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Estamos en la mitad del año y sin enterarnos. Parece que, cuanto más se hace, más rápidos corren los días. Además de la atención ordinaria a asuntos y tareas de parroquia y colegio, vienen algunos añadidos o empeños personales. Más de un día, por una u otra razón, aumentaron las misas: a las cuatro habituales -sin contar las ocho del domingo- se han sumado otras, y se han celebrado seis diarias. El primer sábado de mes en las Canonesas, los jueves en el colegio El Carmelo, los miércoles en los sectores de la parroquia, y hasta mayo -primer bimestre escolar- en nuestro agustiniano, por secciones. Mario se dedica a las relacionadas con la parroquia, las del colegio son compartidas por los cuatro. Nerio se incorpora los viernes al grupo de voluntarios que acuden al asilo San Vicente de Paúl, en Barrios Altos, para ayudar a los mayores en su alimentación y compañía. Sigue empeñoso en la pastoral juvenil, donde la celebración bien preparada de la Vigilia de Pentecostés fue buena muestra. Gerardo insiste en el acompañamiento de los acólitos, y se adentra poco a poco en las labores del colegio con la apertura a las siete de la mañana y la asesoría en la escuela de padres, a la que acuden unos doscientos. Serán seis jueves, por ahora.
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Terminaron ya los cinco retiros de fin de semana con secundaria y el campamento en Lunahuaná, el último fin de semana de junio, en el que Gerardo está presente. Los retiros piden cercanía y confesiones. Gracias a Dios, gozamos de buena salud. Nerio vivió algunos inconvenientes estomacales no tan serios, y tras consulta y análisis médicos parece que "ya fueron", que dicen ahora por aquí. Gerardo acude al optometrista para ver mejores opciones para sus ojos. "Los hiciste para ver, no sólo para llorar". Lágrimas ha provocado contemplar la vivienda de uno de nuestros alumnos, totalmente calcinada a causa del fuego iniciado en cortocircuito por persistente garúa limeña. Momento importante para que afloren las muestras de apoyo y solidaridad con ropa, pollada y algo de dinero. Tendremos que colaborar después para remover los restos, sacar escombros y levantar paredes, aunque sea ladrillo a ladrillo. Se piensa pedir material al ministerio de la vivienda, y buscar dinero para la obra. Dios y la generosidad de las buenas gentes proveerán. Nos acogemos a santa Rita, abogada de imposibles.
El 1 de junio recibíamos al padre José Miguel Panedas, consejero general, en la visita de renovación a esta comunidad. Conoció los tres frentes de trabajo: parroquia, colegio y policlínico CEO parroquial; la situación y proyectos de la comunidad, y un poco de los alrededores, en pequeñas salidas guiadas por el secretario de visita. Su estadía coincidió con la reunión de las comunidades de Lima en esta casa donde nos habló de algunos temas de la vida de la Orden y el cumpleaños del padre Nerio, que no esperaba tantas atenciones de la feligresía por recién llegado.
Fraternidad y feligreses agradecen la bendición y reparto de las rosas, proporcionadas por nuestro párroco. Sigue adelante la misión arquidiocesana "Remar mar adentro". Todos los jueves tema de dos horas. Por cierto, la catedral limeña cumple en junio cuatro siglos como tal, con la creación de nuestra santa e histórica diócesis. También cumplíamos sesenta y cinco años los agustinos recoletos en el Perú. Fue el 5 de junio y lo recordamos como pocas veces. Primero con la acción de gracias a Dios en la reunión mensual de las comunidades de Lima, y el mismo día con el almuerzo en San Ezequiel, que congregó a las tres comunidades más cercanas. En la mañana tuvimos ocasión de estar en el mismo puerto los padres José Miguel Panedas, Gregorio Martínez, Donato Jiménez y Pachi Santamaría. Hubo recuerdo para nuestros primeros padres en el Perú, y para todos los que trabajaron y viven en la actualidad.
Entre tareas, reuniones y conmemoraciones encontramos sitio para el paseo comunitario. A la tercera fue la vencida, si bien no faltaron dificultades, como el apagón de carro antes de llegar a mitad de camino, apenas en San Mateo. Aunque de noche y con intervención policial, pudimos llegar al destino. Nerio, Gerardo, Adelmo y Pachi eran los pasajeros. Mario quedó en casa, al frente de parroquia y colegio. Pudimos conocer Huancayo y el Valle del Mantaro, estar en el pueblo de nuestro fiel y querido Raúl -empleado con mil oficios-, y acercarnos hasta el Señor de Muruhuay en sus días de fiesta. Sin duda lo más destacado fue la visita al convento franciscano de Ocopa, cuna misionera y evangelizadora de buena parte de la Amazonía peruana y colegio internacional desde donde nacieron otros muchos conventos y misiones de América. Allí nos hospedamos y pudimos celebrar la eucaristía a los pies de Nuestra Señora de Ocopa. Fuimos magníficamente atendidos por el guardián, padre Antonio Goicoechea, durante una mañana en que nos llevó hasta la sala de comunidad y su misma habitación. Sólo faltó la cocina. Retornamos a Lima tras pasar Ticlio, el nudo ferroviario más alto del mundo, a poco menos de los cinco mil metros.
El 14 de junio recibíamos las llaves del terreno adyacente al colegio agustiniano, cuyas escrituras se firmaron días antes. Un paso más, importante y decisivo, para aumentar el alumnado y brindar mejores servicios a quienes optan por nuestro proyecto educativo. En fecha inmediata veremos qué y cómo se dan los pasos siguientes. Los demás temas legales siguen su marcha para alcanzar pronto, esperamos, el punto y final definitivo.
Y esto es lo que hay de momento, además del frío reinante. Hasta once grados, pocas veces sentidos en Lima, tendremos que aguantar en breve según pronósticos. ¿Que es poco? Puede ser en otros lares, pero no en estos con muchos días de cien por ciento de humedad en el ambiente. Que el calor de la vida del Buen Dios y los hermanos nos abriguen. Mientras otros se adentran ya en vacaciones y verano, nos despedimos. Que Dios nos bendiga a todos.
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