Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos

 

PROYECTO DE PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL

 1.   Presentación

2.   Convicciones desde las que partimos

A.  Necesidad de hacer una lectura de la realidad desde el propio carisma

B.  Necesidad de dejarnos convertir por los jóvenes

C. Necesidad de expresar nuestros valores, recibidos como don, para la edificación de la Iglesia

D. Necesidad de avanzar en la fidelidad histórica al carisma

3.   Opciones básicas de nuestro proyecto

A. El carisma vocacional

B.  La espiritualidad eucarística

C. La vida de fraternidad (equipo)

D. El carácter sacerdotal

4.   Itinerario formativo

A. El estilo educativo

B.  La meta hacia la que tendemos

C. Las etapas

D. Las dimensiones formativas

E.  La metodología

5.   Los Agentes de pastoral juvenil (APJ)

 

1.   Presentación

La Dirección General de la Hermandad, al presentar ahora  este Proyecto de Pastoral Juvenil - Vocacional a los operarios, cumple el encargo que se le hizo en la Asamblea XVIII.

             En su elaboración hemos intentado tener en cuenta todos los criterios que en ella se señalaron y, a su vez, hemos tratado de implicar al mayor número posible de operarios de todas las Delegaciones, representados, generalmente, por los propios operarios delegados, los miembros de los diferentes equipos de pastoral, los encargados más directos de la pastoral de cada uno de los equipos y los responsables de los Institutos y Centros de Pastoral u Orientación Vocacional de la Hermandad.

             La Asamblea XVIII, en sus números nueve y diez, nos indicaba también el carácter propio del proyecto, que no sustituye a otros (nacionales o diocesanos), sino que aporta lo que por origen y carisma constituye lo distintivo de la Hermandad, contribuyendo así al enriquecimiento eclesial.

             No es nuestra intención ofrecer actividades espectaculares o modelos de pastoral definitivos ni infalibles. Y, mucho menos, sustituir las iniciativas que cada equipo, en su lugar y tras su análisis de la situación, debe tomar para llevar a cabo lo que la Asamblea recogía como una llamada a “revitalizar su segundo objetivo”

 2.   Convicciones desde las que partimos.

             Nos parece importante, en primer lugar,  señalar algunas de las convicciones que nos han movido y hemos ido descubriendo en el período de tiempo previo a la redacción definitiva de este proyecto.

             A. Necesidad de hacer una lectura de la realidad desde el propio carisma.

             Todo proyecto de actuación sobre una determinada realidad debe partir de un conocimiento de esa realidad. Para ese conocimiento son muy útiles los instrumentos que nos aportan los expertos (psicólogos, sociólogos, pedagogos... ), pero no es un conocimiento restringido sólo a los expertos.

             Para una institución religiosa, ese conocimiento supone la “lectura” que dicha institución hace desde su propio carisma, de esa realidad. De ahí que, en los datos y características que los estudios nos ofrecen como representativos de la realidad juvenil, la Hermandad deba descubrir lo que para ella constituyen retos y campos de actuación , por apelar de un modo especial a lo que consideramos como propio de la vida de la Hermandad. Esta es la lectura o “interpretación” que la Hermandad hace de esa realidad. No una interpretación desfiguradora de la realidad, sino una interpretación “desde” lo que la Hermandad es en la Iglesia y los servicios que en ella puede desempeñar.

             B.  Necesidad de dejarnos convertir por los jóvenes

             En este tipo de conocimiento, quien conoce no permanece el mismo tras conocer: la realidad siempre lo interpela e interroga. No es neutro receptáculo de datos. Ni indiferente espectador de la realidad. Esta realidad lo transforma. En cristiano, lo convierte.

             Se de verdad nuestra actuación pastoral quiere ser eficaz - según el Reino - debe comenzar precisamente por la conversión. Nos referimos aquí, sobre todo, a una conversión “institucional” - que comporta la personal - pues se trata de re-actualizar las exigencias de nuestro carisma, de revitalizar nuestro sentido de pertenencia, de re-encontrar la ilusión frente a nuevos retos y nuevos desafíos.

             Debemos, por tanto, como institución, dejarnos convertir por los jóvenes, dejarnos evangelizar por ellos. Para liberarnos de actitudes paternalistas, personalistas o autosuficientes. De este modo, ellos no serán sólo “objeto” de nuestra acción, sino también “sujetos agentes” de nuestra propia conversión y evangelización.

             Por ello pensamos que esto no queda reducido a los que explícitamente desarrollen tareas concretas con los jóvenes. No es un Proyecto para los operarios que trabajan con los jóvenes, sino un Proyecto para la Hermandad . Ni mucho menos puede ser un Proyecto que no afecte a tareas más específicas (por ejemplo el trabajo en los seminarios, en los institutos y centros de orientación vocacional, en las parroquias, en los colegios, en los templos de reparación...) pues desde todos los campos y tareas se debe “revitalizar” nuestro segundo objetivo. Debe ser tarea de toda la Hermandad para que sea tarea  “de” Hermandad.

                C. Necesidad de expresar los valores, recibidos como Don, para la edificación de la Iglesia

             Otra convicción que nos ha acompañado es la de no presentar sólo “tareas” que realizar. Al hablar de “objetivos” o fines de una institución se está hablando de los “valores” de esta institución: aquello que está en la base de un determinado instituto y que “justifica” su presencia en la Iglesia.

             Los valores de un grupo son la base de la identidad del grupo y un estímulo operativo y dinámico

             Por ello, la Pastoral juvenil-vocacional se nos ofrece, en este momento histórico y según deseo de la Asamblea XVIII, como espacio para expresar nuestro propio don para la edificación eclesial, algo que nos identifica personal y comunitariamente - como con identifica lo vocacional o lo eucarístico - y deberá servir de criterio para la asunción de tareas, para la formación de los aspirantes de la Hermandad, para la elaboración de planes o proyectos de los equipos, etc. Así es como un valor enmarca la actuación de un grupo tanto hacia dentro como h hacia fuera del grupo.

             Por eso pensamos que el objetivo de la Pastoral juvenil-vocacional debe entrar en los proyectos de los distintos equipos, en las líneas de actuación, revisión, sensibilización, según las modalidades y características de cada uno de ellos.

             D. Necesidad de avanzar en la fidelidad histórica al carisma

             Si se concibe así la Pastoral juvenil-vocacional de la Hermandad, no será una adaptación, más o menos oportunista, a un momento. Lo que primará será el contenido teológico del compromiso: la exigencia descubierta de un carisma siempre atento al servicio eclesial del Reino en las condiciones históricas, sociales y culturales de un determinado tiempo histórico, y a las necesidades que ese tiempo nos manifiesta.

             No será, pues, una moda más o menos pasajera, sino un  avance en la fidelidad histórica al carisma fundacional y a su realización en la historia.

             Debemos, pues, afrontar este nuevo reto como un ejercicio de fidelidad, en el que tanto tienen que enseñarnos nuestros mayores, y con espíritu disponible para los nuevos compromisos que tal fidelidad nos exija

 3. Opciones básicas de nuestro proyecto

             Las condiciones de nuestro tiempo, la llamada de la Iglesia y las decisiones de nuestras Asambleas nos reclaman este empeño en la pastoral juvenil-vocacional.

             Estamos convencidos de que, en el espíritu de la Hermandad, podemos encontrar elementos sumamente valiosos que pueden constituir “opciones básicas” para una pastoral juvenil-vocacional específica de la Hermandad.

             A. El carisma vocacional

             La primera opción básica es nuestro carisma vocacional. La dimensión vocacional se reconoce hoy por todos como un componente indispensable de toda pastoral y, en concreto, de la pastoral juvenil.

             Por ello, en la Hermandad no hay dicotomía posible entre pastoral juvenil y pastoral vocacional. Aparte de los momentos concretos del planteamiento vocacional en el proceso de identificación cristiana del joven, ya desde el principio, y como objetivo, lo vocacional impregna nuestra pastoral juvenil.

             Al mismo tiempo, quienes se dedican más directamente a la pastoral vocacional con los jóvenes pueden encontrar en un Proyecto de pastoral juvenil los instrumentos para que aquella sea más adecuada y acorde con el proceso de crecimiento en la fe del joven.

             B.  La espiritualidad eucarística

             Otro elemento que especifica nuestra pastoral juvenil-vocacional es la espiritualidad eucarística, no entendida sólo en su aspecto cultual, sino como dimensión cristocéntrica de nuestra vida y tareas. Posos elementos tan atractivos hoy para el joven como la presentación de la figura de Jesús. El misterio de la encarnación y su presencia hasta el fin de los tiempos hará de nuestra pastoral juvenil-vocacional algo vivo y concreto “encarnado”, lejos de abstracciones teóricas o espiritualidades huidizas.

             La Eucaristía - verdadera parábola del Reino - fiesta de liberación y encuentro de la nueva familia de Dios, revela el sentido que Jesús - con sus palabras sobre el pan y el vino - quiso dar a su vida y a su muerte. Por eso todo compromiso cristiano nace de la Eucaristía y en ella debemos hacer encontrar al joven la fuente de su entrega al servicio de los demás, superando el individualismo y un proyecto de vida centrado en sus intereses y expectativas.

             La Eucaristía, misterio donde la iglesia se realiza y se encuentra, marcará también la dimensión eclesial de nuestra pastoral juvenil-vocacional en el reconocimiento de Jesús y del hermano “en la fracción del pan”.

             C. La vida de fraternidad

             No menos importante es nuestra vida en equipo como realización concreta de la fraternidad que hoy la Iglesia debe presentar a los jóvenes como testimonio de vida.

             Vivir “juntos” - en la oración, en la escucha de la Palabra, en el trabajo - puede ser un elemento maravilloso para superar esa privatización y subjetivización de la fe a la que parece ser proclive el joven de hoy, sobre todo si no encuentra espacios comunitarios de vivencia compartida de la fe.

             D. El carácter sacerdotal

             El carácter sacerdotal de nuestro instituto determina una actividad apostólica, también con los jóvenes, basada en la caridad pastoral, concretizada en el acompañamiento personal al joven; centrada también en la evangelización, urgida hoy especialmente por la Iglesia, en la que la Palabra de Dios, como experiencia privilegiada del encuentro hombre - Dios, ocupe un puesto fundamental; y comprometida en el anuncio profético del Reino como posibilidad de “hacer nuevas todas las cosas” frente al desencanto y aburguesamiento que la sociedad de hoy puede motivar en el joven.

             Por todo esto, afrontar hoy el reto de la pastoral juvenil-vocacional debe ser ocasión para “revitalizar” también nuestro carisma vocacional, nuestra espiritualidad eucarística, nuestra vida de equipo, nuestro ser ministerial. No podemos ofrecer lo que no vivimos, ni convencer de lo que no estamos convencidos.

             Esta es la razón de que no pongamos tanto el acento en tareas o actividades cuanto en lo que es previo a éstas: la renovación y revitalización de nuestro espíritu de Hermandad y de nuestras ilusiones personales en la esperanza de que el Espíritu hará fructificar cuanto nosotros sembremos.

 4.   El itinerario formativo

             El itinerario que habrán de recorrer los jóvenes que participen en nuestro proyecto evangelizador se concibe como un proceso continuo de crecimiento que, partiendo de la situación real y concreta del propio joven, se orienta, a través de diversas etapas, hacia su madurez en la fe (integración fe-vida).

             Su duración vendrá determinada por la superación de los objetivos mínimos de cada una de las etapas.

             Indicamos, a continuación, cual va a ser el estilo educativo que lo caracterice, la meta que persigue, las etapas y sus dimensiones formativas y, por último, la metodología que vamos a utilizar.

             A. El estilo educativo

             Ante la diversidad de ofertas “del sentido de la vida” que el joven recibe y que, en la mayoría de los casos, responden a concepciones del hombre, de la vida, del mundo y de la misma sociedad bien diferentes, es necesario, para no engañarse ni engañarles, definir claramente cuál es la identidad de nuestra propuesta.

             Y de esta forma hacer público también nuestro compromiso de servicio a la juventud y a la Iglesia.

             El estilo educativo del proyecto evangelizador que proponemos viene caracterizado por los siguientes rasgos:

·      Se acerca al joven concreto allí donde se encuentra, lo acepta y lo quiere tal como es, reconociendo su propia dignidad y sus múltiples valores.

·      Presenta a Jesucristo, modelo de plenitud, que da sentido a la vida de todo joven y a sus propias aspiraciones.

·      Invita a seguirle junto a otros jóvenes, ofreciéndoles el grupo como ámbito privilegiado para madurar en la fe.

·      Propone un itinerario formativo, por etapas, que parte de las necesidades reales que el joven tiene y respeta su propio ritmo de crecimiento

·      Posibilita una formación integral que abarca todas las dimensiones formativas y constitutivas de la persona (personalización,  comunitaria, educación de la fe, social)

·      Acompaña individualmente y en grupo el proceso de madurez

·      Propugna que sean los jóvenes los propios protagonistas, sujetos agentes de su propia formación y maduración de la fe

·      Potencia la participación y la corresponsabilidad de los jóvenes en el grupo, en la comunidad eclesial

·      Favorece la inculturación, teniendo en cuenta su propia geografía, historia, cultura y tradiciones

·      Integra en la pastoral juvenil la dimensión vocacional, haciendo explícitos y desarrollando los elementos vocacionales que en sí ya existen en todo proceso de pastoral juvenil:

·      Educa para una Iglesia toda ella carismática y ministerial, en la que el joven descubra su vocación y misión desde la comunión

·      Sensibiliza al joven para que descubra la llamada de Dios en las necesidades que el hombre y la sociedad de hoy tienen planteadas

·      Ayuda a discernir la vocación a lo largo de todo el proceso de formación

·      Orienta la diversidad de funciones en la unidad de la misión

             B.  La meta hacia la que tendemos

             Pretendemos, por medio de un proceso de formación integral y participación grupal, ayudar a los jóvenes a descubrir, interiorizar y comprometerse con Jesucristo y su mensaje para que , orientando su vida desde la fe, lleguen a realizar su vocación - misión, construyendo la civilización del amor.

              C. Las etapas

 a)   Etapa de convocatoria: “llamados a vivir en plenitud y convocados  a crecer en grupo”

             La finalidad de esta etapa consiste en convocar a los jóvenes e invitarles a crecer por medio de un grupo organizado, de forma que el joven descubra el valor de su propia vida y ésta vivida con otros jóvenes (llamados al grupo).

             Algunas de las especificaciones que se derivan:

·      Conocer a los compañeros para crear lazos de amistad

·      Identificar los valores y exigencias de la vida en grupo

·      Asumir pequeñas tareas y expresarse para sentirse partícipe del grupo

·      Organizarse participativamente como grupo

·      Evaluar la experiencia realizada para decidirse a continuar en el grupo

·      Celebrar el paso a la siguiente etapa

 b)  Etapa de iniciación cristiana

             En esta etapa, por razones metodológicas, establecemos tres pasos:

            ·      1er paso: “Llamados a ser personas y a participar del proyecto de Dios”

             El fin que se persigue es que el joven se descubra y se acepte a sí mismo y al mundo que le rodea, experimente la dignidad de ser persona y sus propias capacidades como don de Dios y se sienta llamado también a participar del proyecto de Dios.

             Algunas de las especificaciones que se derivan:

·        Profundizar en el conocimiento como persona en relación: consigo misma, con los otros, con su medio y con Dios

·        Evaluar las relaciones con su medio: familia, grupo, escuela, trabajo, naturaleza, tiempo libre

·        Ejercitar el compartir los valores personales y los del grupo

·        Descubrir a Jesús, experimentándolo como amigo presente en ese medio

·        Desarrollar la capacidad de organización y participación en las actividades del grupo, asumiendo pequeñas tareas, colocando sus capacidades al servicio de los demás

·        Despertar al joven para desarrollar una conciencia crítica de la realidad (el mundo del trabajo)

             ·      2do paso: “Llamados a integrarse en la comunidad eclesial y a colaborar con Dios”

             El fin que se persigue es que el joven llegue a descubrir y responder a los desafíos de la realidad que rodea al grupo y generar un sentido de  pertenencia en la comunidad eclesial de tal forma que se sienta llamado a colaborar con Dios, a participar de la comunidad creyente, a responder a las situaciones de necesidad en que el pueblo vive.

Algunas de las especificaciones que se derivan:

·        Ejercitar la capacidad de observación para descubrir la comunidad y en ella actuar

·        Desarrollar el interés por una visión crítica y real de los problemas sociales

·        Tener a Jesús como modelo de vida para seguirlo en el servicio a los otros

·        Capacitar al joven para ejercer funciones de animador de comunidades

             ·      3er paso: “Llamados a vivir y compartir la fe.

            El fin que se persigue es que el joven, viviendo la fe personal y comunitaria, se plantee el sentido trascendente de la vida y descubra a Jesucristo como absoluto de la vida

Algunas de las especificaciones que se derivan:

·        Asumir a Cristo como Señor de la historia, libertador de la persona y de la comunidad

·        Construir la vida apoyándola en los valores del Reino, como superación de los antivalores  de la sociedad: consumismo,placer, poder, prestigio, etc.

·        Analizar críticamente la realidad mundial

·        Encarnarse en su medio específico (estudiantes, trabajadores, marginados...) a través de un compromiso transformador

·        Desarrollar en la práctica su potencial creativo

·        Hacer de la liturgia(celebración) momento fuerte de integración para celebrar y revisar la práctica personal, grupal y comunitaria

c)   Etapa de compromiso cristiano: “Llamados a hacer visible el Reino desde una vocación específica”

            El fin que se persigue es integrar las etapas anteriores en un compromiso permanente, favorecer el sentido cristiano de las profesiones, el ser agentes transformadores de la sociedad, el hacer opción por un estado de vida (laico, religioso/a, presbítero) iniciando el proceso de formación y maduración adecuado a la opción escogida

Algunas de las especificaciones que se derivan:

·        Fundamentar la acción a partir de la vida y del Evangelio y celebrarla en el misterio pascual

·        Vivir en coherencia, transformando la realidad a través de mi propia opción

·        Acompañar y orientar a los jóvenes en su vocación específica a través de los cauces más adecuados para la formación y maduración: diálogo personal, encuentros, celebraciones, comunidades de vida, noviciados, seminarios

D. Dimensiones formativas

             Para lograr una formación integral del joven, se deberían contemplar, en cada etapa, las siguientes dimensiones:

a)   Personalización: “Llamados por nuestro propio nombre”

             corresponde a la dimensión psicoafectiva. Se trata de la constante búsqueda de respuesta a la pregunta - no especulativa, sino existencial - ¿Quién soy yo?

            Se trata del esfuerzo por hacerse persona. Este proceso de personalización incluye:

·      El autoconocimiento

·      La autocrítica

·      La autovaloración

·      La autorealización

·      La autotrascendencia

La relación familiar, la búsqueda de amistad, la sexualidad, el descubrimiento de la vida... son cuestiones directamente relacionadas con el proceso de personalización.

             b)  Comunitaria: “Convocados a ser jóvenes con otros jóvenes”

             Corresponde a la dimensión psico-social. Es la capacidad de descubrir al otro - en cristiano, a un hermano - al que queremos conocer y con el que deseamos comunicarnos y establecer una relación profunda

En el caso de la pastoral juvenil - vocacional, que opta por el grupo como instrumento pedagógico principal, el proceso de integración es antes que nada el proceso que lleva a la cohesión grupal. La dinámica de integración pretende pasar del simple encuentro o reunión al grupo  y de éste a la comunidad

             c)   Educación de la fe: “Llamados al seguimiento de Cristo”

             Corresponde a la dimensión espiritual (mística). Es el proceso de educación en la fe. Consiste en ayudar al joven a experimentar e interiorizar a Dios como Absoluto de la vida y de la historia, que se revela y salva en Jesucristo; vivir la propuesta y sus valores como opción personal expresada en la adhesión de vida a una comunidad eclesial y en el servicio liberador a los hermanos.

             En nuestro caso el proceso comprende:

·        Preparar el terreno creando condiciones para la acogida del mensaje salvífico

·        Anuncio de Jesucristo y la explicitación de este contenido mediante una catequesis adecuada que lleve a descubrir a Jesucristo, la Iglesia y el hombre

·        Iniciación a la comunidad de fe. Se trata de profundizar, manifestar y celebrar comunitariamente la primera conversión de modo más maduro y participativo. El joven manifiesta que es Iglesia y madura el sentimiento de serlo en tres campos: catequético, litúrgico y profético.

·        Opción de vida: iniciada progresivamente, especialmente en la etapa anterior, expresa la plena inserción en la Iglesia y el servicio a la comunidad y al mundo como fruto de una búsqueda de la voluntad del Padre al estilo de Jesús. Es un proceso de discernimiento vocacional.  Este compromiso se vivencia a través del ministerio ordenado, la vida consagrada o la vocación laical

 d)  Social: “Convocados a crear la civilización del amor”

             corresponde a la dimensión socio - política. Quiere responder a las preguntas: ¿dónde estoy? ¿qué hago aquí? Se trata de ayudar al joven a descubrir el mundo en el que vive y su propio lugar en él como sujeto de la historia, y a transformarlo de acuerdo a los valores del Reino. Incluye fomentar el sentido crítico y la capacidad de analizar la realidad; el conocimiento de las diversas ideologías y de la doctrina social de la Iglesia, y ayudar al joven a integrar el compromiso socio - político en su propia experiencia de fe.

             La dimensión social se daría a través de los siguientes pasos:

·        Sensibilización: ponerse en contacto con la realidad

·        Análisis de la situación: conocer la realidad e interpretarla; toma de postura e implicación en esa realidad conocida

·        Organización - actuación: formar parte de las estructuras de cambio; crear alternativas articuladas en dichas estructuras

             E.  Metodología

            Evangelizar a los jóvenes, en la práctica, supone encontrar una metodología adecuada que posibilite, por una parte, anunciar con fidelidad - y en toda su radicalidad - el mensaje de salvación y, por otra, permita que dicho mensaje se actualice como respuesta a las aspiraciones de los propios jóvenes.

Esta metodología implica partir de la realidad concreta que vive el joven, de sus intereses e inquietudes, de su propia experiencia de vida... para que, iluminada por el Evangelio como una propuesta que da sentido y transforma su existencia, llegue a integrar la fe y la vida.

Tendría que ser, además, eminentemente activa, creativa, participativa y estimuladora de la riqueza personal que cada joven trae consigo si queremos que llegue a ser significativa.

Y, puesto que se ha optado pro el grupo (comunidad) juvenil como el ámbito propicio para que el joven madure en la fe y crezca personal y socialmente, conviene que los responsables que acompañen el proceso de cada grupo tengan en cuenta lo importante que resulta:

·      Acertar en la selección de los temas que más les interesan, que sean más relevantes o significativos para ellos

·      Formular los objetivos de forma clara y precisa, que sean alcanzables en cada sesión de trabajo y expliciten la dimensión evangelizadora que se persigue

·      Centrar el interés del grupo y despertar interrogantes sobre los que se va a trabajar

·      Posibilitar que todos los participantes pongan en común su propia experiencia personal sobre el tema o trabajo que se está realizando. Esto aseguraría también el que la formación fuese significativa

·      Lograr que los jóvenes puedan comprender mejor lo que viven y descubran a que se debe

·      Escuchar la Palabra de Dios que desvela, interpreta y consolida todas las búsquedas presentes en las experiencias de vida y que sólo Él es capaz de colmar

·      Experimentar la acción salvadora de Dios que les ayuda a crecer y a descubrir un nuevo sentido a la vida

·      Celebrar como grupo la fe

5.   Los agentes de pastoral juvenil (APJ)

            Son aquellas personas - jóvenes o adultas - que, por vocación, han sido enviadas a evangelizar a los jóvenes.

             Teniendo en cuenta la tarea que se les confíe, podemos distinguir dos tipos de agentes:

·      Los animadores o monitores: son personas - normalmente jóvenes - que ya realizaron el proceso y se sienten llamados a ejercer su compromiso cristiano acompañando a otros jóvenes en su proceso de madurez humano - cristiana

·      Los asesores o coordinadores: son personas - normalmente adultas: sacerdotes, religiosos o religiosas,  seglares comprometidos - con una experiencia profunda de fe y de Iglesia que acompañan, orientan, forman a los propios animadores o monitores, les proporcionan materiales, reconducen el grupo a la meta que se quería alcanzar...

·      Esta delicada e importante tarea requiere la destreza de personas cualificadas humana, espiritual y técnicamente. De ahí la importancia que tiene el cuidar que su capacitación sea adecuada y permanente.

·      Esta formación, para que sea completa, debe contemplar:

·      El “ser” (identidad propia del APJ)

·      El “saber” (formación básica y específica del APJ)

·      El “saber hacer” (capacitación pedagógica y técnica del APJ)

 

  

 

 

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