Cuando existe
la vocación de educar, la enseñanza es necesariamente un acto de amor, o
mejor dicho, la sucesión de actos de amor, un proceso orientado
por el amor al ser humano, cuyo rostro se concreta en cada clase, en
cada alumno, en cada curso.
Un proceso amoroso
que implica sin duda la búsqueda de cambios en las personas, de cambios
profundos y radicales, de cambios que transformen de manera auténtica la
mente y el corazón. Cambios que son dolorosos, que provocan una
ruptura de esquemas preestablecidos, que implican riesgos, que cancelan
para siempre la posibilidad de vivir instalados en la cómoda
rutina. Cambios que son una verdadera revolución, una revolución
amorosa, una revolución que a través de la libre decisión genera
procesos inacabables de construcción del sujeto humano, de humanización
del mundo.
Cuando existe la vocación
de educador, se vive apasionadamente la convicción de que esta utopía es
posible. Posible a pesar de que los datos que arroja una simple
mirada a las aulas, no hacen sino constatar que la "Educación -la
verdadera educación- ha muerto y que el hombre esta olvidado, sumergido
en las practicas cotidianas carentes de sentido.
"Educar
hoy es diferente" es vivir, ser y soñar.
Educar es pintar las estrellas
con alas de gaviota y encontrar la llave de mil soles
enjaulados…
Esta nueva
aventura necesita de tu compromiso y de tu valioso apoyo, juntos
lograremos que educar sea vivir.
Rafael Sampedro Mtz.