LA PIEL

*Las heridas y su tratamiento. Hartmann. 1999 Adaptado por Ver�nica Drago Machado, Enfermera Universitaria

La curaci�n de las heridas depende de la capacidad de la piel para regenerar epitelio,  reparar tejido conjuntivo y de sost�n. Se trata de un fen�meno complejo en el cual se encadenan y se ayudan entre s� diversas actividades celulares, las cuales lleva adelante paso a paso el proceso de curaci�n. C�mo son exactamente estos mecanismos de regulaci�n no ha podido ser esclarecido hasta la fecha en su totalidad.

 

Para la comprensi�n de los conocimientos actuales sobre la curaci�n de heridas es b�sico conocer primero el �rgano cut�neo como lugar donde �sta tiene lugar, adem�s de sus funciones, su constituci�n histol�gica y su cuidado.  

 

Funciones de la piel

La piel conforma la capa l�mite exterior entre el ser humano y el medio ambiente, y en este lugar tan expuesto act�a por una parte como barrera, y por otra como enlace entre el mundo exterior y los �rganos internos. Con una superficie de aproximadamente 2 m2 es el �rgano grande del cuerpo y debe cumplir un gran n�mero de tareas de una vital importancia.

Cuando la superficie se encuentra intacta, la piel impide la p�rdida de humores corporales. Presenta una gran capacidad de resistencia y preserva a los �rganos internos de agresiones que puedan ser causadas por factores externos. Protege frente invasiones de microorganismos y puede resistir hasta cierto punto las influencias da�inas de ciertos productos qu�micos y de los rayos ultravioleta. Adem�s, gracias a su capacidad de secreci�n y evaporaci�n (transpiraci�n) de agua, realiza un importante aporte a un factor de vital necesidad como es el mantenimiento de la temperatura corporal. Finalmente cabe se�alar que el estado general del cuerpo es reflejado por la piel de muy diversas maneras gracias a la estrecha interrelaci�n funcional que existe entre �sta y los �rganos internos del cuerpo.

Como �rgano sensorial que es, y mediante la presencia de terminaciones nerviosas independientes y de receptores especiales, la piel posibilita la percepci�n y localizaci�n de est�mulos mec�nicos como la presi�n, el roce y la vibraci�n as� como tambi�n la temperatura y el dolor.

La piel transporta con ello informaci�n de contenido muy valioso acerca de la realidad, sin la cual no podr�a tener lugar el proceso de desarrollo del ser humano. Finalmente cabe agregar que la piel se encuentra en situaci�n de almacenar tejido adiposo en toda la hipodermis, el cual cumple una funci�n aislante y modeladora y en caso de necesidad puede servir como fuente de energ�a al organismo humano.

La constituci�n de la piel  

Desde exterior hacia el interior podemos distinguir tres capas de tejidos: la piel superficial (epidermis), la dermis o corion y por �ltimo el tejido subcut�neo, hipodermis o subcutis. La epidermis y la dermis conforman el cutis, o lo que se entiende por la piel propiamente dicha. Tambi�n se consideran parte de la piel a aquellos �rganos anexos a la misma como son el pelo, las u�as y las gl�ndulas diversas.

La epidermis

La epidermis es un epitelio plano en constante proceso de cornificaci�n, que se compone de cinco capas celulares diferentes, siendo en los dos estratos celulares inferiores donde tiene lugar la regeneraci�n. Partiendo desde all� las c�lulas migran hacia la superficie de la piel llegando a cornificarse completamente (queratinizaci�n) en el transcurso dicha migraci�n. La capa c�rnea superior se va desprendiendo en un constante proceso de descarnaci�n. Dependiendo de las condiciones fisiol�gicas, la renovaci�n de la epidermis abarca un per�odo aproximado de 30 d�as, desde que se produce la divisi�n celular hasta llegar al desprendimiento de las c�lulas cornificadas

La epidermis es avascular y su cuidado y mantenimiento se realiza por medio de la difusi�n de substancias nutritivas desde el lecho capilar de la dermis. La epidermis est� constituida principalmente por queratinocitos, que reciben esta denominaci�n debido a su capacidad para llevar a cabo la s�ntesis de la queratina.

Las queratinas son prote�nas estructurales insolubles con una gran resistencia a las altas temperaturas y al pH, las cuales muy dif�cilmente son susceptibles a sufrir procesos de catabolizaci�n enzim�tica. Las queratinas se subdividen esencialmente en duras (α) y blandas (β): Las queratinas duras conforman el pelo y las u�as, las queratinas blandas conforman el elemento esencial de las c�lulas cornificadas que se encuentran en las capas epiteliales exteriores, sin embargo se las puede encontrar tambi�n en el espacio extracelular actuando como substancia cementante.

Otras unidades funcionales de la epidermis degran importancia son las c�lulas de  Langerhans (esenciales para la inmunorreacci�n de la piel), las c�lulas sensoriales de Merkel y los melanocitos. Estos �ltimos elaboran y almacenan la melanina, sustancia que da color a la piel. La cantidad y distribuci�n de la melanina son los factores causantes de las diferentes pigmentaciones de la piel y de los cabellos. Cuando la piel se encuentra expuesta la radiaci�n solar, en los melanocitos se produce una reacci�n de defensa contra los rayos  UV aumentando s�ntesis de la melanina, la cual manifiesta sus efectos sobre la piel a trav�s del conocido �bronceado solar�.

        Stratum basale � Estrato basal (1)

El estrato basal o germinal conforma la capa celular m�s profunda de la epidermis. Est� compuesto queratocitos cil�ndricos, que est�n capacitados para llevar a cabo la divisi�n celular (mitosis) y garantizan la continua regeneraci�n de la epidermis. La divisi�n celular est� sujeta a un control a trav�s de un nutrido n�mero de sustancias como por ejemplo factores de crecimiento, hormonas y vitaminas. En especial las llamadas calonas parecen desempe�ar un rol importante en este punto, ya que mantienen la constancia del proceso de regeneraci�n a trav�s de su efecto  inhibidor sobre el ilimitado potencial mit�tico que poseen las c�lulas basales. Por el contrario, al producirse una p�rdida de epidermis, la cual se encuentra ligada al descenso del nivel de calor�as, se produce una r�pida regeneraci�n por medio de un desbloqueo de la actividad mit�tica de las c�lulas basales.

La capa basal discurre de forma ondulada a todo lo largo de las invaginaciones con�formes (papilas) de la dermis. Entre la capa basal y la dermis se encuentra la membrana basal que no posee irrigaci�n vascular. Esta membrana sirve para separar a ambas capas de la piel, pero al mismo tiempo contribuye a la fijaci�n de las c�lulas basales y hasta cierto punto controla la cantidad de prote�nas transportadas.

Stratum spinosum � Estrato espinoso (2)

El estrato espinoso contiene hasta seis capas de c�lulas estructuradas de manera irregular, las cuales sintetizan queratina y presentan una actividad mit�tica m�nima. Se encuentran unidos por medio de puentes celulares (desmosomas), que son los que confieren a las c�lulas su apariencia espinosa. Entre los puentes celulares se almacena agua.

Stratum granulosum � Estrato granuloso (3)

La cornificaci�n paulatina comienza en el estrato granuloso. En dependencia de l grosor que tenga el estrato c�rneo, el estrato granuloso puede abarcar hasta tres capas de c�lulas planas, en las cuales se pueden observar densos gr�nulos (granula) de queratohialina. Los gr�nulos contienen entre otras substancias una prote�na precursora, la cual presumiblemente es part�cipe en la formaci�n de fibras de queratina en el espacio intercelular

Stratum lucidum � Estrato l�cido (4)

El estrato l�cido est� compuesto por c�lulas carentes  de n�cleo celular, en las cuales se puede observar una intensa actividad enzim�tica. En el estrato prosigue la queratinizaci�n, la cual engloba tambi�n la transformaci�n de los gr�nulos de queratohialina de la capa granulosa en eleidina. La eleidina, una sustancia acid�fila rica en grasas y prote�nas y que posee unas fuertes propiedades refractantes, se presenta como una capa homog�nea y brillante, de esta �ltima propiedad surge el nombre con el cual se denomina a la presente capa celular. Este estrato protege a la piel ante las acciones de las soluciones acuosas.

Stratum corneum � Estrato c�rneo (5)

El estrato c�rneo est� formado por c�lulas queratinizadas y desprovistas de n�cleo, que se denominan corneocitos. Se encuentran situadas unas sobre otras en forma de tejas y est�n firmemente unidas entre s� por medio de la queratohialina as� como tambi�n por fibras muy delgadas (tonofibrillas). El estrato c�rneo abarca aproximadamente de 15 a 20 estratos celulares, de los cuales el estrato superficial se va perdiendo por descarnaci�n

La dermis

A la cara interna de la membrana basal de la epidermis se le une la dermis. �sta es un tejido conjuntivo vascularizado y con abundantes terminaciones nerviosas, que histol�gicamente se subdivide en dos capas diferentes: en la capa papilar (stratum papillare) exterior y en la capa reticular interior (stratum reticulare). Ambas capas se diferencian entre s� por su grosor y la disposici�n de sus fibras de tejido conjuntivo, sin embargo a pesar de esta diferenciaci�n no se encuentran separadas una de otra.

Stratum papillare - Estrato papilar

El estrato papilar se encuentra estrechamente unido a la epidermis por medio de peque�as  prominencias c�nicas de tejido conjuntivo, que reciben  el nombre de papilas. En la zona de las papilas se encuentran las asas capilares que aseguran el abastecimiento nutritivo de la epidermis avascular, as� como tambi�n las terminaciones nerviosas independientes, receptores sensoriales y vasos linf�ticos. El propio tejido conjuntivo se compone de una estructura de fibrocitos (estado de reposo de los fibroblastos) y es atravesado por un entramado de fibras col�genas el�sticas. Los espacios intercelulares situados entre las tramas de las fibras est�n rellenos con una substancia amorfa que recibe el nombre de sustancia fundamental (matriz extracelular), en la cual se pueden desplazar las c�lulas sangu�neas y las c�lulas del tejido que se encuentran  en movimiento.

Stratum reticulare � Estrato reticular

El estrato reticular est� compuesto por resistentes fasc�culos de fibras col�genas entre lazados entre s�, entre los cuales se encuentran incrustados entramados fibrilares el�sticos. Esta estructura es la que le otorga elasticidad a la piel, para que de esa manera pueda adaptarse a los diferentes movimientos y fluctuaciones de volumen del organismo. Adem�s se encuentra capacitada, dentro de un proceso din�mico, para absorber agua y volver a expelerla.

Las fibras col�genas se distribuyen en todas las direcciones, sin embargo se orientan preponderantemente en direcci�n oblicua a la epidermis o paralelas a la superficie corporal. Las l�neas naturales de tensi�n cut�nea que discurren en el sentido de la menor elasticidad de la piel, perpendiculares a las l�neas de distensi�n cut�nea, se denominan l�neas de tensi�n cut�nea de Langer. Estas l�neas de tensi�n deben ser tenidas en cuenta en lo posible al realizar incisiones. Los cortes de la piel realizados a lo largo de estas l�neas de tensi�n cut�nea no queda mal unidos entre s� y dejan cicatrices casi imperceptibles, en tanto que las incisiones que discurren de manera transversal dejan cicatrices considerablemente mayores.

Componentes celulares de la dermis

El fibrocito es el tipo de c�lula caracter�stico, que en su estado activado como fibroblastos proporciona un conjunto de substancias para la creaci�n de nuevo tejido. Los fibroblastos sintetizan y liberan los precursores del col�geno, elastina y proteoglucanos, los cuales maduran fuera de las c�lulas hasta convertirse en fibras col�genas y de elastina, y en estado no fibroso conforman la substancia b�sica gelatinosa de la matriz extracelular.

En la dermis se encuentra adem�s las c�lulas cebadas, cuyos gr�nulos contienen entre otras sustancias heparina e histamina, los macr�fagos (que tienen su origen en los monocitos de la sangre), as� como tambi�n los linfocitos. Las c�lulas est�n implicadas en los mecanismos espec�ficos y/o no espec�fico de defensa del cuerpo (en la fagocitosis bien en las reacciones de inmunidad celular o humoral), pero tambi�n liberan substancias bioqu�micamente activas, que tienen una funci�n mediadora y reguladora de tal modo que por ejemplo son indispensables para el progreso de los procesos de reparaci�n en el tratamiento de heridas.

Prote�nas fibrosas de la dermis

Las fibras de tejido conjuntivo de la dermis est�n compuestas por la prote�na estructural denominada col�geno, que se caracteriza  por ser un material biol�gico con una alta capacidad de resistencia y que representa aproximadamente  entre 60 el  80% del peso del tejido    en estado seco. El nombre descriptivo de �col�geno�  proviene del vocablo griego   Kolla   (=cola, aglutinante), y esto se debe a que dicha prote�na al hervirse se hincha y deviene  en una sustancia pegajosa, viscosa   y aglutinante como las �colas�. De los cuatro tipos de col�genos gen�ticamente diferenciables, que figuran en el cuerpo humano, en la dermis se encuentra  de forma preponderante el col�geno del tipo I.

La formaci�n de fibras col�genas se desarrolla en dos etapas, una intracelular y otra extracelular, y se inicia en los  fibroblastos. En una primera etapa se combinan a escala intracelular los amino�cidos caracter�sticos del col�geno-glicina, prolina / hidroxiprolina y un tercer amino�cido- para formar una triple h�lice de tropocol�geno y luego sofibroblastos. En una primera etapa se combinan a escala intracelular los amino�cidos caracter�sticos del col�geno-glicina, prolina / hidroxiprolina y un tercer amino�cido- para formar una triple h�lice de tropocol�geno y luego son secretadas al espacio extracelular. Aqu� se contin�an produciendo otras modificaciones enzim�ticas, a trav�s de las cuales el tropocol�geno a�n en estado soluble se transforma en fibrillas col�genas insolubles, las cuales a su vez se unen finalmente en fibras de col�geno.

Otras de las fibras proteicas de la dermis es la elastina, la cual tambi�n es sintetizada y liberada por los fibroblastos. La elastina se presenta como una cadena de polip�ptidos de extraordinaria elasticidad, a partir de la cual en el espacio extracelular se elabora una figura bidimensional con zonas onduladas (lazos)  que posibilitan la flexibilidad reversible de la piel, evitando al mismo tiempo las extensiones excesivas y los desgarros.

Substancia b�sica no fibrosa de la dermis

Los espacios interfibrilares del tejido conjuntivo de la piel se hallan rellenos con substancia b�sica amorfa, sales y agua. La substancia b�sica se compone principalmente por proteoglucanos, una combinaci�n de polisac�ridos y prote�nas con una gran proporci�n de hidratos de carbono, que antiguamente se conoc�a bajo la denominaci�n de mucopolisac�ridos.

Los proteoglicanos tiene una gran capacidad hidrof�lica y pueden retener grandes vol�menes de agua, formando as� una substancia pegajosa y gelatinosa. Por lo visto los  proteoglucanos no son solamente meras prote�nas estructurales en el m�s estricto sentido de la palabra, sino que adem�s parecen tener influencia sobre la migraci�n, cementaci�n y diferenciaci�n celular.

En la substancia b�sica se encuentra adem�s una serie de diversas glucoprote�nas con una reducida proporci�n de hidratos de carbono como la trombospondina, el complejo   lamin�nico�nid�geno y la fibronectina h�stica, los cuales al igual que los proteoglucanos que se caracterizan por su multiplicidad de funciones. La fibronectina por ejemplo, es una prote�na cementante, que en la dermis sirve esencialmente para realizar la uni�n de las c�lulas a los col�genos y con ello juega tambi�n un papel importante en el tratamiento de heridas.

Matriz  extracelular

En el tejido las c�lulas pasan a tener por lo general una estrecha uni�n con las substancias por ellas secretadas. A tal efecto, las macromol�culas de las substancias extracelulares elaboran una compleja malla tridimensional, la matriz extracelular (matriz extracelular =  MEC) que se encuentra en todos los tejidos del cuerpo, con diferencias en su estructura y composici�n seg�n el tipo espec�fico de tejido y en dependencia del tipo de la c�lula productora de la matriz y de la funci�n que cumple el tejido.

Si bien a�n no se han descubierto ni con mucho todas las funciones de la MEC, hoy en d�a se parte de que no s�lo sirve de substancia de relleno entre las c�lulas individuales, los tejidos y los �rganos, sino que tambi�n desempe�a m�ltiples tareas en el marco de la transmisi�n de informaci�n entre las c�lulas que se hallan en ella.

La hipodermis

La hipodermis representa el estrato m�s profundo de la capa corporal exterior. Est� compuesto por tejido conjuntivo laxo y no representa una delimitaci�n pronunciada con el cutis. En las profundidades se une a las fascias musculares o bien al periostio. Dejando de lado algunos pocos lugares del cuerpo, en la totalidad de la hipodermis se puede almacenar tejido adiposo, el cual cumple funciones aislantes, de almacenamiento y modeladoras.

Receptores sensoriales  en el cutis y en el subcutis

La piel es inervada por diferentes tipos de terminaciones nerviosas independientes y receptores que registran est�mulos posibilitando que la piel cumpla su funci�n como �rgano sensorial. Por medio de las c�lulas de Merkel situadas en la epidermis se puede llevar a cabo la percepci�n por tacto prolongado. A lo largo del cuerpo papilar de la dermis se encuentran en forma de hileraslos corp�sculos de Meissner, los cuales sirven como receptores t�ctiles de las sensaciones por presi�n m�s sutiles. Es por ello que se hallan densamente presentes en las extremidades de los dedos. Los corp�sculos de Krause tienen importancia para la percepci�n del fr�o, y los corp�sculos de Ruffini que se encuentran en la hipodermis sirven como receptores de calor. Las c�lulas nerviosas independientes que se encuentran cesca de la superficie de la piel transmiten las sensaciones de dolor. Los corp�sculos de Vater-Pacini ubicados en el subcutis reaccionan ante las deformaciones y vibraciones mec�nicas.

Las formaciones anexas a la piel

A las formaciones anexas a la piel pertenecen el pelo y las u�as, as� como tambi�n las gl�ndulas seb�ceas, las gl�ndulas sudor�paras y las gl�ndulas odor�feras.

Los pelos son estructuras filamentosas flexibles y resistentes a la tracci�n formados por la substancia c�rnea queratina. Se desarrollan a partir de los divert�culos de la epidermis que crecen hacia dentro y con su tallo ubicado de forma inclinada respecto a la superficie de la piel llegan hasta la dermis. Su crecimiento tiene lugar en un ciclo end�geno, el cual es espec�fico para cada ra�z capilar, de tal modo, que no se produce ning�n tipo de crecimiento sincronizado entre pelos cercanos o colindantes. Las ra�ces capilares no pueden ser regeneradas, es por ello que un tejido cicatricial siempre queda sin pelo. De los restos de una ra�z capilar, o sea de los epitelios restantes de un pelo da�ado, puede sin embargo originarse una epitelizaci�n.

Las u�as son placas c�rneas transparentes que van creciendo desde la l�nula  hasta el borde de los dedos. Tienen un crecimiento mensual aproximado de tres mil�metros y mantienen una estrecha relaci�n con muchas funciones org�nicas, por lo cual el estado de las u�as puede aportar muy a menudo importantes datos de diagn�tico.

Las gl�ndulas seb�ceas desembocan en los orificios de los conductos capilares de los fol�culos pilosos, por lo cual su existencia, salvo contadas excepciones, se encuentra ligada a los fol�culos capilares. El sebo, un compuesto formado por grasas, c�lulas y �cidos libres, engrasa la piel y los cabellos protegi�ndolos de la desecaci�n. El control de la producci�n de sebo es un proceso complejo, que no ha sido todav�a estudiado en todos sus detalles.

Las gl�ndulas sudor�paras se originan igualmente de laas c�lulas de la piel superficial, las cuales luego germinan hacia las profundidades de la dermis, con lo cual la gl�ndula propiamente dicha se encuentra ubicada en el corion. Los conductos excretores desembocan en los poros que se hallan en la superficie de la piel. El sudor es una secreci�n �cida, que entre otras substancias se compone de agua, sales �cidos grasos vol�tiles, urea y amon�aco, y que recubre la superficie con una capa �cida protectora. La secreci�on de sudor sirve principalmente para regular la temperatura corporal.

En contraposici�n a las gl�ndulas sudor�paras, las gl�ndulas odor�feras producen secreciones alcalinas. Las gl�ndulas odor�feras se hallan ubicadas principalmente en las cavidades axilares, alrededor de los pezones y en la regi�n genital. El inicio de las actividades de secreci�n de estas gl�dulas coincide con el comienzo de la pubertad.

La distribuci�n sangu�nea en la piel

La distribuci�n gradual de los vasos sangu�neos en la piel se corresponde con la constituci�n plana y estratificada de este �rgano. Desde las arterias y las venas que se encuentran debajo de la epidermis parten gran cantidad de vasos, los cuales constituyen un plexo cut�neo entre la hipodermis y la dermis. Los vasos sangu�neos se hallan fuertemente entrelazados en todos aquellos lugares donde la piel se encuentra expuesta a bruscos cambios y desplaza, ientos. Partiendo desde el plexo cut�neo y de forma perpendicular hacia fuera discurren arteriolas individuales que al pie de la capa capilar se introducen y se ramifican en el plexo  subcapilar. Desde este lugar se extienden finos capilares en forma de asas hasta el interior mismo de las papilas de la dermis, asegurando de ese modo el mantenimiento de la epidermis avascular.

La capa papilar est� densamente provista de vasos sangu�neos, en tanto que la capa reticular se muestra relativamente pobre en vasos. La evacuaci�n de catabolitos se realiza a trav�s de las correspondientes redes venosas, y tambi�n parcialmente a trav�s del sistema de vasos linf�ticos.  

LA CICATRIZACI�N

LAS FASES DEL PROCESO DE CURACION*

Independientemente del tipo de la herida de que se trate y de la extensi�n que abarque la p�rdida de tejido, cualquier curaci�n de herida discurre en fases que se solapan en el tiempo y no pueden ser disociadas unas de otras. La subdivisi�n en fases est� orientada a las modificaciones morfol�gicas b�sicas que se producen durante el proceso de reparaci�n, sin que refleje la intr�nseca complejidad de los procedimientos. Por regla general la curaci�n se divide en tres o cuatro fases, a cuyo efecto para las representaciones que se har�n a continuaci�n se ha optado por utilizar la sistem�tica de tres fases b�sicas, a saber:

Fase inflamatoria y / o exudativa: hemostasia y limpieza de la herida.

Fase de proliferaci�n: reconstrucci�n de los tejidos granulares.

Fase de diferenciaci�n: maduraci�n, cicatrizaci�n y epitelizaci�n.

 

LA FASE INFLAMATORIA / EXUDATIVA

La fase inflamatoria / exudativa se inicia en el momento en que se produce la herida y su duraci�n es aproximadamente de tres d�as dependiendo de las condiciones fisiol�gicas. Las primeras reacciones vasculares y celulares consisten en la coagulaci�n y la hemostasia y concluyen despu�s de haber transcurrido aproximadamente 10 minutos.

Por medio de la dilataci�n vascular y un aumento de la permeabilidad vascular se consigue intensificar la exudaci�n de plasma sangu�neo en el intersticio. Con ello se fomenta la migraci�n de los leucocitos hacia la zona de la herida, sobre todo de granulocitos y macr�fagos neutr�filos, cuya funci�n prioritaria consiste en limpiar y proteger a la herida de posibles infecciones a trav�s de la fagocitosis. Al mismo tiempo liberan mediadores bioqu�micamente activos, que activan y estimulan c�lulas de gran importancia para la siguiente fase del proceso curativo de la herida. Los macr�fagos juegan un papel clave en esta fase. Su numerosa presencia cobra importancia decisiva para el desarrollo de la curaci�n de la herida.

Coagulaci�n y hemostasia

El primer objetivo de los procesos reparativos es el de detener la hemorragia. Al producirse una lesi�n desde las c�lulas da�adas se liberan substancias vasoactivas, que provocan una constricci�n de los vasos (vasoconstricci�n) evitando una mayor p�rdida de sangre, hasta que la aglomeraci�n de trombocitos consiga una primera obliteraci�n vascular. Los trombocitos que circulan en el plasma sangu�neo se adhieren a los vasos lesionados en el lugar de la lesi�n formando un tap�n, el cual en un primer momento cierra los vasos de manera provisoria.

El sistema de coagulaci�n se activa a trav�s del complejo proceso de aglomeraci�n de trombocitos, para de ese modo cerrar de manera permanente el lugar de la lesi�n.

La coagulaci�n que transcurre en diversas escalas (cascada de coagulaci�n) y en el cual intervienen aproximadamente 30 diferentes factores, conduce a la formaci�n de una ret�cula de fibrina compuesta por fibrin�geno. Se origina un co�gulo que detiene la hemorragia, cierra la herida y la protege de posibles contaminaciones bacterianas y de la p�rdida de humores.

Al mismo tiempo la aglomeraci�n de trombocitos y los procesos de coagulaci�n sangu�nea deben permanecer localizados en el lugar de la lesi�n, para que los procesos tromb�ticos que ellos mismos desatan no pongan en peligro a la totalidad del organismo. Es por ello que en la sangre en circulaci�n se controla continuamente el proceso de coagulaci�n mediante substancias del sistema fibrinol�tico (disolventes de co�gulos).

Reacciones inflamatorias

La infamaci�n representa la compleja reacci�n de defensa del organismo ante la acci�n de diferentes agentes nocivos de procedencia mec�nica, f�sica, qu�mica o bacteriana. El objetivo es la eliminaci�n de los agentes nocivos, o en su defecto su inactivaci�n, limpiar el tejido y establecer las condiciones �ptimas para los sucesivos procedimientos proliferativos.

Las reacciones inflamatorias se presentan en todas las heridas, incluso en las heridas internas con una superficie cut�nea intacta. Se ven reforzadas en heridas abiertas, y siempre presentan contaminaci�n bacteriana, se deben eliminar los microorganismos infiltrados y proceder a la limpieza de detritos as� como tambi�n otros cuerpos extra�os.

La inflamaci�n se caracteriza por presentar cuatro s�ntomas: la rubescencia (rubor), el calor, la hinchaz�n (tumor) y dolor. Las arteriolas, que se constri�eron brevemente al momento de producirse

la lesi�n, se dilatan por medio de la acci�n de substancias vasoactivas como la histamina, la serotonina y la quinina. Esto conduce a que se produzca una intensa irrigaci�n sangu�nea en la zona de la herida y un incremento del metabolismo local  tan necesario para que se lleve a cabo la eliminaci�n de losagentes nocivos. Los s�ntomas cl�nicos del proceso son de rubescencia y aumento de temperatura de la zona inflamada.

La dilataci�n vascular (vasodilataci�n) provoca un aumento de la permeabilidad vascular con un aumento de la exudaci�n de plasma sangu�neo en el intersticio. Un primer impulso exudativo tiene lugar aproximadamente 10 minutos despu�s de que se produzca la herida, y un segundo despu�s de transcurridas entre una y dos horas. Luego se va desarrollando un edema visible en forma de hinchaz�n, a cuya formaci�n contribuyen de forma adicional la ralentizaci�n de la circulaci�n sangu�nea, pero tambi�n la acidosis local (desplazamiento del equilibrio �cido b�sico hacia la banda �cida) en la regi�n de la herida. Actualmente se ha constatado que de acidosis local intensifica los procesos catab�licos y el aumento del humor h�stico diluyen los productos t�xicos de descomposici�n producidos por los tejidos y las bacterias.

El dolor en la herida se desarrolla como consecuencia de las terminaciones nerviosas que quedan al descubierto, por la inflamaci�n, y tambi�n por algunos productos inflamatorios, como por ejemplo la bradiquinina.

Un dolor intenso puede traer como corolario una limitaci�n funcional.

Fagocitosis y defensa contra la infecci�n

Transcurridas aproximadamente entre dos y cuatro horas despu�s que se produce la herida y dentro del marco de las reacciones inflamatorias se inicia la migraci�n de leucocitos, que, como bien los denomina la definici�n t�cnica con el nombre de fagocitos (c�lula devoradora), se encuentran capacitados para fagocitar detritos, adem�s de material y g�rmenes ex�genos.

En la fase inicial de la inflamaci�n predominan los granulocitos neutr�filos, los cuales se encargan de liberar diversas substancias mensajeras estimulantes de la inflamaci�n, las llamadas cit�cinas (TNF-α e interleucinas), fagocitan bacterias, pero tambi�n liberan enzimas disgregadores de prote�nas, que se encargan de eliminar las partes da�adas y sin vitalidad de la matriz extracelular. Esto representa una primera limpieza de la herida. Transcurridas 24 horas y a continuaci�n de los granulocitos, se produce la migraci�n de los monocitos hacia el sector de la herida (los cuales a su vez se transforman en macr�fagos en la zona de lesi�n) continuando la fagocitosis, e interviniendo de manera decisiva en los sucesos a trav�s de la liberaci�n de citocinas y de factores de crecimiento.

La migraci�n de leucocitos se detiene dentro de un plazo de aproximadamente 3 d�as, cuando la herida se encuentra �limpia�, y la fase de inflamaci�n se acerca a su final. Sin embargo, si se produjese una infecci�n, la migraci�n de leucocitos se mantendr�a, y se intensificar�a la fagocitosis, prolong�ndose la fase inflamatoria y retrasando la curaci�n de la herida.

Los fagocitos cargados de detritos y el tejido descompuesto conforman el pus. La destrucci�n del material bacteriano en el interior de las c�lulas solo puede llevarse a cabo con la ayuda del ox�geno, por ello es de gran importancia para la defensa contra las infecciones que la zona de la herida se encuentre constantemente provista de suficiente cantidad de ox�geno.

El papel central de los macr�fagos

La curaci�n de una herida no ser�a posible sin la participaci�n de los macr�fagos. Los macr�fagos tienen su origen en los monocitos, cuya diferenciaci�n y activaci�n en macr�fagos tiene lugar en la zona de la herida. Atra�dos mediante est�mulos quimiot�cticos provocados por toxinas bacterianas y la activaci�n adicional a trav�s de los granulocitos neutr�filos, las c�lulas migran en densas filas desde la sangre en circulaci�n hasta llegar a la herida. En el marco de sus funciones fagocitadoras, que representan el m�ximo grado de actividad de las c�lulas, los macr�fagos no limitan sus funciones a la mera acci�n directa sobre los microorganismos, sino que tambi�n ayudan en la presentaci�n de ant�genos a los linfocitos.

Los ant�genos que son capturados y parcialmente modificados por los macr�fagos son puestos a disposici�n de los linfocitos en una forma reconocible.

Los macr�fagos liberan adem�s citocinas que fomentan las inflamaciones (interleucina-1, IL-1, factor de necrosis tumoral α, TNF-α) y diversos factores de crecimiento (bFGF = basis fibroblast growth factor = factor b�sico de crecimiento fibrobl�stico, EGF = epidermal growth factor = factor de crecimiento epid�rmico, PDGF = platelet-derived growth factor = factor de crecimiento tromboc�tico, as� como tambi�n TGF-α y �β). Estos factores de crecimiento son polip�ptidos que influyen de diversas maneras sobre las c�lulas que intervienen en la curaci�n de la herida: atraen c�lulas y fomentan la circulaci�n en el sector de la herida (quimio-taxis), estimulan la proliferaci�n y diferenciaci�n celular.

LA FASE PROLIFERATIVA O DE PROLIFERACI�N

En la segunda fase de la curaci�n de la herida predomina la proliferaci�n celular con el fin de alcanzar la reconstituci�n vascular y de volver a rellenar la zona defectuosa mediante el tejido granular. Esta fase comienza aproximadamente a partir del cuarto d�a desde que se produjo la herida, las condiciones necesarias ya han sido previamente establecidas en la fase inflamatoria-exudativa: los fibroblastos ilesos de los tejidos colindantes pueden migrar al co�gulo y a la ret�cula de fibrina que ha sido formados mediante la coagulaci�n sangu�nea y utilizarla como matriz provisoria, las citocinas, y los factores de crecimiento estimulan y regulan la migraci�n y proliferaci�n de las c�lulas encargadas de la reconstituci�n de tejidos y vasos.

Reconstituci�n vascular y vascularizaci�n.

La curaci�n de la herida no puede progresar sin nuevos vasos, ya que �stos deben garantizar un aporte adecuado de sangre, ox�geno y substancias nutritivas. La reconstituci�n vascular se inicia desde los vasos intactos que se encuentran en el borde de la herida. Gracias a la estimulaci�n de los factores de crecimiento, las c�lulas de la capa epitelial. , que revisten las paredes vasculares (endotelio), est�n capacitadas para degradar su membrana basal, para movilizarse y proceder a migrar a la zona lesionada y al co�gulo sangu�neo colindante. A trav�s de sucesivas divisiones celulares en este lugar se origina una figura canaliculada, la cual se vuelve a dividir en su final adquiriendo una forma de bot�n. Estos botones vasculares individuales crecen uno encima de otro y se unen formando asas vasculares, que a su vez se seguir�n ramificando, hasta que se topen con un vaso a�n mayor en el que pueden finalmente desembocar. Sin embargo, recientemente se han descubierto en la sangre c�lulas germinales endoteliales, las cuales ponen en entredicho la doctrina vigente hasta el momento.

Una herida bien irrigada se encuentra extremadamente vascularizada. Incluso la permeabilidad de los nuevos capilares que se han formado es mucho m�s alta que la de los capilares normales, con lo cual se responde al aumento del metabolismo de la herida. Sin embargo los nuevos capilares tienen una menor capacidad de resistencia ante las sobrecargas producidas de forma mec�nica, es por ello que se debe proteger la zona de la herida contra posibles traumatismos. Con la posterior maduraci�n del tejido granular que se transforma en tejido cicatricial tambi�n se vuelven a reducir nuevamente los vasos.

El tejido granular

En interdependencia temporal con la reconstituci�n vascular, a partir del cuarto d�a de producirse la herida comienza ha rellenarse la zona defectuosa mediante nuevo tejido. Se desarrolla el denominado tejido granular, cuya formaci�n es iniciada preponderantemente por los fibroblastos. �stos producen por una parte col�geno, que madura fuera de las c�lulas hasta transformarse en una fibra y le otorga su resistencia al tejido, y por otra parte tambi�n proteoglicanos que constituyen la substancia b�sica de tipo gelatinoso del espacio extracelular.

Fibroblastos

Los fibroblastos fusiformes no son transportados hasta la herida mediante la circulaci�n sangu�nea, sino que proceden principalmente de los tejidos locales lesionados y son atra�dos por quimiotaxis. Los amino�cidos act�an como substrato nutritivo y se forman durante la degradaci�n del co�gulo sangu�neo. De forma simult�nea los fibroblastos utilizan la ret�cula de fibrina que se form� durante la coagulaci�n sangu�nea como matriz para la formaci�n de col�genos. La estrecha relaci�n que existe entre los fibroblastos y la ret�cula de fibrina condujo en el pasado a la hip�tesis, de que la fibrina se transformaba en col�geno. Lo cierto sin embargo es que con la progresiva constituci�n del col�geno se va degradando la ret�cula de fibrina, los vasos cerrados son nuevamente recanalizados. Este proceso, que es controlado por la enzima plasmina, se denomina fibrin�lisis.

As� pues los fibroblastos migran al sector de la herida cuando se hallan disponibles los amino�cidos de los co�gulos disueltos y se halla despejado el tejido necr�tico de la herida. Si por el contrario existiesen todav�a hematomas, tejido necr�tico, cuerpos extra�os y bacterias, se retrasar�n tanto la reconstituci�n vascular como tambi�n la migraci�n de fibroblastos. El alcance de la granulaci�n se corresponde de forma directa con la envergadura de la coagulaci�n sangu�nea y la dimensi�n del incidente inflamatorio, incluido el desbridamiento end�geno llevado a cabo con la ayuda de la fagocitosis.

Aun cuando los fibroblastos sean definidos usualmente como un �tipo celular uniforme�, cobra especial importancia para la curaci�n de la herida, el que difieran desde el punto de vista de sus funciones y sus reacciones. En una herida se pueden encontrar fibroblastos de diferentes edades, los cuales se diferencian unos de otros tanto en sus funciones de secreci�n as� como tambi�n en el tipo de reacci�n que tienen frente a los factores de crecimiento. Durante el decurso de la curaci�n de la herida una parte de los fibroblastos se transforman en miofibroblastos, los cuales a su vez ocasionan la contracci�n de la herida,

Peculiaridades del tejido granular o de granulaci�n:

El tejido granular puede ser descrito como una primitiva y transitoria unidad h�stica que cierra �definitivamente� la herida y hace las veces de �lecho� para la sucesiva epitelizaci�n. Tras haber cumplido con su cometido se va transformando paso a paso en tejido cicatricial.

La denominaci�n granulaci�n fue introducida por Billroth en el a�o 1865 y tal definici�n obedece a que durante el desarrollo del tejido pueden visualizarse en la superficie peque�os gr�nulos rosados y v�treotransparentes. A cada uno de esto peque�os gr�nulos corresponde un arbolillo vascular con cuantiosos finos nudos capilares, como los que se originan durante la reconstituci�n vascular. Sobre los nudos se asientan el nuevo tejido. Al producirse una �ptima granulaci�n los gr�nulos se van agrando con el paso del tiempo y aumentan tambi�n su n�mero, de tal modo que finalmente se forma una superficie h�meda, brillante y de color rojo asalmonado.

Este tipo de granulaci�n es s�ntoma de una curaci�n bien encaminada. En los casos de procesos de curaci�n alterados o estancados, cuando la granulaci�n se encuentra recubierta con costras pegajosas, presenta un aspecto p�lido, fofo y poco consistente o tiene una coloraci�n azulada.

LA FASE DE DIFERENCIACI�N Y DE RECONSTITUCI�N

Aproximadamente entre el 6� y el 10� d�a comienza la maduraci�n de las fibras de col�geno. La herida se contrae, se reduce cada vez m�s la presencia vascular y de agua en el tejido granular, que gana en consistencia y se transforma finalmente en el tejido cicatricial. La epitelizaci�n cierra el proceso de curaci�n de la herida. Este proceso incluye la reconstituci�n de las c�lulas epidermales a trav�s de la mitosis y la migraci�n celular, principalmente desde los bordes de la herida.

La contracci�n de la herida

La contracci�n de la herida conduce, por medio de las substancias tisulares no destruidas, a que la zona de �reparaci�n incompleta� se mantenga lo m�s reducida posible y las heridas cierren de forma espont�nea. La contracci�n de la herida repercute tanto m�s cuanta mayor movilidad demuestre tener la piel frente a su lecho.

En contraposici�n con el antiguo concepto de que la contraccEn contraposici�n con el antiguo concepto de que la contracci�n de la herida se produc�a mediante la retracci�n de las fibras col�genas, hoy en d�a se sabe que �sta s�lo desempe�a un papel secundario. Los fibroblastos del tejido granular tienen una intervenci�n mucho m�s decisiva en la contracci�n, ya que una vez finalizan sus actividades de secreci�n se transforman parcialmente en fibrocitos (estado de reposo de los fibroblastos) y parcialmente en miofibroblastos. Los miofibroblastos se asemejan a las c�lulas de los m�sculos involuntarios y, al igual que �stos, contienen actomiosina, una prote�na muscular que hace posible las contracciones. Al contraerse los miofibroblastos, provocan que se tensen al mismo tiempo las fibras col�genas. El tejido cicatricial se retrae y de ese modo se astringe el tejido epitelial. desde los bordes de la herida.

Epitelizaci�n

La epitelizaci�n de la herida cierra el ciclo de curaci�n de la herida, con lo cu�l los procesos de la epitelizaci�n se hallan �ntimamente relacionados con la formaci�n de la granulaci�n de la herida. Por una parte es del tejido granular que parten las se�ales quimiot�cticas para que se inicie la migraci�n de los epitelios desde los bordes de la herida, y por otra parte, las c�lulas epiteliales necesitan una superficie h�meda deslizante para poder llevar a cabo su migraci�n.

Mitosis y migraci�n:

Las c�lulas de la capa basal con un metabolismo activo y capaces de llevar a cabo la reacci�n curativa de la herida poseen un ostensible e ilimitado potencial mit�tico, el cual se encuentra normalmente restringido por el represor espec�fico del tejido, las calonas. Sin embargo dicho metabolismo se activa completamente en caso de producirse una lesi�n.  Al producirse una lesi�n de la epidermis desciende  pues el nivel extracelular de calonas, de ello a su vez resulta el consecuente aumento de la actividad mit�tica de las c�lulas del estrato basal y se da comienzo  a la requerida multiplicaci�n celular para llevar a cabo el relleno de la zona defectuosa.

Tambi�n la migraci�n celular presenta sus peculiaridades. En tanto que durante la maduraci�n fisiol�gica de la epidermis las c�lulas migran desde la capa basal hacia la superficie de la piel, el reemplazo reparativo de c�lulas se realiza mediante el avance de las c�lulas en l�nea recta hacia los contrapuestos bordes de la herida. La epitelizaci�n desde el borde de la herida comienza ya con la rotura de la continuidad de la epidermis. Las c�lulas epiteliales desgarradas se deslizan por medio de activos movimientos ameboideos hasta encontrarse unas frente a otras y de ese modo proceden a cicatrizar la abertura. Este proceder sin embargo s�lo llega a hacerse efectivo en aquellas heridas superficiales de corte longitudinal.  En todas las dem�s lesiones de la piel la migraci�n del epitelio de los bordes de la herida depende del tejido granular, ya que los epitelios no descienden, sino que necesitan una superficie deslizante lisa y h�meda.

La migraci�n de las c�lulas perif�ricas de la epidermis no se produce de manera uniforme e incesante, sino m�s bien paso a paso dependiendo del eventual estado en que se encuentra la granulaci�n de la herida. A la primera preformaci�n del epitelio perif�rico le sigue una fase de engrosamiento del estrato epitelial. que al principio es de una sola capa, y que se lleva a cabo a trav�s de la superposici�n de las c�lulas. Por lo dem�s las capas epiteliales que en breve estar�n formadas por m�ltiples estratos volver�n a recuperar su grosor y capacidad de resistencia.

Peculiaridades de la reepitelizaci�n:

Solamente las excoraciones superficiales de la piel cicatrizan seg�n el patr�n de regeneraci�n fisiol�gica, en virtud de lo cual el resultante queda completo y uniforme.

Todas las dem�s las heridas reemplazan la p�rdida de tejido resultante, como ya se especific�, mediante la migraci�n celular desde el borde de la herida y mantenimiento de las restantes formaciones anexas de la piel. El resultado de esta reepitelizaci�n no representa un reemplazo de la piel en toda regla, sino que es un tejido sustitutivo delgado y avascular, al que le faltan componentes esenciales de la epidermis como son las gl�ndulas y los pigment�foros, e importantes atributos de la piel, como por ejemplo una aceptable inervaci�n.

 

 

 

 

 

 

 

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