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LUCHAS FRATRICIDAS Por: Jorge González Torres -Publicado en El Universal, 7 julio de 2001- (Página 1 de 2)
MIENTRAS que gobernantes de diversas organizaciones partidistas y variados actores de la vida política nacional consumen sus días en luchas fratricidas sin sentido, lo que en sus enajenadas mentes equivale a campañas electorales o preelectorales destinadas a ganar votos para elecciones por venir, la nación mexicana vive una dolorosa realidad donde las expectativas de una mejor calidad de vida para la población disminuyen minuto a minuto, en tanto la pobreza y la contaminación van ganando espacios que reducen significativamente las esperanzas de supervivencia de las generaciones actuales y futuras. En el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles citaba entre las causas de las discordias políticas: "La ambición de riquezas y honores, el insulto, el miedo, el menosprecio, la negligencia, las causas insensibles y el crecimiento excesivo de una clase".
Han transcurrido más de 2 mil 500 años desde entonces y parece que la humanidad ha aprendido muy poco, pues no resulta difícil identificar en las actuales circunstancias políticas de México estos mismos elementos. Cuando Aristóteles habla del crecimiento excesivo de una clase se refiere específicamente a los pobres y señala que "un cuerpo es un compuesto de miembros que deben crecer igualmente, so pena de destruirse el organismo". Este concepto expuesto por Aristóteles, en su obra La Política es profundamente ecologista, ya que la auténtica política solamente pude concebirse en términos de equilibrio y justicia.
Si tuviéramos que determinar el origen del desmedido crecimiento de la pobreza y del deterioro ambiental en nuestro país, con toda seguridad el dedo apuntaría hacia quienes han tenido en sus manos las decisiones económicas y políticas de la nación, durante el último siglo, pues han sido los directamente responsables de la injusta distribución de la riqueza, al igual que de la abusiva y depredadora relación con la naturaleza.
Por lo tanto, es precisamente entre los líderes del mundo político y económico que debe iniciarse el cambio profundo que ha sido prometido a los mexicanos. La población espera y necesita de líderes sociales auténticos, capaces de asumir sus responsabilidades, dejando atrás la pequeñez de miras.
Para hacer realidad la promesas de un México nuevo y mantener viables las expectativas de vida para las generaciones por venir, tenemos que alentar el surgimiento de mexicanos nuevos y muy especialmente de políticos nuevos , con cualidades como las que menciona Erich Fromm en su obra Tener o Ser . Entre éstas características destacan: amar y solidarizarse con el mundo que nos rodea en vez de desear poseer y dominar al mundo; renunciar a la meta de conquistar a la naturaleza, someterla, violarla, destruirla y en vez de eso percibir la unión con la vida, comprender y cooperar con la naturaleza; sentir la alegría de dar y compartir en lugar de acumular y explotar; amar y respetar a la vida en todas sus manifestaciones, sabiendo que el poder no es sagrado, sino la vida y todo lo que contribuye a su desarrollo; vivir sin adorar ídolos y sin engaños y hacer del pleno desarrollo de sí mismo y del prójimo la meta suprema de vivir.
Un México nuevo significa también nuevos sistemas de producción y de consumo sustentables, con una economía libre pero atemperada en sus ambiciones, guiada por el deseo de crecer con equilibrio, deteniendo el terrible avance del abismo entre las minorías que tanto tienen y la mayoría que carece de casi todo. Si la diferencia abismal persiste y se ahonda, se producirá una catástrofe. Más allá de los discursos, es un hecho que no habrá cambio alguno mientras la economía sea a tal grado inhumana que empuje a millones de mexicanos a vivir una pobreza inhumana o, como dijo Erich Fromm, "debemos terminar con la situación actual en que sólo es posible una economía saludable al precio de tener seres humanos enfermos".
Para lograr un cambio auténtico, que permita a todos los mexicanos tener un desarrollo sano con justicia y libertad, es necesario hacer realidad el desarrollo sustentable, y esto no será posible mientras haya una evidente ausencia de voluntad política y estemos en presencia de autoridades incapaces que siguen permitiendo la destrucción de las selvas y bosques, así como la contaminación del agua y del aire. El México nuevo requiere de una nueva actitud ética ante la naturaleza, y el cambio debe iniciarse en las estructuras del poder político y económico de México. (Continúa)
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