Siempre ha habido catástrofes. La ciencia
sostiene que el Universo es producto de una gran
catástrofe, y buena parte de la esencia de la Naturaleza
es de caracter catastrófico. Cuando cualquiera de los 4
elementos primordiales: aire, agua, tierra o fuego, se
mueve más o menos bruscamente (violentamente, para
nuestra contextura humana), sucede la catástrofe, es
decir, una alteración grave del orden regular de las
cosas.
Lo que la Naturaleza hace con esos movimientos, llámense
terremotos, inundaciones, ciclones, incendios, es cambiar
fundamentalmente y evolucionar. Se trataría de
fenómenos necesarios para que exista una cierta
regeneración o renovación de la vida. En el caso del
fuego sobre la vegetación, éste tiende a arrasar todo
lo que a su paso se presenta como combustible. Pero no
todo quedará convertido en ceniza y carbón.
La Naturaleza deja la posibilidad de recomenzar. Con
tiempo y factores favorables todo reverdecerá.
Los bosques que en la región cordillerana desaparecen al
calor de las llamas, también tienen su oportunidad de
renacer. Pero eso sí, después de muchos años. Hace una
década, los incendios de bosques cordillerano eran
socialmente considerados como una lamentable
contingencia. La repetición, la magnitud y la
trascendencia que fueron adquiriendo temporada tras
temporada los ubicó en la categoría de catástrofe. O
sea que ya están atentando gravemente contra nuestros
intereses y plazos. No obstante, lo que debería
considerarse como verdaderamente catastrófico son las
escasas posibilidades regenerativas del bosque. El cambio
climático, los factores de la desertización, la
presencia del ganado, van en desmedro de la oportunidad
natural de renovación. Cada verano encuentra a la
sociedad de los bosques andinos entre el sosiego y la
angustia. Entre las vacaciones y el combate del fuego.
Intentando disfrutar del sol y la distensión natural
después del largo invierno, pero con la humareda
cubriendo el paisaje. Recibiendo turistas en medio del
descontrol, la impotencia y la histeria de las culpas por
las causas, la prevención, la estrategia, el
presupuesto....Es el caos en el medio de la catástrofe.
Entonces habrá que despejar y circunscribir la variable
del caos. Sólo así podrá comenzar a haber esperanzas
en medio y después de la catástrofe.
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