| MIENTRAS SIGA HABIENDO
GANADO SUELTO EN LA CORDILLERA LOS BOSQUES NATIVOS NO PODRÁN SOBREVIVIR por Hugo Rodríguez |
| A salvo, entreverados en algún
arbusto de espino, calafate o retamo; están los
renuevos. Han nacido de una raíz o de la semilla que
devoró algún pájaro. Creciendo, ayudados por la luz de la semisombra, ocultos en la adusta protección de especies más afiladas y amargas para el ganado. Hace tiempo que las pasturas se volvieron escasas. La sobrepoblación de animales que ocuparon toda la extensión posible de valles y cordillera, tal como se desparrama el ganado cimarrón; fueron convirtiendo el paisaje andino-patagónico en un gran campo de invernadas o veranadas, y a toda la vegetación en forraje. Los árboles mayores que quedan en pie; cipreses, ñires, maitenes, lauras; configuran la pertinaz señal de que antes hubo un bosque. Viven solitarios y son padres sin hijos. Año tras año ofrendan a la tierra miríadas de semillas que no terminan de prosperar. De este modo, es previsible su desaparición como especie. Mientras siga habiendo ganado suelto en la cordillera, los bosques nativos no podrán sobrevivir. La convivencia del bosque con el ganado es imposible. Vacas, caballos, ovejas y cabras no pueden hacer otra cosa que comer todo lo que encuentran a su paso, especialmente brotes y renuevos. Son un paciente abrasivo para la naturaleza y la más devastadora calamidad para el bosque, mucho más que el fuego o la motosierra. Si lo que queremos es conservar los bosques, las soluciones ya están listas, (cuelgan de las ramas). Por empezar, lo que es necesario "manejar" es el ganado, no el bosque. La tierra, (el suelo), necesita TREGUA. Un "barbecho" para que vuelvan a germinar y prosperar los árboles. Las soluciones están listas, sin embargo es fundamental que la ambición y la negligencia dejen de "pastar" en el corazón humano. |