Queridos hermanos:
Con el mes de julio llega el tiempo de descanso para los religiosos de España y Venezuela. En Perú disfrutarán de un descanso más corto en torno a la celebración de las fiestas patrias.
Por estas latitudes, varias editoriales religiosas han lanzado sus ofertas para el verano. Las hay de todo tipo, si bien predominan las de contenido espiritual. ¿No será porque al espíritu le sobran las vacaciones? Es más, me atrevo a pensar que, al bajar de tono las prisas, las urgencias, los compromisos y los agobios, el alma se serena.
Lograr esta paz interior exige de nosotros, como consagrados, una dedicación cuidadosa y atenta. Es preciso reconocer que los vientos no soplan a favor de este cuidado de los valores del espíritu, que las voces, cargadas de decibelios, quieren llevarnos por otros derroteros. Por eso, este verano nos vendría muy bien acercarnos a la experiencia de un gran poeta: "a distinguir me paro / las voces de los ecos, / y escucho solamente / entre las voces una".
Tiempo favorable para la escucha del maestro interior, Cristo, del que tan bellamente nos habla san Agustín. Tiempo favorable para rastrear sus huellas en la creación: en la inmensidad del mar, en la abundancia del campo, en la frondosidad del monte, en el pueblo natal junto a los seres queridos, dejando que todas estas realidades nos hablen al corazón "unas pocas palabras verdaderas". Tiempo favorable para la alabanza, para la celebración sosegada de la eucaristía que sustenta la Iglesia. Las vacaciones son tiempo favorable para el espíritu.
A todos los religiosos que este verano van a disfrutar de la compañía de sus familiares les deseo un descanso feliz y buena cosecha espiritual. Mi gratitud asimismo para aquellos otros hermanos que les cubren las espaldas en los distintos campos de apostolado.
P. Fortunato Pablo.
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