¿Cuántos aviones hidrantes cuesta un solo Mirage?
por : Lucas Chiappe
Con la respiración entrecortada y una sensación de ahogo en el pecho, la primera vez que me acerqué a un árbol en llamas no podía dominar un desborde de sensaciones contrapuestas: Por un lado la excitación producto del río de adrenalina que corría por mis venas, y por la otra la angustia por la impotencia de no poder ayudar a un ser que estaba quemándose vivo delante de mis ojos.
"- La altísima temperatura del fuego a menos de 20/30 metros de su copa de pronto te golpea la cara, mientras el espeso humo negro que se desprende de los árboles y los arbustos verdes se te hunde de a bocanadas en los pulmones. Los latigazos de vientos arremolinados que se levantan de cualquier lado te lastiman el cuerpo, y amplifican el chillido de la savia y la resina hirviendo bajo las cortezas...... Los pájaros que huyen despavoridos, el rugido de las hojas ardiendo todas juntas.........el miedo y el coraje de un cazador que se enfrenta a un enorme dragón enfurecido, con un balde de agua en una mano y un machete en la otra.."
Por más absurda y surrealista que parezca la escena, todos los que nos enfrentamos alguna vez a la fuerza desencadenada por un incendio forestal, vivimos en mayor o menor grado esa sensación de furia, desamparo y frustración, sobretodo cuando esa catástrofe es el producto del descuido o la perversa intencionalidad de otros seres humanos...

"-Yo vine a vivir al valle de Epuyén en Diciembre de 1976, dos años después tuve mi bautismo del fuego en el impresionante incendio forestal comenzado un 16 de enero, mientras unos lugareños preparaban un asado en el barrio de viviendas del Lago Epuyén . El incendio duró tres semanas, arrasó con la ladera norte del Cerro Epuyén y encaró hacia Cholila devorándolo todo a su paso. La "seca" duró casi 8 meses y provocó una ola de imparables incendios forestales en toda la cordillera. Al año siguiente los militares en el poder decidieron alquilar por dos temporadas un par de aviones hidrantes Canadair CL 215, y el resultado fue asombroso : sólo en la primera temporada "el equipo amarillo"de hidroaviones que tenía como base operativa el aeropuerto de Bariloche, apagó 106 focos de incendios aprovechando su impresionante efectividad cuando intervienen durante la primera media hora de fuego (6000 Lts. cargados en 10 Segundos en las aguas de cualquier lago de la zona).
Sin embargo, siguiendo la costumbre de la época, el contrato de alquiler no se cumplió como era debido y las enormes aeronaves no volvieron nunca más a cuidar de nuestros bosques.
En su reemplazo apareció, junto con la democracia, un glorioso avión Catalina de los años '40, reformado en Chile para cargar agua en un tanque cisterna de 1500 Lts. Varios años de gloriosas y arriesgadísimas intervenciones, no siempre efectivas debido a la poca capacidad de carga, que culminaron trágicamente con la muerte de uno de los co-pilotos, ahogado luego de una falla al descender en el Lago Gutiérrez.
El año anterior (1987) los incendios forestales en el NO de Chubut, Río Negro y Neuquén devoraron decenas de miles de hectáreas de bosques y la catástrofe de los Cerros Pirque y Currumahuida agitaron tanto el avispero de las noticias, que en una típica demostración de pánico, desorganización y voluntad política tardía llegaron a la zona: desde un Hercules C 130 cargado de palas mangueras y motobombas, hasta cuerpos de bomberos de varias localidades bonaerenses, helicópteros de Gendarmería, y toda la parafernalia de gorros y mochilas que, a esa altura de los acontecimientos eran mucho más vistosos que eficaces.
Efectivamente los incendios sólo pararon cuando una lluvia providencial, precedida por cuatro horas de vientos con ráfagas de hasta 90 Kms por hora, que entre otras cosas arrasaron casi toda la ladera Este del Cerro Pirque (una cicatriz que aún hoy 10 años después se puede apreciar en toda su dimensión en el valle de El Hoyo al transitar la Ruta 258)..
El mal recuerdo de ese caos desorganizado, la muerte del piloto chileno, el par de temporadas veraniegas atípicamente húmedas y los afamados "ajustes" gubernamentales que suelen recaer en las reparticiones equivocadas, colaboraron para que en la primavera del '93 todos los habitantes de la Comarca volvieran a comprobar la falta de previsión acostumbrada, que desembocó en el tristemente célebre incendio intencional del Mallín Ahogado, que arrasó con 4.000 Has más de ñirantales, cipresales, cercos, galpones y viviendas.
El verano del '96 también será recordado en las estadísticas, como otro de los "hitos históricos" de esta crónica de catástrofes periódicas en nuestra bio-región, mientras que en la temporada 1998-99 las hectáreas quemadas debido a la intensa sequía sumaron sólo en el Chubut más de 25.000 Has según estadísticas de Bosques (estadísticas falsa debido a que están calculadas en base a mapas planos, que no calculan el relieve de la zona cordillerana).
El total de estos incendios forestales, al igual que en las Provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego, respondieron a causas humanas, habiéndose comprobado en la gran mayoría de los casos su intencionalidad. Y todo este panorama lo único que ha provocando son las tardías y acostumbradas :
*Histeria colectiva.
*Desparpajo de medios (raudales de billetes puestos en el tapete cuando ya es tarde para todo menos para
demostraciones políticas).
*Absoluta carencia de campañas efectivas de prevención.
*Falta de jurisdicción apropiada para castigar a los responsables.
*Acciones cruzadas e inefectivas entre las organizaciones responsables.
*Descargas de responsabilidades jurisdiccionales.

Panorama triste y lamentable que no por repetitivo deja de doler a quienes conocemos algo del tema y pretendemos proteger estos bosques. Y es quizás por esa misma sensación de desamparo colectivo, confusión por parte de los medios y necesidad de aportar lo que podamos para vencer al "Dragón de la Ignorancia", que decidimos lanzar con el "Proyecto Lemu" continuas campañas televisivas, recordando, repitiendo, machacando y aportando puntos de vista para que las lluvias que apaguen efectivamente las miles de brasas y rescoldos que siguen humeando en toda la cordillera, no terminen apagando también las voces de indignación que se elevan a lo largo y ancho de la Patagonia.
No somos tan soberbios como para poder garantizar la extinción de ningún foco de incendios a través de opiniones, consejos o sugerencias, pero no nos vamos a cansar de hacer nuestro aporte para que este flagelo deje de ser tan reiterativo, y a la vez, de señalar la evidente falta de sensibilidad, carencia d
1
Hosted by www.Geocities.ws