TURBAS
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Hoy,
más de tres mil "turbos" (denominación de los componentes de
"Las Turbas") abren la procesión "Camino del Calvario, con
túnicas variopintas, cara descubierta y tocando incesantemente tambores
destemplados, con un ritmo común, cuya onomatopeya, según los mismos
turbos, podría ser: "¡Ay-que-le-da-que-le-da! ¡tam-tam!",
mientras medio centenar de clarines, a intervalos y en puntos del trayecto
predeterminados por la costumbre, hacen las llamadas "clarinás"
con sonidos discordantes, como aullidos ante decenas de miles de
espectadores agolpados en las aceras para presenciar el paso de la procesión
que parte de la iglesia de El Salvador una hora antes del amanecer. |
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"Han quebrado la urna de Cuenca desabridos los tambores, las cajas de redoble destemplado; han herido el azul estrépitas las trompetas. El clamor del miserere ha metido en cada procesión la disonancia, su gesto de extravío. Todo es un sordo rumor que avanza, se interrumpe, restalla en clarinazos de nota agria, lívida, relámpago de sentimientos." Pedro Lorenzo


Fué, sobre el siglo XIV, cuando florecieron las procesiones penitenciales que recorrían las estrechas y empinadas calles, con cánticos, tambores y clarines precediendo a los verdaderos alardes de disciplina pública que se encargaban de impulsar las órdenes Mendicantes, estructura que más tarde asumirían las procesiones nacidas en el siglo XVII, con las que se trataba de catequizar al pueblo.

Es difícil
precisar si aquellos tambores, clarines, carracas, campanas, etc., que
participaban en las procesiones de los siglos XII al XVII, lo hacían con un mínimo
de organización, aunque los autores consultados mantienen el origen medieval
de las "tamboradas", lo cual supone, al menos, un cierto
sentido de grupo. Sin embargo se puede admitir alguna estructura ya en el
siglo XVII o XVIII, avalada por el hecho de que, en Cuenca, se guardaban
juntos, tambores y clarines, en la ermita de San Roque, instrumentos que, no
tenían la función de las actuales bandas de tambores y cornetas, sino de
formar parte de esos grupos que provocaban las algarabías, dentro y fuera de
las procesiones, que las disposiciones de Obispos y Constituciones de las
Cofradías, trataban de desterrar, convirtiéndolas en grupos ordenados de
tambores, objetivo que no se llegó a conseguir, como lo demuestran las
situaciones alcanzadas en el siglo XIX que convirtieron las procesiones en
verdaderas carnavaladas.

FOTOGRAFÍAS DE LOS
SIGLOS XX Y XXI


