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UNA NECESARIA REFLEXION Por: Jorge González Torres -Publicado en El Universal, 15 septiembre de 2001-
NO más de 100 horas han transcurrido desde que inició una de las acciones terroristas más destructoras y sangrientas de la era moderna. El devastador y criminal impacto de esta cobarde e inhumana acción recorrió en minutos todo el planeta, extendiéndose a través de miles y miles de kilómetros a partir del epicentro. Si bien el ataque fue dirigido a los habitantes de Estados Unidos, la realidad es que toda la humanidad ha resultado afectada porque las leyes de la naturaleza establecen que aquello que daña a la parte, daña al todo, pues el misterio de la vida se expresa en la forma de vínculo esencial que nos une a todos los seres vivos que habitamos el hogar común llamado Tierra.
Esta vez el pánico, la desesperación y el dolor sacudieron los cimientos del hogar de nuestros vecinos y en buena medida el hogar de los mexicanos, porque las acciones terroristas afectaron directamente a muchos compatriotas nuestros que residen en Nueva York y Washington. Aún ahora no sabemos cuántos mexicanos murieron en el cobarde atentado, cuántos más han visto su salud terriblemente afectada. Incluso para quienes tuvieron la suerte de salir con vida, queda todavía por delante el difícil problema de enfrentar la pérdida de su lugar de trabajo. Junto con nuestros compatriotas murieron también miles de estadounidenses y centenares de ciudadanos de otros muchos países, como Alemania, Gran Bretaña y Japón, entre otros.
Y si bien hoy sentimos una enorme indignación ante la espantosa destrucción ocurrida frente a nuestros propios ojos, no debemos olvidar que forma parte de un círculo de violencia en el que parece estar atrapada la humanidad. Antes de ese ataque ha habido muchos otros asesinatos de niños, de mujeres, de hombres, en alguna otra parte del mundo, quizá menos cercana a nuestros afectos. Y si no cambiamos nuestra visión de la vida, en cualquier momento, en cualquier otra nación, este círculo de violencia expansiva llenará de sangre nuevos hogares y más madres llorarán desesperadas la muerte de sus hijos y más niños deambularán huérfanos entre los escombros que quedarán como mudos recuerdos de las vidas inmoladas ante el altar de algún sanguinario ídolo, entronizado por la ambición y la intolerancia.
La destrucción insensata de la vida nos lleva a una necesaria reflexión, la cual nos coloca frente a una terrible incógnita: ¿Hacia dónde se dirige una humanidad motivada por la despiadada ambición materialista que somete y le roba su dignidad a miles de millones de seres? ¿Hacia dónde van las sociedades que están integradas por individuos intoxicados con odio hacia todo aquello que es diferente?
A los Verdes nos afrenta especialmente la violencia, nos entristece profundamente la destrucción de la vida y nos preocupa enormemente la proliferación de la intolerancia como punto de partida de las acciones de guerra, porque nuestros caminos están apegados al mandamiento del amor y porque nos regimos por los principios de la paz y la justicia. En el siglo XXI, la visión ecologista es mucho más que una alternativa política, es una filosofía que se resume en la única forma de vida que garantiza la supervivencia de la humanidad.
Lo que pasó en Estados Unidos y lo que sucede en las decenas de naciones donde hay conflictos bélicos desarrollándose en este mismo momento, son reiteradas llamadas de atención para que se dé un cambio de paradigmas. La humanidad entera necesita de nuevos patrones de conducta que nos lleven a formas de relación globales basadas en la tolerancia a todas las razas, en el respeto a todas las formas de pensamiento y en la sustitución de la competencia por los caminos de la cooperación y la solidaridad. Esto no solamente es posible sino que es indispensable para evitar la extinción de la vida en el planeta.
Mientras ese día llega, los Verdes elevamos una oración por el espíritu de todos aquellos que sufren muertes violentas y por todos aquellos que se quedan en este mundo con el terrible dolor de una absurda pérdida. Elevamos también una oración, junto con la de todos los hombres y las mujeres de buena fe que comparten con nosotros este maravillosos planeta, para que los líderes mundiales alcancen pronto un mayor nivel de conciencia y sean capaces de guiar a sus pueblos por los caminos del respeto a la vida. De no ser así, los días de la humanidad estarán contados.
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