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¿PORQUÉ LA DECISIÓN DE LOS VERDES? Por: Jorge González Torres -Publicado en El Universal, 29 agosto de 2001- (Página 1 de 2)
TRAS el anuncio hecho por el vocero de los verdes en la más alta tribuna de la nación el pasado 1 de septiembre, el cual determinó la disolución de la Alianza por el Cambio, las fuerzas que operaron el distanciamiento con el Partido Verde cobraron nuevos bríos. Con esta distorsionada estrategia pretendieron respaldar el soterrado trabajo realizado en contra nuestra durante más de un año, a través de intrigas y sórdidos oficios, mismos que fueron preparando un escenario propicio para que se diera la decisión de los verdes de deslindarse de la actuación del gobierno, tras de haber sido utilizados, desplazados, ignorados, engañados y atacados por quienes llevamos al poder.
En medio de esta nueva campaña de ataques al Partido Verde, emprendida por funcionarios foxistas y militantes panistas, el presidente Fox declaró su deseo de mantener vigente la frustrada alianza con los verdes. Seguramente él no ha olvidado las vitales contribuciones que hicimos para el triunfo de la Alianza por el cambio al aportar una intención de voto de 6% nacional, junto con valiosos fondos indispensables para la campaña y la validación que obtuvo el entonces candidato presidencial al tener a su lado a otro partido opositor, lo que nos permite concluir que sin la presencia del Partido Verde en la alianza, ni Vicente Fox, ni el PAN hubieran triunfado en la pasada elección presidencial.
Lamentablemente el 2 de julio del 2000 pasó y el Partido Verde, una vez utilizado, parecía haberse convertido en un estorbo al que era necesario descalificar para poder justificar el distanciamiento de los acuerdos. Todo indica que fue desde el interior del círculo cercano al presidente electo donde se maquinó la intensa campaña de intrigas contra los verdes, utilizando la misma fórmula desacreditadora que antes había usado el gobierno zedillista, cuando se trató de evitar que el Partido Verde se aliara con el PAN.
Esta sucia campaña rindió sus frutos. Al Partido Verde se le fue haciendo a un lado, de tal manera que no pudieron influir efectivamente ni en las políticas sociales, ni en las ambientales. Tan fue así que nunca fuimos convocados para integramos al equipo de transición y cuando el gobierno quedó constituido, nos fue negada toda posibilidad de realizar aportaciones, ni siquiera al nivel de asesoría formal en las cuestiones ambientales. Es más, en lugar de recibir públicos reconocimientos por nuestra aportación a la causa de la alternancia pacífica, los verdes recibimos públicos desprecios e incluso ataques operados por miembros del gobierno en formación.
Si bien la gravedad de estos hechos preparó el terreno engrosando los motivos del distanciamiento entre los verdes y el gobierno y su partido, lo que decidió la disolución de la alianza fue el evidente incumplimiento por parte del gobierno federal de los compromisos contraídos con todos los mexicanos durante la campaña de la Alianza por el Cambio, específicamente los referentes a las cuestiones ambientales y de justicia social. Por dar algunos ejemplos, podemos citar que a la fecha las autoridades ambientales todavía no logran integrar un Plan Nacional Ambiental y que no han tomado acción alguna para revertir la contaminación que afecta a 95% de los ríos y lagos, así como tampoco han combatido la tala ilegal que provoca la destrucción de cientos de miles de hectáreas de selvas y bosques cada año.
La promesa ecologista básica de la alianza por el cambio fue hacer de la conservación del agua y los bosques un asunto de seguridad nacional, pero todavía hoy, habiendo transcurrido cinco meses de trabajos del equipo de transición y 10 meses de gobierno, la promesa ecologista continúa incumplida y los verdes continuamos sin recibir una clara señal de que existe la intención oficial de cumplir los compromisos básicos a favor del medio ambiente. Al respecto, es bueno recordar que antes de llegar al anuncio del rompimiento político con el gobierno federal, en varias ocasiones acudimos a externarles nuestra extrañeza y preocupación por la falta de acciones ecológicas, por lo que no pueden ahora decirse sorprendidos.
(Continúa)
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