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INTRODUCCIÓN LA SALUD
POR DISTINTO CAMINO Los
más grandes sucesos, las más grandes ideas (las más grandes ideas son los más
grandes sucesos), se comprenden muy tarde; las generaciones contemporáneas no
los viven, aunque viven cerca. Acontece
en la vida como en el reino de los astros: la luz de las estrellas más lejanas
llega tarde a nosotros y, entretanto, el hombre niega que tales estrellas
existan. ¿Cuántos siglos necesita un espíritu para
ser comprendido? Federico Nietzsehe El verdadero
titulo debería ser "la salud
al alcance de todos", pero como solemos despreocupamos del cuidado de ese
tesoro y sólo lo apreciamos cuando lo hemos perdido, buscando entonces
afanosamente las medicinas que alejarán nuestras dolencias, he adoptado el
titulo que lleva, a fin de poner en conocimiento de sanos y enfermos los medios
adecuados que nos ofrece la Naturaleza con el aire, la luz, la tierra, el agua,
el sol y los vegetales para mantener y recuperar la salud, sin necesidad de
intervenciones extrañas y aún menos de productos artificiales elaborados por
el hombre en sus laboratorios o mediante la acción de la cirugía, la
electricidad o los rayos cíe cualquier tipo. La medicina, cualquiera que sea su
nombre, siempre actúa sobre dos fundamentos convencionales: la Patología, que
es el estudio de las enfermedades, y la Terapéutica, que enseña los
procedimientos para combatir dichas enfermedades. La
profesión médica basada en estos fundamentos está condenada al fracaso
porque actúa sobre la "enfermedad", la cual es entendida como una
alteración mayor o menor de la salud con manifestaciones diversas Se dirige,
pues, hacia un fenómeno negativo, mientras que las enseñanzas de esta obra
tienen como materia de trabajo la salud, considerada como normalidad funcional
del organismo, es decir, un fenómeno positivo. El único remedio capaz (de
alejar todas las dolencias consiste en cultivar la salud, y eso es lo que vamos
a enseñarle al lector. "No
hay enfermedades, sólo hay enfermos», estableció Hipócrates. De aquí que se
debe enseñar al enfermo a que se restablezca y conserve su salud integral y no
a combatir su dolencia, la cual no es más que el efecto de su falta de salud.
Como dijimos, toda enfermedad es de la misma naturaleza: alteración de la salud
en mayor o menor grado. Sólo se muere de falta de salud. Como
se verá más adelante, llamamos enfermo a quien carece de salud y enfermedad
a la manifestación variable de esta anormalidad. La medicina fracasa en su
lucha contra las "enfermedades" al igual que el boxeador es incapaz e
impotente para destruir su propia sombra porque los fenómenos negativos son
intangibles, inatacables e indestructibles. Al margen de lo que se considera
como científico, mi sistema se desentiende en absoluto de la Patología y de la
Terapéutica y se dirige sólo a la normalidad funcional, es decir, a la salud,
enseñando al sujeto a recuperarla o conservarla mediante el Equilibrio Térmico
de su cuerpo. Para obtener ese equilibrio basta con el uso adecuado de los
agentes naturales de vida: el aire, el agua, la luz, el sol, la tierra y la
alimentación conveniente a base de frutas y ensaladas crudas. Dentro del concepto de mis enseñanzas, la única "enfermedad" que existe se llama "ignorancia de la salud", y el único "remedio" racional y lógico es la constitución del individuo para que por si mismo practique una vida sana con buenas digestiones y una activa eliminación cutánea, que son factores indispensables para conseguir la salud integral. Es la persona interesada quien debe actuar en defensa de su normalidad orgánica, de su salud integral. De acuerdo con las leyes de la Naturaleza de la cual formamos parte, al igual que la riqueza es el fruto de la actividad diaria del interesado, la salud también es el resultado de nuestros actos de cada día. La salud no se obtiene en la consulta con el médico ni se compra en el mostrador de la farmacia. Estas
enseñanzas se refieren, pues, a consejos de vida sana para que cada quiení
sepa escoger sus alimentos, activar su piel, masticar y ensalivar lo que come, digerir,
respirar, eliminar, dormir, practicar ejercicios físicos
adecuados y, en pocas De
aquí que el problema de la salud sea considerado funcional y no microbiano. Así
que en vez de "curar" prescribiendo "remedios" para eliminar
síntomas o manifestaciones de la falta de salud, mi sistema procura el
restablecimiento de ésta mediante un régimen de Vida dirigido a obtener buena
digestión, respiración normal y buena actividad funcional de la piel. La
buena digestión permite la formación de sangre pura en el cuerpo y mediante
una activa eliminación cutánea se expulsa lo malsano y perjudicial.
Dado que la digestión es la base de la salud y puesto que
se trata de un proceso de fermentación de los alimentos, debe realizarse a la
temperatura de 37 grados centígrados. Es por esto que "no existe enfermo
sin fiebre gastrointestinal" como lo revela el iris de sus ojos y lo
confirma, por lo general, su pulso. Por
su parte, la respiración de un adulto debe ser de 70 pulsaciones por minuto
para que la ola sanguínea se movilice normalmente en los pulmones. Esto sólo
es posible a 37 grados centígrados tanto en la superficie como en el interior
del cuerpo. Desde este nuevo concepto de salud, queda
establecido que la normalidad fancional del organismo precisa una temperatura
normal y uniforme del cuerpo. La salud es, entonces, una cuestión "térmica
" y no de medicamentos, magnetismo, hierbas,
sueros, vacunas, inyecciones, cirugía, rayos X, radio, electricidad, etcétera. El
sistema, pues, se desentiende de "diagnósticos" y "medicinas"
y sólo se dirige a la salud que, repetimos, es la normalidad funcional del
organismo que requiere del Equilibrio térmico del Cuerpo. La
Doctrina térmica saca el problema de la Salud del campo de la Patología y de la terapéutica para
colocarlo en el terreno de la Temperatura. Finalmente,
se debe comprender que este es un camino distinto y seguro para disfrutar de
salud, al margen de la medicina. 1/
LA CIENCIA DE LA
SALUD Tener
buena salud consideráis el mayor bien sobre la tierra?.. Digo que no la
felicidad está en saber conservarse sano. Padre
Tadeo La
enfermedad es una ofensa a Dios. La salud es el mejor tributo que el hombre
puede ofrecer a su Creador.
Cardenal
Verdier En
el camino del progreso, que es salud, existen por lo menos tres etapas: 1. conocer la verdad; 2. comprenderla
y 3.
realizarla. Para alcanzar la meta gloriosa de la salud
es necesario conocer las leyes naturales, comprenderlas y aplicarlas de manera
adecuada La
Sabiduría está en la naturaleza y no en el laboratorio. Para ser sabio de
verdad es preciso observar la obra del creador – vale decir la naturaleza
– practicar sus leyes inmutables y adquirir la suficiente experiencia personal.
El laboratorio solo forma sabiduría convencional, sabios de laboratorio, que
jamás poseerán la ciencia que hay detrás de la felicidad de los seres
irracionales que viven con salud sin más guía que su instinto. La salud vale más
que la vida porque ésta sin aquella no vale la pena. La ignorancia de la salud
es la única y verdadera causa de
las enfermedades. La escuela enseña al niño y al joven
muchos conocimientos considerados indispensables para asegurar el éxito en la
vida. Sin embargo, no se les enseñan los medios para guiar y cuidar el delicado
organismo que el Creador ha puesto a disposición de cada hombre para que cumpla
con su destino moral y físico. Si para comprender un largo, penoso y
accidentado viaje le entregamos a un inexperto viajero un magnífico automóvil,
sin enseñarle antes cómo debe manejarlo y cuidarlo para evitar descomposturas
y accidentes, ni los medios adecuados para restablecer su funcionamiento
normal, estaremos de acuerdo en que sólo de milagro llegará al fin de su
jornada y que ésta será un calvario que no se aliviará por muchos mecánicos
que encuentre en su camino, siempre dispuestos a realizar las composturas
necesarias a cambio del pago de sus servicios. Pero esto que todos entendemos tratándose de
un asunto trivial, parece olvidarse en lo que toca a una cuestión tan
fundamental
como la vida misma dentro de lo que solemos llamar CIVILIZACION. Los padres ignorantes, que son casi la totalidad, creen que para
preparar a su hijo hacia la dura experiencia de la vida basta con entregarlos a
sus maestros llenos de
conocimientos teóricos y artificiales. En esta forma , el niño, después de
duras pruebas para adquirir conocimientos poco menos que inútiles, se lanza a
la jornada de la vida poseedor de un organismo que no conoce ni sabe cuidar y
mucho menos reparar en caso de accidente o alteración de su salud. Pero ¿cómo exigir que el niño o el joven aprendan a evitar
las dolencias cuando éstas no dependen de él , sino que se consideran
obra de un agente misterioso, maligno y caprichoso como el demonio y al cual se
lo conoce con el nombre de microbio causante de infecciones? Si cada día estamos expuestos a ser víctimas de la infección que
nos acecha por todas partes ¿de que nos sirven los conocimientos si para
combatir a ese invisible y poderoso enemigo tenemos que poseer la oculta ciencia
del laboratorio reservada solo a sus sacerdotes? Solamente nos queda
abandonarnos al capricho del destino y recurrir al sacerdote de la
ciencia microbiana para que nos libere de la amenaza del nuevo demonio.
Estos son los errores consagrados por la civilización. No pretendemos sacar al mundo del error en que tan regocijadamente parece vivir. Sin embargo, creemos hacer bien a nuestros semejantes mostrándoles los equívocos de que hemos sido víctimas y enseñando a los que sufren el camino de la liberación. El hombre,
en su ignorancia, hasta a Dios hace responsable de sus desdichas, olvidando que
cada cual tiene lo que merece y que el hombre es hijo de sus obras. Enfermamos
no por obra o fuerza extraña, sino por nuestros propios errores de vida. La
salud no se obtiene con médicos ni drogas, sino con nuestros actos de cada día.
De aquí que la voluntad del enfermo es el primer agente de salud. El objetivo de esto es enseñar la ciencia de vivir sanos de cuerpo y
alma, buscando las fuentes de esta felicidad en el generoso regazo de la Madre
Naturaleza. El Régimen de Salud, explicado constituye un "artificio" hoy necesario para
combatir el artificio de la vida contemporánea. Este sistema tiene por objeto
"afiebrar" diariamente la piel que progresivamente se enfría con la
ropa y abrigos que enfundan nuestro cuerpo. También se dirige a refrescar las
entrañas afiebradas cada día por los prolongados esfuerzos digestivos que
realizan el estómag9 y los intestinos para procesar alimentos
inadecuados e indigestos. Dejando de lado "personalismos" se enseña una ciencia
personal", fruto de la observación y una larga experiencia. A sanos y
enfermos se ofrece esto para que disfruten del goce de vivir.
2/
LA LEY NATURAL 'En
las alturas de la verdad, sólo se encuentra Abdón
Cifuentes Las
mismas leyes que fijan la órbita de los astros, que señalan las estaciones del
año y que dirigen la vida del reino animal desde el elefante hasta el más
pequeño microorganismo, estas mismas leyes que designamos con el nombre de
Ley Natural, rigen también la vida del hombre. Pero esta ley que es observada
por todos los seres creados es continuamente transgredida
por el hombre ignorante y rebelde. La
Ley Natural es la voluntad del Creador que impone a la criatura una norma para
cumplir su destino moral o físico. Es norma de virtud y de salud, de aquí que
el hombre sano es bueno y el hombre enfermo sólo con gran violencia sobre sus
inclinaciones morbosas puede dejar de ser malo. La
vida del hombre civilizado, con su instinto perdido y su ignorancia de los
mandatos de la Ley Natural, se desarrolla sin más gula que el espíritu du
imitación de los errores ajenos o el propio capricho. El hombre, abusando de su
libre albedrío, continuamente contraviene la Ley Natural, llevando como sanción
una vida de dolencias que termina por lo general con una muerte prematura y
dolorosa. La
Ley Natural ha fijado la duración de la vida de los mamíferos en un periodo
que representa seis o siete veces el de su desarrollo. Así un caballo que
demora cinco años en desarrollarse, normalmente debe vivir 30 a 35 años, y el
hombre, que demora 25 años en
completar su desarrollo, debiera alcanzar un vida de 150 años o más. Sin
embargo, los casos de longevidad son cada día más raros y la vida media suele
estar alrededor de los 60 años. El
individuo sano siente su propia felicidad sin necesidad de artificios, es fuente
de bienestar del cual participa su familia y aun alcanza a sus conciudadanos. El
hombre enfermo es motivo de desgracia para cuantos lo rodean y para la sociedad
en que vive, necesitando de goces artificiales que se compran para distraer su
triste existencia. El
hombre sano vive satisfecho de su suerte, porque todo lo tiene con la salud y,
consciente de su destino, no conoce las rivalidades de la envidia. El hombre
enfermo siente su inferioridad y odia al que no está en malas condiciones como
él. No
olvidemos que la salud no se obtiene en la consulta del médico ni se compra en
el mostrador de la farmacia. En las nuevas generaciones está el porvenir.
Corresponde, pues, encaminar a la juventud hacia la salud que sólo puede
obtenerse cumpliendo la Ley Natural. La
ciencia de la salud debe ser enseñada en la escuela con las primeras letras
para que el niño aprenda a dirigir sus pasos en la vida en su propio beneficio
y el de sus semejantes. Los
preceptos que la Ley Natural impone al hombre como condición para mantener la
normalidad orgánica, vale decir la salud, quedan comprendidos en 10 mandatos:
1. Respirar sienipre aire puro,. 2. Comer excíasivamente
prodactos natara les; 3. Ser sobrios
constanteniente; 4. Beber únicamente
agua natural; 5. Tener suma
limpieza en todo; 6. Dominar las
pasiones, procurando la mayor castidad; 7. No estar jamás
ociosos; 8. Descansar y
dormir sáb lo necesario; 9. Vestir
sencillamente y con holgura y 10. Cultuar
todas las virtudes, procurando siempre estar alegres. En el cumplimiento integral de estos preceptos
está la salud y la transgresión de uno solo de ellos es causa de dolencia
porque altera la normalidad funcional del organismo. Finalmente,
tengamos siempre presente que lo que da la salud también cura la enfermedad,
porque ésta es alteración de aquella Respirar
siempre aire puro Decía
Hipócrates: "El aire puro es el primer cimiento y el primer
medicamento." Como alimento, el aire puro abastece la mayoría de nuestras
necesidades fisiológicas, de tal modo que en el campo, en el bosque, en la
montaña o a orillas del mar, se puede vivir principalmente de aire y
secundariamente de alimentos destinados al estómago. Esto se puede ver en la
frugalidad de los campesinos que, a pesar de sus rudas labores y enérgico
desgaste físico, viven sanos con tortillas y frijoles. A la inversa, en las ciudades, donde el aire como
alimento no reúne las excelencias del aire puro, para mantener la energía
vital, el hombre necesita recargar la alimentación estomacal, a lo cual se suma
la mala elección de los alimentos que mantiene un estado general de
insuficiencia vital. El aire debe entrar a nuestra economía por dos
conductos: por los pulmones y por la piel. La piel es un tercer pulmón, a la vez
que un tercer riñón, absorbiendo normalmente la cuarta o la quinta parte del
oxígeno que necesitamos y expeliendo en análoga proporción los desperdicios
de nuestro desgaste orgánico. Para que la piel desempeñe sus funciones es
indispensable que esté en contacto directo con la atmósfera o al menos que ésta
se renueve sobre aquella, de aquí la importancia de los baños de aire y lo
perjudicial de las camisetas y ropa pegada al cuerpo. La respiración pulmonar debe hacerse por la nariz con
la boca cerrada, pues la nariz es el guardián de los pulmones, calentando el
aire demasiado frío y reteniendo sus impurezas. Mientras mejor nos
alimentemos de aire, menos necesidad tendremos de alimentos estomacales, es por
esto que en las personas que tienen insuficiencia pulmonar, como los tísicos,
se desarrolla una gran actividad digestiva, siendo clásico el apetito de estos
enfermos que nunca se satisfacen. A nadie le convienen tanto los baños de aire
como a las personas que sufren de los pulmones, lo mismo que a los enfermos de
los riñones les es especialmente benéfica la transpiración. Así como para tener una buena digestión es necesario
saber comer, también debemos saber respirar. Por eso es necesaria la gimnasia
respiratoria, varias veces al día, y especialmente en la mañana haciendo
respiraciones profundas durante algunos minutos con la boca cerrada. Debemos pues, buscar el aire puro a toda hora, como el
alimento más precioso para conservar nuestra salud, durmiendo todo el año con
la ventana abierta y, si es posible, en el verano haciéndolo en el patio o bajo
los árboles. Comer
exclusivamente productos naturales Alimento natural es el que ofrece la Naturaleza en
cada lugar y en cada época del año y le conviene a nuestro organismo en el
estado en que ésta lo ofrece. No es necesario cocerlo, asarlo o someterlo a
preparación previa, como sucede con las frutas y las semillas de los árboles. Es indispensable saber escoger los alimentos a fin de
mantener la salud, pues el alimento digerido forma la sangre y ésta será de
la misma calidad que aquél. La salud depende de una buena nutrición y ella no
puede
existir sino introduciendo en nuestro cuerpo los productos destinados por la
Naturaleza para nuestro mantenimiento. El orden natural establece que el reino mineral
sustenta al vegetal y éste al animal, de donde resulta que ingerir substancias
minera}es, como son casi todos los productos farmacéuticos, es introducir
materias extrañas en el organismo que no pueden ser asimiladas y que por lo
tanto necesitan ser eliminadas. El animal en libertad, con el auxilio de su instinto,
busca el alimento que le conviene, pero el hombre, habiendo degenerado su
instinto, cree poder comer cuanto le plazca, sin más limite que sus recursos o
caprichos. Las ventajas del régimen frugívoro son manifiestas.
Además de evitar la enfermedad, son el medio más seguro para llegar a su
curación. El raciocinio de las personas que viven exclusivamente de frutas es
más claro y despejado, porque la sangre libre de toxinas irriga mejor las células
nerviosas. Los que viven de frutas crudas no sólo rejuvenecen y se vigorizan,
sino que se hacen inmunes a las enfermedades. La carne de los animales no ha sido destinada para
alimento del hombre y, más que alimento, es un excitante debido a los tóxicos
que posee, entre los cuales están la creatina, creatinina, cadaverina, etc.,
que inyectados a un conejo en pequeña proporción, causan su muerte
fulminante. Si el
hombre fuera carnívoro por naturaleza se sentiría atraído por la carne cruda
palpitante, y la consumiría en ese estado. Pero a pesar de que nuestro instinto
está degenerado, aún se rebela ante los despojos sangrientos de cadáveres y
precisa transformarlos por la acción del fuego, cambiando sus propiedades físicas
para hacerlos tolerables a nuestros sentidos. Con razón dice el doctor Amílcar de Souza: "La
mentira más convencional de nuestra civilización es la mentira del alimento
cocinado; sobre todo la carne. Si nos fijamos en las características del carnívoro
y del vegetariano, veremos que, como el tigre, el chacal, etc., todos aquellos
se distinguen por su instinto sanguinario, mientras que los vegetarianos como
el elefante, el buey, el caballo, etc., son fieles, nobles y pacientes. ¿Qué vamos a buscar en los productos cadavéricos
del animal que éste no haya sacado del reino vegetal? Si el buey forma y
mantiene su cuerpo con la materia que extrae del débil canutillo del pasto, cuánto
mejor podrá alimentarse el hombre con las substancias concentradas en las
frutas y semillas que durante seis, ocho o nueve meses están acumulando energías
solares, magnéticas, eléctricas y de calidad desconocida, extraídas de la
tierra y de la atmósfera. Ser sobrios constantemente Ser sobrio es comer poco, bien masticado y en tiempo
oportuno. El exceso en la comida es tan perjudicial como ingerir alimentos
antinaturales porque, forzando el trabajo del aparato digestivo se congestiona y
eleva la temperatura en él, con lo que se producen fermentaciones malsanas que
desarrollan tóxicos envenenadores de la sangre. El hombre es uno de los animales más frugales de la
creación y sorprende la pequeña cantidad de alimento que necesita para
reparar sus fuerzas. Por ejemplo, San Hilario vivió seis años comiendo quince
higos al día. Otros santos vivían sólo de pan y agua, o de pan y verduras. La cuestión está en aprovechar lo que se come,
resultando más favorable al organismo poco alimento que
pase a formar parte de su economía que mucho que deje materias extrañas
y lo intoxique. Una condición indispensable para esto es la buena masticación
y la calmada deglución. No debemos comer sin hambre, porque es forzar al
estómago
exponiéndolo a una mala digestión. Nuestras comidas deben ser hechas a horas
determinadas, bastando tres para los adultos y siendo la del medio día la
principal. Debemos sentarnos a la mesa con espíritu alegre,
libre de preocupaciones y pesares, reposando a lo menos un cuarto de hora después
de terminar el alimento. Evitemos beber en exceso durante la comida, porque los
líquidos diluyen los jugos estomacales, debilitando su acción y dificultando
el proceso digestivo. Masticar bien quiere decir triturar con la dentadura,
desmenuzar, reducir a papilla, casi a líquido, cada bocado, pues así los
alimentos sufren su primera digestión al ser transformados por la saliva. No
olvidemos que la mitad de la digestión se hace en la boca y que las féculas se
digieren principalmente con la saliva, sin cuya preparación producen ácidos
venenosos en el estómago que irritan los riñones y el hígado. Las personas
que no tienen dientes deben consumir los alimentos rallados o molidos. Aun
el agua debe beberse a pequeños sorbos, procurando retenerla en la boca, pues
está probado que la parte de
los alimentos se asimila principalmente en la boca parte química se
absorbe en el tubo digestivo. Los alimentos no deben llegar al estómago con
demasiada frecuencia, pues éste se cansa y debilita. Se entiende cuánta
importancia
tiene para la salud una buena dentadura, la cual sólo puede conservarse
evitando los desarreglos digestivos. Las personas que tengan dientes o muelas
cariados deben atenderlos para evitar que sirvan de foco de putrefacción. El mejor sitio para comer es al aire libre o bajo los
árboles y, si no es posible hacerlo así, debe hacerse en un departamento
alegre, con luz y sol que haga agradable una función tan importante para el
mantenimiento de la vida. Un error muy común en las familias consiste en servir
los mismos alimentos a adultos, jóvenes y niños, siendo que cada época de la
vida tiene necesidades diferentes. Por ahora curemos que las albúminas
convienen a los niños y en la misma cantidad perjudican a los adultos. La sobriedad aconseja no llenarse el estómago,
debiendo levantarnos de la mesa satisfechos, pero sin exceso, casi con apetito. El hambre insaciable, la necesidad de comer a toda
hora porque se siente debilidad, es indicio seguro de graves trastornos
digestivos, pues lo que se come no se aprovecha. El ayuno es uno de los medios más seguros para curar
las enfermedades, no sólo las digestivas, sino especialmente las febriles.
Los animales nos enseñan a ayunar, pues cuando se sienten enfermos o heridos no
consumen sino agua, hasta que el apetito, que indica vuelta a la normalidad, los
obliga a alimentarse nuevamente. El ayuno puede ser total, sin ingerir otra cosa que
agua, o relativo, consumiendo solamente frutas. El primero conviene en la fiebre
de los adultos y el segundo en las enfermedades febriles de los niños. Ayunar
cada semana o una vez al mes es de gran provecho para cualquiera porque además
de permitir descanso al aparato digestivo, favorece las eliminaciones de
materias morbosas pues todo el organismo se dedica a la función de eliminación. Todas las religiones practican el ayuno como un medio
de perfeccionamiento moral, pues así el cuerpo se libera de toxinas que
perturban las funciones nerviosas y especialmente cerebrales. También existe un semiayuno que consiste en comer
cada semana o quincena exclusivamente una fruta durante todo un día, ya sean
uvas, manzanas, naranjas o nueces. Una regla fundamental de higiene alimenticia consiste
en comer vegetales crudos, especialmente frutas y semillas de árboles, con
moderación y bien masticados. Beber
únicamente agua natural La Naturaleza nos ha dado el agua como única bebida,
ya que la ha puesto a nuestra disposición con mano generosa en el río, en la
fuente y en el arroyo. El agua, el aire, la luz y la tierra son los alimentos
indispensables para la vida animal y vegetal. Los tres primeros los aprovechamos
directamente con nuestros órganos, y la tierra indirectamente a través de
los productos vegetales. El agua es la única bebida natural y no sólo es un
alimento, sino también una medicina, tanto al interior como al exterior, pues
todo lo purifica al ser usada como bebida y en los baños. Un campesino austriaco, Vicente Priessnitz, descubrió
las posibilidades del agua fría para preservar y recuperar la salud. La
hidroterapia fue mejorada y popularizada por el insigne cura de Woesrjshoffen,
Sebastián Kneipp y fue perfeccionada por Luis Kuhne, un fabricante de muebles
de Leipzig que hoy figura entre los mayores benefactores de la humanidad. En
Chile, de donde es oriundo el autor de esta obra, el padre Tadeo de \Visent
difundió y enseñó la hidroterapia. Dejemos para mas adelante el tratamiento del agua como
agente de salud y por ahora digamos que al ser bebida nos proporciona no sólo
sus elementos químicos, sino también sus agentes energéticos en disolución,
es decir, energías solares, efluvios magnéticos, potencia eléctrica y aire,
además de otros elementos aún no bien conocidos provenientes de la tierra, del
aire y del sol. Es por esto que la mejor agua para beber es la que desciende de
la montaña y en constante movimiento se despeña y golpea en su camino. Estas
condiciones y elementos mencionados caracterizan al "agua viva" apta
para satisfacer nuestras necesidades fisiológicas, en oposición al
"agua muerta" de pozos o lagunas estancadas, la cual es perjudicial
para la salud. Los mayores beneficios del agua se obtienen bebiéndola
en pequeños sorbos y en cantidades moderadas, siempre fresca y natural jamás
hervida. Es un excelente purgante si se bebe una cucharada cada hora y las
indigestiones desaparecen en una o dos horas si se toman traguitos cortos cada 3
o 4 minutos. Un vaso de agua en ayunas y otro en la noche es un
medio fácil y seguro para mantener limpio el estómago y los intestinos. Beber
agua con frecuencia y moderación es un excelente medio para eliminar las
intoxicaciones. Cuando tienen sed, los enfermos deben tomar agua
fresca, al natural, en pequeñas y repetidas porciones, a fin de refrescarse
interiormente y disolver y eliminar los tóxicos. Las fatigas, impresiones y
dolores se pasan con un vaso de agua fresca. El
agua debe beberse fuera de las comidas y al menos una o dos horas después de
una comida abundante. Nunca se debe beber agua helada con el cuerpo caliente o
agitado, porque se puede producir enfriamiento en los pulmones o el estómago,
resultando pulmonía o catarro estomacal. Si el agua al interior actúa como la mejor medicina,
aplicada al exterior es un elemento insuperable para conservar la salud. Tener
suma limpieza en todo La limpieza orgánica es salud, la impureza es
enfermedad. Así como el funcionamiento de un motor depende de la limpieza de
todas sus partes, el organismo humano será normal si está limpio y anormal si
está sucio. La suciedad de la piel es absorbida, pasando al
interior, y la limpieza extrema purifica también el medio interno, es por eso
que con toda razón decía Priessnitz: "Las enfermedades se curan mejor por
fuera que por dentro." Con la misma razón que diariamente nos lavamos la
cara y las manos, debemos también lavarnos todo el cuerpo, pasando, al
levantarnos de la cama, desde el cuello hasta la planta de los pies, una toalla
empapada en agua fría, ya sea para volver al lecho o para iniciar el día
inmediatamente sin secarnos. Es increíble que una práctica tan sencilla sea de
tan magnifico efecto, pues, generalmente es suficiente para mantener el cuerpo
ágil, liviano y resistente a los cambios atmosféricos. Este es el baño más
natural, sencillo y eficaz en todo caso, se esté sano o
enfermo,
sea uno joven o viejo. La limpieza no se reduce a nuestra persona sino a todo
cuanto nos rodea: La casa y especialmente la recámara en donde se duerme deben
estar libres de polvo y debe ser aireada y asoleada. Para mantener
la limpieza interna, una persona en estado normal de salud debe
diarianiente realizar una ablución de agua fría al despertar, dormir con la
ventana abierta, desayunar frutas o ensaladas y evitar comer
productos animales, especialmente la carne y también
los excitantes como el café, el té, el cigarro, etc. Los adultos que viven en una ciudad tendrán en mi
Lavado de Sangre un recurso indispensable para mantener la pureza orgánica. Dominar las pasiones, procurando la mayor castidad Dado que nuestro sistema nervioso es un agente
transmisor de las energías vitales, cualquier desequilibrio de sus funciones
afecta a la nornialidad general del cuerpo provocando la enfermedad. Es
por esto que toda enfermedad supone un desarreglo nervioso y éste suele ser
causa de aquellas. Nuestra mente controla la actividad afectiva y ésta a
la vez impresiona al sistema nervioso, así que es muy importante educar la
fuerza mental hacia el dominio de
nuestros nervios. La fuerza mental es atributo del hombre y de ella
derivan fenómenos antes inexplicables como el hipnotismo, la transmisión del
pensamiento y de energía vital, etc. Bien sabemos que un susto, una pena o
alegría producen desarreglos en la digestión , lo que siguifica anormalidad
general. La vida emocional y los excesos sexuales debilitan al sistema
nervioso y anulan la digestión, convirtiéndose en grave causa de falta de
salud. La vida tranquila sin ambiciones desproporcionadas y
libre de preocupaciones intensas es condición indispensable para una buena
salud. El amor, si no es controlado, también
puede ser causa de enfermedad y aun de muerte. Sabemos que el odio, el
orgullo y la envidia envenenan la sangre y que la ira afecta las funciones del
estómago y del hígado. Los malos hábitos de la juventud, y con mayor razón
de la niñez, tienen como principal causa anomalías del sistema nervioso por
sangre maleada por herencia, perturbación que desaparecerá purificando la
sangre con un régimen alimenticio a base de frutas crudas y activas
eliminaciones por la piel del sujeto. Normalmente, el hombre no debería pensar en
reproducirse antes de haber terminado su desarrollo, el cual demora 25 años.
Sin embargo, dado el estado de degeneración de la especie humana que ha
reducido tanto la duración de su vida, se pueden anticipar algo los plazos
fijando los 21 años como la época propicia del hombre para reproducirse. La duración de la vida depende en gran parte de saber
guardar la castidad en la juventud, pues son esas reservas vitales las que nos
permitirán afrontar con éxito las crisis de la edad madura y la decadencia de
la vejez. No estar jamás ociosos El trabajo es una doble ley impuesta al hombre: ley
fisiológica, porque el movimiento es vida, y ley moral porque es mandato de
Dios. El trabajo es fuente de bienestar moral y material y, a la inversa, la
ociosidad causa dí miseria física y depravación moral, ya que conduce a la
falta de salud, pobreza y vicios. El trabajo, además del beneficio material que nos
proporciona, deja en nuestra alma la satisfacción del deber cumplido y es
fuente de virtudes. El movimiento es la vida y la inacción es la muerte.
Debemos, pues, movernos, actuar, sudar. Sin sudar el cuerpo se enferma porque no
expele todos los residuos del desgaste orgánico. Sabemos que las maquinarias
que no trabajan se oxidan y acaban por arruinarse antes de tiempo. Igualmente,
el ejercicio físico es uno de los estimulantes de la energía vital y, por
tanto, un agente de curación de las dolencias. Por ello es conveniente que
toda persona que no tenga ocupaciones que exijan movimiento practique una
gimnasia, en lo posible desnuda, al levantarse y al acostarse, combinándola con
baños de agua, aire luz y sol, al aire libre o dentro de una pieza con la
ventana abierta. Sin duda la gimnasia más natural es la agrícola,
cavando la tierra, con lo que se desarrolla la actividad de todo el cuerpo, al
mismo tiempo que descansa el espíritu y se fortalece el sistema nervioso. La
natación es también una buena gimnasia, pero no debe prolongarse demasiado
porque enfría la superficie del cuerpo afectando las entrañas. La ascensión
de cerros es un ejercicio muy saludable y completo. Remar
también es
recomendable, pues el trabajo con los remos activa a todo el organismo en forma
rítmica y pausada. Descansar y dormir sólo lo necesario Así como la Ley Natural nos impone el trabajo y el
movimiento, nos manda también descansar, a fin de reparar el desgaste producido
por la actividad orgánica. El descanso supone el trabajo y, lógicamente, quien
no se ha cansado no debe descansar. La Naturaleza nos indica las horas de actividad que
empiezan con el día y terminan con la puesta del sol. La mayor actividad de
la naturaleza comienza a media noche hasta mediodía, decayendo desde el mediodía
hasta la medianoche. Las horas más favorables para el sueño son antes de
medianoche, pudiéndose decir que una hora de sueño antes de las 12 de la
noche vale más que dos horas después de la medianoche. El mejor y más
satisfactorio reposo se obtiene entre las 8 de la noche y las 4 de la
madrugada. Siete u ocho horas de sueño bastan para el descanso de un adulto;
los niños necesitan algo más. El exceso de sueño enerva e intoxica. La cama debe ser algo dura y en lo posible de
materiales naturales y orientarse hacia el hemisferio boreal con la cabeza hacia
el sur para aprovechar mejor las corrientes magnéticas. El exceso de ropa en la
cama perjudica. El cuerpo debe estar desudo o a lo sumo con una camisa
holgada, sin ataduras ni opresiones que dificulten la libre circulación de la
sangre. La ventana abierta todo el año y entreabierta cuando el tiempo sea
borrascoso es indispensable para que el sueño sea reparador. La posición de
espaldas con los miembros estirados favorece la circulación de la sangre. También
es bueno dormir sobre el costado derecho, pero hay que evitar recostarse sobre
el lado izquierdo, pues en esa postura las vísceras comprimen el corazón,
dificultando sus funciones. Vestir sencillamente y con holgura El hombre tiene su piel para estar en permanente
contacto con el aire, así como el pez tiene la suya para estar en el agua. Para
este fin, la piel posee órganos que le permiten aprovechar los elementos
indispensables para la vida: aire, luz, tierra y calor solar. Nuestra piel por sus millones de poros tiene una
doble función: eliminadora y absorbente. Por la piel eliminamos residuos orgánicos
en tal proporción que representan un equivalente hasta del 30 por ciento de
la eliminación de los riñones- En este sentido, el sudor es un producto
equivalente a la orina. Cuanto más se activan las funciones eliminadoras de
la piel, menos trabajan los riñones y viceversa. La piel es un tercer riñón.
Por eso es tan importante para la salud el sudar diariamente, aunque sea sólo
una hora, pues con ello se evitan las dolencias de los riñones y se mantiene
limpia la sangre. Además de su función eliminadora, la piel tiene la
propiedad de absorber oxigeno del aire, calor y luz del sol y emanaciones
magnéticas y eléctricas del ambiente. La piel es, pues un tercer pulmón. Si
se paralizan las funciones de la piel, aunque sea por unos minutos, se produce
intoxicación y aun la muerte. Para realizar su doble función eliminadora y
absorbente, la piel necesita estar libre de envoltura, en contacto con el aire,
la luz y el sol, de donde resulta la importancia de los baños de estos
elementos que deben tomarse diariamente, al menos durante una hora al
levantarse. Las aplicaciones adecuadas de agua fría sobre la piel activan sus
funciones, de donde se entiende la importancia de la hidroterapia. Se podrá comprender ahora lo nocivas que son las
ropas adheridas al cuerpo que impiden la ventilación de la piel. Camisetas,
calzoncillos largos y de punto, ligas, corsé y cuellos o zapatos apretados
son elementos de tortura y de castigo para nuestra salud. Nuestras ropas deben
ser amplias, permitiendo las corrientes de aire sobre la piel, y el abrigo no
debe ir nunca interiormente, sino superficialmente, reemplazando las camisetas
por la manta o el sobretodo. Sobre la piel debemos usar ropa de hilo o algodón,
jamás lana o materiales sintéticos, para facilitar la absorción de las
materias
expulsadas por los poros. Los zapatos deben ser holgados y de material poroso,
no comprendiéndose el absurdo de usar suelas de goma o hule que impiden las
corrientes eléctricas y magnéticas que purifican y vivifican nuestro cuerpo.
Es por esto que es importante pasar un rato al día caminando descalzos sobre la
tierra húmeda o el rocio del pasto. El medio más sencillo y al alcance de todos para
activar las funciones de la piel consiste en la frotación de agua fría todos
los días al salir de la cama, para lo cual basta con una toalla más o menos
empapada en agua fría que se pasa por todo el cuerpo desde el cuello hasta la
planta de los pies, sin restregar, vistiéndose sin secarse o volviendo así
al lecho hasta que desaparezca la humedad Cultivar
todas las virtudes, procurando siempre estar alegres La primera virtud del hombre es amar al Creador, autor
de la Naturaleza, fuente de todos 1os bienes que disfrutamos. El cuerpo sano goza
de paz espiritual, mente clara y
corazón alegre, reinando armonía en las funciones fisiológicas y en el estado
del alma. El hombre que goza de salud física y moral procura el
bien del prójimo. La maldad y los vicios generalmente son consecuencia de
estados patológicos de nuestro organismo, ya que nuestra alma obra a través de
nuestros órganos corporales. Una sangre viciada y envenenada mantiene un
estado de irritación y coligestión de los centros nerviosos que los hace
actuar fuera de orden. El hombre que siente y aprovecha a diario los
beneficios naturales, tiene un corazón constantemente elevado, colocándose en
un plano más alto que lo aleja de las miserias del vicio. Además, sus energías
vigorizadas son suficientes para dominar las pasiones y sobrellevar las
adversidades de la vida. La vida ordenada conforme a la Ley Natural permite
tener menos privaciones por cuanto se gasta menos de lo habitual en alimentarse
y se aprovecha mejor lo que se consume, manteniendo así un estado de ánimo
satisfecho que hace sentir la alegría de vivir. No olvidemos: salud es virtud,
alegría y bienestar. Enfermedad es vicio, pena, dolor y desgracia en todo orden
de cosas.
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HISTORIA Y DOCTRINA El Naturismo
es tan antiguo como la Creación, pero sólo ha llegado a tomar
beligerancia en nuestros días para defender a la humanidad de la ofensiva
diabólica de la Teoría Microbiana que atribuye a los microbios la causa
de las dolencias del hombre. Manuel
Lezaeta Acharan
La
Medicina Natural o Ciencia de la
Salud nació con el hombre y fue practicada por los sacerdotes egipcios y
caldeos. También la cultivaron los filósofos de la antiguedad. Hipócrates
formuló las reglas del verdadero arte de curar, cuya clave, expresada en
su clásica frase natura medicatrix, o sea "la Naturaleza es
la que cura", ha sido olvidada por los profesionales con su actuación
antinatural que conduce a la dependencia de los fármacos y la mutilación
del cuerpo. La acción tóxica de los venenos farmacéuticos es el agente
que deprime y anula la fuerza curativa natural que posee todo organismo,
llegando a paralizarla hasta impedir toda reacción salvadora. La mutilación
de las entrañas también hace imposible restablecer la normalidad
funcional del organismo, vale decir la salud. Las fuerzas de la Naturaleza no mandan ya en el
cuerpo que está bajo la acción de medicamentos y esta es la razón por
la cual las drogas suprimen los síntomas, que siempre constituyen una
defensa del organismo. Frente a las actividades médicas de los filósofos
y sacerdotes que actuaban a plena luz, los hechiceros crearon un arte diabólico,
misterioso y a la sombra. En lugar de los agentes naturales le que se servían
los médicos filósofos, los hechiceros recetaban a sus enfermos
substancias tóxicas, estimulantes o calmantes a base de ponzoñas de
serpientes y de sapos, excrementos y otras inmundicias que preparaban para
disimular su repugnante naturaleza. Así se explica el origen de las dos
medicinas que, según el doctor Paul Carton, se disputan la atención de
los enfermos: Medicina Blanca o filosófica y Medicina Negra o de
hechiceros. Los preparados farmacéuticos actuales, las vacunas y los sueros de
cultivos de microbios nada tienen que envidiarle a las inmundas medicinas
de los hechiceros. Y contra esa falsa medicina surgió una reacción para
salvar a la Humanidad. Esa reacción surgió del campo de los enfermos y
no del de los facultativos.
Enfermos fueron Priessnitz, Kneipp, Kuhne, Rikli, Just, Padre Tadeo y
también el autor de estas líneas. La comprobación personal del fracaso
de la medicina que pretende restablecer la salud con tóxicos de farmacia,
agentes de laboratorio y con sangrientas intervenciones quirúrgicas llevó
a estos enfermos rebeldes a buscar el camino de la verdadera salud con las
luces de su razón. La medicina universitaria es una profesión de carácter
económico, inadecuada para satisfacer las necesidades del enfermo que
necesita controlar y defender su normalidad funcional por sí mismo.
Consciente de los defectos de sus conocimientos y necesitando imponer una
autoridad y prestigio, la medicina facultativa se ha organizado en
asociaciones férreamente disciplinadas para suplir el poder de su
ciencia. Doctrina
Térmica de Salud Este concepto es enunciado por vez primera en el campo de la salud humana y tiene la siguiente historia: En el año de 1899 ingresé a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, pero me vi obligado a interrumpir mis estudios al caer víctima de sífilis. Después de largos años de enormes gastos infructuosos con todo tipo de especialistas, huyendo dé mí mismo me fui a un pueblo en donde casualmente me topé Con un monje capuchino que me dijo: "¿Has venido a verme? Te espero en mi consulta porque estás muy enfermo". En la consulta le dije que de acuerdo con los análisis de laboratorio ya no tenía el microbio de la sífilis y que los médicos diagnosticaban neurastenia. "Te equivocas tu y se equivocan los médicos, la enfermedad la tienes en la sangre", me replicó el Padre. Recibí la "receta" que prescribía paseos descalzos por el rocío del pasto al salir el sol, frotaciones y chorros de agua fría a distintas horas envolturas húmedas de todo el cuerpo, alternando con vapores de cajón, excursiones con ascensión a cerros, etc. Aunque me parecía difícil que estas prácticas pudieran ayudarme a recuperar mi perdida salud, me sometí a ellas con puntualidad y constancia. Antes de quince días de tratamiento se me abrió un horizonte de felicidad y bienestar desconocido, pero al mismo tiempo apareció un abundante flujo uretral que los médicos me habían "curado" años antes, sofocando su expulsión del cuerpo y obligándolo a retener esas impurezas que me causaron inflamación prostática, estrechez de la uretra y hasta retención de la orina. También tuve inflamación de los ganglios de las ingles, axilas y cuello, apareciendo además erupciones y llagas por todo mi cuerpo. Con estas novedades volví a la consulta y le dije: "Me estoy pudriendo Padre, mire lo que me pasa". Contestó : "Estás salvado, ahora vas a expulsar la enfermedad que los médicos te echaron en la sangre Más de un año estuvo mi cuerpo eliminando pus por la uretra, llagas y postemas, sin ninguna otra complicación y sintiendo cada día una felicidad de vivir nunca antes conocida, la misma que conservo hasta la fecha, a la edad de 77 años. Ante la elocuencia de estos hechos, me di cuenta que las drogas eran incapaces de devolver la salud perdida y que ésta sólo podría mantenerse y recuperarse mediante la acción de los agentes vitales que ofrece la Naturaleza en el aire, la luz, el sol, el agua fría, la tierra, las frutas y vegetales crudos. Tomé
entonces la resolución de dedicar mi vida entera al estudio, práctica y
difusión de la verdad en cuanto a salud se refiere, la que
providencialmente había llegado a conocer al margen de la medicina
facultativa. Durante nueve años seguí las sabias enseñanzas y prácticas
del Padre Tadeo de Wisent. Cuando este sabio capuchino alemán abandonó
Chile para irse a curar a los leprosos de Colombia, me dediqué a estudiar
las obras de sus maestros, especialmente de Monseñor Sebastián Kneipp. Cómo
concebí la Doctrina Térmica La salvadora experiencia del sistema Kneipp mc llevó al estudio de los otros grandes maestros. Sin embargo, no encontré en estos genios intuitivos la Doctrina Filosófica que explicara la recuperación de mi salud y reuniera sus puntos de vista. En ese empeño felizmente conoci la Iridiología. El estudio de numerosas obras sobre el tema me llevó a la conclusión de que no había nada aprovechable en el examen del Iris de los ojos si este se realizaba con criterio anatómico o patológico En cambio, la idea que se despertó en mí como fruto de mis observaciones y experiencias me llevó a formular mi Doctrina térmica como base de la normalidad en el funcionamiento del cuerpo. Así, mi Doctrina térmica pudo servir de piedra angular que fundamenta los diversos sistemas de quienes han dado vida al Naturismo Universal. Como lo expongo en mi libro El Iris de tus ojos revela tu Salud, mi Doctrina Térmica saca por primera vez el problema de la salud del trillado campo de la Patología y la Terapéutica colocándolo en el de la temperatura. Este nuevo concepto viene a dar fisonomía al naturismo sacándolo de la confusión y la anarquía. La vida civilizada lleva al hombre al desequilibrio de las temperaturas de su cuerpo, afiebrando diariamente sus entrañas con la cocina y debilitando el calor de su piel con ropas y abrigos inadecuados. De aquí el origen de todo desarreglo funcional que se inicia con resfriados e indigestiones. Según esto, los distintos sistemas naturistas de hidrópatas, fisiatras, trofólogos, nudistas, dietistas, vegetarianos, etc., obtienen sus éxitos actuando sobre las temperaturas del cuerpo, pero en una forma rutinaria que conduce al curanderismo. Mi Doctrina Térmica permite establecer, por el examen del Iris, la necesidad que existe en todo enfermo de afiebrar su piel y refrescar sus entrañas. Esta doble finalidad siempre debe realizarse para obtener la normalidad funcional del organismo, la Salud integral. Sólo varia la intensidad de las aplicaciones adecuadas a cada caso, de acuerdo con las necesidades que se descubren en el Iris y con las condiciones personales del sujeto. Mi Doctrina térmica complementa los aforismos conocidos como fundamentales en la Ciencia de la Salud. Así tenemos que no hay enfermedades, sino enfermos", o sea individuos faltos de salud por desequilibrio térmico del cuerpo en grado variable. Además, "la Naturaleza es la que cura",
lo cual se logra restableciendo el Equilibrio térmico del cuerpo. Sin
darse cuenta, toda la terapia Naturista ha justificado mi Doctrina térmica,
ya que su arma principal es el agua fría en el tratamiento de los
enfermos. Lógicamente este elemento es incapaz de matar microbios, pero
es indispensable para normalizar las temperaturas del cuerpo, siempre víctima
de fiebre o calentura. Una vez aceptada mi Doctrina Térmica, la Higiene
se reduce a mantener el cuerpo en Equilibrio térmico mediante el cumplimiento
de la Ley Natural y todo procedimiento curativo debe dirigirse a
restablecer dicho equilibrio. La Doctrina Térmica enseña al hombre a
mantener o recuperar su salud mediante el equilibrio de las temperaturas
interna y externa de su cuerpo. Esta Doctrina es una Ciencia de la Salud
al margen de la medicina. Desarreglo funcional del organismo por
desequilibrio térmico del cuerpo Este es el fenómeno característico del estado de enfermo sin cuestión de nombres o síntomas. Definamos de una vez lo que entiende por fiebre mi Doctrina Térmica. Fiebre o calentura es un fenómeno de naturaleza inflamatoria y congestiva. Se origina por reacción nerviosa y circulatoria cuando los nervios son irritados o sometidos a trabajo mayor que el normal. El calor febril es efecto de la reacción nerviosa y circulatoria. La enfermedad no es obra del demonio, ni del microbio, sino desarreglo funcional por fiebre gastrointestinal, como en grado variable lo revela el iris de los ojos de todo enfermo y generalmente lo confirma su pulso. Corrompiendo los alimentos, esta fiebre debilita y mata la vida por desnutrición e intoxicación progresiva de sus victimas, como se explicará más adelante. La fiebre interna también altera o incapacita las funciones de nutrición y eliminación de los pulmones porque acelera la actividad del corazón que, enviando la ola sanguínea con demasiada frecuencia a los pulmones, congestiona sus tejidos reduciendo su capacidad de aire. La fiebre interna también debilita las funciones de la piel, tercer riñón y tercer pulmón, porque produce anemia, es decir, deficiencia de la circulación sanguínea en este órgano, en la misma medida que aumenta la congestión en las entrañas. Es así como la fiebre interna altera la salud y mata la vida, incapacitando al cuerpo para nutrirse y desintoxicarse normalmente. El enemigo que se debe combatir en todo enfermo y en toda dolencia no es
el microbio sino la fiebre. En realidad se muere de "fiebre" y
no de "infecciones". "Buenas digestiones" y no
"inyecciones son el recurso curativo que triunfará en toda dolencia.
No olvidemos nunca que la digestión sana requiere ante todo de una
temperatura normal en el aparato digestivo. El agente que realiza la
vuelta a la salud es la fuerza vital del enfermo. Esta fuerza se mantiene
y activa con buenas digestiones y con actividad funcional de la piel, o
sea buenas eliminaciones, funciones ambas que requieren equilibrio de las
temperaturas interna y externa del cuerpo. Como veremos, el hombre es el
único ser de la Creación que desequilibra las temperaturas de su cuerpo,
debilitando su piel con vestidos y afiebrando sus entrañas con los
esfuerzos a que se somete su aparato digestivo para procesar alimentos
inadecuados. Resumen
de mi doctrina Sin pretender inventar nacía en cuanto a salud se refiere, mi
Doctrina establece un nuevo concepto de salud fundamentado en las
revelaciones del iris de los ojos de millares de individuos observados en
el espacio de más de cuarenta años. De acuerdo con esto llegamos a lo
siguiente: 2
Toda dolencia es
manifestación de "falta de salud", o sea, de desarreglo
funcional. De aquí que, cualquiera que sea su nombre o manifestación, la
enfermedad es de naturaleza funcional y no microbiana. 3.
Sólo la salud tiene carácter positivo. Toda
dolencia demuestra fenómeno negativo porque revela "falta de salud"
en grado variable. De aquí que las enfermedades no se "curan",
sino que desaparecen mediante el restablecimiento de la salud, que es la
normalidad funcional. 4.
La Patología es una simple clasificación
convencional o nomenclatura de síntomas y maniifestaciones de falta de
salud. De aquí que no hay enfermedades sino que sólo hay enfermos. 5. Pero
si queremos darle una personalidad positiva a la "enfermedad",
es preciso convenir en que sin importar su nombre o su manifestación,
toda dolencia está constituida por fiebre gastrointestinal en grado
variable. Esta fiebre es la causa y el punto de apoyo del desarreglo
funcional del organismo, vale decir, es el enemigo de la salud y la única
causa de muerte. No hay enfermo sin fiebre o calentura. 6. Los síntomas,
clasificados como males diversos por la Patología, son simples
manifestaciénes de desarreglo de las funciones de nutrición y eliminación
del organismo afectado. La diversidad de síntomas de "falta de
salud" depende del sujeto, de sus antecedentes hereditarios, su modo
de vida, su ocupación, edad, sexo, del clima en que vive, etcétera. 7
El enemigo que hay que combatir en todo enfermo
es la fiebre o calentura y no el microbio. Salvo accidente, sólo se muere
de fiebre. 8. Fiebre o calentura es un fenómeno
de naturaleza inflamatoria y congestiva. Se origina por reacción nerviosa
y circulatoria cuando los nervios son irritados o sometidos a trabajo
excesivo. Existe fiebre cuando la temperatura sube de 37 grados centígrados.Hay
tres tipos de fiebre: la interna que suele constatarse en el pulso y se
revela siempre en el iris de los ojos. La externa, que denuncia el termómetro
aplicado en las axilas. Y, por fin, la local, correspondiente a la zona
dolorida o afectada. 9. La
fiebre que sale a la superficie del cuerpo es "curativa" porque
favorece la eliminación de impurezas por la piel. Basta controlarla con
adecuadas aplicaciones frías de agua o lodo. La
fiebre local debe combatirse porque altera los proce sos de nutrición y
eliminación de los tejidos afectados. Por fin, la fiebre interna debilita
y aniquila a sus víctimas por desnutrición e intoxicación, alterando
los procesos de nutrición y eliminación que realizan simultáneamente el aparato digestivo, los
pulmones y la piel. En efecto, la fiebre gastrointestinal altera la
digestión, que requiere de 37 grados centígrados para realizarse
normalmente. Si sube la temperatura la digestión se convierte en
putrefacción, la cual es fuente de tóxicos que en vez de nutrir
envenenan la sangre. La fiebre interna también altera las funciones de nutrición
y eliminación de los pulmones. Cuando la actividiad del corazón es
estimulada por el calor, la ola sanguínea que llega a los pulmones
congestiona sus tejidos y reduce la capacidad respiratoria. Por último, la fiebre interna congestiona las entrañas
y produce una deficiente circulación sanguínea en la superficie y las
extremidades del cuerpo. Así se debilitan las funciones de tercer riñón
y pulmón
que
debe jugar la piel. 10.
Queda claro que tocía dolencia es de carácter general y no local.
Su naturaleza es "funcional" y no "microbiana". Mi
concepto se dirige entonces a normalizar las funciones de nutrición y
eliminación sin sofocar los síntomas. No cura, sino que normaliza,
colocando al cuerpo en Equilibrio Térmico. 11.No
existen enfermedades de naturaleza diferente. Sólo hay distintas
manifestaciones del desarreglo funcional del organismo, o sea, de falta de
salud. Existen, eso sí, enfermos diferentes según sea su constitución
orgánica, el estado de pureza de su sangre y el grado de cronicidad de su
anormalidad funcional. El cuerpo es un solo órgano y la vida una función. 12
La normalidad funcional del cuerpo sólo puede existir con
equilibrio de las temperaturas externa e interna. El hombre es el único
ser de la Creación que desequilibra las temperaturas de su cuerpo. Desde
que nace, el ser humano debilita su piel con abrigos exagerados y con
gestiona sus entrañas con alimentos inadecuados. Esto se puede ver en
grado variable en el iris de los ojos de todo enfermo. 13.Los
microbios son agentes de vida y salud; jamás agentes de enfermedad o de
muerte. Contribuyen a la armonía y al orden universal, de modo que es
absurdo culparlos del desarreglo funcional del organismo que caracteriza a
toda dolencia. 14.
El arte de curar, vale decir de restablecer la salud, debe
dirigirse a refrescar el interior del vientre del enfermo y afiebrar su
piel, para equilibrar las temperaturas de su cuerpo. 15.
El
agente que realiza la curación es la fuerza vital del enfermo. 16.
El sistema nervioso es el motor de la vida. La fuerza vital es la
energía nerviosa y depende de la salud de los nervios. Estos, a su vez,
son nutridos por la sangre cuya pureza determina su salud. La impureza del
fluido vital debilita la potencia nerviosa, pero como la sangre es prociucto
de la digestión y esta sólo es sana cuando se realiza a 37 grados centígrados,
la fiebre gastrointestina1 debilita y aniquila la energía nerviosa, vale
decir, la vitalidad del organismo. 17 Dado que la impureza de la
sangre proviene de que el individuo respira
aire malsano, de que elabora putrefacciones gastrointestinales y
por deficiencia en las eliminaciones de su piel, riñones e intestinos, de
ahí surge el debilitamiento de la energía nerviosa. También las drogas
o medicamentos, los sueros, vacunas, la electricidad y las intervenciones
quirúrgicas deprimen la actividad nerviosa y, por tanto, la energía
vital del individuo. 18. La
Naturaleza cura, es decir, normaliza las funciones orgánicas, siempre que
se equilibren las temperaturas interna y externa del cuerpo. 19. En
la Doctrina térmica no se diagnostican enfermedades, no se dan remedios y
tampoco se cura", sino que el objetivo es normalizar las
funciones digestiva y eliminadoras del enfermo afiebrando su piel y
refrescando sus entrañas. El cuerpo se trata como un solo órgano, unidad
indivisible. 20.
Mi Doctrina térmica saca el problema de la salud del campo de la
Patología y de la Terapéutica y lo coloca en el terreno de las
temperaturas, de acuerdo con las revelaciones del iris de sus ojos. . |
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