| Ayer
y hoy La dramática conversión de una abortista
Norma McCorvey
1973
Su caso sirvió para sentar un hito en la jurisprudencia norteamericana;
fue uno de esos fallos que quedan en la memoria de un país y que
ofician de bisagra en su historia.
Comenzaba
la década del 70 cuando Norma McCorvey, la verdadera persona detrás
del personaje “Jane Roe”, reveló que su embarazo se
debía a la violación de una pandilla. Su vida ya era por
entonces un torbellino. Abusada física y psicológicamente
de niña, pasó por un reformatorio y a los 16 años
se casó con un marido que solía golpearla. Tuvo dos hijos,
a los que veía poco o nada y que fueron dados en adopción.
Pasó por varios trabajos temporales. Pobre, con escasa educación,
bisexual, adicta a las drogas y al alcohol, Norma era la imagen viva de
la desesperación.
Fue
entonces cuando dos abogadas recién egresadas y ambiciosas, Sarah
Weddington y Linda Coffee, vieron en ella la oportunidad que buscaban
para armar un caso sólido que sirviera para abolir la ley que desde
hacía 100 años prohibía el aborto en el estado de
Texas. Intentaron convencerla de que se sometiera a esa operación.
El
caso, llamado Roe v. Wade (por el fiscal de Dallas Henry Wade, defensor
de la prohibición), llegó hasta la Corte Suprema, que en
1973 legalizó el aborto en todo Estados Unidos. Durante el litigio,
Norma dio a luz, y el bebe fue dado en adopción. McCorvey pasó
luego a trabajar en clínicas dedicadas al aborto y en 1987 confesó
que la historia de la violación había sido inventada. Sin
embargo, nada hacía prever la sorprendente decisión que
adoptaría años más tarde.
2004
La vida de Norma dio un giro de 180 grados cuando una organización
Pro-Vida, llamada Operación Rescate, estableció una sede
al lado de la clínica donde Norma desarrollaba sus tareas, en Dallas.
Ambas
sedes eran escenario de periódicas manifestaciones callejeras.
En sus pausas en el trabajo, McCorvey salía a fumar a la vereda,
y allí fue donde conoció al reverendo Philip Benham, el
director de la entidad vecina y “enemiga”, que acusaba a Norma
de ser “la responsable de la muerte de 35 millones de niños”.
Al
diálogo áspero que surgió inicialmente le sucedió
un sutil intercambio de ideas. “El [Benham] no era el típico
fanático que no hacía más que gritar frente a la
clínica y leer la Biblia”, lo definió luego Norma.
Pese a estar ideológicamente en las veredas opuestas, comenzaron
a discutir sobre religión y con el tiempo forjaron una sólida
amistad.
A
partir de esa relación comenzó a gestarse un gran cambio
en la vida de Norma, un cambio que se precipitó gracias a otra
amistad, esta vez con una niña de siete años, Emily, hija
de Ronda Mackey, voluntaria de Operación Rescate. “Su cariño
incondicional y sus abrazos me desarmaron”, recuerda ahora Norma.
Y
fue difícil resistirse cuando la niña le pidió que
la acompañara a rezar a una iglesia. El sermón que escuchó
allí tocó el corazón de Norma, que se volcó
al cristianismo. El 8 de agosto de 1995 sorprendió al mundo cuando
fue bautizada en la pileta de natación de su casa, un acontecimiento
que fue televisado en directo.
Arrepentida
de su pasado y tras convencerse de que aun un pequeñísimo
embrión es un ser humano, dejó la clínica abortista,
comenzó a trabajar en Operación Rescate, se hizo católica
en 1998 y creó una organización, Crossing Over, dedicada
a promover el derecho a la vida. “Ahora estoy ciento por ciento
entregada a Jesús”, dice McCorvey, que hoy tiene 57 años.
Además de viajar por todo Estados Unidos para compartir su particular
historia en charlas y seminarios, escribió un libro, “Won
by love”, donde cuenta hasta el último detalle cómo
su vida resumió dramáticamente los polos opuestos de un
tema polémico, que aún divide a la sociedad norteamericana
y que es objeto de intenso debate en la actual campaña electoral.
La Nacion, 20 de septiembre de 2004 |