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Por su majestuosidad y belleza, así como por su rareza y las dificultades que afrontan para cazarlo quienes se dedican a este mal llamado "deporte", el borrego cimarrón (Ovis canadensis), se ha constituido en una presa muy codiciada en el ámbito cinegético internacional, principalmente el estadounidense, donde los permisos para conseguir un trofeo llegan a cotizarse en 135,000 U.S. dólares en las subastas que se realizan en Reno, Las Vegas, Phoenix y San Diego.
Su hábitat natural son los terrenos escabrosos de los Estados de Sonora y las dos Baja California, aunque también se encontraba en Chihuahua, Nuevo León y Coahuila, en donde el hombre se ha encargado de eliminarlos por completo y podría suceder lo mismo con los pocos que aún existen si no se toman medidas realmente responsables y efectivas para la conservación de esta especie.
La SEMARNAT, a través del INE, se ha avocado a "solucionar" este grave problema, sin embargo, como es la costumbre de esta desprestigiada dependencia gubernamental, no da paso sin huarache. Bajo su auspicio se han creado las Unidades de Manejo y Aprovechamiento de la Vida Silvestre (UMA), que no son otra cosa que los famosos ranchos cinegéticos, cuyos propietarios se han organizado para constituir la Asociación Nacional de Ganaderos Diversificados (ANGADI).
Al cazar su trofeo, la persona que haya adquirido ese derecho mediante subasta, deberá hacerlo en una UMA, cumpliendo así con un requisito establecido por la SEMARNAT, y será el propietario de esa UMA quien reciba la suma producto de la subasta.
Para tal efecto, estos ranchos están siendo poblados con borregos cimarrones capturados en la Isla del Tiburón y en varios ejidos del Estado, sacándolos en los más de los casos, de su hábitat natural. Esta situación ha originado litigios entre ejidos y particulares por terrenos que son el hábitat natural del borrego cimarrón.
En "sUMA" pues, el dinero que tan lucrativo negocio produce, en una mínima parte ingresa a las arcas de la nación, quedándose los dueños de las UMA con la mayor tajada del pastel.
Es obvio el sesgo que la SEMARNAT le está dando a la solución de este grave problema ecológico, donde un reducido grupo de personas se beneficia con lo que debiera ser un programa serio de protección a nuestra fauna, dejando en ellos la responsabilidad de la vigilancia y conservación del borrego cimarrón; es decir, se está privatizando el cuidado de las especies en riesgo, sin reparar en el peligro que ello implica, pues serán los particulares quienes decidan cuantos ejemplares serán "aptos" para ser cazados cada temporada, lo que nos lleva a cuestionarnos que, si el gobierno, a través de sus diferentes instancias, no ha sido capaz de controlar la depredación legal e ilegal del borrego cimarrón, ¿podrán hacerlo los particulares?
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