PARTIDO VERDE ECOLOGISTA DE MÉXICO

MIEDO A LA DEMOCRACIA
Por: Jorge González Torres
-Publicado en El Universal, 8 septiembre de 2001-


"Son las oposiciones las que ponen frenos a las acciones precipitadas y erigen la deliberación en una necesidad. Del compromiso nace, naturalmente, la moderación y el impedimento para un poder arbitrario". Edmund Burke.

NI las defensas de oficio ni el oficio de defensores que adoptaron quienes alguna vez entendieron el valor de la oposición podrán ocultar el evidente desencanto que recorre a la nación ante las desviaciones que ha sufrido la gran promesa del cambio y que llevó a las urnas a millones de mexicanos para hacer posible la alternancia pacífica.

Desde la punta de la pirámide avanza filtrándose hacia las bases un creciente malestar donde se mezcla la decepción con el recuerdo de una esperanza que aún late en el corazón de los mexicanos. Este innegable desencanto y la esperanza aún latente son los motores que impulsaron a los Verdes a quebrar una alianza que tenía existencia solamente de palabra porque de hecho había dejado de existir desde el 3 de julio del 2000. Aún así se produjeron reacciones injustas y desproporcionadas por parte de miembros del partido en el gobierno, quienes decidieron ignorar nuestro legítimo derecho a definirnos libremente como oposición en una nación democrática que hemos ayudado a conformar.

El surgimiento de estas reacciones, algunas de ellas por demás injuriosas, va más allá de lo anecdótico y se convierte en una señal preocupante que debe ser analizada con toda seriedad. Nosotros pensamos, parafraseando el título de una obra de Erick Fromm, que la alternancia en México no ha logrado erradicar el "miedo a la democracia", únicamente así se puede entender que destacados miembros de una oposición histórica adoptaran actitudes calcadas del sistema político al que por años combatieron.

Lo que los Verdes hicimos, de cara a la nación y en forma respetuosa, fue demandar la rectificación del rumbo que ha tomado el actual gobierno. En ningún momento nos declaramos cerrados a la colaboración y por el contrario, acompañamos el anuncio de la ruptura de la alianza con el de nuestra intención de mantener un amplio apoyo al Ejecutivo en la urgente tarea de empezar a hacer realidad las promesas de la Alianza por el Cambio, de las cuales nosotros somos coresponsables ante quienes creyeron en ellas.

En el México nuevo que nos prometieron a los mexicanos y que evidentemente no existe, la declaración de los Verdes habría sido tratada con actitudes menos protagónicas y mucho más tolerantes como es de esperarse en un sistema democrático donde es respetada la expresión de las ideas de todas las fuerzas políticas que representan a la soberanía. En una auténtica democracia ningún partido es atacado por hacer alianzas o romperlas, ni por estar de acuerdo en el gobierno o en desacuerdo.

Si estuviera en marcha el cambio profundo que nos prometieron a los mexicanos, el cual seguimos esperando, el gobierno mostraría su disposición a caminar más allá de la mitad del trecho, con tal de mostrar su voluntad de cumplir lo prometido. Decir que se quiere pactar es una cosa, estar dispuesto a negociar y aceptar la corrección del rumbo es algo bien distinto. Las palabras que no están respaldadas por hechos son el origen del desencanto de los mexicanos que votaron el 2 de julio del 2000 para dejar atrás ese tipo de prácticas de la clase política.

Daniel Cosío Villegas, conocedor de esa clase política y de los caminos que recorrían, explicaba la difícil ruta hacia la democracia como un progreso oscilante con avances profundos seguidos de postraciones al parecer inexplicables, concluyendo que los mexicanos "hemos alimentado nuestra marcha democrática bastante más con la explosión intermitente del agravio insatisfecho, que con el arrebol de la fe en una idea o teoría".

El cambio profundo prometido a los mexicanos implica una transformación de fondo y no sólo de forma, por parte de quienes ejercen el poder. Entre otras cosas, lo que significa que las palabras son la representación de hechos y no meras herramientas para manipular a la opinión pública. El cambio profundo llegará cuando exista voluntad para cumplir las promesas y respeto a las posiciones de todos los partidos políticos, aliados u opositores.

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