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LIMA
Teologado
Sana Rita

01/MAYO/2004
Tras vacaciones se nos han ido como el humo. No habíamos respirado profundo, y ya debíamos desempolvar carteras, bolígrafos y apuntes. Estamos en curso. Como todos los años, la Facultad Pontificia y Civil de Lima ha comenzado a dictar clases antes que el Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET). Con la vuelta de fray Miguel al teologado el 15 de enero, son dos los que cursan los estudios en la facultad, dado que el 16 de febrero se reincorporaba al teologado fray Alberto Chong. Fray Jorge, fray Alberto, fray Juan Carlos, fray Gilberto y fray Alfredo estudian en el ISET.
Ya estamos todos: siete estudiantes y tres sacerdotes. Los estudiantes a estudiar, los sacerdotes a trabajar, cada uno en lo suyo. El curso es nuevo, pero las tareas son las mismas: estudiar lo mismo en el mismo lugar, y servir, como antes, en los mismos ministerios. Eso de meterse de nuevo al surco da libertad y tiempo. Te evita lo urgente, para invitarte a lo importante.
En marzo nos visita el padre provincial con su secretario: visita de renovación; por tanto, no vale decir eso de "a portarse bien, que son tres días". Si es de renovación, es a portarse siempre bien. Gracias, padre Fortunato por la cercanía y la claridad, o ¿sobrará una ele? Juanma, también gracias a ti.
No habíamos hecho más que estrenar el curso cuando le hacemos un roto para celebrar la Semana Santa. El Miércoles Santo por la tarde el padre Ignacio nos llevó a Pachacámac. Él regresó de nuevo al teologado con fray Alberto, ya que debían atender al padre José y la capellanía de las hermanas franciscanas. ¡No saben ustedes lo bien que lo pasamos y cuánto trabajamos! Cuando uno está solo, se maravilla de cómo trabajan estos jóvenes. Ellos lo saben y se lo hemos dicho muchas veces, pero a solas, como quien ve desde lejos, se agranda la capacidad de admirarse porque se aprecia más y mejor el trabajo. Pensaba que únicamente nos cansábamos los que ya no somos tan jóvenes; sin embargo, me he dado cuenta de que también los jóvenes en años y en ilusión se cansan. Uno respira cuando ve esto, y va con la cabeza alta a descansar.
El Domingo de Resurrección nos unimos a la fiesta que el padre Agustín organizó en Pachacámac con la fraternidad seglar de San Ezequiel Moreno y con los fieles que suelen participar los domingos y otros días señalados en la eucaristía. Anticuchos, pollo, chicha morada, mazamorra y... ¡bingo! Eso cantaron otros, que nosotros pusimos las ganas de que nos tocara. ¡Que no es poco! Agustín, te pasaste.
Hemos compartido también la celebración de la Pascua con la fraternidad seglar. Como siempre, genial. Esta vez nos sirvió la hija de doña Elsa y de don Rómulo, matrimonio de la fraternidad, que tiene una peña. ¡Etiqueta! Nos levantamos la boina, porque escribir "chapeau" no tiene gracia, ni se dice así. Estuvimos las dos comunidades. ¿Quién se imagina al padre Paquito contando chistes? Pues contó varios y de humor muy fino. ¡Ah! Los chistes fueron el aperitivo, no vayan creer que de la panza sale la danza, y que barriga llena a Dios alaba. No habíamos hecho más que sentarnos y comenzó el chistódromo. Muy buenos todos y aptos para todas las edades. Nos reímos, conversamos, compartimos y comimos. Gracias, querida fraternidad seglar agustino-recoleta.
El Corresponsal.
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