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RUMBO PERDIDO Por: Jorge González Torres -Publicado en El Universal, 30 junio de 2001-
LAS percepciones equívocas del destino común que escenifican nacional y globalmente gobernantes y destacados actores políticos, usando el escenario creado por los medios de comunicación, hacen evidente la enorme confusión que vivimos al inicio del tercer milenio. El rumbo perdido de la humanidad se ha convertido en algo anecdótico, en la cotidiana telenovela que puntualmente es transmitida por los servicios informativos, mientras que el liderazgo social que otrora fuera la función principal de los entes políticos se ha convertido en una mera gestoría de percepciones colectivas.
Por ello cuando los mexicanos pensamos que finalmente habríamos de entrar en la luminosa etapa del cambio, un cambio profundo que diera pie al renacimiento de la nación, recibimos una dolorosa sorpresa, pues lo que estamos atestiguando es una desorganizada batalla donde la mayoría de los actores políticos ha optado por renunciar a su posición de ejes organizadores de la sociedad para convertirse en piezas beligerantes de una estructura inadaptada, incapaz de encontrar una solución armoniosa a los problemas de la nación.
Las destructivas acciones y discursos de gobernantes de todos los partidos y de sus opositores políticos, involucrados en la batalla por alcanzar el poder, son lo opuesto a las palabras y acciones constructivas e imprescindibles para hacer realidad una sociedad sustentable, capaz de vivir en armonía con el entorno. Lo que hemos visto hasta ahora son testimonios de la falta de respeto por la vida, cuestión que está en el centro mismo de la mayor amenaza que la humanidad haya enfrentado. Sin importar las promesas de unos o de los otros, nada, ni nadie logrará un cambio positivo para la nación mientras se nieguen a reconocer que hemos perdido el rumbo y que debe ser recuperado.
Este desorden generalizado y la falta de armonía en la vida política, social y económica son síntomas de la grave enfermedad que aqueja a la humanidad, la cual anula la capacidad para actuar con respeto y congruencia, cambiando el elemental sustento de la vida por una pobre ganancia momentánea. Si los mexicanos no comprendemos el valor de la vida, si no somos capaces de proteger los bosques o preservar el agua y el aire, que son elementos consustanciales a la vida misma y sin los cuales nuestra supervivencia es impensable, resulta prácticamente imposible suponer que tendremos un sistema político, económico y social capaz de operar positivamente.
La naturaleza que posee toda la sabiduría que necesitamos para vivir y por supuesto para actuar como entes políticos, nos enseña que la unidad en la diversidad no solamente es factible sino que es la única manera de recrear la vida y recorrer el camino hacia el futuro. Esta unidad en la diversidad es el verdadero sustrato del concepto de sustentabilidad. A juzgar por la forma en la que está operando la mayor parte de los actores políticos en México, resulta evidente que sus acciones son dañinas para los mexicanos y que están muy lejos de promover el cambio profundo que el pueblo anhela.
La pequeñez de miras, el accionar bajo y corto de visión, no son el camino para hacer de México una nación fuerte y progresista sino todo lo contrario. La verdad y el bien no están conectados al materialismo, ni al consumismo, sino a los valores innatos que se reflejan en un estilo de vida sencillo y respetuoso del entorno. Por ello, la vida y la fortaleza del Partido Verde están conectadas a los principios de la naturaleza que sustentan lo que somos y lo que debemos ser.
Lejos de participar en las negativas y absurdas batallas de poder que están desgastando al país, en el Partido Verde continuamos enfocando nuestras acciones y propuestas a la concientización sobre el valor de la vida y a la urgente necesidad de proteger el patrimonio natural del que depende la supervivencia misma de todos los mexicanos. Es vital que todos trabajemos unidos para revertir el daño ambiental y social provocado por los intereses económicos y políticos de unos cuantos. El cambio sólo podrá darse cuando cada gobernante y cada político opositor miren dentro de sí mismos y acepten concientemente la necesidad de vivir en armonía dentro de la diversidad, por el bien de México.
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