
llevados por
manos robustas de heroicos atlétas.
Se escucha el ruido que forman las armas
de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra
y los timbaleros,
que el paso
acompasan con ritmos marciales.
¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!
Los claros clarines de pronto levantan
sus sones
su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en un trueno
de oro
la augusta soberbia de los pabellones
El dice la lucha, la herida
venganza,
las ásperas crines,
los rudos penachos, la pica, la lanza,
la sangre que riega de heroicos carmines
la tierra;
los negros
mastines
que azuza la muerte, que rige la guerra.
Los áureos sonidos
anuncian el advenimiento
triunfal de la Gloria;
dejando el picacho
que guarda sus nidos,
tendiendo sus alas enormes al viento,
los cóndores
llegan. ¡Llegó la victoria!
Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los
héroes al niño:
ve cómo la barba del viejo
los bucles de oro circunda de
armiño.
Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
y bajo los
pórticos vence sus rostros de rosa;
y la más hermosa
sonríe al más fiero
de los vencedores.
Honor al que trae cautiva la extraña bandera;
honor al herido y honor a los fieles
¡soldados que muerte encontraron
por mano extranjera!
¡Clarínes! Laureles!
Las nobles espadas de
tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:
las viejas espadas de los granaderos,
más fuertes que osos,
hermanos
de aquellos lanceros
que fueron centauros.
Las trompas guerreras
resuenan;
de voces los aires se llenan...
--A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encarnan las glorias pasadas...
Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
y al héroe
que guía su grupo de jóvenes fieros,
al que ama la insignia del suelo
materno,
al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha
y el odio y la muerte, por ser por la patria
inmortal,
saludan con voces de bronce las tropas de guerra que
tocan ¡la
marcha triunfal!...
Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus
versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de
canciones.
La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos
diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus
constelaciones.
Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la
nocturna
irradiación geométrica adivina;
Mata la indiferencia
taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su
urna.
La princesa está triste...¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se
escapan de su boca fresca,
Que ha perdido la risa, que ha perdido el
color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
Esta mudo el teclado de
clave sonoro;
Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
El jardín
puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas
banales,
Y, vestido de rojo pirueta de buzón.
La princesa ni ríe, la
princesa no siente;
La princesa persigue por el cielo de Oriente
La
libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en príncipe de Golconda
o de China,
O en el que ha detenido su carroza argentina
Para ver de sus
ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las cosas
fragantes,
O en el que es soberano de los claros diamantes,
O en el dueño
orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay! la pobre princesa de la boca de
rosa,
Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
Tener alas ligeras, bajo
el cielo volar,
Ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
Saludar a los
lirios con los versos de Mayo,
O perderse en el viento sobre el trueno del
mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
Ni el halcón
encantado, ni el bufón escarlata,
Ni los cisnes unánimes en el lago de
azur.
Y estan tristes las flores por la flor de la corte;
Los jazmines de
Oriente, los nelumbros del Norte,
De Occidente las dalias y las rosas del
Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros,
está presa en sus tules,
En la jaula de mármol del palacio real;
El
palacio soberbio que vigilan los guardias
Que custodian cien negros con sus
cien alabardas
Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién
fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa
está pálida).
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quié volara a la
tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está
triste)
Más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
Calla,
calla, princesa -dice el hada madrina-,
En caballo con alas, hacia acá se
encamina,
En el cinto la espada y en la mano el azor
El feliz caballero
que te adora sin verte.
Y que llega de lejos, vencedor de la muerte,
¡A
encenderte los labios con su beso de amor!
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque
ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no ser
nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por
la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la
carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus
fúnebres ramos,
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!
Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que
llegar hasta ti, Cazador,
primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nimrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
Eres
soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil, te opones a
Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un
Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de Energía
como dicen los
locos de hoy.)
Crees que la vida es incendio,
que el progreso
es erupción,
que donde pones la bala
el porvenir pones.
No.
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando
ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes
de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant
le dijo: Las estrellas son vuestras.
(Apenas brilla, alzándose, el argentino
sol
y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos.
Juntáis al culto de
Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Mas la América
nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Nezahualcóyolt,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto
pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la
Atlántida
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los
remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de
Cristóbal Colón,
la América católica, la América española
la América en
que dijo el noble Guatemoc:
"Yo no estoy en un lecho de rosas; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de amor,
hombres de ojos sajones y
alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol.
Tened
cuidado. Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León
Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
el Riflero
terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas
garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: Dios!