
Píldoras
y pollerudos
Por:
Andrés Bedoya Ugarteche
Naturalmente, el título
se refiere a la famosa “píldora del día siguiente”
y a todas las demás píldoras, tapones, condones,
dispositivos intrauterinos y otros sistemas ideados por la inteligencia
humana y que, por lo tanto... son “naturales” ¿Me
equivoco? El título también se refiere a esos sombríos
sectarios, fundamentalistas y autocastrados, cuya sede central
se llama el Vaticano. Sugiero a los católicos de corazón
que interrumpan la lectura de este artículo en este mismo
renglón, porque lo que sigue no les va a gustar nadita.
Hace algunas semanas, en la ciudad
de Arequipa, la “jerarquía” organizó
una especie de marcha antipíldora. Asistieron multitud
de pollerudos, entre curas viejos y novicios masturbadores (“pajeritos”,
que les dicen). Obligaron, además, la asistencia de niños
llevando letreros alusivos que no sabían de qué
se trataba el asunto. Una buena edad para iniciar el lavado de
cerebro y el emponzoñamiento de almas. También se
hizo presente la cucufatería local, viejos y viejas que
probablemente todavía no saben -o han olvidado- que los
genitales sirven para algo más que orinar... a gotitas.
No se hizo extrañar la presencia de “laicos”,
mayormente jóvenes. Estos son los curas frustrados que
se reúnen en toda suerte de asociaciones de “apoyo”
a sus respetadísimos jefes, los pollerudos. Muy útiles
en el periodismo y escuelas. Hacen labor de zapa a la inteligencia.
Bueno, la tal manifestación,
entre salve salves y cristo reinará, se fue como vino.
Nadie les hizo caso, y los abortos clandestinos continúan
de subida (400 mil al año en una nación “tradicionalmente
católica”. ¿Qué les parece?).
Y los curas, cuando dicen que la píldora es “abortiva”,
mienten como cocineras. La ciencia ha demostrado lo contrario.
Pero eso no les importa. Al fin y al cabo, la Iglesia católica
existe y está basada en la más grande mentira de
todos los tiempos: la divinidad de Cristo. Para quienes no lo
sepan, en el Concilio de Nicea los cardenales reunidos acordaron
-por mayoría de votos- que Cristo era Dios. Cinco votaron
en contra y, presumo, ya se hallan en los infiernos.
Pero
que la “jerarquía” se limite a sus iglesias
y púlpitos y a amenazar con el infierno, que las leyes
y libertad en el control natal es otra cosa. Las mujeres, como
siempre, son las primeras víctimas de los ensotanados,
que siguen a pie juntillas las enseñanzas de ese par de
“doctores”, Tomás de Aquino y Agustín
de Hipona. Los patas odiaban a las mujeres.
Obviamente, este artículo continuará.
Hasta más vernos.