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ESPAÑA
125
años en San Millán

01/MAYO/2004
El 17 de abril era la fecha señalada para recordar que nuestra presencia en ese monasterio de San Millán de la Cogolla había cumplido ya más de ciento veinticinco años. Y lo hacíamos con la inauguración de una exposición y con la visita de la obra realizada en lo que fue noviciado, que va a ser destinado a centro de espiritualidad. Nos acompañaron, entre otros, el prior provincial, padre Fortunato Pablo, y religiosos de la provincia San José venidos de Madrid, Salamanca y Logroño; también, el prior provincial de San Nicolás de Tolentino, padre Rafael Mediavilla, y varios religiosos de la comunidad de Marcilla. Estuvieron presentes asimismo el Sr. Presidente de la comunidad autónoma de La Rioja, Don Pedro Sanz, y varios miembros de su gobierno; representantes y patronos de la Fundación San Millán, de la asociación de Amigos de San Millán; señores arquitectos y constructores y numerosos familiares y amigos.
La exposición "San Millán, 125 años de Agustinos Recoletos" quiere contar la historia de nuestra presencia en el monasterio de Yuso a partir del año 1878. Para entender las claves de este hecho debemos tener en cuenta que quienes construyeron el monasterio de Yuso y, hasta que fueron definitivamente expulsados de él el año 1835, vivieron aquí y en Suso, fueron los monjes de San Benito, los Benedictinos. La presencia -pacífica durante centurias- de estos monjes en el monasterio se vio alterada por tres expulsiones a lo largo del s. XIX.
La salida de los monjes Benedictinos provocó el abandono de ambos monasterios. Su custodia fue encomendada a guardianes-conserjes no siempre capaces de impedir el saqueo. Cuando en 1878, cuarenta y tres años más tarde, llegaron los tres primeros Agustinos Recoletos para hacerse cargo del monasterio de Yuso, se encontraron con un enorme edificio, ruinoso en muchas zonas y, en buena parte, expoliado de sus tesoros. Las tres expulsiones de los Benedictinos a lo largo del siglo XIX resultaron calamitosas para el edificio y su patrimonio. De este patrimonio, en la exposición nos hemos fijado fundamentalmente en dos lugares: la biblioteca y el archivo.
De la biblioteca escribía D. F. Navarro Villoslada, que la visitaba en el verano de 1863, que sus estanterías parecían nichos de cementerio profanado. Según el inventario de D. Félix Ortúzar, cura ecónomo desde el día 13 de agosto de 1875 hasta el 7 de agosto de 1877, sólo quedaban en el monasterio 4.950 libros, más 33 tomos de protocolos. Los demás, varios miles, habían desaparecido. Unos se los llevaron, con todo derecho, los monjes exclaustrados, para su uso personal y, también, con el laudable propósito de prevenir una posible y fácil expoliación. Otros, en cantidad muchísimo mayor, habían ido a parar a las casas de los vecinos de San Millán, de otros pueblos del Valle y aun de fuera de él.
El archivo benedictino, ya muy disminuido por los despojos de 1820, desapareció casi por completo a raíz de la desamortización de 1835. La mayoría de los documentos pasaron a Logroño, desde donde fueron trasladados a Madrid en 1897 y 1899. El testimonio es de D. Constantino Garrán, cronista oficial de La Rioja y amante como pocos del monasterio emilianense. Parte de este archivo, la que se conserva, fue entregada en depósito a Don Eusebio Hervías que, en su día, entregó al padre Toribio Minguella sin recompensa alguna.
Cuando los Agustinos Recoletos tomaron posesión del monasterio, prácticamente no quedaba nada. La venida de los Agustinos Recoletos obedeció a las mismas motivaciones que evitaron el cierre del convento de Monteagudo, a raíz de las leyes desamortizadoras del ministro Mendizábal en 1835: el ser colegio misionero para las misiones de Asia. La razón de preparar jóvenes misioneros para ser enviados a las Islas Filipinas llevó al gobierno español, a través del Ministerio de Ultramar, a buscar alguna comunidad religiosa con misioneros en Filipinas para que se instalara en San Millán de la Cogolla. El General Moriones, después de ser nombrado Capitán General y Gobernador del archipiélago filipino, hace diversas gestiones en Madrid ante los responsables de diversas Órdenes religiosas para que establezcan colegios con destino a las misiones filipinas, hasta que en enero de 1877 escribe al padre Toribio Minguella, Procurador de los Agustinos Recoletos en España, dándole cuenta de las gestiones que ha realizado tanto ante el ministro de Ultramar, Excmo. Sr. Martín Herrera, como ante las autoridades políticas y religiosas de Logroño, para que los Agustinos Descalzos se establezcan en San Millán de la Cogolla.
El padre Toribio Minguella no está facultado para tomar una decisión de este alcance y, por ello, remite el asunto al definitorio provincial, que tiene su sede en Manila, Filipinas. En el acta del definitorio provincial, fechada en Manila el 17 de marzo de 1977, se puede apreciar claramente la voluntad de no aceptar este compromiso. "Pero atendiendo a que si no aceptamos el monasterio en cuestión, podrían interpretarlo como un desaire, tanto el gobierno de S. M. como, y principalmente, el Excmo. General Moriones, acordaron por unanimidad se diese orden a nuestro padre comisario de tomar el monasterio de San Millán de la Cogolla, pero sin hacer más gastos que los precisos para poder vivir en él dos o tres religiosos".
Los primeros Agustinos Recoletos llegaron a San Millán el 25 de mayo de 1878, tras haber sido confirmados en la posesión del monasterio por rescripto de la Santa Sede el día 1 de mayo, ejecutado por el nuncio de Madrid el 12 del mismo mes. Eran los padres Toribio Minguella, procurador o comisario provincial en España, Íñigo Narro, primer superior del nuevo colegio, y el hermano Félix Barea, verdadero maestro carpintero y ebanista. Hay que recordar además al padre Enrique Pérez, primer párroco y hombre insigne y meritorio en los primeros años de esta comunidad. A principios de junio ya eran seis los religiosos que vivían en el monasterio y, muy pronto, ascenderán a nueve.
El día 1 de septiembre de 1878, fiesta de la Virgen de la Consolación, era inaugurado el nuevo colegio. A partir de estas fechas comienza en el monasterio una historia rica en todos los sentidos. Casa de formación durante la mayor parte de su ya centenaria historia, ha preparado a centenares de misioneros que, luego, han sido destinados a Filipinas, China y a diversas repúblicas americanas. Ha dejado sentir su presencia en diferentes campos de la vida nacional y, gracias a los desvelos de sus moradores, con la colaboración de organismos públicos y privados, forma hoy parte del rico Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Ésta es la historia que aparece narrada en la exposición. En una serie de carteles se hace referencia a quienes han sido sus moradores: Benedictinos, Franciscanos y Agustinos Recoletos; otros carteles, en rigurosa sucesión cronológica, recuerdan los hitos principales de esta historia, y reproducen retratos o fotografías de las personalidades más relevantes en distintas épocas de la vida del monasterio. En esta sección, a través de fotografías y objetos que fueron de su pertenencia, quedan representados algunos de los que fueron protagonistas de la restauración de San Millán, entre ellos, dos riojanos ilustres, el cardenal José Sáenz de Aguirre, hijo de esta casa en el s. XVII, del que se exponen ornamentos religiosos y otros recuerdos personales que no han sido nunca mostrados al público, y monseñor Toribio Minguella, natural de Igea de Cornago, La Rioja, de quien podemos contemplar recuerdos personales muy valiosos.
Y como pequeño recordatorio del hacer de los Agustinos Recoletos, se exponen obras restauradas recientemente y alguna muestra del fondo bibliográfico. Así, el cáliz, báculo, mitra, pectorales y anillos de monseñor Toribio Minguella; y el cofre en el que guardaba estos objetos (cedidos temporalmente por nuestros hermanos del convento de Marcilla); escritorio del padre Toribio Minguella; ornamentos y objetos personales del cardenal Aguirre; cartas de felicitación de la Reina de España y de Luis XIV de Francia al cardenal con motivo de ser elevado por el Papa Inocencio XI a esta dignidad; altar portátil de los ss. XVII-XVIII; colección de platería (cálices, custodias…) de los ss. XVII-XIX; tallas recientemente restauradas (San Millán, Nuestra Señora de los Ángeles…); tablas de un antiguo retablo del monasterio, del s. XVI; facsímiles de Beatos de San Millán y alguna otra muestra del fondo bibliográfico del monasterio.
P. Juan Ángel Nieto.
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