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«PRESTIGE», CATÁSTROFE ECOLÓGICA EN
GALICIA Publicado en EL PAÍS, 22 de
noviembre de 2002 Balada
maldita en las playas del Oeste MANUEL RIVAS Aquí, en la playa de
Traba de Laxe, el mar tiene siempre alma de blues, pero hoy, temporal, recuerda
la voz rota y desgarradora de Edith Piaf. Rien, rien de rien. Se te ha
puesto cara de fuel. Legañas de alquitrán en los ojos. En la mirada. Se nos
ha puesto cara de petroleados, de fogoneros en los bajos del Titanic.
Una capa viscosa entorpece las lenguas, los sentidos. Fuel en el ánimo,
cuerpo adentro, en la ensenada de las costillas, en los rompientes y las
playas de las vísceras. Mierda. En la Moreira, cerca de
Touriñán, uno de los paraísos secretos de Galicia, miras al mar y el mar te
devuelve la mirada. El día 15 de agosto te bañabas aquí, ¿recuerdas? Claro
que lo recuerdo. Había un televisor empujado por las olas sobre los cantos
rodados. Guardo una fotografía. De su interior salió un cangrejo. Es un truco
que sólo puede hacer el mar. Y había también una familia de delfines en el
agua. Saltaban a tu alrededor, se volteaban. Los más pequeños parecían reírse
de la torpeza humana al nadar, así que la madre los alejaba un poco. Ahora,
el mar tiene los ojos enrojecidos: "¿No habíais pensado nada, ¿eh?
¿Dónde están vuestros jefes?". El mar puede ser
bronco, pero no cínico. En cada esquina de Galicia, el mar dice: "¡Yo
acuso!". Carolina, una joven
bióloga coruñesa, voluntaria del grupo Habitat, fue quien encontró al
alcatraz en la playa de Sabón. Petroleado, muerto. Tenía un anillo de metal
con un número y una inscripción Nat. Hist. Museum London SW7. Es un anillo pesado. El vuelo del alcatraz es
poderoso y digno. Un señor del cielo que surca el océano con quilla de
vikingo. Ahora sólo queda el anillo en la palma de Carolina. Si miras a través del
anillo, se ve mejor. Un pequeño catalejo que enfoca el otro lado de las
cosas. Atención. Fíjate. Se acerca un ministro. Tremenda comitiva. Es el
miércoles, día 20, una semana después del comienzo del desastre del Prestige.
Estamos en el gran arenal de Barrañán. El fuel lleva allí días. No ha habido
ninguna intervención en todo este tiempo. Pero esta misma mañana han
desplazado al lugar a todos los efectivos. Han suspendido las labores de
limpieza en lugares como Baldaio, una zona de especial protección. Quien
llega es el ministro de Medio Ambiente, pero, visto a través del anillo del
alcatraz, la expresión le delata. Es como si lo hubieran traído a rastras.
Ante el enjambre de cámaras, el rostro compungido, uno espera la confesión:
"Me hubiera gustado ser ministro de Turismo". Pero trae un papel
que lee y habla de gran despliegue de personal y medios. El simple cociente
de las cifras que aporta indica que tocará a dos hombres por kilómetro de
costa hasta ahora afectada. Quizás no sabe que todos los efectivos
disponibles hasta cabo Vilano han sido llevados allí como a un plató de
televisión. Los medios disponibles son palas y cubetas. Ni siquiera había eso
cuando comenzaron a colaborar los jóvenes de la Armada. Tuvieron que volverse
a Ferrol. Van y vienen todos los días en autobús. A veces, a más de 100
kilómetros. Comen un bocadillo frío. En la puesta en escena de Barrañán hay
un pequeño detalle en el que sólo se fijan dos paisanos con los que nadie ha
hablado. Hay marea viva. Pronto subirá. Cuando el ministro se marche, el mar
tendrá que cargar de nuevo con montones de vertidos, esta vez como restos del
decorado de un esperpento. Ha habido esta semana
en Pontevedra un congreso sobre La saga/fuga de JB, la gran novela de
Gonzalo Torrente Ballester, a los 30 años de su publicación. Se dice que es
la cumbre peninsular del realismo mágico. Nada de eso. Es puro realismo,
puesto a prueba por la ironía. En esa obra, Galicia es Castroforte del
Baralla. Un lugar que, de vez en cuando, levita en la niebla. Hay quien
sostiene, incluso en Castroforte, que Castroforte no existe. Los asuntos
importantes que atañen a este lugar son gestionados por un organismo
administrativo denominado Sección de Dispersos Centralizados. Galicia tiene
un gobierno autónomo, e incluso un presidente con algo de experiencia, pero
todo parece indicar que este extraño ente de surrealismo burocrático ha sido
el encargado de llevar el caso Prestige. Eso explicaría que, en este
desastre, el político más gallego, y yo diría que español, haya sido el
presidente de la república francesa. Una participante en el
congreso sobre La saga/fuga, Violeta, me contó una pregunta de su
hijo: "Y Dios, ¿qué come?". Pregunta de niño gallego. Dios no
comerá percebes esta Navidad. El mar dice, y se lo he
oído otras veces: "España es casi una isla, pero no hay conciencia
marítima. Imagínate por un momento un incendio de 295 kilómetros de frente. Y
que ese tipo de incendios se repitiesen cinco veces durante 25 años. ¿No habría
un plan de emergencia para prevenir más tragedias?". Camelle es un puerto
pesquero en el corazón de la Costa da Morte. La cofradía, con 210 pescadores,
agrupa a enclaves legendarios, como el de Santa Mariña. Es gente que lleva
sobre sus hombros toda la memoria del mar. Desde el primer momento se
ofrecieron para colaborar en las labores de limpieza. Había, por lo menos, 50
voluntarios. De un organismo les remitieron a otro. Alguien les dijo que no
había ropa disponible. Esperan. En la tarde del miércoles, día 20, hablo con
Carlos Tajes, el patrón mayor, en el café bar Rotterdam. Tajes, de 54 años,
navegó en la mercante holandesa cuando era joven. Durante bastante tiempo, lo
hizo en un buque de transporte de químicas. Los expertos deberían hablar con
gente como Tajes. A mi el plan que pergeña me parece perfecto. Mientras
habla, no deja ni un momento de mirar hacia el mar a través del ventanal del
Rotterdam como si le inspirase el sentido común del que carece la Sección de
Dispersos Centralizados. Hay una música de fondo: la percusión de boj de
Barca, su mujer, que hace encaje de bolillos. Por tres veces, en una hora, se
va del pueblo la electricidad. A la tercera, un joven que intenta leer el
periódico da un puñetazo en la mesa. Contra los apagones. Contra el Prestige.
Contra el mundo. El mar, aquí, sigue siendo la mejor empresa. La más
generosa. La más fiel. La más paciente, en un mundo de impaciencia
depredadora, de banderas de conveniencia y paraísos fiscales, donde se impone
el lema de Nada a largo plazo. El mar ruge, pero todos
aquí saben que no es un Leviatán, que no es el monstruo en esta historia. El
mar dice: "No creáis en el destino". Es más, murmura: "¡Bien
por ese puñetazo!". |