EL BORRADOR DE LA HISTORIA

50 AÑOS

EL ESPACIO, LA INFORMACIÓN Y LAS TELECOMUNICACIONES

 

 

Luna chilena

La Luna tiene un dueño. Y es chileno. En 1953 el abogado Jenaro Gajardo Vera registró la propiedad del satélite, cancelando unos 42.000 pesos de la época, lo que obligó al ex Presidente estadounidense Richard Nixon a pedirle permiso para el alunizaje de la Apolo 11 en 1969.

El 15 de mayo de 1963, mientras el astronauta Gordon Cooper orbitaba el planeta a bordo de la cápsula Faith 7, en Santiago se realizó una original bienvenida: exactamente a las 20.05 horas se apagaron y prendieron en forma intermitente las luces de la ciudad durante 30 segundos para saludar el paso fugaz del astronauta sobre la capital. La iniciativa contó con el apoyo de la Compañía de Electricidad y la aprobación de la Dirección General de Servicios Eléctricos, que coordinó junto con la embajada de Estados Unidos la hora exacta para el corte de energía del alumbrado público.

 

Pegados al universo

Chile es uno de los países más importantes del mundo en astrofísica, gracias a la incomparable transparencia de los cielos del norte. En 1962 el Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad de Chile -creado por Andrés Bello 110 años antes- se trasladó a Cerro Calán, transformándose en el actual Departamento de Astronomía en 1965, año en que se estableció el programa de estudios de Licenciatura en Astronomía.

Hoy existen en el país 48 astrónomos, además de avanzados observatorios como La Silla (de la organización European Southern Observatory), Las Campanas (de Carnegie Institution of Washington) y Cerro Tololo (de Aura, Association of Universities for Research in Astronomy).

Chile también cuenta con el complejo astronómico más grande y moderno del mundo: Paranal. Ubicado a 130 kilómetros de Antofagasta, este observatorio -inaugurado en marzo de 1999- posee telescopios de 8,2 metros de diámetro, con los que se podría ver a un hombre caminando en la Luna. En construcción se encuentran los observatorios Gemini y Magallanes en la IV Región, y los radiotelescopios milimétricos Alma en la II Región.

 

Revolución verde

Los primeros atisbos de la modernización agrícola se hicieron evidentes con la llamada "revolución verde", ocurrida en el mundo entre fines de los '50 y comienzos de los '60. Por esos años aumentó la productividad gracias al uso de fertilizantes y al mejoramiento genético de plantas, que se obtuvo con el cruzamiento de especies. Además, los pesticidas, plaguicidas, fungicidas y herbicidas permitieron controlar malezas, insectos, plagas y enfermedades.

A mediados de los '70, cuando la agricultura nacional comenzó a exportar, se incorporan paulatinamente nuevas tecnologías. Del riego por surco y por inundación se pasó a mecanismos como el riego por goteo, aspersores, microaspersores y pivotes, que controlan exactamente la humedad que la planta recibe. Pero la década de oro de la agricultura llegó con los '80. Los productores cultivaron nuevos productos como la pera asiática y el kiwi, y el tomate dejó de ser un producto estacional al plantarse la variedad "larga vida" en invernaderos. Surgieron también nuevas maquinarias de cosecha -incluso para la uva de parronales- y la biotecnología mejoró genéticamente las semillas y tubérculos, como las papas, el maíz, la soya, la remolacha y el melón.

 

Calculadoras de kilo

Medio siglo atrás los estudiantes de Ingeniería utilizaban reglas de cálculo y tablas Laarsen para conseguir la cifra que buscaban. En esta labor podían pasar varios semestres. Sin embargo, en 1970, Texas Instruments creó la primera calculadora portátil, que empleaba circuitos transistorizados y pesaba poco más de un kilo. En los años siguientes, tanto el peso como el precio descendieron en forma espectacular. En 1974 el producto comenzó a masificarse, alcanzando una venta mundial de 2.000.000 de unidades. Ese mismo año su precio bajó en Chile de US$ 100 a US$ 40. Las calculadoras

 

Energía no tradicional

En el norte de Chile, perdida en la inmensidad de las agrestes alturas andinas, se encuentra Jalsuri, una localidad aymara donde viven cerca de diez familias desde tiempos ancestrales. Ubicada en la Primera Región, en la frontera con Bolivia y sobre los 4.000 metros de altura, la electricidad les llegó recién en 1998 gracias a la energía solar, proyecto financiado por la Comunidad Europea. Hoy ven televisión y tienen luz durante la noche.

Al igual que éste, otros proyectos también buscan aprovechar recursos energéticos alternativos en el país. Cerca de Punta Arenas se entrega electricidad a algunos poblados a través de la energía eólica, producida por el viento, mientras expertos barajan la posibilidad de utilizar el vapor de los potentes géiser del Tatío.

En Jalsuri la electricidad les llegó recién en 1998, gracias a la energía solar (Foto: COPESA).

 

Ojos en el cielo

A comienzos de los '50, determinar la posición exacta de un barco o un avión era imposible: los satélites no existían. Hasta que en 1957 fue lanzado al espacio el primero de ellos, el Sputnik. Así comenzó el desarrollo de un sistema de rastreo que hoy empleen 24 satélites que orbitan alrededor del planeta. Con ellos se determina exactamente la posición y velocidad de automóviles, barcos y aviones; se rastrean recursos mineros, ganaderos y marinos; se diseñan mapas; se facilitan las telecomunicaciones y se prevén los cambios climáticos.

Una de las funciones más recientes, y que se aplica a la vida cotidiana, es el GPS (Sistema de Posicionamiento Global). Si bien en un comienzo fue usado sólo por el Ejército norteamericano, hoy en Chile Carabineros tiene 100 unidades móviles con este sistema que permite visualizar en un mapa digital la ubicación de cada elemento y agilizar la atención de cualquier emergencia. Además, el yacimiento cuprífero Los Pelambres -ubicado en la IV Región- también utiliza el GPS para las labores mineras y hace tres años se usa para proteger los recursos marinos rastreando los 600 barcos pesqueros del país.  

Frases para el bronce

Hernán Romero, 1962

"Hoy vive en el mundo el 90% de los científicos que la humanidad ha producido a lo largo de la historia".

 

Nicholas Negroponte, director del MediaLab del MIT

"La informática ya no es cuestión de computadores, sino un modo de vida".

 

Frank Lloyd Wright, noviembre de 1955

"Si la automatización sigue avanzando, al hombre se le atrofiarán todas sus extremidades, excepto el dedo con que pulsa el botón".

 

 

El futuro que no fue

Un automóvil movido por energía nuclear en el garaje de la casa, hibernación humana, sueños programados y robots capaces de cumplir todo tipo de tareas fueron algunas de las predicciones para el 2000 que fallaron.

"Colonias submarinas, viajes interplanetarios y largos períodos de descanso serán comunes para los hombres, mientras los robots harán todo el trabajo" (Herman Kahn, en su libro El año 2000, 1967).

"La energía nuclear llevará a crear un mundo donde el hambre es desconocido, la comida nunca se pudre y las cosechas no se arruinan. " (Harold Stassen, 1955).

"Para 1980 los barcos, aeroplanos, locomoción e incluso los autos serán abastecidos por energía atómica"( General David Sarnoff, 1955).

"En 1960, el trabajo se limitará a tres horas al día" (John Langdon-Davies, 1936).

"Para el año 2000 se vivirá entre 100 y 125 años" (Jean Rostand, biólogo francés, 1973).

"La televisión no será capaz de retener su mercado luego de seis meses. La gente pronto se cansará de observar una caja cuadrada todas las noches" (Darryl F. Zanuck, director de la 20th Century Fox, 1946).

"El hombre nunca llegará a la Luna, sin importar todos los avances científicos que se den en el futuro" (Doctor Lee De Forest, padre de la radio, 1967).

"Actualmente un computador está equipado con 18.000 tubos al vacío y pesa 30 toneladas. En el futuro sólo tendrá 1.000 tubos al vacío y pesará 1.5 tonelada" (Revista Popular Mechanics, 1950).

 

Conectados al planeta

La revolución que ha experimentado el país en las comunicaciones y la computación significó mucho más que un salto tecnológico. Fue el camino a través del cual Chile salió del aislamiento y dejó de estar al fin del mundo.

La Cordillera de los Andes desapareció. Al menos virtualmente. El desarrollo de las comunicaciones y la computación sacó a Chile del fondo del mapa y lo ubicó de una buena vez allí, en medio de la era de la informática. El país "separado de todos los otros por tajante geografía" -como lo describió Pablo Neruda- salió de su aislamiento y nada volvió a ser como era, ni la forma de hacer negocios, ni el acceso a los centros intelectuales y científicos del mundo, ni la relación con el resto del planeta, lo que habría sido impensado hace medio siglo.

En los '5 el Gobierno concentraba sus esfuerzos en extender la luz eléctrica, el agua potable, la radio y el teléfono a la mayor cantidad de territorio nacional. Entonces, apenas la mitad de los chilenos contaba con tales adelantos que, en los inicios del siglo pasado, habían revolucionado al país.

En ese Chile todos los procesos para comunicarse y entrar en contacto con el exterior eran lentos y fatigosos. La distancia que había con los grandes centros financieros y culturales del mundo condenaban al país a quedar en la trastienda de la modernidad.  

 

Hablar a Gritos

En abril de 1950 la línea aérea SAS ofrecía pasajes rebajados a París. Su anuncio rezaba que se podía viajar "cómodamente, con escalas en Buenos Aires, Montevideo, Rio de Janeiro, Recife, Dakar, Lisboa y Madrid". El vuelo -en aviones a hélice- costaba 89.190 pesos de la época, equivalentes a 1.419.000 pesos actuales. Hoy se puede viajar a París en temporada baja por el tercio de ese valor: 480.000 pesos.

En esos días sólo nueve líneas aéreas aterrizaban en Chile y hacía sólo cinco años que Lan unía con sus aviones Arica y Punta Arenas. El movimiento de pasajeros -dentro y fuera del país- apenas superó las 80.000 personas en 1950.

Pero si el contacto con el mundo a través de los viajes era caro y difícil, todas las comunicaciones internas y externas tenían la misma precariedad. Con 135.000 aparatos telefónicos en el país, el telegrama continuaba siendo el medio más usado para comunicarse. Pese a que la revista Zig-Zag preveía en 1955 que "es posible que la telefonía desplace al telégrafo", un llamado vía operadora de Santiago a Valparaíso demoraba al menos 40 minutos. Y para el extranjero, ni hablar. Los llamados internacionales tenían un precio prohibitivo y había que conversar a gritos para hacerse escuchar.

El correo tampoco era eficiente. Una carta desde Europa demoraba en promedio un mes en llegar a Chile, mientras que los escasos suscriptores de la revista Time sufrían largas esperas para recibir el semanario norteamericano. La comunicación con universidades o profesionales de otras latitudes casi no existía, salvo en círculos médicos que mantenían un dinámico intercambio epistolar con el extranjero.

Para comprar los últimos libros publicados lo mejor era viajar a Buenos Aires -donde los precios eran bajos y había mayor variedad-, ya que las librerías nacionales ofrecían poco y atrasado. Y si se buscaba publicaciones en inglés existía un solo local en Santiago, la librería Studio, cuya oferta se desplegaba en dos pequeñas salas del negocio.

El resto del planeta estaba a años luz de distancia. Pero hoy la realidad ha sobrepasado hasta las más aventuradas predicciones. La telefonía se masificó, los pasajes aéreos bajaron de precio, la televisión introdujo el mundo en los hogares, y el fax y la videoconferencia cambiaron la forma de hacer negocios. Sin embargo, nada de eso se iguala al impacto de la computación.  

 

 

Prehistoria de la Informática

Cuando en 1962 llegó al país el primer computador la mayoría de los chilenos estaba pendiente del Mundial de Fútbol. Sólo un pequeño círculo científico celebró el hito informático. La misma indiferencia se había producido 15 años antes en Estados Unidos el día en que la Universidad de Pennsylvania creó la primera computadora electrónica. Expertos norteamericanos convocados por la Casa Blanca para evaluar el futuro del invento concluyeron esa vez que "antes de fines de siglo habrá no menos de 7 u 8 computadores sobre la faz de la Tierra".

Adquirido por la Universidad Chile a un costo cercano a los US$ 5.000 de la época, ese Standard Electric Lorenz ocupó todo un piso de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas -que debía mantenerse a una temperatura uniforme para su buen funcionamiento-, y sólo era manejado por expertos. Su capacidad de memoria era de 4 kilobytes; es decir, 350 veces menos que la que tiene hoy un disquete de 1.44 MB que no cuesta más de 400 pesos. De hecho, el computador demoraba un minuto en guardar 360 palabras.

La solitaria llegada de ese gigantesco computador llevaría, 40 años después, a tener un país con un tema clave en su agenda: la aplicación de la tecnología para superar el aislamiento geográfico y modernizar la sociedad. El paulatino avance en esta materia hizo que a fines de los '60 algunas empresas comenzaran a incorporar la informática y que en 1984 llegaran los primeros PC. Hoy, el 24% de los hogares en el país tiene un computador. Junto a ellos llegaron cambios sociales y productivos. E internet convirtió, definitivamente, al mundo en una moneda.

En la actualidad cada vez más chilenos compran, leen, investigan o trabajan desde un PC o de las redes informáticas. Si en 1997 había 100.000 usuarios conectados a internet, actualmente suman dos millones. La red ya salió del círculo académico, sus costos han bajado y los 10.000 productos disponibles en internet hace un año, hoy se han multiplicado a más de 120.000.

La tecnología alteró para siempre la educación, las operaciones del Estado, el funcionamiento de la empresa privada, el trabajo y la vida cotidiana de los chilenos. Hoy no nos sorprende que desde Curicó se lea diariamente el New York Times, o que un e-mail llegue de Punta Arenas al Sudeste asiático en segundos.

 

Pese a que a fines de los '60 ya se había inaugurado el sistema de telecomunicaciones por satélite, la verdadera revolución comenzó en la década del '80, tras las privatizaciones de las empresas del sector, que incorporó los últimos adelantos tecnológicos mundiales (Foto: ALEJANDRA DE LUCCA).

 

 

¿Sin teléfono?

Aquel artefacto de disco, color negro y líneas duras era en 1950 un lujo sólo reservado para unos pocos. Había 135.000 teléfonos en todo Chile -sólo el 1,8% de la población poseía uno- por lo que los números telefónicos tenían sólo cinco dígitos en Santiago. Para conseguir un teléfono había largas listas de espera y eran caros. Para pedir un llamado de larga distancia había que hablar con la operadora, la que -más tarde que temprano- volvía a llamar para hacer la comunicación. Cinco décadas después, la cobertura alcanza a seis millones de aparatos, sumando la telefonía fija y celular. Desde ellas se puede hablar a cualquier parte del mundo en forma directa.

Pese a que a fines de los '60 ya se había inaugurado el sistema de telecomunicaciones por satélite, la verdadera revolución comenzó en la década del '80, tras las privatizaciones de las empresas del sector, que incorporó los últimos adelantos tecnológicos mundiales. Apareció el Discado Directo Distante, que permitió a los propios usuarios marcar para comunicarse a cualquier parte de Chile. En 1990, tras el boom de los multicarriers, se pudo llamar directamente al extranjero, y la férrea competencia entre compañías hizo caer estrepitosamente las tarifas, con lo cual las llamadas internacionales dejaron de ser un lujo. Un año antes habían llegado los celulares, que con el paso del tiempo disminuyeron de peso, tamaño y precio.

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