Un poco sobre la historia del Candomblé
Extraído de
http://www.arere.com.ar/brsalvador_cultural_candomble.htm
La institución de cofradías religiosas, bajo la égida de la Iglesia Católica, separaba las etnias africanas. Los negros de Angola formaban la Venerable Orden Tercera del Rosário de Nossa Senhora das Portas do Carmo, fundada en la Igreja de Nossa Senhora do Rosário de Pelourinho. Los daomeanos (gegês) se reunían bajo la devoción de Nosso Senhor Bom Jesus das Necessidades y Redenção dos Homens Pretos, en la Capilla del Corpo Santo, en la Ciudad Baja. Los nagôs, cuya mayoría pertenecía a la nación Ketu, formaban dos hermandades: una de mujeres, la de Nossa Senhora da Boa Morte; otra reservada a los hombres, la de Nosso
Senhor dos Martírios.
Esa separación por etnias completaba lo que ya había esbozado la institución de
los batuques del siglo precedente y permitía a los esclavos, liberados o no, así
reagrupados, practicar juntos nuevamente, en lugares situados fuera de las
iglesias, el culto de sus dioses africanos.
Varias mujeres enérgicas y voluntariosas, originarias de Ketu, antiguas esclavas
liberadas, pertenecientes a la Hermandad de Nossa Senhora da Boa Morte de la
Iglesia de la Barroquinha, habrían tomado la iniciativa de crear un terreiro de
candomblé llamado Iyá Omi Àse Aira Intilè en una casa situada en la Ladera del
Berquo, hoy calle Visconde de Itaparica, próxima a la Iglesia de la Barroquinha.
Las versiones sobre el tema son numerosas y varían bastante cuando relatan las
diversas peripecias que acompañaron esa
realización. Los
nombres de esas mujeres son inclusive controversiales. Dos de ellas llamadas
Iyalussô Danadana e Iyanassô Akalá, según unos, e Iyanassô Oká, según otros,
auxiliadas por un cierto Babá Assiká, saludado como Essá Assiká en el padé del
cual hablaremos más tarde, habrían sido las fundadoras del terreiro de Asé Aira
Intilé.Iyalussô Danadana, según consta, regresó a Africa y murió allá. Iyanassô
por su parte, habría viajado a Ketu, acompañada por Marcelina da Silva. No se
sabe exactamente si esta era su hija de sangre, o hija espiritual, esto es,
iniciada por ella en el culto de los orixás, o inclusive, si se trataba de un
prima suya. Las opiniones sobre el asunto son controversiales y se tornan objeto
de eruditas discusiones, estando sin embargo todos de acuerdo en declarar que su
nombre de iniciada era Obatossí.
Marcelina - Obatossi se hizo acompañar en ese viaje por su hija Magdalena.
Después de siete años de permanencia en Ketu, el pequeño grupo volvió
acrecentado por dos niñas que Magdalena tuvo en Africa y embarazada de un
tercera, Claudiana, quién sería, a su vez, madre de María Bibiana del Espírito
Santo, Mãe Senhora, Oxum Miua, de la cual tuve el insigne honor de volverme hijo
espiritual.
Iyanassô y Obatossí trajeron de Ketu, además de esas hijas y nietas, un africano
llamado Bangboxé, que recibió en Bahía el nombre de Rodolfo Martins de Andrade
y, en el padé al cual me referí antes, es saludado como Essa Obitikó.
El terreiro situado, en el momento de su fundación, atrás de Baroquinha se
trasladó varias veces y después de haber pasado por el Calabar en la Baixa de
São Lourenço, se instaló bajo el nombre de Ilê Iyanassô en la Avenida Vasco da
Gama, donde aún se encuentra, siendo llamado familiarmente como Casa Branca del
Engenho Velho, y en el cual Marcelina-Obatossí se transformó en la mãe-de-santo
después de la muerte de Iyanassô.
Existe una pequeña
divergencia en la versión dada por Dona Menininha relativa a los orígenes de los
terreiros provenientes de Barroquinha. El nombre de Iyalussó Danadana no es
mencionado. La primera mãe-de-santo habría sido Iyá Akalá (distinta de Iyanassô)
que habiendo regresado a Africa falleció allí. La segunda mãe-de-santo habría
sido Iyanassó Oká (y no Akalá).
No se sabe con precisión la fecha de todos esos acontecimientos, pues, en el
inicio del siglo XIX, la religión católica era todavía la única autorizada. Las
reuniones de protestantes eran toleradas sólo para los extranjeros; el
islamismo, que provocó una serie de revueltas de esclavos entre 1.808 y 1.835,
era formalmente prohibido y perseguido con extremo rigor; los cultos a los
dioses africanos eran ignorados y pasaban por prácticas supersticiosas. Tales
cultos tenían un carácter clandestino y las personas que tomaban parte en ellos
eran perseguidas por las autoridades.
Alrededor de 1.826, la policía de Bahía, en las rondas efectuadas con el
objetivo de prevenir posibles levantamientos de africanos, esclavos o libres, en
la ciudad y sus alrededores, había encontrado atabaques, espanta-moscas de cola
de caballo y otros objetos que parecían más adecuados al candomblé que a una
sangrienta revolución. Nina Rodrigues se refiere a cierto quilombo, existente en
las selvas del Urubu, en Pirajá, " el cual se mantenía con el auxilio de una
casa de fetiches de la vecindad, llamada la Casa de candomblé".
Un artículo del Jornal da Bahia del 3 de mayo de 1855, hace alusión a una
reunión en la casa Ilé Iyanassó: "Fueron apresados y puestos a disposición de la
policía Cristovão Franciso Tavares, africano emancipado, Maria Salomé, Joana
Francisca. Leopoldina Maria da Conceicão, Escolástica Maria da Conceicão, negros
brasileros libres, los esclavos Rodolfo Araújo Sá Barreto, mulato; Melõnio,
negro brasilero, y las africanas Maria Tereza, Benedita, Silvana... que estaban
en el lugar llamado Engenho Velho, en una reunión que llamaban Candomblé". Es
curioso encontrar en ese documento el nombre, poco común, de Escolástica Maria
da Conceicão, el mismo con el cual sería bautizada, treinta y cinco años más
tarde, Dona Menininha, la famosa mãe-da-santo de Gantois, cuyos padres, en esa
época sin duda, frecuentaban o formaban parte del terreiro Ilé Iyanasso, donde
sucedió esa acción policial.
Con la muerte de
Marcelina-Obatossí, fue Maria Júlia Figueiredo, Omonike, Iyálódé, también
llamada Erelu en la sociedad de los geledé, que se convirtió en la nueva mãe-de-santo.
Eso provocó serias discusiones entre los miembros más antiguos del terreiro Ilé
Iyanassó, teniendo como consecuencia la creación de dos nuevos terreiros,
originarios del primero; Júlia Maria da Conceicão Nazaré, cuyo orixá era Dáda
Baayani Ajaku, fundó un terreiro llamado Iyá Omi Ase Iyámase, en el Alto do
Gantois, cuya mãe-de-santo actual, y cuarta a ocupar ese lugar, es Dona
Escolástica Maria da Conceicão Nazaré, "Menininha", la última de las famosas
mães-de-santo de la antigua generación. Según Menininha, Júlia da Conceicão
Nazaré, fundadora del Terreiro de Gantois, habría sido la irmã-de-santo, y no
filha-de-santo de Marcelina Obatossí. Un personaje importante en los medios del
candomblé, llamado Babá Adetá Okanledé, consagrada a Oxóssi y originaria de Ketu,
habría tenido un papel importante cuando fue creado el Terreiro de Gantois, Iyá
Omi Ase Iyámase.
Eugénia Ana Santos, Aninha Obabiyi, cuyo orixá era Xangó, auxiliada por Joaquim
Vieira da Silva, Obasanya, un africano venido de Recife y saludado como Essá
Oburó en el padé al cual ya hicimos alusión, fundaron otro terreiro salido del
Ilé Iayanassó y llamado "Centro Cruz Santa do Axé de Opó Afonjá", que fue
instalado en 1.910, en São Gonçalo del Retiro, después del Axé haber funcionado
provisoriamente en un lugar denominado Camarão, en el barrio de Rio Vermelho.
Bajo el impulso de esta gran mãe de santo, el nuevo terreiro rápidamente igualó
- y tal vez haya sobrepasado - en reputaciión a los otros candomblés Ketu.
Maria da Purificacão Lopz, Tia Bada Olufandeí, sucedió en 1.938 a Aninha y dejó,
en 1.941 el control en el terreiro a Maria Bibiana del Espirito Santo, Mãe
Senhora Oxunmiwá, hija espiritual de Aninha Obabiyi.
Por el juego complicado de las filiaciones , Senhora era bisnieta de Obatossí
por lazos de sangre y su nieta solamente por lazos espirituales de iniciación.
En otros términos, Iayanassó Akalá (u Oká) fue, en la generación anterior, al
mismo tiempo la bisabuela y la trisabuela de Senhora. Las cosas se tornaron más
complicadas todavía cuando Senhora recibió, en 1.952, el título honorífico de
Iyanassó, dado por el Alafin Oyó de Nigéria, por intermedio de una carta de la
que tuve el honor de ser el portador. Senhora, aboliendo el tiempo pasado,
gracias a esa distinción, se volvió espiritualmente la fundadora de esta familia
de terreiros de candomblé de la nación Ketu, en Bahía, confirmando tan elevada
posición en 1.962 cuando fue a presidir, seguida de sus Ogans (donde figuraban
los colaboradores de esta obra, Carybé, Jorge Amado, Waldeloir Rêgo y yo mismo),
el Axexê o ceremonia mortuoria de la recordada y más que centenaria, Mãe de
Santo del Ilê Iyanassó de la Casa Branca del Engenho Velho, Maximiana Maria da
Conceiçao, Tia Massi Oinfunké.
Esta dignidad recibida de Africa por Senhora provocó, digamos de paso,
comentarios y rumores, los "murmullos" que mueven y apasionan a las personas que
pertenecen a este pequeño mundo, lleno de tradición, donde las cuestiones de
etiqueta, de derechos fundamentados sobre el valor de los nacimientos
espirituales, de primacías, de graduación en las formas elaboradas de
salutaciones, de posternaciones, de sumisión son observadas, discutidas y
criticadas apasionadamente; en este mundo donde el besar la mano, las
respetuosas inclinaciones de cabeza, las manos ligeramente inclinadas en gestos
de bendición representan un papel tan minucioso y dócilmente practicado como en
la Corte del Rey Sol. Los terreiros de candomblé son los últimos lugares donde
las reglas del buen tono todavía reinan soberanamente.
Después del desaparecimiento de la recordada Mãe Senhora, en 1.967, dos nuevas
Mães de Santo le sucedieron al frente del Axê Opó Afonjá. La actual Maria Estela
de Azevedo Santos, Odé Kayodê, retornando la tradición de Iyanassó y de Obatossí,
hizo un viaje a las fuentes, a Nigeria y al ex Daomé.
Después de la muerte de Senhora, otros terreiros fueron creados, originarios
todos del Axê Opó Afonjá formando una tercera generación de esta familia de
candomblés que nació en Barroquinha. Citemos el Axê Opó Aganju, de Balbino
Daniel de Paula, Obaraim, que viajó para Africa y ahí participó de las fiestas
de Xangó, con perfecta naturalidad, como si su familia nunca hubiese dejado
aquel país hace ya varias generaciones.
Existen numerosos otros terreiros que siguen el ritual Ketu, como el de Ilê
Mariolajê en Matatu, más conocido bajo el nombre de Alaketu, cuya Mãe de Santo
actual, Olga de Alaketu, ya fue varias veces a Africa. Citemos, además, el
terreiro Ilé Ogunjá, también en Matatu, del fallecido Pai de Santo Procópio
Xavier de Souza, Ogunjobí.
Al lado de los terreiros Nagó-Ketu, están en Bahía los de la nación Ijexá. El
más digno entre ellos es el de Eduardo Ijexá, o Eduardo António Mangabeira,
medio hermano de Otávio Mangabeira, que fue Gobernador del Estado de Bahía.
Durante la década del 50 , el envió cartas escritas en perfecto yoruba a su
distante pariente, el Rey de Ijexá, que las recibió de mis manos muy emocionado.
Los terreiros gegê, donde se practicaba el culto de los Voduns do Daomé, eran
más raros. El más conocido era el de Bogum, de la fallecida Emiliana Pidade dos
Reis, a quien sucedió la fallecida Valentina Maria dos Anjos, Mãe Runhó.
Los cultos Gegê y Nagó se fundían en terreiros como el de Oxumaré, en la calle
Vasco da Gama, de los fallecidos Antonio de Oxumaré, Cotinha y Simpliciana.
El ritual de los cultos
de origen Bantu era inicialmente diferente de las ceremonias Nagós y Gegês. Se
mezclaron después, volviéndose bastante propios. La originalidad de estos cultos
Bantus es difícil de definir. No se sabe si los rituales Gegê y Nagó fueron o no
influenciados por esclavos del Congo y de Angola, ya presentes en Brasil en gran
cantidad, en el final del siglo XVII. Relaciones más constantes se establecieron
en los siglos posteriores, entre Bahía y Pernanbuco y la Costa llamada de los
Esclavos; la mayoría de los cautivos desembarcados en estas dos provincias
estaba constituida, entonces por los Gegês y Nagós (Daomeanos y Yorubas)
Expusimos, en otras obras, las razones comerciales creadas por la presencia de
tabaco en Bahía y en Pernambuco, razones que determinaron la afluencia de los
Gegês y de los Nagós a estas dos regiones, a partir del siglo XVIII, y no a las
otras partes de Brasil, donde los Congos y Angolas continuaron siendo importados
en gran proporción.
La palabra candomblé, que sirve para designar, en Bahía, a las religiones
africanas en general, parece ser de origen Bantu. Es posible que las influencias
de las religiones venidas de estas regiones no se restringiesen, apenas al
nombre dado a las ceremonias, sino que hubieran dado a los cultos Gegê y Nagó en
Bahía una forma diferente, en ciertos detalles, de estas mismas manifestaciones
en Africa.
Un estudio por separado del ritual Bantu es tarea bastante difícil, pues sería
necesario hacerlo en diversos puntos de Brasil, en lugares donde esta influencia
Gegê-Nagó no se hubiera hecho sentir. En Bahía, tenemos que contentarnos con la
presencia de algunos cantos y ritmos de tambores. Sería necesario también,
localizar los términos Bantus todavía conocidos, términos éstos que los
participantes de terreiros Bantus tienen tendencia a expresar en su equivalente
Nagó, ya sea por espíritu de discriminación, ya sea para hablar en una lengua
comprensible a sus interlocutores.
Existen en Bahía, el terreiro Congo del fallecido Manoel Bernardino da Paixão,
el Bate Folha en el barrio de Beiru; el terreiro Angola de la fallecida Maria
Neném do Tumbeuci, también en Beiru, y el de su Filho de Santo, el fallecido
Manoel Ciriaco de Jesus, el Tumba Juçara, en el Alto del Corrupio, hoy bajo la
dirección de la Mãe de Santo Dere.
Destaquemos, finalmente, el caso del fallecido Pai de Santo João Alves de
Torres, más conocido como Joãozinho da Goméa, que debe su renombre al Caboclo
Pedra Preta, y cuyo culto, realizado a la manera africana, era dedicado a los
ancestrales indígenas, señores de esta tierra de Brasil. Iniciado en el ritual
de Angola por Jubiabá, Joãozinho fue heredero de una Yansã y se orientó, cada
vez mas, en dirección al ritual Nagó. Este caso nos parece típico de la
influencia ejercida por el ritual Nagó sobre las religiones de etnias
diferentes.
En la propia Africa, las religiones Bantus parecen centradas sobre una serie de
devociones a los ancestrales de un grupo familiar reducido y no sobre el culto
de dioses ligados a las fuerzas de la naturaleza. Es posible que existan esos
tipos de cultos, pero en Bahía, ellos tomaron una forma bien próxima a la de la
concepción Yoruba.
