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CRISIS HIDRÁULICA Por: Jorge González Torres -Publicado en El Universal, 28 julio de 2001-
DE todas las crisis que enfrenta la humanidad, ninguna alcanza la magnitud de la crisis hidráulica, porque de la conservación y uso correcto del agua depende la vida de todos los seres del planeta.
Durante décadas, la corrupción e ineficiencia gubernamental han definido el manejo de los bosques y del agua. En los últimos seis sexenios se ha perdido 50% de la capacidad de recarga de agua por destrucción de zonas boscosas, 60% de tierras montañosas están erosionadas por deforestación, 55% del suelo nacional es árido y semiárido, mientras que 95% de todos los ríos y lagos están contaminados.
El agua en México, tan escasa y cara cuando se distribuye a las clases populares, ha sido sistemáticamente regalada a los grandes capitales del campo y de la industria, utilizándola incluso para obtener favores ilícitos. A pesar de la alternancia sobreviven los vicios que nos han plagado por medio siglo. A estas alturas aún no existe una política integral de manejo del agua, tal vez sea por incapacidad o quizá por falta de voluntad. El hecho es que no se ha logrado frenar la inercia de décadas de corrupción.
Un claro ejemplo lo vemos en Chapala, el embalse natural de mayor extensión del país y tercero en Latinoamérica. En los últimos años su capacidad se ha reducido peligrosamente, situación que se ha recrudecido en los meses al bajar su nivel de agua a grado tal que solamente alcanza 15% de su capacidad total. Este es un aviso a gritos de una de las estructuras hidráulicas más grandes del país, a punto de colapsar.
Aunque el actual gobierno tuvo equipos de transición trabajando cinco meses previos a la toma de posesión, periodo al que se suman los meses ya gobernados, todavía no existe un plan para salvar al lago de Chapala, de acuerdo al anuncio del titular de la Semarnat, quien afirmó que tendrán el proyecto para octubre porque es "un tema de excesiva prioridad".
Si las autoridades ambientales necesitan más de un año para preparar un proyecto concreto para Chapala, a pesar de considerarlo de "excesiva prioridad", es evidente que la Semarnat no tiene capacidad de respuesta ante las gravísimas emergencias ambientales que vivimos. No es argumento válido, para disculpar su parálisis, afirmar que "lo que se ha abandonado por tantos años, no se puede lograr salvar en minutos". Difícilmente 10 meses de gobierno y cinco de trabajos de transición pueden considerarse minutos.
Hoy hablan de más de un año solamente para entregar el proyecto y nos preguntamos, ¿cuántos meses más para ponerlo en marcha? Días antes de estas reveladoras declaraciones, los titulares de Semarnat y la Comisión Nacional del Agua propusieron considerar a Chapala un usuario más del río Lerma, salida absurda que denota improvisación y falta de responsabilidad pública. Ante la urgencia de una solución inteligente y realista, deben tomarse acciones inmediatas que impidan el derroche y el mal uso del agua de la cuenca Lerma-Chapala.
Hay 13 regiones hidrológicas de México, la de Lerma-Santiago-Pacífico es la más extensa del país y tiene serios problemas de sobreexplotación, contaminación y desperdicio: baja eficiencia del riego agrícola, redes de distribución de agua potable con altas pérdidas e insuficiente estructura de tratamiento de aguas residuales, tanto a nivel municipal como industrial. La cuenca Lerma-Chapala sirve a millones de personas y miles de industrias, además riega cientos de miles de hectáreas de cultivo. Abastece de agua a Guadalajara y al Distrito Federal, además de entidades como Querétaro, Guanajuato y estado de México.
Al ritmo actual de extracción y con el bajísimo nivel que ya tienen, Chapala podría desaparecer antes de cinco años. Es indispensable reordenar de inmediato el uso del agua a todo lo largo de la cuenca, conservando en el lago aportaciones que impidan su progresivo desecamiento. Datos oficiales indican que los usuarios agrícolas, industriales y urbanos de la cuenca desperdician hasta 50% del agua. Pero Chapala es sólo la punta del iceberg. Todas y cada una de las 13 regiones hidrológicas están en alerta roja.
Es imprescindible detener la tala de bosques para aumentar la recarga de agua y desmantelar las redes de corrupción que propician el abuso del agua, estableciendo una estructura sana para su manejo respetuoso. Nosotros no olvidamos, ni permitiremos que el gobierno olvide lo que nos prometió en campaña, que: "El agua y los bosques serían cuestiones de seguridad nacional", y que por eso serían prioritarias las acciones para garantizar su adecuada conservación.
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