| TODO VERDOR DESAPARECERÁ Por Jorge Llistosella |
| En los últimos 82 años, la
Argentina perdió 70 millones de Has forestadas, se trata
de un asesinato a su fauna y a su flora, pero también a
sus seres humanos, cuando se quema un bosque o se tala
una selva, todos empezamos a vivir peor. O se entiende
esto o habitaremos un desierto asfaltado. Frente al pragmatismo y al imperio del poder económico, sólo a un loco o a una buena persona se le ocurriría apelar a los sentimientos y a la solidaridad. Seamos entonces fríos, implacables. Hagamos un llamado al egoísmo y al más absoluto instinto de conservación individual. Contemos una historia auténtica, contemporánea y nuestra. "-Hay ciertos arroyitos cordilleranos que recogen agua de los deshielos, y se forman entre un bosque llamado Andino-Patagónico. Cuando aumenta su caudal, esa agua cristalina alimenta al lago Nahuel Huapi, donde se origina el río Limay, cuya potencia aprovechan las represas Alicurá, Piedra del Águila, Pichi Picún Leufú, El Chocón, Michihuao, Pantanito y Arroyito, para generar energía eléctrica. Otro río, el Neuquén, antes de unirse al Limay, provee sus aguas puras a la represa Cerro Colorado. El Limay y el Neuquén originan el río Negro, que irriga una de las zonas más ricas de la Argentina: el valle de Río Negro, donde bien se sabe, nacen estupendas manzanas...."Este cuentito tonto se altera súbitamente. Hombres y mujeres que habitan las grandes ciudades no han comprendido aún en que alta medida su bienestar y su calidad de vida están vinculados con esos lejanos, viejos y majestuosos árboles que rodean y protegen aquellos insignificantes arroyitos. Si el bosque desaparece, el suelo queda desprotegido. El viento, el sol, la nieve, el granizo, la lluvia comienzan su incesante erosión. Los desechos van a parar a los arroyitos. El agua que fue pura se vuelve turbia, tiene detritos en suspensión. Las represas procesan ese líquido que lesiona sus turbinas, exigen mayor mantenimiento y encarecen la energía, que puede llegar a interrumpirse. El alto valle recibe agua impura, y su producto, esa magnífica fruta, modificará su sabor y su aspecto. Al fín, si esto sucede con frecuencia el señor indiferente comerá productos de baja calidad; las empresas indiferentes caerán en sus exportaciones; la señora indiferente notará que, aunque accionó el botón de la luz, todo sigue a oscuras. |