| Peso
pesado
Según
la Organización Mundial de la Salud, más de la mitad de
los argentinos tiene sobrepeso. Y un 15 por ciento es obeso. En algunos
países, la obesidad ya es una epidemia. Las causas: malos hábitos
alimentarios y falta de ejercicios físicos. Especialistas en nutrición
proponen una guía práctica y sencilla para evitar el exceso
de peso y mantener una vida saludable.
Comer
varias veces al día en pequeñas porciones. Hacer ejercicios
físicos regularmente. Todos los años, la Organización
Mundial de la Salud y las asociaciones que tienen que ver con la nutrición
y el peso saludable (el que permite, entre otras cosas, atarse los cordones
sin tener que sufrir la gota gorda en el intento) apabullan con recomendaciones
sobre cuánto y qué comer y cuáles deportes practicar.
Pero parece que a sus consejos se los lleva el viento. Los índices
de sobrepeso y obesidad en el mundo son alarmantes. Hay países,
como Estados Unidos, que directamente sufren una epidemia. Y otros que,
asustados por sus estadísticas, ya comenzaron a tomar medidas para
que su población no empiece a rodar en las próximas décadas.
En este hemisferio, en donde ningún número es exacto porque
las mediciones sobre este tema, como en otros, se pierden en medio de
otras prioridades que tampoco llegan a solucionarse, las cosas no están
mejor. Un informe de la OMS ubica a la Argentina entre los países
de América latina con problemas de peso. Estiman que más
de la mitad de la población tiene sobrepeso y el 15 por ciento
padece obesidad.
¿No
será mucho?
A algunos de los médicos nutricionistas de nuestro país,
eso les llama la atención porque lo consideran exagerado. Pero
coinciden en que notan cada vez más consultas de obesidad en chicos
y adultos. "Aquí no podemos tener certeza de nuestra situación
porque no hay registros oficiales. De todos modos, en el Hospital de Niños
Ricardo Gutiérrez llevamos registros y sabemos que atendemos un
promedio de 1.600 pacientes con problemas de peso al año y que
últimamente tenemos más de 384 casos nuevos en el mismo
período", asegura Liliana Trifone, Jefa de la sección
Nutrición y Diabetes de ese hospital. Mientras que en 2000 atendían
245 casos nuevos; en el 2003 casi llegan a los 400. En la población
adulta, los números siguen hacia las nubes. La Sociedad Argentina
de Nutrición (SAN) informa que, según sus estudios, un 40
por ciento de la población adulta argentina carga con un sobrepeso.
Para la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA),
la población adulta de la Ciudad de Buenos Aires tiene un 39 por
ciento de mujeres con exceso de peso y un 55 por ciento de varones en
la misma condición. Por si faltaran números en este bingo
nutricional, el IV Congreso Latinoamericano de Obesidad y Trastornos Alimentarios,
realizado en Buenos Aires, cuyos datos se divulgaron en 2000, redondeó
el problema anunciando que el 60 por ciento de la población argentina
tiene sobrepeso. El dato surge de un estudio que ubicó primero
a Uruguay, con un 62,5 por ciento y a la Argentina en segundo lugar con
57,8 por ciento.
Qué es el peso saludable
Ese fue el número que consideró la OMS para incluir a los
gordos argentinos en su último boletín. La situación,
del 2000 al 2004, no mejoró. Por el contrario, los diez expertos
consultados para esta nota -uno de ellos de los Estados Unidos- coinciden
en que la gordura va en aumento. Y que si algo falla en este panorama
es la falta de información. Pocos saben con exactitud cuánto
comer. Y que comer mal tiene mucho que ver con estos trastornos. El cinco
por ciento de los casos puede tener causas genéticas, pero el 95
por ciento se relaciona únicamente con comer mal y con el sedentarismo,
esa mala costumbre de no hacer nada de ejercicio.
Saber
cuál es el peso ideal que debería marcar la balanza en cada
caso también es una incógnita. Pero se resuelve haciendo
una cuenta para averiguar cuál es el índice de masa corporal
(IMC) en cada caso. Surge a través de una relación matemática
entre peso y altura. Es igual al peso (en kilogramos) dividido la altura
(en metros) al cuadrado. Por ejemplo: alguien que mide 1,80 y pesa 90
kilos, tendrá un 27,7 de IMC. Y eso indica que tiene sobrepeso
porque la clasificación, según la Organización Mundial
de la Salud, establece que si el índice es menor de 18,5, es bajo;
entre 18,5 y 24,9, indica peso saludable; y de 25 a 29,9, sobrepeso. La
obesidad leve se registra entre 30 y 34,9; la moderada, entre 35 y 39,9
y la grave es aquella que tiene un IMC de más de 40. Con esos valores
y una calculadora, usted puede saber cuál es su condición.
Y para estar informado sobre qué hacer puede consultar esta guía:
Todo
en su medida
Primera
regla. Reduzca las calorías pero alimentándose en forma
variada y nutricionalmente balanceada.
Desayune.
Un desayuno completo y balanceado es la manera más saludable de
comenzar el día después de varias horas de ayuno.
Mejora
la ingesta de nutrientes.
Seleccione
los productos lácteos (leches, yogures y quesos) con poca o nada
de grasa: tienen la misma cantidad de calcio que los enteros, pero con
menos grasa.
Consuma
estas cantidades de calcio: Menores de 9 años, de 2 a 3 vasos;
de 9 a 15 años: de 3 a 4 vasos. Embarazadas: 4 vasos.
Mujeres
en período de lactancia: 5 vasos. Adultos: 2 vasos. Mujeres hasta
50 años: 5 vasos. Mujeres mayores de 50 años: 6 vasos. Adultos
mayores de 60: 4 vasos.
Lo
que no debe faltar. Frutas, son de sabores dulces con pocas calorías
y gran cantidad de vitaminas y minerales. Las crudas constituyen un nutritivo
postre o un tentempié bajo en calorías.
Las
verduras tienen abundantes vitaminas y minerales. Lo indicado: Cinco porciones
entre frutas y verduras por día. Una vez al día: una porción
cruda y un cítrico. Cocínelas con cáscara o en trozos
grandes; si las hierve hágalo con poca agua, al vapor de agua o
al horno. No les agregue salsas ó aderezos grasos.
Precaución con los hidratos de carbono. Son la fuente principal
de energía, es decir, calorías del cuerpo. Como la gasolina
para el auto. Se los divide en: Simples, los que están en el azúcar,
miel, jaleas y mermeladas, almíbar, caramelos, gaseosas. Son ricos
en calorías y además ofrecen poco en cuestión de
nutrientes. Ojo: controle su consumo. Los complejos se encuentran en cereales
y derivados (pastas, pan, galletitas), legumbres, frutas y hortalizas.
Son más nutritivos que los alimentos cargados de azúcar.
Puede aumentar su consumo pero con moderación. Prefiera los integrales.
Aumente el consumo de fibras.
La fibra es un hidrato de carbono complejo que está en cereales,
legumbres, hortalizas y frutas. El salvado de trigo (panes y cereales
integrales), centeno, cebada, avena y maíz, son considerados concentrados
de fibra. Alivian el estreñimiento, parecen ser beneficiosas para
bajar el colesterol en sangre, reducen el riesgo de padecer enfermedad
diverticular y pueden ayudar a prevenir el cáncer de colon.
Consuma
diariamente una porción mediana de carnes rojas o blancas (pollo
y pescado).
Seleccione
cortes magros de carne vacuna (lomo, cuadril, peceto, nalga, lomo, cuadrada,
palomita, tortuguita, bife angosto) y elimine la piel del pollo antes
de la cocción. Utilice métodos de cocción saludables
como hervido, plancha, parrilla, horno.
Importante:
No las fría.
No
coma más de tres huevos enteros por semana o una clara todos los
días. Prepárelos cocidos o hervidos, no fritos.
Limite
las grasas perjudiciales y el colesterol. Utilice menos grasa para cocinar.
Use agua ó caldo desgrasado para la preparación de salsas,
vinagre, aceto balsámico, salsa de soja o limón para las
ensaladas y rocío vegetal para el resto de las preparaciones.
Reduzca
los aderezos grasos.
Estire
los aceites con jugo de limón o vinagre, aligere la crema de leche
con leche descremada, diluya la mayonesa con jugo de limón o con
agua.
No
use el queso rallado como saborizante. Es una trampa calórica.
Prefiera
las versiones light de salsa blanca, fileto, portuguesa, napolitana, pesto
u hongos en lugar de cuatro quesos, roquefort o crema.
Consuma
lácteos descremados. Evite fiambres, embutidos, productos de copetín
(papas fritas, palitos, chizitos), frituras.
Cuidado
con las grasas ocultas. Se las conoce como grasas trans y se forman por
la modificación que hace la industria de los aceites vegetales
para endurecerlos y hacerlos más resistentes a la oxidación.
Se relacionan con un alto riesgo cardiovascular porque aumentan niveles
de colesterol en sangre en un grado mayor que el colesterol de la dieta.
Están en las margarinas sólidas y en productos procesados:
galletitas, grisines, tapas de empanada y pascualina, polvos para bizcochuelos,
golosinas, sopas instantáneas, cremas no lácteas para café,
alfajores, coberturas para tortas, productos de copetín, repostería
y pastelería.
Prefiera
las grasas benéficas.
Incorpore
el aceite de oliva (1 cucharada sopera diaria) sin someter a cocción
por su aporte en ácidos grasos esenciales.
Con
moderación, por el elevado valor calórico, consuma palta,
aceitunas, pescados grasos (caballa, salmón, bacalao, anchoa, atún),
semillas de lino trituradas en el momento de ingerirlas, nueces, germen
de trigo, aceite de soja y porotos de soja.
Ojo
con las bebidas. Una lata de bebida no dietética tiene las mismas
calorías que un alfajor de chocolate simple. Si bebe alcohol, estas
son las medidas recomendadas: Mujeres, hasta 1 vaso de vino por día.
Hombres, hasta 2 vasos de vino por día. Un vaso de vino equivale
aproximadamente a: 1 latita de cerveza (360 cc); una medida de bebida
blanca, ginebra, gin (50 cc); 2 copitas de licor (30 cc cada una).
Pruebe
con hierbas y especies; son una excelente manera de darle sabor a sus
comidas, sin usar sal ni grasas.
No
todo lo que dice light es light.
Panes
diet: no hay panes con menos calorías pero sí con fibras,
esto es beneficioso en cuanto al valor de la saciedad.
Chocolates
diet: tienen más grasa que el original. Alfajores diet: no tienen
una reducción importante de calorías. Dulce de leche diet:
no tienen una reducción significativa de las calorías.
¿Diet
o light? En general, es más útil un alimento dietético
bajo o reducido en calorías que otro light cuando el objetivo es
perder peso.
Para
evitar errores, lea las etiquetas antes de elegirlos. La leyenda "Sin
colesterol", no significa sin grasa. Puede tratarse de aceites vegetales
hidrogenados, igualmente perjudiciales.
Entre comidas. Si tiene hambre entre comidas, es mejor una colación
ligera, baja en grasas y calorías, antes que evitarla y luego comer
mucho en la siguiente comida. Sugerencias:1 pote de yogur, 1 fruta, 1
barrita de cereal.
¿Por
qué mantener el peso ideal y evitar el sobrepeso? Porque reduce
la mortalidad, mejora el control de otras enfermedades (diabetes, hipertensión,
dislipemia), mejora la autoestima y la calidad de vida.
Organice
la comida de la semana. Debe saber qué alimentos va a comer cada
día. Desde la mañana debe tener en mente la imagen de las
comidas y no las cambie.
Cuando va al súper llévese la lista y limítese a
comprar sólo lo que hace falta. De regreso, procese lo que pueda
y guarde en la heladera o congele en el freezer para dejarlos listos para
su consumo.
Alimentos
que no deben faltar.
En
la despensa: latas de arvejas, granos de choclo, palmitos, legumbres,
jardineras, champiñones, salsa de tomate, fruta en almíbar
BC, atún, merluza ó caballa al natural, caldos y sopas instantáneas
diet. En la heladera o en el frezeer: pickles, yogures y quesos untables
descremados, carne magra asada, algún fiambre magro, huevos cocidos,
verduras congeladas, verduras limpias listas para consumir, frutas frescas,
una porción de arroz ya cocido.
Coma
despacio. Desde que empezamos a comer tardamos entre 20 y 30 minutos en
recibir del cerebro la señal de saciedad; si come muy rápido
seguramente comerá más cantidad.
Si
va a cenar afuera, evite los lugares con menú fijo, los de canilla
o tenedor libre. En ellos es más fácil comer más.
Mientras espera hasta que llega la comida, evite comer pan, galletitas,
grisines con manteca y tomar vino. Pida al mozo que retire la panera y
el vino hasta que la comida esté lista.
Evite
probar la comida de otros.
Cuerpos
de movimiento
¿Por
qué hacer actividad física?
Es
beneficiosa para la salud física y mental, mejora la autoestima,
el humor, y disminuye el estrés, la ansiedad y la depresión,
disminuye la tensión arterial, aumenta la fuerza muscular, aumenta
el colesterol bueno (HDL), disminuye los niveles de insulina.
La
actividad más recomendable. La propuesta internacional indica una
caminata de 30 a 60 minutos diarios.
Incorpore
actividades físicas regulares a su vida cotidiana: pasear a las
mascotas, cuidar el jardín, lavar el auto, no tomar el camino más
corto (así camina más), barrer, utilizar escaleras en lugar
de ascensor y optar por actividades en las que deba estar de pie en lugar
de quedarse sentado.
Para
las mujeres con menopausia, ejercicio de bajo impacto.
En
una persona sedentaria, el programa de ejercicios debe realizarse mediante
un acondicionamiento progresivo y lento.
Ultimos
apuntes
No es necesario vaciar el plato.
En
casa, sirva porciones moderadas. En el restaurante piense que ese plato
no fue preparado según sus necesidades. Arme su propia porción.
Evite
las calorías vacías. Vienen en las gaseosas, los postres,
helados y en las preparaciones cuyo ingrediente principal es el azúcar
o la crema.
Qué
hacer a nivel público: promover el pago de los tratamientos de
obesidad en los sistemas de salud (algo que reclama la Sociedad Argentina
de Gordos desde su página Gordos.com. El Centro de Estudios sobre
Nutrición Infantil (CESNI) propone prohibir la difusión
de alimentos no saludables dirigidos a los chicos. En los Estados Unidos
están retirando las máquinas expendedoras de gaseosas en
colegios. En Italia quieren promover la pizza light. ¿Y acá?
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| Renato
Favaro. Sin antecedentes familiares, se convirtió en obeso.
En el peor momento superó los 140 kilos. (Fotos: Ariel Grinberg)
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Renato Favaro tiene 61 años y más
de 100 kilos de peso
Pero no siempre fue así. Antes de cumplir los 30 tenía músculos
marcados a la altura de la panza y unas piernas que parecían modeladas
por un escultor.
"Siempre
tuve espíritu deportivo, hacía ciclismo y recorría
grandes distancias. Pero lo de comer mucho ya en esa época no podía
controlarlo", relata. Y cuando habla de mucho es de verdad una cantidad
para el asombro. Llegó a comer un pollo entero después de
una jornada de puro pedaleo. En esos años no le importaba si su
plato venía con piel o no, o si las grasas o calorías que
consumía eran excesivas. Después se casó y con las
obligaciones del día día fue largando la bici de a poco.
Lo que no pudo dejar es de comer más de una porción de lo
que fuera. Se aficionó a la caza, pero no era lo mismo.
Por
el campo no gasta tantas calorías como en sus días de ciclista.
"Empecé a engordar y sin darme cuenta, y sin tener antecedentes
en mi familia, me convertí en un obeso. Tuve que comprar ropa distinta
y empecé a probar muchas dietas que no me dieron resultado. Afortundamente
siempre tuve el apoyo de mi familia: ninguno de ellos tiene problemas
con su peso. Pero desde hace unos años, se complicó la salud
y logré encontrar un buen tratamiento. En el peor momento superé
los 140 kilos", explica. Renato dice que nunca se sintió discriminado
pero que hay situaciones cotidianas (las que se ven en imágenes)
en las que se siente incómodo. Igual, asegura, no quiere que el
mundo se adapte a sus dimensiones:"Somos los obesos los que tenemos
que preocuparnos por nuestra enfermedad y adelgazar".
La
obesidad también se globaliza
Benjamin Caballero Director del Centro de Nutrición Humana de la
Universidad de Johns Hopkins, de los Estados Unidos.
Una persona gana peso cuando la cantidad de calorías que consume
supera la cantidad que gasta en su actividad diaria. Esto se llama balance
energético, y es la clave para mantener un peso adecuado. O sea que
hay sólo dos modos de volverse obeso: comer mucho o ser muy poco
activo. En el pasado, ser activo y gastar muchas calorías no era
un problema, porque la mayoría de las tareas cotidianas requerían
un esfuerzo físico considerable. Se estima que, hace 100 años,
nuestra actividad laboral cotidiana requería 2 de cada 3 calorías
consumidas.
Hoy
día, esta proporción es de apenas 1 de cada 5. ¿Por
qué?
Porque
las tareas modernas requieren muy pocas calorías: la automatización
y la mecanización han reducido enormemente la demanda física
del trabajo cotidiano. El resultado es que ya no podemos esperar que nuestra
actividad cotidiana queme la mayoría de las calorías que
consumimos, debemos hacerlo deliberadamente, yendo al gimnasio. Y la mayoría
de la gente no tiene el tiempo, los recursos o la oportunidad para hacerlo
regularmente.
Los
lectores se preguntarán por qué entonces no hemos reducido
nuestra ingesta calórica en proporción a la menor demanda
de esfuerzo físico. Hay dos razones fundamentales. Una es que cuando
el gasto calórico se reduce tanto, es difícil reducir nuestra
ingesta en igual proporción y, si lo hacemos, tal vez no lleguemos
a cubrir las necesidades de otros nutrientes (como vitaminas y minerales)
que también provienen de los alimentos. La otra razón es
que en el mundo de hoy existen presiones enormes para que todos consumamos
cada vez más y más calorías. La industria de alimentos
invierte millones en promover el consumo de calorías y ha logrado
con mucho éxito introducir ese consumo de calorías en todo
momento a lo largo del día, y no sólo a la hora del almuerzo
o la cena. Por ejemplo, en estos tiempos es común comer en el cine
o teatro, en el trabajo durante reuniones, caminando y aún en el
auto, mientras se maneja. La cultura centrada en la televisión
y el automóvil también promueven la vida sedentaria y dificultan
aún más mantener el balance energético. Este complejo
de factores ha recibido el nombre de ambiente obesogénico.
Este
fenómeno es más evidente en países desarrollados
pero ocurre en mayor o menor medida en todas las áreas urbanas
en el mundo, inclusive en países pobres. La globalización
de la economía de mercado ha permitido que alimentos y estilos
de vida típicos de países desarrollados se introduzcan rápidamente
en países en desarrollo.
En
los Estados Unidos, el porcentaje de calorías diarias consumidas
fuera del hogar aumentó de 26 por ciento en 1990 a 45 por ciento
en 2000, y continúa en ascenso. Esto se debe a que en la familia
moderna, el padre y la madres trabajan fuera de casa, los chicos son más
independientes, y la vida moderna no da mucho tiempo para cocinar pacientemente
y estar todos en el hogar, al mismo tiempo, para compartir la mesa. Así,
la cultura de comer fuera de casa y fuera de hora, las comidas rápidas,
el estilo de vida sedentario (mirar televisión) ha venido infiltrándose
en las culturas más diversas, rompiendo siglos de adaptación
a las condiciones locales. Esto ha resultado en que países que
aún están luchando contra la pobreza y la subnutrición
deben ahora enfrentar también el creciente problema de la obesidad
y de sus muchas complicaciones, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
Menú infantil
El sobrepeso y la obesidad infantil en nuestro país ya puede considerarse
un problema. En medio siglo, la masa muscular de los chicos aumentó
de 19,5 a 22,8. Según los expertos, se pueden prevenir desde el momento
de la concepción.
Los
padres y el medio ambiente familiar influyen decisivamente en la forma
en que se alimentan los chicos. Y lo hacen de distintas maneras:
Por
la forma de alimentarlos cuando eran lactantes.
Por
los alimentos que dejan a su alcance.
Por
el modo en que interactúan con ellos a la hora de comer.
Por
la supervisión y control sobre la cantidad de alimento que le permiten
comer.
Por
lo que consideran que es una alimentación adecuada, en cantidad
y calidad.
Por
el tiempo que le permiten estar, por ejemplo, frente a la tevé.
"Quienes tratamos a niños y a sus familias tenemos una especial
responsabilidad en la prevención de la obesidad, que debe iniciarse
en algunos casos desde la entrevista prenatal", comenta Alejandro
O´Donnel, director del Centro de Estudios sobre Nutrición
Infantil (CESNI). Según Beatriz Grippo y Paula Pueyrredón,
nutricionistas de ese centro, estas son algunas de las medidas preventivas:
Durante
el embarazo:
Realizar un buen control prenatal y una adecuada alimentación para
evitar, en lo posible, el bajo peso al nacer. Esos chicos presentan mayor
riesgo de dislipidemias (alteración en las grasas), resistencia
a la insulina, infartos y accidentes cerebro-vasculares, obesidad abdominal.
Evitar
el excesivo peso preconcepcional y concepcional porque los dos se asocian
con obesidad en los hijos.
Detectar precozmente y controlar la diabetes gestacional.
Si
la madre o el padre son obesos se deberá dialogar con ellos, aun
antes del nacimiento, sobre el mayor riesgo de obesidad que tiene su hijo
y sobre las recomendaciones.
Primer
año de vida
Estimular
la lactancia materna y amamantar el mayor tiempo posible.
Si
precisa incorporar sucedáneos de la leche materna, elegir los que
tienen menor cantidad de proteína en el primer año de vida.
Si
le da mamadera, respete al máximo las sensaciones de hambre y saciedad
de su hijo.
Al
incorporar la comida semi-sólida, respete el apetito de la criatura
y no la obligue a comer si no quiere.
Establezca
pautas para que el momento de la comida sea un acto gratificante para
el chico y para quienes lo acompañan.
Nunca
usar la comida como instrumento de premio o castigo ("Si no comés
todo no hay postre"; "Te vas a la cama sin comer").
Preescolares
y escolares
Tratar
de que coman siempre en elmismo lugar de la casa, sin tevé ni otras
distracciones.
Las
comidas no deberían durar más de 30 minutos. Si no quiere
comer, no se debe insistir y deberá esperar hasta la próxima
comida.
Nunca
debe preparar otro plato de comida si el chico rechazó el plato
ofrecido.
Tratar
de que el acto de comer sea simple y placentero, una mezcla de juego y
comida.
Estimular
tempranamente juegos en movimiento al aire libre y la práctica
deportiva.
Limitar
al máximo mirar la tele.
Asesoraron
Rosa Labanca, Horacio Orlando y Solange Leban, de SAOTA; Mabel Carreras,
Daniel De Girolami, y Liliana Trifone, de SAN; Alejandro O´Donnell,
Paula Pueyrredón y Beatriz Grippo, de CESNI; Benjamin Caballero,
de la Universidad Johns Hopkins, de los Estados Unidos.
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