Desde aquella despedida a nuestros padres visitadores, Fortunato y Juan Manuel, han pasado tantas cosas, que cuesta ponerse a la máquina y recordar paso a paso las experiencias vividas bajo el "toldo" gris de nuestra querida capital. En realidad, fueron momentos inolvidables los que compartimos en casa y en otros lugares en donde la divina providencia nos colocó: la casa de Pachacámac y el seminario san Ezequiel. Y, a decir verdad, el clima familiar y fraterno se dejó sentir entre las bromas y las risas de quienes nos esforzamos por hacer más llevadera la vida religiosa y la labor pastoral.
Luego nos sorprendió la Semana Santa con sus procesiones y las largas colas de penitentes que buscaban el consuelo y el perdón de Dios. Y dejando el hombre viejo, acurrucado en las rendijas de la miseria humana, nos revestimos del resplandor de la gloria de un Cristo resucitado. La presencia del Espíritu, en un final de liturgia, puso en la cima todo un tiempo de penitencia y gozo que se desbordó en los carismas y dones por doquier.
Y vinieron los comienzos de las catequesis de niños y de jóvenes, las charlas prematrimoniales, la preparación de los equipos de encuentros para adultos y las múltiples actividades que toda parroquia lleva dentro de sus planes pastorales. En fin, que para no cansaros más, éste es sólo el comienzo de un largo itinerario de encuentros con el Señor y con los hermanos.
La comunidad sigue creciendo en amistad y oración. Nuestros "escritores" continúan produciendo libros, y los menos nos quedamos contemplando el panorama delicado que vive nuestro Perú: huelgas, paros, marchas, violencia, hambre, desempleo, piratería, mafia y corrupción conforman el abanico de sorpresas para todos los gustos y paladares.
El mes de mayo se vivió salpicado de rosas y amaneceres, de cuentas desprendidas del rosario en honor a nuestra Madre. Con las vacaciones de uno de los nuestros aumentó el trabajo y la carga de quienes se quedaron a los pies del Redentor y la Virgen de la Caridad. Y luego vinieron las bodas de plata del padre José Luis Untoria en nuestra querida Chota, sin olvidar la visita del padre José Miguel Panedas por las comunidades de la vicaría. Un tiempo más de gracia y regocijo en el espíritu de nuestro padre Agustín.
Ahora, cuando nos encontramos en la mitad de la jornada, los goles de la Eurocopa nos hicieron olvidar, por unos momentos, el frío de la noche que se escurría por las rendijas de las casas. Y aunque hubo emociones encontradas por los triunfos y no triunfos, el balón sigue rodando y seguirá rodando con el comienzo de la copa América. Aún nos espera un carnaval de goles que vale la pena seguir disfrutando.
Hasta aquí llegó mi memoria. Y si algo me he olvidado, os pido disculpas. Vayan estas pocas líneas para que sepáis cómo estamos, y os acordéis de que aún estamos vivos y con muchas ganas de seguir creciendo, desplegando nuestras alas en busca de libertad. Que todo es por el Reino de Dios.
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