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| PROGRES DESTACADOS Y PROTAGONISTAS EN EL ASESINATO DE CALVO SOTELO | ||||||
| El Gobierno acord�, por �ltimo, prorrogar el estado de alarma y designar tambi�n un juez especial para tramitar las diligencias en relaci�n con el asesinato de Calvo Sotelo, como se hizo con el del teniente Castillo. A ese fin, del sumario 286/1936 fue su nuevo instructor el magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, Eduardo Iglesias Portal; pero un hecho grav�simo dio un nuevo giro a dichas diligencias. El doctor Aznar refiere en su primer informe que desapareci�: "Que el d�a 25 de julio de 1936, a las doce horas cuarenta y cinco minutos, en pleno d�a, por la puerta principal del Palacio de Justicia, sito en la plaza de la Villa de Par�s, penetraron un grupo de diez o doce hombres, milicianos, armados con fusiles y capitaneados por un individuo vestido de paisano, dirigi�ndose a la sala del Tribunal Supremo, en donde actuaba el juez que tramitaba el sumario seguido por la muerte de Calvo Sotelo; y en ocasi�n de que un oficial de la Secretar�a se encontraba incorporando al proceso determinados documentos, se lo arrebatan por la fuerza, llev�ndoselo y haci�ndolo desaparecer". Este oficial del Juzgado, era el del n�mero 3, Emilio Macarr�n, el cual trat� de impedir este robo con intimidaci�n armada, lo que estuvo a punto de costarle la vida. El mencionado juez, Iglesias Portal, trat�, tiempo despu�s, de reconstruir el sumario, mas al haber desaparecido de �l importantes documentos no lo pudo conseguir. Tambi�n se intent� su reconstrucci�n en Burgos por su primitivo juez, G�mez Carbajo, sin resultado ante la falta de medios. Por �ltimo, fue cerrado el sumario el 23 de febrero de 1937, en raz�n de haberse publicado en la "Gaceta" un decreto concediendo la amnist�a, favorecedora de los criminales, lo cual hizo ya innecesario continuar su tramitaci�n. Mas antes de concluir esta II parte de la obra debe ser conocida la suerte corrida por quienes tuvieron directo protagonismo en la muerte del referido pol�tico. La mayor�a de los oficiales de la Secci�n de Asalto pertenecientes al Segundo Grupo y Compa��a de Especialidades, que eran instructores de las milicias marxistas, partieron al mando de ellas el 18 de julio, al primer frente de guerra de la capital: el de la Sierra de Guadarrama. Unido a ellos, estaba Manuel Tag�e�a Lacorte, un jefe de las mismas. En sus memorias tuvo presente la tr�gica y memorable noche del 12 al 13 de dicho mes, cuando en el cuartel de Pontejos seleccionaba las fichas de los que iban a ser detenidos en esa madrugada como represalia por el asesinato del teniente, Jos� del Castillo. El 24 de julio ca�a muerto en Tablada hacia el Alto de Le�n, Arturo Gonz�lez Gil de Santib��ez, quedando su cad�ver abandonado, al huir sus milicianos, siendo Tag�e�a quien trat� de rescatarlo. Fue en esta ocasi�n cuando record� �ste como "de modo parecido a Gonz�lez Gil, perecieron la gran mayor�a de los oficiales que llenaban el cuarto de banderas de Pontejos la noche crucial del 12 de julio, entre ellos el capit�n Font�n. En Somosierra fueron muertos en una emboscada el capit�n Cond�s y Cuenca, unidos definitivamente por el destino". (5) �Pocos d�as sobrevivieron a su v�ctima! El tambi�n teniente M�ximo Moreno Mart�n, que en esa noche, juntamente con Burillo Cond�s, Barbeta y otros, planific� el asesinato de Calvo Sotelo, en un despacho del referido cuartel, y que sigui� y acompa�� en un turismo, a la camioneta 17 en su ruta al cementerio, desde el 18 de julio tambi�n combat�a en el sector de la Sierra. Hab�a ingresado en el Arma de Aviaci�n, y actuaba como bombardero. El 26 de septiembre el aparato que tripulaba, se le incendi� el motor y muri� carbonizado. A ambos se le tributaron excepcionales honores en sus entierros, trant�ndoseles como unos h�roes nacionales. El diario "Ahora" describ�a el de Fernando Cond�s, as�: "A las seis de la tarde de ayer se verific� el entierro del capit�n de la Guardia Civil, Fernando Cond�s, ca�do her�icamente en lucha contra los rebeldes. Desde mucho antes de la hora se�alada, los alrededores del nuevo local de la Federaci�n Nacional de Juventudes Socialistas se hallaban abarrotados de trabajadores. Las milicias establecieron un servicio de orden para regular la marcha de la comitiva, que estaba formada por una secci�n de milicias armadas, seguida por la presidencia del duelo compuesto por la diputada Dolores Ib�rruri y familiares del finado. Tambi�n figuraban representaciones de diversas entidades obreras, portadoras de grandes coronas de flores rojas y numerosas guardias civiles y de asalto. El cad�ver del infortunado defensor de las libertades del pueblo recibi� sepultura en el Cementerio Civil". (6) Pero antes de tratarse del entierro del teniente M�ximo Moreno Mart�n, surgen ciertas reflexiones respecto a las circunstancias del magnicidio: �Cu�ntos fueron los oficiales del Cuerpo de Seguridad y Asalto, muertos en Asturias a manos de mineros, sin que sus muertes fueran vengadas en las personas de sus autores detenidos? �Cu�ntos sediciosos cayeron en operaciones de castigo por cada uno de los guardias que fueron muertos a traici�n en las calles de Madrid -al igual que en otros lugares de Espa�a- durante la revoluci�n de octubre, por compa�eros de las v�ctimas? Ninguno. Estas preguntas cabe hacerlas ante el atentado contra el teniente Castillo, hombre que carec�a de historia en la Secci�n de Asalto a la cual pertenec�a desde pocos meses antes; carente de arraigo alguno en dichas Fuerzas, en las que pr�cticamente s�lo era conocido como instructor de milicias socialistas, y por su desafortunada actuaci�n en unos recientes sucesos, en los cuales demostr� su incapacidad para el mando de aqu�llas. �Qu� relaci�n ten�a Calvo Sotelo, pol�ticamente, con los j�venes falangistas y fascistas para vengar en su persona la muerte de Castillo? �Por qu� median escasos d�as desde que en pleno Parlamento se anuncia su muerte violenta por Dolores Ib�rruri (a) "La Pasionaria" y el presidente del Gobierno, Casares Quiroga? �A quienes iban dirigidas tales amenazas para que las diesen cumplimiento?... Y cometido el hecho �por qu� el silencio del Gobierno y desorientaci�n de los mandos inferiores, cuando se produce, y no se adoptan en�rgicas e inmediatas medidas contra el comandante Burillo, sus oficiales y guardias participantes en el caso, cuando se presenta esa misma madrugada en el cuartel el teniente coronel S�nchez Plaza, inspector general del Cuerpo? Otras nuevas interrogantes brotan al examen de los sucesos: �Por qu� la rebeli�n de dichas Fuerzas, cuando el juez G�mez Carbajo dispone su presencia en el Juzgado para unas diligencias, es la respuesta de su jefe Burillo anunciar que ir�an �stas a dicho lugar para llevarse por "las bravas", a sus compa�eros detenidos? �Y c�mo se ordena al guardia Tom�s P�rez que, en la misma puerta del cuartel, borre -para destruir las pruebas- las manchas de sangre que existen en la camioneta 17...? �No resulta extra�o el desarrollo de los hechos? �No parece que estaba prevista su ejecuci�n, pendiente s�lo de un motivo?. Los guardias escogidos por su ideolog�a extremista; la camioneta y conductor, preparados; el pistolero Victoriano Cuenca dispuesto para actuar; selecci�n de las futuras v�ctimas de la operaci�n, mediante ficheros robados de antemano, por Manuel Tag�e�a y el capit�n Demetrio Font�n Cadarso; el perfecto plan operatorio para que, simult�neamente, puedan ser cazados pol�ticos de derechas, como Gil Robles y Goicoechea, en sus domicilios, localizados de antemano? Y los veh�culos perfectamente dispuestos para que, a la vez que parte la camioneta 17, tenga su apoyo �sta en otros, como el ocupado por varios oficiales, entre ellos el teniente Moreno? �Puede calificarse lo ocurrido como una reacci�n espont�nea y espor�dica de un grupo? Realmente, no. S�lo le faltaba a todo este dispositivo para que se pusiere en marcha un m�vil justificativo para la eliminaci�n de ciertas figuras; un motivo, en este caso, la muerte de Castillo. Luego de estas consideraciones que revisten el car�cter de una actuaci�n policial, al analizarse desapasionadamente los hechos que muchas veces son desfigurados en el campo de la Historia por causas diversas, se retorna ahora al entierro del teniente M�ximo Moreno Mart�n, fallecido en las circunstancias ya descritas. Muerto el d�a 26 de septiembre, el entierro se celebr� el 27, domingo, en Madrid. Una multitud enorme presenci� su paso. El f�retro iba envuelto en la bandera del partido Izquierda Republicana, y llevado a hombros por oficiales del Arma de Aviaci�n, de Asalto, y por guardias del citado Cuerpo. Recibi� honores militares, seguido de desfile ante el cad�ver. Se dieron vivas al fallecido, al Cuerpo de Seguridad, al Frente Popular y a la Rep�blica. Presidi� el duelo el director general de Seguridad, Manuel Mu�oz Mart�nez en nombre del ministro de la Gobernaci�n; los inspectores del Cuerpo de Seguridad, teniente coronel Evelio Jim�nez Orge y Pedro S�nchez Plaza, que lo era del Asalto, y la diputada socialista Margarita Nelken. (NOTA) Al dar sepultura a los restos en el cementerio civil pronunciaron alocuciones en su memoria el director de Seguridad y un hermano, al parecer, del muerto, teniente coronel Francisco L�pez Bravo. Pero un hecho ins�lito que sucedi� estando en plena guerra de Espa�a, fue que el citado entierro tuviera una presidencia simb�lica excepcional: la del presidente de la Rep�blica, Manuel Aza�a y D�az, ostentada, por designaci�n suya, en la persona de su ayudante de �rdenes, el comandante de Caballer�a C�ndido Viqueira Full�s Tal decisi�n tuvo especial valor significativo. El m�s alto magistrado de la naci�n, rend�a p�stumo homenaje a un oficial sin historia, que alcanzar�a siniestra celebridad como uno de los asesinos de Calvo Sotelo. Su solidaridad con un crimen de Estado... 5. TAG�E�A LACORTE. Manuel. Testimonio de dos guerras. P�g. 120. Ediciones Oasis. 6.Diario �Ahora" 31 de junio de 1936 P�g. 18 M�xico. 1973. Reelato completo de los asesinatos del teniente Castillo y Calvo Sotelo en http://www.geocities.com/jordigarcia1976/calvosotelo2.pdf NOTA: A esta p�jara hay que echarle de comer aparte, estuvo muy activa en las sacas de las c�rcles de Madrid y que acabaron con muchos desgraciados en Paracuellos. Ver libro de Don C�sar Vidal "Paracuellos-Katin". |
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