UT 4: AMENAZAS TRANSNACIONALES

TEMA 6: Proliferación de Armas de Destrucción Masiva

 

Contenidos y límites del concepto "Armas de Destrucción Masiva"

En los últimos tiempos, ha cobrado relevancia como amenaza transnacional la proliferación de armamento de destrucción masiva, entendiendo a tal fenómeno tal cual lo hace Gregory Schulte: armas nucleares, biológicas o químicas, lanzables tanto por medios tradicionales (artillería, aviación o misiles) como en forma encubierta. Sin embargo, esta jerarquización estuvo acompañada por el otorgamiento de un alcance limitado al concepto proliferación; teóricamente, la proliferación puede ser horizontal cuando crece el número de poseedores, vertical cuando quienes ya cuentan con ellas elevan su cantidad o capacidad letal, y geográfica cuando estos últimos las colocan en ámbitos geográficos que les son ajenos.

Desde este punto de vista, puede señalarse una primera característica de la proliferación de armamento de destrucción masiva, en tanto amenaza de importancia en la post Guerra Fría: es la proliferación de tipo horizontal (o "difusión") la que en mayor medida se constituye en problema internacional debido a su probable posesión por Estados políticamente inestables y con propensión al uso de la fuerza, o por los llamados "Estados bandidos" ("Rogue States"), i.e. actores no estatales con escaso respeto por las reglas del sistema internacional, con lo cual los riesgos de empleo se multiplican en relación con la Guerra Fría. Este es el fantasma de las loose nukes, las bombas fuera de control, que tanto intranquiliza a las principales potencias del mundo.

Una segunda característica distintiva de esta amenaza es ser aquella frente a la cual en mayor medida la respuesta de los Estados adoptó la forma de regímenes, un tipo de actor del escenario internacional sobre el cual conviene efectuar un breve comentario. Los regímenes son, en su forma más básica, mecanismos de regulación de las actividades de los gobiernos compuestos de complejos grupos de reglas e instituciones mútuamente aceptados por aquellos. Quien posiblemente sea el principal teórico en la materia, Stephen Krasner, los definió de la siguiente forma: "grupo de principios implícitos o explícitos, normas, reglas y procedimientos de toma de decisiones en torno a los cuales las expectativas de los actores convergen en un área determinada de las Relaciones Internacionales".

Conviene señalar que, en el campo de las armas de destrucción masiva, los regímenes existentes son de "no proliferación", un concepto de alcances diferentes al de "contraproliferación". La disquisición que hace el especialista Lewis Dunn, vicepresidente de Science Applications International Corporation (SAIC), indica que "no proliferación" es un enfoque concentrado en controles de armas, control de exportaciones y actividades diplomáticas; la "contraproliferación", en tanto, apunta a iniciativas (predominantemente militares) para disuadir o neutralizar el empleo hostil de armas de destrucción masiva.

En este contexto, se observa la vigencia simultánea de cuatro regímenes de no proliferación principales: el Tratado de No Proliferación (TNP), en la esfera nuclear; la Convención de Armas Químicas (CWC); la Convención de Armas Biológicas (BWC); y el Régimen de Control de Tecnología Misilística (MTCR). Cada uno de ellos tiene características particulares, en función de su inclusividad y carácter discriminatorio o no; su transparencia y la existencia de mecanismos de verificación; su manejo; su capacidad de imponer sanciones y, accesoriamente, su respaldo por regímenes de control de exportaciones (CUADRO 1). Más allá de la formalidad del régimen, estos siete factores afectan las expectativas de sus miembros y por consiguiente su efectividad.

Cuadro 1

REGÍMENES DE NO PROLIFERACIÓN

CARACTERISTICA

TNP

BWC

CWC

MTCR

Inclusividad

(número de Estados miembros) (*)

155 EE.

122

152

Limitada a proveedores

Carácter Discrimina-Torio

SI

(Estados nucleares y no nucleares)

NO

NO

Ejerce presiones sobre Estados no miembros

Transparencia

ALTA

Diversas medidas de verificación a cargo de la AIEA

BAJA

No hay agencia ni medidas de verificación

BAJA

No hay agencia ni medidas de verificación

BAJA

No hay agencia ni medidas de verificación

Manejo

ALTO

Diversos mecanismos de interpretación y resolución de disputas

MODERADO

Actúa con respaldo del CSNU (**)

ALTO

Diversos mecanismos de interpretación y resolución de disputas

DÉBIL

Limitado básicamente a negociaciones entre proveedores

Capacidad Sanción

ALTA

Sanciones multilaterales y remisión del caso al CSNU

MODERADA

Remisión del caso al CSNU

ALTA

Sanciones multilaterales y remisión del caso al CSNU

BAJA

No contempla

Respaldo Regímenes Control Export.

NSG y Comité de Exportadores del TNP

Grupo Australia

N/D

(*): Cifras actualizadas a 1994

(**): Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

Armas Nucleares

Por su indiscutible protagonismo durante la Guerra Fría, el armamento de destrucción masiva más difundido es el nuclear y teóricamente corresponde al TNP, régimen internacional abierto a la firma en 1968, abocarse a la eliminación de la amenaza que la gran mayoría de los analistas percibe en la proliferación horizontal. En materia de control de exportaciones se complementa con otro régimen, el Grupo de Proveedores Nucleares (NSG), formado en 1974 e integrado por casi una treintena de países, entre ellos EE.UU., Gran Bretaña, Francia y Rusia (antes la URSS). Sus miembros se comprometen a no exportar material nuclear sin aval previo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) y conforman una lista de determinadas tecnologías específicas que sólo pueden ser vendidas si el comprador brinda garantías concretas sobre su uso final y se compromete a aceptar verificaciones.

El accionar del Tratado se basa en un postulado nodal: que ningún Estado necesita ni debe proliferar para mejorar su seguridad, dado que la misma estará garantizada por el Consejo de Seguridad de la ONU, a través de una doble vía constituida por dos "garantías":

En mayo de 1995 los 179 Estados signatarios del TNP lo extendieron indefinidamente, luego de arduas negociaciones que pusieron de relieve profundas diferencias entre actores con status nuclear y otros excluidos de esa categoría, a partir de la acusación de estos últimos a los primeros de no haber avanzado en el proceso de desarme; de continuar efectuando pruebas nucleares y de obstaculizar, so pretexto del empleo dual de ciertas tecnologías, su desarrollo científico y tecnológico. La superación de los disensos redundó en una ratificación explícita del compromiso de las potencias nucleares con el desarme y la desnuclearización total a escala global, como objetivo final; la reactivación de las negociaciones orientadas a prohibir las pruebas bélicas de esta clase; por último, la delegación en la IAEA de la potestad de determinar si la conducta de determinado Estado es proliferante.

El logro de tales acuerdos y la consecuente extensión del TNP por tiempo indefinido constituyó sin duda el evento más importante de la post Guerra Fría en relación a la amenaza que plantea la proliferación nuclear. También se ha opinado que el mismo ha generado un impacto de naturaleza cualitativa en el ámbito de la Seguridad Internacional, al exaltar la viabilidad de los mecanismos de seguridad basados en la transparencia y la confianza mutua .

Sin embargo, debe señalarse que muchas voces provenientes de Estados no nucleares ponen en tela de juicio hasta qué punto los Estados nucleares serán capaces de respetar la –ya mencionada- "garantía de seguridad negativa" del TNP, si sus propios intereses nacionales están en juego. El mencionado Lewis Dunn ha considerado que estas dudas fueron parcialmente alimentadas por EE.UU. en épocas de la Guerra del Golfo, cuando implícitamente incluyó el empleo de armas nucleres contra Irak, si Saddam Hussein utilizaba armas químicas o biológicas; lo cierto es que Irak, más allá de toda crítica justificada, era un Estado no nuclear.

Armas Químicas

Las armas químicas, aunque menos difundidas que las nucleares, representan una amenaza de similar jerarquía, máxime teniendo en cuenta tres factores:

Mientras sólo una vez se usaron armas nucleares, desde la Primera Guerra Mundial hubo cinco episodios de uso de armas químicas, aún reduciendo el alcance de este concepto a su mínima expresión, es decir eximiendo de la categoría a aquellas que no están concebidas para matar o incapacitar al enemigo (como los herbicidas). El CUADRO 2, basado en una investigación de Robert Mandel, describe las características de esas cinco oportunidades:

Cuadro 2

EMPLEO DE ARMAS QUÍMICAS DESDE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

CONFLICTO

ITALIA-ETIOPIA

CHINA-JAPÓN

EGIPTO-YEMEN

URSS-AFGANISTAN

IRAN-IRAK

DURACIÓN CONFLICTO

Oct.1935-Mayo 1936

Julio 1937-Sept.1945

Febrero 1963-Agosto 1967

Dic.1979-

Abril 1988

Sept.1980-Julio 1988

1º USUARIO

ITALIA

JAPÓN

EGIPTO

URSS

IRAN

1º USO

Dic.1935

Julio 1937

Junio 1963

Enero 1980

Dic.1982

AGENTE QUÍMICO

Mostaza

Fosgeno

Mostaza

Fosgeno

Lewisite

Mostaza

Fosgeno

Fosgeno

Tabun

VX

Mostaza

Tabun

FORMA DE USO

Aviones

Aviones

Artillería

Aviones

Artillería

Minas

Aviones

Artillería

Minas

Cohetes

Aviones

Artillería

Minas

Cohetes

Misiles

TIPO DE USO

OFENSIVA

DEFENSIVA

 

El uso de armas químicas por lo menos en cinco oportunidades luego de la llamada Gran Guerra evidencia la escasa efectividad que históricamente registró el primer régimen constituido en la materia: el "Protocolo para la prohibición del uso en guerra de gases asfixiantes, venenosos y de otro tipo, y de métodos bacteriológicos de combate". Este tratado, más conocido como "Protocolo de Ginebra", fue signado en esa ciudad el 17 de junio de 1925 y entró en vigencia el 8 de febrero de 1928.

Tampoco parecen haber tenido una gran efectividad la innumerable cantidad de informes que sobre la materia emitieron gobiernos, organizaciones no gubernamentales, entidades científicas y aún la misma ONU. Respecto a esta última organización, se destacan dos informes en particular: en primer lugar, el "Informe sobre Armas Químicas y Bacteriológicas (Biológicas) y los Efectos de su Posible Uso", emitido por el Secretario general en 1969, cuya conclusión alertaba sobre las irreversibles consecuencias que esas armas tendrían sobre los individuos y el Medio Ambiente"; en segundo término, el "Informe sobre los Aspectos Sanitarios de las Armas Químicas y Biológicas", producido un año después por la Organización Mundial de la salud (OMS), donde se remarcaba el carácter incierto e impredecible de las consecuencias que acarrearía el empleo de este tipo de armas.

A efectos de subsanar las deficiencias del Protocolo de Ginebra y tras la experiencia del conflicto bélico entre Irán e Irak se constituyó en 1992 la Convención de Armas Químicas (CWC), que extendió las prohibiciones originales de empleo de estas armas a su desarrollo, fabricación y almacenamiento. Este régimen cuenta con su propia lista de substancias y equipamientos de transferencia prohibida, en base a información brindada por equipos técnicos ad hoc; no prevé claras medidas de verificación aunque sí contempla la aplicación de fuertes sanciones a quienes violan sus normas. En materia de control de exportaciones la CWC se complementa con el llamado Grupo Australia, conformado por cerca de una treintena de países más la Unión Europea (UE).

Armas Biológicas

Un peligro todavía mayor a las armas químicas es el constituido por las armas biológicas, que pueden ser definidas como "el uso deliberado de enfermedades para atacar y afectar la fuerza militar y/o población, cultivos y ganado de un adversario".

Más allá de su letalidad, las armas biológicas comparten con las armas químicas una característica común: su fabricación generalmente emplea equipos e ingredientes usados para fines civiles; inclusive, en un mismo recipiente se pueden realizar los cultivos de gérmenes destinados a la industria farmacéutica y a las armas biológicas. Contrario sensu, tres elementos marcan una clara diferencia entre armas químicas y armas biológicas:

Las armas biológicas pueden ser clasificadas en dos categorías básicas:

¿Puede decirse que el empleo de armas biológicas es nuevo? En rigor de verdad no, ya que existen innumerables evidencias de su uso (aunque rudimentario) hace siglos. El hindú Kalpana Chittaranjan del Institute for Defence and Security Analysis (IDSA), quien ha estudiado esta evolución histórica, presenta tres casos que sirven como ejemplo:

Más cerca en el tiempo, también se detectan otros episodios de uso de armas biológicas:

Inclusive, también existen evidencias del empleo de armas biológicas en acciones encubiertas y operaciones de inteligencia. Entre los innumerables casos de este tipo, Chittaranjan cita el asesinato de Reinhard Heydrich, jefe del Servicio de Seguridad del III Reich en la Segunda Guerra Mundial, agredido con una granada cargada con fiebre tifoidea; o el del exiliado búlgaro Georgi Markov, quien en 1978 trabajaba como periodista en Londres y fue "pinchado" por un sujeto desconocido con la punta de un paraguas, infectada con ricino tóxico (derivado del aceite de castor).

En el caso de las armas biológicas, el régimen de control vigente es la "Convención para la prohibición del desarrollo, producción y almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas, y su destrucción", más conocida como Convención de Armas Biológicas (BWC). Este instrumento fue abierto a ratificación en abril de 1972 y entró en plena vigencia el 26 de marzo de 1975.

Como su nombre lo indica, la BWC prohibe el desarrollo, producción y almacenamiento de agentes bacteriológicos o toxínicos que no estén justificados en propósitos pacíficos, así como de armas o sistemas de liberación de esos agentes con fines hostiles o en un conflicto armado. Al igual que la CWC se complementa con el llamado Grupo Australia respecto a control de exportaciones.

Empero, en su versión original la BWC adolece de mecanismos de verificación y de imposición de sanciones por cuenta propia, remitiéndose en este caso al Consejo de Seguridad de la ONU. Para remediar parcialmente este fallo, en el seno de la Convención se constituyó en 1991 un grupo de "expertos en verificación" (VEREX) que establecieron 21 procedimientos de verificación para determinar si un Estado es proliferante o no; esos procedimientos abarcan desde el análisis de publicaciones científicas hasta inspecciones en el lugar. En 1996 las funciones del VEREX fueron prorrogadas hasta el año 2001, en que serán revisadas.

El caso paradigmático de proliferación de armas biológicas es Irak. Tras la Guerra del Golfo el gobierno iraquí negó haber desarrollado un programa de armas biológicas ni de poseerlas. El caso lo tomó el Consejo de Seguridad de la ONU, tal cual lo previsto por la BWC, creando en 1991 una "comisión de verificación" (UNSCOM) integrada por equipos VEREX que realizaron inspecciones en todo el país.

La UNSCOM demostró que, sólo entre 1978 y 1991, ese país produjo cerca de 4 mil toneladas de armas químicas y 2 mil toneladas de armas biológicas. Hasta febrero de 1998 esta comisión de la ONU destruyó en Irak 38 mil armas químicas, 480 mil litros de agentes químicos letales y una planta completa para producir armas biológicas. Entre tales armas biológicas se incluían recino; anthrax (unos 8 mil litros); un virus que causa ceguera, deshidratación y muerte; bacterias botulínicas y otras que producen gangrena. Los lugares de fabricación estaban dedicados también a la producción de substancias de uso civil, como por ejemplo insecticidas o alimentos para ganado.

Terrorismo + Armas de Destrucción Masiva

La hipótesis de la utilización de armas de destrucción masiva por parte del terrorismo (y el crimen organizado) no es novedosa, sino que comenzó a evaluarse en la fase final de la Guerra Fría, a partir de ciertos acontecimientos, entre ellos: la incautación en los albores de los 80`s de planos sobre los depósitos de armas nucleares norteamericanos en Europa, que estaban en posesión de la organización terrorista alemana Fracción del Ejército Rojo (RAF), cuyos líderes admitieron que pensaban apropiarse de las mismas; por la misma época, la obtención de evidencia sobre el entrenamiento proporcionado por Alemania Oriental a terroristas palestinos en materia de envenenamiento de fuentes de agua potable, mediante gases tóxicos y armas biológicas.

Este tema se actualizó sobre todo a partir de los hechos del 20 de marzo de 1995 en Tokio: en sólo cuatro minutos (de 8:09 a 8:13), adherentes del culto Aun Shinrikyo ("Verdad Suprema"), liberaron en los subterráneos que se dirigían a la estación Kasumigaseki pequeñas cantidades del gas nervioso Sarín, un arma química que al ser liberada causó 12 víctimas fatales y otros 5500 afectados, algunos con lesiones permanentes.

Cuando se contempla la utilización de armas de destrucción masiva por parte del terrorismo, cobran especial relevancia las armas químicas y biológicas, que presentan menores requerimientos en materia de componentes, especialización de personal y sofisticación de las instalaciones. Este problema se agrava por el aumento cuantitativo de individuos con conocimientos de bioquímica y biotecnología, a nivel global; la cantidad de personas que acceden anualmente a técnicas que pueden emplearse en el desarrollo de armas se mide en términos de decenas de miles.

Aún cuando en el mencionado atentado de Tokio se emplearon armas químicas, lo cierto es que los especialistas están concentrando su atención en las armas biológicas, que tendrían tres ventajas con respecto a las primeras:

Frente a estas ventajas de las armas biológicas sobre las armas químicas, también existen desventajas de las primeras con respecto a las segundas. Zachary Selden, en un informe elaborado para los empresarios estadounidenses nucleados en el grupo Ejecutivos de Negocios para la Seguridad Nacional (BENS), destaca dos de esas desventajas:

A pesar de estas desventajas de las armas biológicas, Ron Purver considera que las mismas parecen imponerse a las armas químicas dentro de las preferencias de los terroristas y/o criminales. Particularmente en su variedad bacteriológica, por tres razones:

Además, las armas biológicas son, en última instancia, las de mejor relación costo/beneficio. Un programa de desarrollo de armas nucleares insume cientos de millones de dólares, mientras uno de armas biológicas puede articularse en torno a un costo de U$S 400 por kilo de producción. En términos de efectos, Purver ha calculado que una operación a gran escala contra blancos no militares costaría U$S 2000/km2 con armamento convencional, U$S 800 con armas nucleares, U$S 600 con gas nervioso y U$S 1.- con armas biológicas.

La peligrosidad que entraña la obtención de armamento biológico por parte de organizaciones criminales se pone de manifiesto al considerar, por ejemplo, que la toxina botulínica "A" BTX es letal en dosis equivalentes a décimas de microgramo; de hecho se ha planteado que una dispersión exitosa de 14 gramos (media onza) de BTX podría matar a toda la población de América del Norte.

En cuanto al ya mencionado anthrax, ya en 1977 la Agencia de Asistencia a la Imposición de la Ley (U.S. Law Enforcement Assistance Administration) de EE.UU. calculó que 28 gramos (una onza) introducidos en los sistemas de aireación de un estadio cerrado podrían generar 80 mil víctimas en una hora; por otro lado, la diseminación aérea de 50 kg de ese producto sobre una ciudad de medio millón de habitantes, en condiciones óptimas de temperatura y vientos, generaría 250 mil víctimas fatales. Otros cálculos fueron todavía más pesimistas: la (hoy desaparecida) Oficina de Asesoramiento Tecnológico (Office of Technological Assessment) del Capitolio estimó que la diseminación aérea de 100 kg de anthrax sobre una gran ciudad, podría causar entre 1 y 3 millones de muertes. Es decir, lo mismo que una bomba de hidrógeno de un megatón.

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