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Por el Licenciado Santiago D. Boland
Cada 17 de marzo, celebraci�n lit�rgica de San Patricio, la comunidad hiberno-argentina suele festejar con diversos actos el D�a Nacional de Irlanda. Ultimamente, gracias a la "movida celta" que puso de moda los cuentos de hadas, la m�sica y el alcoholismo, las noticias han girado casi con exclusividad hacia el consumo de cerveza, sobre todo en la zona de los irish pubs aleda�a a la plaza San Mart�n en Buenos Aires. Sin embargo, hay formas m�s leg�timas de celebrar a Noamh Padraig, el obispo que en el siglo IV subordin� la iglesia celta de Irlanda a la de Roma y es s�mbolo de la independencia irlandesa. Es buena ocasi�n para honrar a sus paisanos, sobre todo a los que, junto a otros muchos "gringos", fundaron la patria y la regaron con su sangre. Los bahienses, hasta no hace mucho, ignor�bamos que, m�s all� del papel que jugaron algunos hombres p�blicos como Juan Plunket, pr�ctico del puerto y municipal, o Jorge Moore, el intendente que cubri� cinco per�odos, que los irlandeses hab�an integrado la m�s numerosa colonia extranjera en la historia de Bah�a Blanca. En efecto, entre febrero de 1889 y marzo de 1891, en el paraje La Vit�cola, hubo un intento sistem�tico de colonizaci�n protagonizado por unos 700 u 800 irlandeses. Una nota de Michael J. Geraghty, publicada por el "Buenos Aires Herald" el 17 de marzo de 1999, tras evocar las calamidades sufridas en Buenos Aires por los 1.772 irlandeses arribados el 16 de febrero de 1889, rescat� el hecho en estos t�rminos: "Esto fue suave comparado con lo que les ocurri� a los colonos que arribaron a Napost�, al norte de Bah�a Blanca. David Gartland, un hombre de negocios hiberno-americano que hab�a comenzado una colonia all�, ofreci� a cada familia 40 hect�reas, 1.000 pesos al 9% anual de inter�s y 12 a�os para pagar el cr�dito. "Cuando los candidatos a colonos llegaron a Napost�, no ten�an equipaje. Lo hab�an enviado en forma separada y se hab�a 'perdido'. La tierra estaba ah� para trabajar, pero no hab�a casas ni modo de construirlas, porque Gartland no ten�a dinero suficiente para financiar su proyecto. Quienes ten�an tiendas viv�an en ellas y quienes no, debajo de los �rboles o en zanjas: ni unas ni otras eran adecuadas para una llanura abierta, sacudida por el viento, seca y arenosa en verano, fr�a y h�meda en invierno". Los colonos viajaron el martes 26 de febrero, en el tren de la tarde, acompa�ados por Mr. F. H. Mulhall, propietario del diario "The Standard" , Mr. Gartland, a cargo de la colonia, y el padre Gaughren, un oblato de Mar�a Inmaculada que estaba juntando plata entre sus paisanos pudientes para enjugar el d�ficit de su convento de Londres, pero que se meti� en cuanta empresa no redituable hubo, entre ellas este viaje, si serv�a para llenar su misi�n sacerdotal. Los 790 colonos viajaron en tren hasta Napost�, por entonces �ltima estaci�n antes de Bah�a Blanca Sud, y de all� en carros hasta los campos lindantes con la l�nea ferroviaria, propiedad de la Argentine Vine Culture Company, La Vit�cola. Dos coches dormitorio trasladaban a las mujeres y a los ni�os enfermos. El padre Matthew Gaughren escrib�a el 2 de abril de 1889 a su superior, el padre Tatin: "La mayor�a de la gente est� a�n viviendo bajo carpas en la pendiente de una colina en la que, en la parte m�s alta, hay un peque�o cobertizo de chapa galvanizada, que alcanza para guarecer el altar y que funge de capilla. La gente asiste a misa afuera, bajo del dosel del cielo. He tenido una numerosa cantidad de tumbas que bendecir porque hubo una gran mortandad de infantes, principalmente de diarrea, el resultado del cambio de clima y de comida". En mayo, el 13, el vicec�nsul brit�nico en Bah�a Blanca, Mr. Goodhall, informaba a su jefe, Mr. Jenner: "Visit� la colonia en una ocasi�n, pocos d�as despu�s del arribo, y encontr� a la gente bajo carpas; desde entonces, se ha adelantado la construcci�n, y pocos est�n sin una casa en que vivir. Lamento tener que decir que muchos ni�os peque�os han muerto desde el arribo de la poblaci�n a Napost�. Pienso que probablemente a causa del cambio de agua, que es bastante salobre, e induce diarrea. La carencia de medicinas desde el comienzo fue una omisi�n de la que son culpables los gerentes de la Colonia". En esas condiciones, no es extra�o que el proyecto fracasara ni que costara la onerosa suma de m�s de cien ni�os muertos. As� lo cuenta el padre John Gaynor: "El grueso de los inmigrantes fue embarcado a Napost�, donde llevaron una existencia miserable por dos a�os. Eran casi un millar, algunos artesanos, sin previa experiencia en agricultura; el pa�s era extra�o, la lengua, la comida y las costumbres tambi�n. Las estaciones fueron malas, y la tasa de mortalidad terror�fica: m�s de cien muertos en dos a�os. La Napost� Colony, como tantas en la �poca, no fue un �xito. Los recursos de Mr. Gartland eran limitados y, por tanto, a principios de 1891, la colonia quebr�. En marzo de 1891, 520 colonos recorrieron su fatigoso camino de regreso a Buenos Aires, espiritualmente quebrados y totalmente faltos de recursos". La Colectividad Hiberno-Argentina no olvid� el Dresden Affair , que se�al� el fin definitivo de la inmigraci�n desde Irlanda a la Argentina. "The Southern Cross" , el peri�dico de la colectividad, lo record� una y otra vez en sus publicaciones. Pero en Bah�a Blanca, �cu�ndo? Quiera Dios que estas l�neas ayuden a iniciar el merecido homenaje a los insepultos ni�os m�rtires de La Vit�cola: |
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Yo no s� si en La Vit�cola podremos rastrear sus restos, s�lo s� que all� cayeron, y eran muchos... m�s de un ciento. No s� si en raz�n del agua, de los fr�os, de los vientos tal vez por vivir en carpas, en zanjas, a cielo abierto...
Cuando salieron de Irlanda, buscando mejores puertos creyeron que bien podr�an, andando el mar y el desierto, cambiar su triste destino de pobreza y sufrimiento... y ac�: o dejaron sus hijos, o ellos mismos yacen muertos...
Quiz�s desearon morir para terminar con esta m�s que miserable historia de ambici�n y desaliento, tal vez miraron atr�s para volver en el tiempo a la esmeralda de Irlanda y all� dormir en su seno:
No es lo mismo descansar en la turba y que el rumor del mar del norte y sus vientos susurren una oraciones en donde yacen los muertos, que ser aqu� abandonados bajo la arena que el tiempo abandona una vez m�s dejando solos los huesos, al duro sol del verano, al fr�o invierno del yermo...
�Por qu� si hab�a trabajo, prosperidad, esperanza, si los gringos bien pod�an ganar su pan al desierto, se convirtieron en tumbas esos campos de labranza y ah� nom�s, a pocas leguas, el hambre cobr� cien muertos?
Ellos dejaron su tierra tentados por la promesa de un futuro de trabajo que alcanzara la bonanza, y que sus hijos y nietos vieran saciadas las ansias tantas veces postergadas de derrotar la pobreza...
�Qu� valen cien inmigrantes que mueren en el intento de hacer la patria so�ada, o de alcanzar el progreso? Ocho libras cada uno, seg�n datos del gobierno, cobraron quienes medraron con el dolor y el infierno.
Y los encontr� la muerte, acechante entre las bre�as de las pampas ondulantes que bajan a la bah�a y all� llenaron las tumbas que cavaron d�a a d�a, y lloraron sus hijos custodiados por las sierras.
�C�mo se habr�n despedido de los suyos al ir yendo a donde se hace la noche y se duermen los recuerdos? �Habr�n sabido intuir que el olvido ser�a el due�o durante m�s de cien a�os, de su muerte y su silencio?
�Qu� habr�n mirado al final, antes de cerrar los ojos? �La infinitud de la pampa? �La promesa azul del cielo? Tal vez el rostro del padre, de la madre, antes que el hielo de la muerte destinara sus despojos a enriquecer nuestro suelo.
Congeladas en el tiempo esas muertes ya son nuestras, no podemos eludirlas..., el hambre que ellos pasaron, las fiebres no son recuerdos: nos golpean en el pecho... y sangran el coraz�n y reclaman en silencio.
�Que ese silencio no acalle el reclamo de los muertos de no volver a morir ni en la historia ni en el tiempo...! |
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