FERIA 1999

Universidad de Belgrano

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Psicología General I

Feria Año 1999

 

AUTISMO Y APRENDIZAJE

por Chiaia, Laura ; D´Angelo, Soledad; Gravina, Soledad; Leone, Leticia; Prediletto, Adriana; Ranieri,Bárbara; Rebaldería, Daniela; Riffel, Sandra (alumnos de 1er. Año de Psicología General I de la UB).

Abstract

El término "autismo" fue empleado por los especialistas como sinónimo de esquizofrenia infantil, pues se consideraba que eran alteraciones emocionales que tenían lugar en niños biológicamente normales cuando éstos tomaban conciencia de que sus madres no los amaban lo suficiente, o de que los amaban demasiado. Kanner lo tomó de E. Bleuler, psicólogo suizo que en 1911 lo había usado para designar el alejamiento activo de sus pacientes esquizofrénicos adultos que elegían su fantasía apartados de la interacción social. Se creía entonces que los niños autistas se apartaban conscientemente del mundo humano pues les era hostil. Su etiología se vinculaba a una deficiencia de los padres más que a factor biológico desconocido. Eran los padres quienes generaban en el niño sentimientos de desesperanza, apatía y desesperación que los obligaba a apartarse del contacto con la realidad. Los especialistas consideraban que el autismo era un trastorno psicogénico (causado psicológicamente). Esto causaba mucha culpa en los padres debido a actitudes prejuiciosas injustificadas.

Hacia 1960 solo se utilizaban dos métodos para el tratamiento de los niños autistas: la psicoterapia y los fármacos. El autismo se consideraba un problema de salud mental pero no se lo consideraba un problema educacional ni un trastorno biológico del cerebro. Sin embargo, los padres no son los causantes del autismo en sus hijos. No se sabe con seguridad que es lo que lo causa, pero se cree que afecta la estructura, el funcionamiento y la química del cerebro. Es una combinación de trastornos neurológicos y bioquímicos congénitos. Por lo tanto, se recurrió a otras técnicas, entre ellas el análisis conductual aplicado, para que los niños autistas aprendan ciertas habilidades de la vida cotidiana y escolares. Para ello es importante la participación de los padres, la integración de la comunidad, la identificación temprana, la intervención oportuna y la enseñanza programada. Ciertas limitaciones son crónicas, y un adulto autista requerirá cierto grado de supervisión. Muchos síntomas pueden disminuir con el tiempo, pero no desaparecer por completo. En síntesis, el punto de vista actual es que los trastornos del espectro autista son trastornos del desarrollo. Los niños autistas experimentan un desarrollo desigual, con retrasos en unas áreas y en otras no. Los niños con retraso mental tienden a desarrollarse con lentitud en todas las áreas. Para el diagnóstico del niño autista es importante observar la ausencia de uniformidad en el perfil de su desarrollo (Wing, L., 1998; Powers, A.,1999).

 

¿Qué es el autismo?

El autismo es un síndrome de la niñez que se caracteriza por falta de relaciones sociales, carencia de habilidades para la comunicación, rituales compulsivos persistentes y resistencia al cambio. Un niño con estas características no se relaciona con las personas que se hallan a su alrededor y prefiere jugar de manera repetitiva con un objeto, con un juguete o con su propio cuerpo. El lenguaje, si lo hay, sufre desajustes severos. El inicio de este síndrome normalmente se presenta en la infancia, y algunas veces en el nacimiento, pero se hace evidente en los primeros tres años de vida (Paluszny, M., 1996).

El concepto de espectro autista fue desarrollado por Lorna Wing en 1995.

Para comprender bien ese concepto hay que tener en cuenta dos ideas importantes:

·         El autismo en sentido estricto es sólo un conjunto de síntomas, se define por la conducta. No es una "enfermedad". Puede asociarse a muy diferentes trastornos neurobiológicos y a niveles intelectuales muy variados.

·         Hay muchos retrasos y alteraciones del desarrollo que se acompañan de síntomas autistas, sin ser propiamente cuadros de autismo.

Puede ser útil considerar el autismo como un continuo (Wing, L.) más que como una categoría bien definida, que se presenta en diversos grados en diferentes cuadros del desarrollo

La conducta en los trastornos del espectro autista                                                (Wing, L., 1998; Powers, 1999)

Incapacidad para desarrollar una socialización normal

Los niños autistas no interactúan con los demás como acostumbran los otros niños y a veces no interactúan para nada. Viven una vida de aislamiento extremo, no expresan sus emociones y dan pocas señales de apego. No establecen un vínculo emocional. Parecen apáticos, no les gusta ser acariciados ni cargados y evitan el contacto visual. Los gestos sociales (sonreír, saludar) carecen de significado para ellos. No acuden cuando los llaman, no responden si les hablan y sus rostros pueden estar vacíos de expresión.

Perturbación del habla, del lenguaje y de la comunicación.

Casi el 40% de los niños autistas no emiten una sola palabra, muchos adolecen de lo que se denomina ecolalia, que consiste en repetir lo que se les ha dicho. Pueden comprender un poco o en absoluto conceptos abstractos. Casi nunca pueden utilizar correctamente los pronombres, en especial "tú" y "yo". Es posible que no utilicen el lenguaje para comunicarse y que el lenguaje que usen sea repetitivo con palabras o frases ilógicas. Algunos niños no pasan nunca de la etapa del lenguaje en eco, pero otros llegan a la etapa siguiente en que comienzan a decir algunas palabras y frases que ellos mismos han construido. La voz puede sonar monótona y quizás no controlen su tono o volumen. Los niños afectados por trastornos del lenguaje emplean gestos u otras formas de comunicarse y a pesar de su trastorno pueden relacionarse con la gente, con los objetos y con los acontecimientos. El niño autista carece de estas condiciones. En el caso de que la esquizofrenia se presente en la infancia, el niño tiene ilusiones o alucinaciones y emplea el lenguaje para comunicar sus pensamientos. El niño autista no expresa sus pensamientos.

Relaciones anormales con objetos y con acontecimientos.

Los niños autistas suelen ser incapaces de relacionarse normalmente con los objetos y con los acontecimientos. Tienen la necesidad de permanecer sin cambio, por lo cual se alteran bastante si los objetos de su entorno o los horarios sufren alguna modificación, ya sea de lugar o de estructura. No desarrollan los juegos imitativos sociales y las actividades imaginativas del mismo modo que los demás niños. Las acciones son limitadas y repetitivas, sin inventiva. Pueden desempeñar papeles de un personaje copiado de la televisión o un libro, pero en forma limitada.

Respuestas anormales a la estimulación sensorial.

Todo lo que se toca, se huele, se siente, se ve y se oye forma parte de los estímulos sensoriales frente a los que el organismo reacciona. Nuestro cerebro se encarga por lo tanto de seleccionar y descartar aquellos estímulos que no son de interés en un momento determinado, permitiendo así que nuestra atención se concentre en la información que sí es importante en un momento determinado y que se recibe del ambiente. Los niños autistas tienen dificultad en llevar acabo este proceso de filtrado. Pueden reaccionar excesivamente a determinados estímulos, su respuesta a otros puede ser totalmente nula o a veces de un nivel muy bajo. Se observan estas respuestas especialmente con relación a los sonidos. En algunas ocasiones parecen sordos (se les habla y no responden). Sin embargo se alteran o fascinan cuando suena un timbre o algún juguete o aparato hace un ruido especial para ellos. Si el sonido es desagradable se tapan los oídos y se alejan. Se puede decir que emplean más los sentidos del gusto y del olfato que el de los oídos y la visión. Sin embargo, la respuesta de fascinación por las luces es la más normal, aunque algunos pueden angustiarse demasiado. Generalmente van de un extremo a otro con relación al frío o al calor.

Retrasos en el desarrollo y sus diferencias.

Las habilidades de un niño pueden estar por delante o por detrás de la mayoría de los niños a una edad determinada y funcionar correctamente dentro de los límites de lo normal. El ritmo de desarrollo en cambio en los niños autistas es bastante diferente con respecto a las habilidades de comunicación, sociales y cognoscitivas. El desarrollo motor o sea la habilidad para caminar, saltar, subir escaleras o manipular con los dedos objetos pequeños, puede ser relativamente normal o demorarse un poco. Al moverse, pueden no balancear los brazos cuando caminan o andar con la cabeza y los hombros inclinados hacia delante. Muchos tienen extrañas posturas. El desarrollo dentro de las áreas también puede variar. A veces las habilidades se manifiestan a la edad que se espera que sucedan para luego desaparecer (lenguaje).

 Los comienzos del autismo durante la infancia o en la niñez.

El autismo puede iniciarse en la infancia o en la niñez. Es una discapacidad crónica y congénita. Generalmente se diagnostica como retraso mental. Sus síntomas se observan generalmente a partir de los 36 meses. La severidad de los síntomas pueden disminuir a partir de los cinco o seis años, pero en mayor o en menor grado los síntomas o algunos de ellos se exhiben toda la vida. Estos cambios se ven en pequeños que han tenido contacto con programas altamente especializados desde edad muy temprana. Hay distintos grados de autismo que van desde la levedad hasta la severidad, pero cada síntoma puede presentarse en distintos grados de variabilidad de levedad o de severidad, (socialmente afectado, habilidades cognoscitivas normales o casi normales). En el trastorno orgánico degenerativo cerebral, se deterioran progresivamente una o más áreas del desarrollo y no se recuperan más. En el niño autista esto no sucede, pues esta pérdida se detiene y se recupera con adecuada educación en la mayoría de las áreas.

Otros rasgos importantes

Algunas personas con autismo parecen tener un alto nivel de ansiedad siempre o casi siempre. Esto surge de las situaciones que no pueden comprender y les resultan confusas. Es bastante normal que los chicos le tengan miedo a cosas inofensivas, incluso a un color o una forma. Una característica del autismo es la capacidad que tienen los niños para concentrarse en las actividades que le interesan. El crecimiento en la obtención de conocimientos sobre los trastornos autistas no ha conducido a ningún método de tratamiento curativo. Los auténticos progresos se han dado en la comprensión de cómo crear un entorno y un programa diario que minimice las discapacidades y maximice las habilidades potenciales.

El tratamiento médico del espectro autista y el uso de fármacos (Wing, L., 1998)

A pesar de que aún se desconoce la causa del autismo, la medicina ha hecho importantes avances en lo que toca al tratamiento de algunos de sus síntomas. Los fármacos puede resultar muy útiles en algunas ocasiones, ya sea para disminuir o eliminar los problemas conductuales No obstante, debido a que los medicamentos también pueden producir efectos colaterales nocivos es fundamental comparar bien los riesgos con sus beneficios.

Se puede prescribir un medicamento para tratar una conducta autoagresiva, como es golpearse la cabeza severamente o para disminuir conductas como palmear constantemente que puedan interferir en la educación. Los fármacos que se prescriben con mayor frecuencia para tratar el autismo reciben el nombre de neurolépticos o tranquilizantes mayores: entre los que se utilizan con mayor frecuencia la trioridacina y el haloperidol. Una de las formas en que trabajan estos tranquilizantes es reduciendo la actividad de la dopamina, sustancia química del cerebro que actúa como neurotransmisor, es decir como mensajero entre las células nerviosas. La dopamina regula ciertos problemas conductuales, tales como la autoagresión y los movimientos repetitivos estereotipados o carentes de propósito. Los problemas colaterales se observan en el movimiento, en resequedad en la boca, estreñimiento, visión borrosa y otros efectos. Sin embargo el efecto colateral más preocupante es la disquinesia tardía, que se produce al cabo de un tratamiento muy prolongado. En disquinesia los movimientos del rostro, las muecas y los movimientos extraños con la lengua se acompañan de movimientos desusados del cuerpo y de las manos. Es probable que semejantes problemas sean reflejos de cambios en la sensibilidad del cerebro para con los neurotransmisores. Además de los tranquilizantes mayores existen otros fármacos que también resultan indicados para los niños autistas, si bien su eficacia aún no se ha comprobado de manera concluyente. Un ejemplo son los estimulantes que se emplean algunas veces con niños que tiene déficit de atención y que son hiperactivos.

En términos generales, es importante que los padres sean conscientes de que es la educación, y no los fármacos, la que representa la mejor opción para reducir los problemas conductuales de los niños de espectro autista. Los padres no deben comprometerse con ningún tratamiento novedoso o experimental si con ello corren riesgo de afectar de manera contraproducente la educación del niño.

Como modificar la conducta

Si se quiere modificar una conducta problemática que ha adquirido el carácter de hábito hay algunos procedimientos que han demostrado ser eficaces.

Recompensas: Se puede recompensar sistemáticamente al niño autista por cada conducta apropiada que realice, o por una específica que resulte incompatible con la conducta indeseable.

Extinción: Procedimiento de extinción es el proceso por el cual se ignora al niño cuando realiza un comportamiento que no es debido, debe mantenerse cada vez que realice el mismo comportamiento. La extinción se emplea con las conductas que pretenden llamar la atención. No se debe establecer contacto visual, ni demostrar que uno se ha percatado de la conducta indeseable. Con el tiempo la motivación para realizar esta conducta desaparecerá. Al principio la conducta del niño puede empeorar pero luego iniciará su mejoría.

Sistema de ganancias y perdidas: Los niños obtendrán los obsequios que desean (autoadheribles o moneditas) cuando se porten bien y los perderán cuando se conduzcan mal. También se les puede dar puntos que podrán canjear por otras recompensas tangibles.

Tiempo fuera: Consiste en alejar físicamente al niño de la situación problemática, por pocos minutos (quizás 5), no hablarle, ni mantener contacto visual

Conclusiones: De cualquier forma antes de usar éstos u otros procedimientos se debe tener en claro que es lo que se quiere lograr. Se debe recordar que los niños autistas reaccionan de manera inusitada a las técnicas disciplinarias. Por lo tanto, es importante tener en cuenta cual es el resultado que se quieren lograr. Por ejemplo, es de gran utilidad enseñarle una habilidad alternativa apropiada para que abandone la conducta problemática. Muchas veces la estrategia aplicada no resulta en castigo para el niño, pues se observa que su conducta indeseable no desaparece (Tiempo fuera: puede ser una buena excusa para encerrarse en sí mismo sin hacer lo que se le pide). Se debe observar la propia conducta cuando se esta en presencia de un niño autista, es decir tener cuidado de no modelar las conductas que no se desea que imiten. Se debe responder en forma articulada a las demandas del niño. Toda interacción que se realice con ellos es una oportunidad para enseñarles algo. Es de gran ayuda formular instrucciones claras y sencillas, oraciones cortas y familiares, ser muy específicos utilizando un tono de voz neutro.

Frente a una instrucción que no se realiza se pueden brindar distintos tipos de ayuda:

·         Ayudas ambientales (colocar una taza frente al niño para que pida leche).

·         Ayudas gestuales (Señalar con el dedo).

·         Ayudas verbales (pone la taza sobre la mesa).

·         Ayudas físicas (guiarlo físicamente).

·         No precipitarse en brindarle ayuda.

·         Si se le brinda ayuda que sea lo mínimo posible.

·         La ayuda debe disminuir poco a poco.

Recordar que los niños autistas normalmente se encuentran preocupados por su propio mundo y suelen autoestimularse. Para incrementar el aprendizaje se debe disminuir esta conducta competitiva que interfiere con otras actividades (Newsom, 1974). Se comprobó que sí se les permite escoger su propia actividad, invariablemente eligen la conducta de autoestimulación sobre la conducta de juego aprendida (Paluszny, M., 1996).

Proporcionar retroalimentación correctiva: Significa explicar por que su conducta fue incorrecta y dar ejemplo de una conducta correcta, recompensado cuando la conducta se repite de forma apropiada.

La interacción con los niños autistas: Debe ser de constante enseñanza intencional, nunca al azar, por lo cual es importante:

·         Reforzar todas las conductas apropiadas con elogios.

·         Mantener contacto físico de ser posible.

·         Decir en forma específica que se está recompensando.

·         Manifestar entusiasmo a través del tono de voz.

·         Elogiar primero y luego ofrecer la recompensa. (¡Que bien hablas! y luego dar la comida, para que asocie el elogio con la expresión verbal correcta).

La hora del sueño también causa problemas a estos niños. Pueden quedarse despiertos hasta tarde o rondar por la casa durante la noche ya que este es un momento que les provoca mucha ansiedad. Debe crearse la rutina de que permanezcan acostados, aunque no se duerman, pero deben seguir con su horario y rutinas habituales en el caso de que no duerman de noche.

Por lo aquí expuesto lo más importante es proporcionarle al niño autista una rutina estable, predecible y uniforme para que pueda desarrollar sus capacidades dentro de la familia, dentro de la escuela, y otros entornos familiares.

¿Qué es el desarrollo?

No se sabe con exactitud por qué los niños autistas se desarrollan como lo hacen, pero se sabe que el desarrollo humano depende en gran parte de un programa biológico. Lo genético es en donde reside el principio conforme al cual se crece, se adquieren habilidades y se desarrolla. El ambiente, los factores culturales y psicológicos son elementos importantes que influyen en el desarrollo humano. Ningún niño evoluciona al mismo ritmo que los demás.

El desarrollo se da en seis áreas:

Movimiento:

a) grueso: Aprender a controlar los movimientos de las piernas, brazos y abdomen (rodar, sentarse, gatear, caminar, correr, trepar).

b) fino: Aprender a realizar movimientos precisos y cuidadosos con las manos y los dedos, también controlar los músculos oculares y los movimientos faciales y de la boca.

Cognoscitivo (conocimiento): Habilidad para razonar y para resolver problemas, comprender que los objetos existen aun cuando no se encuentran presentes (permanencia del objeto), entender el principio de causa y efecto, aprender a obtener conclusiones a partir de la experiencia directa, para así comprender como opera el mundo y saber como actuar en su medio.

De lenguaje:

La adquisición del lenguaje receptivo es decir la habilidad para comprender palabras y gestos.

La adquisición del lenguaje expresivo que consiste en la habilidad de poder comunicarse utilizando los gestos, las palabras y los símbolos.

Social: Es la habilidad para interactuar con las personas. Se aprende a responder de forma apropiada a sí mismo y a los demás. (Esperar el turno, compartir juguetes) permitiendo que los niños se transformen en miembros funcionales de la sociedad.

De autoayuda: El niño aprende a cuidar de sí mismo, abandonando la dependencia con relación a los padres, para ser capaz de hacer por sí mismo, de cuidarse solo. (Vestirse, alimentarse, bañarse).

Habilidad sensorial: Es a través del desarrollo sensorial que se procesan las sensaciones (Tacto, audición, visión, olfato, movimiento), que afectan todas las áreas del desarrollo que se encuentran a su vez afectadas por lo genético y lo ambiental (Desarrollo físico normal que no se alcanza por mala nutrición/ anomalías genéticas que causan problemas en el desarrollo físico).

Todos los niños nacen con potencialidades distintas, crecen y aprenden de acuerdo a su propio ritmo. El autismo afecta el desarrollo de los niños en distintas áreas haciéndoles difícil el dominio de determinadas habilidades que pueden ser cognoscitivas, de comunicación, sociales y de autoayuda. Pero estos retrasos en el desarrollo puede compensarse y mejorarse con un buen programa educacional y un ambiente hogareño de apoyo.

 

Conclusión

Desde su definición por Kanner en 1943, el autismo se ha presentado como un tema lleno de enigmas debido a su propio concepto y a las causas que lo originan. Es interesante observar la evolución que tuvo el autismo desde que se lo confundía con otras patologías de origen netamente emocional, hasta nuestros días, en que se lo considera desde una perspectiva evolutiva, como un trastorno del desarrollo.

En la Argentina no parece haber en al ámbito oficial una voluntad firme para investigar sobre el tema y mucho menos para ayudar a las familias con esta problemática. No existen instituciones oficiales que se ocupen de niños o adultos específicamente con problemas de autismo y generalmente se los ubica con otros niños y/o adultos con otros trastornos mentales o con síndrome de Down.

Los procedimientos para tratar el autismo han evolucionado mucho en los últimos año. La educación considerada como el procedimiento principal se ha caracterizado recientemente por un estilo más pragmático y liberal, más centrado en la comunicación como núcleo esencial del desarrollo y focalizándose en la implementación de modelos conductistas de aprendizaje sobre la base de condicionamiento.

Es necesario destacar el papel fundamental que tienen los padres y el entorno familiar en el tratamiento del niño autista. Los padres deben enfrentar crisis, cambios biológicos (sensaciones que no se canalizan), problemas adicionales de los niños autistas para lo cual, deberían estar preparados. El aprendizaje de las habilidades necesarias para manejar al niño autista en sus hogares, debería ser una continuación de los trabajos que se realicen en las instituciones a las que los niños debieran asistir. Un tratamiento parcial y discontinuo sin la ayuda familiar no mejoraría la situación para ellos. Si bien este tipo de tratamiento es el ideal es muy difícil de implementar, debido a distintos motivos económicos y sociales. Hay conductas que deben alentarse o desalentarse y esto requiere de tiempo, paciencia y dedicación, pero también de procedimientos reales que deben ser transmitidos por profesionales con experiencia en el tema.

Es el esfuerzo combinado de distintos especialistas en cooperación con padres y maestros (trabajo en equipo), lo que permitiría el mejoramiento de determinadas áreas (conductas rituales, habilidades de autocuidado, seguridad en la calle, desarrollo del lenguaje) y un crecimiento mutuo (niño/familia). La ayuda profesional beneficia a las familias con sus problemas cotidianos conyugales, con sus rechazos, con sus culpas, con los límites necesarios que el niño autista necesita debido a su necesidad de un mundo estructurado y predecible.

            Aunque no se logren los resultados deseados, como por ejemplo, desmecanizar sus actitudes, evitar su total dependencia del adulto, la vida de estos chicos se vería nutrida por el trabajo que se canalice a través del cambio de sus conductas y. si bien por el momento se trata de una enfermedad incurable, el paciente puede llegar a tener grandes logros en su adaptación a la vida cotidiana.   

 

Bibliografía

Wing, Lorna, "El autismo en niños y adultos", Ed. Paidos, Barcelona, (1998).

Rivière, Angel, "Desarrollo normal y Autismo", Definición, etiología, educación, familia, papel psicopedagógico en autismo, Curso de Desarrollo Normal y Autismo, celebrado los días 24, 25, 26, 27 de septiembre de 1997 en el Casino Taoro, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife (España).

Paluszny, María, Autismo, Ed. Trillas, (1998).

Powers, Michael D., Niños Autistas, Ed. Trillas, (1999).

 

 

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