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DEVIL MAY CRY MITAD HUMANO. MITAD DEMONIO. PURA VENGANZA. Lo que primero salta a la vista de este título son sus exquisitos gráficos. Todos los escenarios fueron creados con sumo detalle, al igual que los personajes y los enemigos. Pero eso no es todo, ya que los efectos lumínicos cumplen una función importante aquí: desde las ventanas podremos apreciar cómo el sol cambia su posición de acuerdo al tiempo; aunque donde más notaremos los efectos especiales será más adelante, a mitad del juego más o menos, donde recogeremos una especie de linterna para alumbrar los lugares, ya que todo se volverá oscuro. Y el sonido, como era de esperarse, no se queda atrás, ni mucho menos. Las músicas de fondo crean un ambiente pocas veces visto, mientras que los FX nos hacen creer que estamos encarnando realmente a Dante.
La jugabilidad también es de lo mejor. Para empezar, el juego está dividido en cortas misiones, durante las cuales deberemos recorrer un sinfín de escenarios: un castillo, un barco e incluso deberemos nadar en las profundidades del mar. La configuración de los botones está muy bien realizada, permitiéndonos una gama de posibilidades de movimiento pocas veces vista: saltar, correr, disparar, pegar con espadas, pegar piñas y patadas, trepar, en fin, muchísimas cosas. El único problema de Devil May Cry reside en dos cosas: la primera, que el juego posee una dificultad extremadamente alta, y la otra, que es demasiado corto. Pero claro, si juntamos estas dos cosas, nos da una ventaja: justamente esa dificultad hace que el juego se nos alargue, ya que nos costará más atravesar por todos los escenarios, y demoraremos más en llegar al final. En síntesis, Devil May Cry es uno de los mejores juegos que se han descubierto hasta el momento, superando muchísimas expectativas más de las que se había creado, y por supuesto, que no ha decepcionado a nadie. Una compra obligada para todo usuario de una PS2, y más si sos amante de los juegos de acción.
POR DANIEL SAAD |
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