Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos
PROYECTO
DE PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL
1.
Presentación
2.
Convicciones desde
las que partimos
A.
Necesidad de hacer una lectura de la realidad desde el propio carisma
B.
Necesidad de dejarnos convertir por los jóvenes
C. Necesidad
de expresar nuestros valores, recibidos como don, para la edificación de la
Iglesia
D. Necesidad
de avanzar en la fidelidad histórica al carisma
3.
Opciones básicas de
nuestro proyecto
A. El
carisma vocacional
B. La
espiritualidad eucarística
C. La
vida de fraternidad (equipo)
D. El
carácter sacerdotal
4.
Itinerario formativo
A. El
estilo educativo
B. La
meta hacia la que tendemos
C. Las
etapas
D. Las
dimensiones formativas
E. La
metodología
5.
Los Agentes de
pastoral juvenil (APJ)
1.
Presentación
La
Dirección General de la Hermandad, al presentar ahora
este Proyecto de Pastoral Juvenil - Vocacional a los operarios, cumple el
encargo que se le hizo en la Asamblea XVIII.
En su elaboración hemos intentado tener en cuenta todos los criterios
que en ella se señalaron y, a su vez, hemos tratado de implicar al mayor número
posible de operarios de todas las Delegaciones, representados, generalmente, por
los propios operarios delegados, los miembros de los diferentes equipos de
pastoral, los encargados más directos de la pastoral de cada uno de los equipos
y los responsables de los Institutos y Centros de Pastoral u Orientación
Vocacional de la Hermandad.
La Asamblea XVIII, en sus números nueve y diez, nos indicaba también el
carácter propio del proyecto, que no sustituye a otros (nacionales o
diocesanos), sino que aporta lo que por origen y carisma constituye lo
distintivo de la Hermandad, contribuyendo así al enriquecimiento eclesial.
No es nuestra intención ofrecer actividades espectaculares o modelos de
pastoral definitivos ni infalibles. Y, mucho menos, sustituir las iniciativas
que cada equipo, en su lugar y tras su análisis de la situación, debe tomar
para llevar a cabo lo que la Asamblea recogía como una llamada a “revitalizar
su segundo objetivo”
2.
Convicciones desde las que
partimos.
Nos parece importante, en primer lugar,
señalar algunas de las convicciones que nos han movido y hemos ido
descubriendo en el período de tiempo previo a la redacción definitiva de este
proyecto.
A. Necesidad
de hacer una lectura de la realidad desde el propio carisma.
Todo proyecto de actuación sobre una determinada realidad debe partir de
un conocimiento de esa realidad. Para ese conocimiento son muy útiles los
instrumentos que nos aportan los expertos (psicólogos, sociólogos,
pedagogos... ), pero no es un conocimiento restringido sólo a los expertos.
Para una institución religiosa, ese conocimiento supone la “lectura”
que dicha institución hace desde su propio carisma, de esa realidad. De ahí
que, en los datos y características que los estudios nos ofrecen como
representativos de la realidad juvenil, la Hermandad deba descubrir lo que para
ella constituyen retos y campos de actuación , por apelar de un modo especial a
lo que consideramos como propio de la vida de la Hermandad. Esta es la lectura o
“interpretación” que la Hermandad hace de esa realidad. No una interpretación
desfiguradora de la realidad, sino una interpretación “desde” lo que la
Hermandad es en la Iglesia y los servicios que en ella puede desempeñar.
B. Necesidad
de dejarnos convertir por los jóvenes
En este tipo de conocimiento, quien conoce no permanece el mismo tras
conocer: la realidad siempre lo interpela e interroga. No es neutro receptáculo
de datos. Ni indiferente espectador de la realidad. Esta realidad lo transforma.
En cristiano, lo convierte.
Se de verdad nuestra actuación pastoral quiere ser eficaz - según el
Reino - debe comenzar precisamente por la conversión. Nos referimos aquí,
sobre todo, a una conversión “institucional” - que comporta la personal -
pues se trata de re-actualizar las exigencias de nuestro carisma, de revitalizar
nuestro sentido de pertenencia, de re-encontrar la ilusión frente a nuevos
retos y nuevos desafíos.
Debemos, por tanto, como institución, dejarnos convertir por los jóvenes,
dejarnos evangelizar por ellos. Para liberarnos de actitudes paternalistas,
personalistas o autosuficientes. De este modo, ellos no serán sólo
“objeto” de nuestra acción, sino también “sujetos agentes” de nuestra
propia conversión y evangelización.
Por ello pensamos que esto no queda reducido a los que explícitamente
desarrollen tareas concretas con los jóvenes. No es un Proyecto para los
operarios que trabajan con los jóvenes, sino un Proyecto para la Hermandad . Ni
mucho menos puede ser un Proyecto que no afecte a tareas más específicas (por
ejemplo el trabajo en los seminarios, en los institutos y centros de orientación
vocacional, en las parroquias, en los colegios, en los templos de reparación...)
pues desde todos los campos y tareas se debe “revitalizar” nuestro segundo
objetivo. Debe ser tarea de toda la Hermandad para que sea tarea
“de” Hermandad.
C. Necesidad
de expresar los valores, recibidos como Don, para la edificación de la Iglesia
Otra convicción que nos ha acompañado es la de no presentar sólo
“tareas” que realizar. Al hablar de “objetivos” o fines de una institución
se está hablando de los “valores” de esta institución: aquello que está
en la base de un determinado instituto y que “justifica” su presencia en la
Iglesia.
Los valores de un grupo son la base de la identidad del grupo y un estímulo
operativo y dinámico
Por ello, la Pastoral juvenil-vocacional se nos ofrece, en este momento
histórico y según deseo de la Asamblea XVIII, como espacio para expresar
nuestro propio don para la edificación eclesial, algo que nos identifica
personal y comunitariamente - como con identifica lo vocacional o lo eucarístico
- y deberá servir de criterio para la asunción de tareas, para la formación
de los aspirantes de la Hermandad, para la elaboración de planes o proyectos de
los equipos, etc. Así es como un valor enmarca la actuación de un grupo tanto
hacia dentro como h hacia fuera del grupo.
Por eso pensamos que el objetivo de la Pastoral juvenil-vocacional debe
entrar en los proyectos de los distintos equipos, en las líneas de actuación,
revisión, sensibilización, según las modalidades y características de cada
uno de ellos.
D. Necesidad
de avanzar en la fidelidad histórica al carisma
Si se concibe así la Pastoral juvenil-vocacional de la Hermandad, no será
una adaptación, más o menos oportunista, a un momento. Lo que primará será
el contenido teológico del compromiso: la exigencia descubierta de un carisma
siempre atento al servicio eclesial del Reino en las condiciones históricas,
sociales y culturales de un determinado tiempo histórico, y a las necesidades
que ese tiempo nos manifiesta.
No será, pues, una moda más o
menos pasajera, sino un avance en
la fidelidad histórica al carisma fundacional y a su realización en la
historia.
Debemos, pues, afrontar este
nuevo reto como un ejercicio de fidelidad, en el que tanto tienen que enseñarnos
nuestros mayores, y con espíritu disponible para los nuevos compromisos que tal
fidelidad nos exija
3. Opciones básicas de nuestro proyecto
Las condiciones de nuestro tiempo, la llamada de la Iglesia y las
decisiones de nuestras Asambleas nos reclaman este empeño en la pastoral
juvenil-vocacional.
Estamos convencidos de que, en el espíritu de la Hermandad, podemos
encontrar elementos sumamente valiosos que pueden constituir “opciones básicas”
para una pastoral juvenil-vocacional específica de la Hermandad.
A. El
carisma vocacional
La primera opción básica es nuestro carisma vocacional. La dimensión
vocacional se reconoce hoy por todos como un componente indispensable de toda
pastoral y, en concreto, de la pastoral juvenil.
Por ello, en la Hermandad no hay dicotomía posible entre pastoral
juvenil y pastoral vocacional. Aparte de los momentos concretos del
planteamiento vocacional en el proceso de identificación cristiana del joven,
ya desde el principio, y como objetivo, lo vocacional impregna nuestra pastoral
juvenil.
Al mismo tiempo, quienes se dedican más directamente a la pastoral
vocacional con los jóvenes pueden encontrar en un Proyecto de pastoral juvenil
los instrumentos para que aquella sea más adecuada y acorde con el proceso de
crecimiento en la fe del joven.
B. La
espiritualidad eucarística
Otro elemento que especifica nuestra pastoral juvenil-vocacional es la
espiritualidad eucarística, no entendida sólo en su aspecto cultual, sino como
dimensión cristocéntrica de nuestra vida y tareas. Posos elementos tan
atractivos hoy para el joven como la presentación de la figura de Jesús. El
misterio de la encarnación y su presencia hasta el fin de los tiempos hará de
nuestra pastoral juvenil-vocacional algo vivo y concreto “encarnado”, lejos
de abstracciones teóricas o espiritualidades huidizas.
La Eucaristía - verdadera parábola del Reino - fiesta de liberación y
encuentro de la nueva familia de Dios, revela el sentido que Jesús - con sus
palabras sobre el pan y el vino - quiso dar a su vida y a su muerte. Por eso
todo compromiso cristiano nace de la Eucaristía y en ella debemos hacer
encontrar al joven la fuente de su entrega al servicio de los demás, superando
el individualismo y un proyecto de vida centrado en sus intereses y
expectativas.
La Eucaristía, misterio donde la iglesia se realiza y se encuentra,
marcará también la dimensión eclesial de nuestra pastoral juvenil-vocacional
en el reconocimiento de Jesús y del hermano “en la fracción del pan”.
C. La
vida de fraternidad
No menos importante es nuestra vida en equipo como realización concreta
de la fraternidad que hoy la Iglesia debe presentar a los jóvenes como
testimonio de vida.
Vivir “juntos” - en la oración, en la escucha de la Palabra, en el
trabajo - puede ser un elemento maravilloso para superar esa privatización y
subjetivización de la fe a la que parece ser proclive el joven de hoy, sobre
todo si no encuentra espacios comunitarios de vivencia compartida de la fe.
D. El
carácter sacerdotal
El carácter sacerdotal de nuestro instituto determina una actividad
apostólica, también con los jóvenes, basada en la caridad pastoral,
concretizada en el acompañamiento personal al joven; centrada también en la
evangelización, urgida hoy especialmente por la Iglesia, en la que la Palabra
de Dios, como experiencia privilegiada del encuentro hombre - Dios, ocupe un
puesto fundamental; y comprometida en el anuncio profético del Reino como
posibilidad de “hacer nuevas todas las cosas” frente al desencanto y
aburguesamiento que la sociedad de hoy puede motivar en el joven.
Por todo esto, afrontar hoy el reto de la pastoral juvenil-vocacional
debe ser ocasión para “revitalizar” también nuestro carisma vocacional,
nuestra espiritualidad eucarística, nuestra vida de equipo, nuestro ser
ministerial. No podemos ofrecer lo que no vivimos, ni convencer de lo que no
estamos convencidos.
Esta es la razón de que no pongamos tanto el acento en tareas o
actividades cuanto en lo que es previo a éstas: la renovación y revitalización
de nuestro espíritu de Hermandad y de nuestras ilusiones personales en la
esperanza de que el Espíritu hará fructificar cuanto nosotros sembremos.
4.
El itinerario formativo
El itinerario que habrán de recorrer los jóvenes que participen en
nuestro proyecto evangelizador se concibe como un proceso continuo de
crecimiento que, partiendo de la situación real y concreta del propio joven, se
orienta, a través de diversas etapas, hacia su madurez en la fe (integración
fe-vida).
Su duración vendrá determinada por la superación de los objetivos mínimos
de cada una de las etapas.
Indicamos, a continuación, cual va a ser el estilo educativo que lo
caracterice, la meta que persigue, las etapas y sus dimensiones formativas y,
por último, la metodología que vamos a utilizar.
A. El
estilo educativo
Ante la diversidad de ofertas “del sentido de la vida” que el joven
recibe y que, en la mayoría de los casos, responden a concepciones del hombre,
de la vida, del mundo y de la misma sociedad bien diferentes, es necesario, para
no engañarse ni engañarles, definir claramente cuál es la identidad de
nuestra propuesta.
Y de esta forma hacer público también nuestro compromiso de servicio a
la juventud y a la Iglesia.
El estilo educativo del proyecto evangelizador que proponemos viene
caracterizado por los siguientes rasgos:
·
Se acerca al
joven concreto allí donde se encuentra, lo acepta y lo quiere tal como es,
reconociendo su propia dignidad y sus múltiples valores.
·
Presenta a
Jesucristo, modelo de plenitud, que da sentido a la vida de todo joven y a sus
propias aspiraciones.
·
Invita a
seguirle junto a otros jóvenes, ofreciéndoles el grupo como ámbito
privilegiado para madurar en la fe.
·
Propone un
itinerario formativo, por etapas, que parte de las necesidades reales que el
joven tiene y respeta su propio ritmo de crecimiento
·
Posibilita
una formación integral que abarca todas las dimensiones formativas y
constitutivas de la persona (personalización,
comunitaria, educación de la fe, social)
·
Acompaña
individualmente y en grupo el proceso de madurez
·
Propugna que
sean los jóvenes los propios protagonistas, sujetos agentes de su propia
formación y maduración de la fe
·
Potencia la
participación y la corresponsabilidad de los jóvenes en el grupo, en la
comunidad eclesial
·
Favorece la
inculturación, teniendo en cuenta su propia geografía, historia, cultura y
tradiciones
·
Integra en la
pastoral juvenil la dimensión vocacional, haciendo explícitos y desarrollando
los elementos vocacionales que en sí ya existen en todo proceso de pastoral
juvenil:
·
Educa para
una Iglesia toda ella carismática y ministerial, en la que el joven descubra su
vocación y misión desde la comunión
·
Sensibiliza
al joven para que descubra la llamada de Dios en las necesidades que el hombre y
la sociedad de hoy tienen planteadas
·
Ayuda a
discernir la vocación a lo largo de todo el proceso de formación
·
Orienta la
diversidad de funciones en la unidad de la misión
B. La
meta hacia la que tendemos
Pretendemos, por medio de un proceso de formación integral y participación
grupal, ayudar a los jóvenes a descubrir, interiorizar y comprometerse con
Jesucristo y su mensaje para que , orientando su vida desde la fe, lleguen a
realizar su vocación - misión, construyendo la civilización del amor.
C. Las
etapas
a)
Etapa
de convocatoria: “llamados a vivir en plenitud y convocados
a crecer en grupo”
La finalidad de esta etapa consiste en convocar a los jóvenes e
invitarles a crecer por medio de un grupo organizado, de forma que el joven
descubra el valor de su propia vida y ésta vivida con otros jóvenes (llamados
al grupo).
Algunas de las especificaciones que se derivan:
·
Conocer a los
compañeros para crear lazos de amistad
·
Identificar
los valores y exigencias de la vida en grupo
·
Asumir pequeñas
tareas y expresarse para sentirse partícipe del grupo
·
Organizarse
participativamente como grupo
·
Evaluar la
experiencia realizada para decidirse a continuar en el grupo
·
Celebrar el
paso a la siguiente etapa
b)
Etapa
de iniciación cristiana
En esta etapa, por razones metodológicas, establecemos tres pasos:
·
1er paso:
“Llamados a ser personas y a participar del proyecto de Dios”
El fin que se persigue es que
el joven se descubra y se acepte a sí mismo y al mundo que le rodea,
experimente la dignidad de ser persona y sus propias capacidades como don de
Dios y se sienta llamado también a participar del proyecto de Dios.
Algunas de las especificaciones
que se derivan:
·
Profundizar
en el conocimiento como persona en relación: consigo misma, con los otros, con
su medio y con Dios
·
Evaluar las
relaciones con su medio: familia, grupo, escuela, trabajo, naturaleza, tiempo
libre
·
Ejercitar el
compartir los valores personales y los del grupo
·
Descubrir a
Jesús, experimentándolo como amigo presente en ese medio
·
Desarrollar
la capacidad de organización y participación en las actividades del grupo,
asumiendo pequeñas tareas, colocando sus capacidades al servicio de los demás
·
Despertar al
joven para desarrollar una conciencia crítica de la realidad (el mundo del
trabajo)
·
2do paso:
“Llamados a integrarse en la comunidad eclesial y a colaborar con Dios”
El fin que se persigue es que
el joven llegue a descubrir y responder a los desafíos de la realidad que rodea
al grupo y generar un sentido de pertenencia
en la comunidad eclesial de tal forma que se sienta llamado a colaborar con
Dios, a participar de la comunidad creyente, a responder a las situaciones de
necesidad en que el pueblo vive.
Algunas
de las especificaciones que se derivan:
·
Ejercitar la
capacidad de observación para descubrir la comunidad y en ella actuar
·
Desarrollar
el interés por una visión crítica y real de los problemas sociales
·
Tener a Jesús
como modelo de vida para seguirlo en el servicio a los otros
·
Capacitar al
joven para ejercer funciones de animador de comunidades
· 3er paso: “Llamados a vivir y compartir la fe.
El fin que se
persigue es que el joven, viviendo la fe personal y comunitaria, se plantee el
sentido trascendente de la vida y descubra a Jesucristo como absoluto de la vida
Algunas de las
especificaciones que se derivan:
·
Asumir a
Cristo como Señor de la historia, libertador de la persona y de la comunidad
·
Construir la
vida apoyándola en los valores del Reino, como superación de los antivalores
de la sociedad: consumismo,placer, poder, prestigio, etc.
·
Analizar críticamente
la realidad mundial
·
Encarnarse en
su medio específico (estudiantes, trabajadores, marginados...) a través de un
compromiso transformador
·
Desarrollar
en la práctica su potencial creativo
·
Hacer de la
liturgia(celebración) momento fuerte de integración para celebrar y revisar la
práctica personal, grupal y comunitaria
c)
Etapa
de compromiso cristiano: “Llamados a hacer visible el Reino desde una vocación
específica”
El
fin que se persigue es integrar las etapas anteriores en un compromiso
permanente, favorecer el sentido cristiano de las profesiones, el ser agentes
transformadores de la sociedad, el hacer opción por un estado de vida (laico,
religioso/a, presbítero) iniciando el proceso de formación y maduración
adecuado a la opción escogida
Algunas de las
especificaciones que se derivan:
·
Fundamentar
la acción a partir de la vida y del Evangelio y celebrarla en el misterio
pascual
·
Vivir en
coherencia, transformando la realidad a través de mi propia opción
·
Acompañar y
orientar a los jóvenes en su vocación específica a través de los cauces más
adecuados para la formación y maduración: diálogo personal, encuentros,
celebraciones, comunidades de vida, noviciados, seminarios
D.
Dimensiones formativas
Para lograr una formación integral del joven, se deberían contemplar,
en cada etapa, las siguientes dimensiones:
a)
Personalización:
“Llamados por nuestro propio nombre”
corresponde a la dimensión psicoafectiva. Se trata de la constante búsqueda
de respuesta a la pregunta - no especulativa, sino existencial - ¿Quién soy
yo?
Se trata del esfuerzo por hacerse persona. Este proceso de personalización
incluye:
·
El
autoconocimiento
·
La autocrítica
·
La
autovaloración
·
La
autorealización
·
La
autotrascendencia
La
relación familiar, la búsqueda de amistad, la sexualidad, el descubrimiento de
la vida... son cuestiones directamente relacionadas con el proceso de
personalización.
b) Comunitaria:
“Convocados a ser jóvenes con otros jóvenes”
Corresponde a la dimensión psico-social. Es la capacidad de descubrir al
otro - en cristiano, a un hermano - al que queremos conocer y con el que
deseamos comunicarnos y establecer una relación profunda
En
el caso de la pastoral juvenil - vocacional, que opta por el grupo como
instrumento pedagógico principal, el proceso de integración es antes que nada
el proceso que lleva a la cohesión grupal. La dinámica de integración
pretende pasar del simple encuentro o reunión al grupo
y de éste a la comunidad
c)
Educación
de la fe: “Llamados al seguimiento de Cristo”
Corresponde a la dimensión espiritual (mística). Es el proceso de
educación en la fe. Consiste en ayudar al joven a experimentar e interiorizar a
Dios como Absoluto de la vida y de la historia, que se revela y salva en
Jesucristo; vivir la propuesta y sus valores como opción personal expresada en
la adhesión de vida a una comunidad eclesial y en el servicio liberador a los
hermanos.
En nuestro caso el proceso comprende:
·
Preparar el
terreno creando condiciones para la acogida del mensaje salvífico
·
Anuncio de
Jesucristo y la explicitación de este contenido mediante una catequesis
adecuada que lleve a descubrir a Jesucristo, la Iglesia y el hombre
·
Iniciación a
la comunidad de fe. Se trata de profundizar, manifestar y celebrar
comunitariamente la primera conversión de modo más maduro y participativo. El
joven manifiesta que es Iglesia y madura el sentimiento de serlo en tres campos:
catequético, litúrgico y profético.
·
Opción de
vida: iniciada progresivamente, especialmente en la etapa anterior, expresa la
plena inserción en la Iglesia y el servicio a la comunidad y al mundo como
fruto de una búsqueda de la voluntad del Padre al estilo de Jesús. Es un
proceso de discernimiento vocacional. Este
compromiso se vivencia a través del ministerio ordenado, la vida consagrada o
la vocación laical
d)
Social:
“Convocados a crear la civilización del amor”
corresponde a la dimensión socio - política. Quiere responder a las
preguntas: ¿dónde estoy? ¿qué hago aquí? Se trata de ayudar al joven a
descubrir el mundo en el que vive y su propio lugar en él como sujeto de la
historia, y a transformarlo de acuerdo a los valores del Reino. Incluye fomentar
el sentido crítico y la capacidad de analizar la realidad; el conocimiento de
las diversas ideologías y de la doctrina social de la Iglesia, y ayudar al
joven a integrar el compromiso socio - político en su propia experiencia de fe.
La dimensión social se daría a través de los siguientes pasos:
·
Sensibilización:
ponerse en contacto con la realidad
·
Análisis de
la situación: conocer la realidad e interpretarla; toma de postura e implicación
en esa realidad conocida
·
Organización
- actuación: formar parte de las estructuras de cambio; crear alternativas
articuladas en dichas estructuras
E. Metodología
Evangelizar a los jóvenes, en la práctica, supone encontrar una
metodología adecuada que posibilite, por una parte, anunciar con fidelidad - y
en toda su radicalidad - el mensaje de salvación y, por otra, permita que dicho
mensaje se actualice como respuesta a las aspiraciones de los propios jóvenes.
Esta
metodología implica partir de la realidad concreta que vive el joven, de sus
intereses e inquietudes, de su propia experiencia de vida... para que, iluminada
por el Evangelio como una propuesta que da sentido y transforma su existencia,
llegue a integrar la fe y la vida.
Tendría
que ser, además, eminentemente activa, creativa, participativa y estimuladora
de la riqueza personal que cada joven trae consigo si queremos que llegue a ser
significativa.
Y,
puesto que se ha optado pro el grupo (comunidad) juvenil como el ámbito
propicio para que el joven madure en la fe y crezca personal y socialmente,
conviene que los responsables que acompañen el proceso de cada grupo tengan en
cuenta lo importante que resulta:
·
Acertar en la
selección de los temas que más les interesan, que sean más relevantes o
significativos para ellos
·
Formular los
objetivos de forma clara y precisa, que sean alcanzables en cada sesión de
trabajo y expliciten la dimensión evangelizadora que se persigue
·
Centrar el
interés del grupo y despertar interrogantes sobre los que se va a trabajar
·
Posibilitar
que todos los participantes pongan en común su propia experiencia personal
sobre el tema o trabajo que se está realizando. Esto aseguraría también el
que la formación fuese significativa
·
Lograr que
los jóvenes puedan comprender mejor lo que viven y descubran a que se debe
·
Escuchar la
Palabra de Dios que desvela, interpreta y consolida todas las búsquedas
presentes en las experiencias de vida y que sólo Él es capaz de colmar
·
Experimentar
la acción salvadora de Dios que les ayuda a crecer y a descubrir un nuevo
sentido a la vida
·
Celebrar como
grupo la fe
5.
Los agentes de pastoral juvenil
(APJ)
Son aquellas personas - jóvenes o adultas - que, por vocación, han sido
enviadas a evangelizar a los jóvenes.
Teniendo en cuenta la tarea que se les confíe, podemos distinguir dos
tipos de agentes:
·
Los
animadores o monitores: son personas - normalmente jóvenes - que ya realizaron
el proceso y se sienten llamados a ejercer su compromiso cristiano acompañando
a otros jóvenes en su proceso de madurez humano - cristiana
·
Los asesores
o coordinadores: son personas - normalmente adultas: sacerdotes, religiosos o
religiosas, seglares comprometidos
- con una experiencia profunda de fe y de Iglesia que acompañan, orientan,
forman a los propios animadores o monitores, les proporcionan materiales,
reconducen el grupo a la meta que se quería alcanzar...
·
Esta delicada
e importante tarea requiere la destreza de personas cualificadas humana,
espiritual y técnicamente. De ahí la importancia que tiene el cuidar que su
capacitación sea adecuada y permanente.
·
Esta formación,
para que sea completa, debe contemplar:
·
El “ser”
(identidad propia del APJ)
·
El
“saber” (formación básica y específica del APJ)
·
El “saber
hacer” (capacitación pedagógica y técnica del APJ)