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> Archivo > Elecciones en Francia domingo, mayo 5 Francia: lecciones para el futuro Para Castells el fenómeno es multipolar,
pues «la crisis de representación proviene a la vez del voto de protesta
populista de derecha, del desánimo de los ciudadanos con respecto a los
principales partidos del arco democrático y del ascenso del voto alternativo
y de extrema izquierda». La política tiene que reinventarse para mantener su
papel central en las democracias actuales. Como apunta Fernando
Vallespín, «la política convencional va a sufrir un importante
proceso de transición hacia algo todavía difuso, pero que se atisba ya como
casi inexorable. La progresiva incapacidad de los Estados-nación para
gobernar su propio destino, su pérdida de autonomía y la necesidad de
gestionar una creciente diversidad étnica y cultural interna puede que sean
los problemas más difíciles de resolver». «Sobre todo porque son ya inexorables y se
están abordando sin modelo ni brújula alguna. De ahí la gran inquietud que
generan y la inmensa facilidad con la que pueden ser instrumentalizados
demagógicamente. El miedo a la inseguridad, su mecánica asociación al temor
provocado por la inmigración, el pánico al descenso social y al futuro en
general, y la correlativa percepción de que estos problemas se les están
yendo de las manos a los poderes públicos, constituyen el caldo de cultivo
ideal para la demagogia». En este contexto la izquierda está en disposición
de rehacer su proyecto con los principios de base de la sociedad que quiere
alcanzar. Porque ni este es el fin de la izquierda como dicen algunos, ni se
puede prestar mucha atención a «las más pintorescas e interesadas
interpretaciones» que se han suscitado, como señala José
Vidal-Beneyto. Un ejemplo de esas elucubraciones está en la
generalizada culpabilización de la izquierda por el ascenso de la
ultraderecha. Vargas
Llosa responsabiliza a la izquierda de «fabricar el fascismo de
nuestros días por su rechazo sectario de la mundialización», que es algo así
como trasladar los defectos propios al contrario. Aunque era de esperar,
resulta llamativa la atención prestada a la izquierda -salvando mientras
beatíficamente a la derecha- por parte de columnistas como Jiménez Losantos,
que la acusa de alimentar a Le Pen con la artillería del discurso
«políticamente correcto» antiliberal (sic). Y tampoco falta quien,
como Alfonso Ussía, tacha a «la demagogia trasnochada de la izquierda» (re-sic)
como causante de la espantada del electorado 'obrero' hacia la extrema
derecha: «el racismo se cultiva y crece en los barrios obreros (...) la
xenofobia no está en la derecha» (requete-sic). En definitiva, otro
que intenta alejar de sí toda sombra de sospecha, por si acaso. Mientras, el politólogo David Held señala el
fenómeno de la inmigración como decisivo en la elección de los ciudadanos y
realiza una inequívoca recomendación: «la izquierda debe hacer es comprender la
naturaleza de lo que ha sucedido y elaborar un programa positivo para
apaciguar los miedos y las inseguridades de la gente. Los partidos de
centro-izquierda europeos, especialmente en Francia y el Reino Unido,
pensaban que el crecimiento de la inmigración y el multiculturalismo no eran
problemas fundamentales. Ahora no sólo tendrán que hacer frente a esas
cuestiones, sino poner en marcha un programa mucho más positivo en favor del
multiculturalismo. Tendrán que convencer a la gente de que la diversidad cultural
es positiva y demostrar que puede ser compatible con el respeto al orden y al
Estado de derecho». (Entrevista
a David Held y John Gray, catedráticos de la London School of Economics,
en El País) Otras aportaciones interesantes publicadas
en la prensa en las dos primeras semanas tras el «séisme» son las que siguen: «En Europa, el centro-izquierda no se
mantiene más que allí donde ha girado hacia el centro-derecha, como es el
caso de Gran Bretaña. ¿Debe el PS en Francia dar más claramente prioridad a
una izquierda social liberal o, por el contrario, debe enrocarse en la
defensa de un poder público amenazado? Tal opción no debe hacerse sino tras
un largo periodo de tiempo y requiere una gran capacidad de decisión, pero es
indispensable. El tiempo del doble juego ha terminado. En el futuro
inmediato, los electores exigen sobre todo al PS hablar como lo ha hecho
Jospin -demasiado tarde- en Burdeos y Rennes, es decir, subrayar todo lo que
separa a la izquierda de la derecha. Después, si se evita la catástrofe, el
PS debe romper con las palabras y las ideas de un pasado ya lejano. Pero
nadie parece hoy tener ideas claras que sustituyan las que han perdido su
fuerza». (Alain
Touraine, La caída de la socialdemocracia) «Los que creemos que ni en el autoritarismo
ni en el tecnocratismo ni mucho menos en el racismo encontraremos la solución
a nuestros males hemos de ser capaces de trabajar en la profundización
democrática, experimentando nuevas formas de participación e implicación
directa de la ciudadanía, y evitando que crezcan las desigualdades y la
exclusión social en todo el mundo. No podemos seguir esperando milagros de
resurrección de la democracia representativa clásica de la misma manera que
ya no volveremos al viejo confort de la sociedad industrial y sus políticas
sociales de redistribución. La complejidad actual nos puede arrojar en brazos
del miedo y de la cerrazón, o nos puede invitar a buscar entre todos
soluciones valientes, pero también complejas. Ante la aparente y peligrosa
simplicidad del autoritarismo sólo queda reivindicar la complejidad de la
búsqueda colectiva de salidas de innovación y una profundización democrática
que dé respuesta al malestar existente». (Joan Subirats,
El malestar o la desafección democrática) «Una posible recomposición política se
decidirá a largo plazo; deberá pesar en ello el factor intelectual y, sobre
todo, habrá de huirse de toda politiquería. En la izquierda -dejo a otros la
tarea de realizar la reflexión a propósito de la derecha- se dará la gran
tentación de intentar la autorreconstrucción haciendo suyos los temas que
parece haber defendido el voto llamado "contestatario". Se trata de
un voto diversificado, como acabo de subrayar, pero no por ello carga con
menos tópicos: crítica de la globalización liberal y de la construcción
europea, acento sobre las dificultades de las diversas categorías sociales.
Es cierto que la justicia social, la lucha contra el paro y la exclusión, o a
favor de los servicios públicos, constituyen una prioridad para una izquierda
en sintonía con los sectores populares de la sociedad. Pero, ¿por qué esta
orientación habría de conducir a la adopción de las ideologías
contestatarias, el anticapitalismo sin matices en el caso de unos, la poción
mágica que constituiría la tasa Tobin en el caso de los otros?». (Michel
Wieviorka, Las sirenas contestarias) «Es necesario un proyecto resueltamente
europeo de control de la globalización, de defensa de los servicios públicos
reformados, de justicia social y de crecimiento cualitativo, que integre la
necesidad de un desarrollo duradero y posible. Pero, al mismo tiempo, hay que
hablar de nuestros errores y de nuestras dificultades a la hora de movilizar
nuevas energías. En vez de repetir una y otra vez que no hay que dejar la
nación, el orden, la disciplina y la seguridad en manos de Le Pen, lo mejor
que podríamos hacer es no abandonar a todos los excluidos por el egoísmo
neoliberal en manos de la demagogia de la extrema izquierda y de la extrema
derecha. Y, desgraciadamente, en muchos ámbitos no hemos sabido evolucionar y
lo hemos hecho». (Daniel
Cohn-Bendit, Le Pen: de la catástrofe a la reacción) Enlaces: Sobre el ascenso de la
extrema derecha “Estado
de alerta en Europa” PAOLO FLORES D'ARCAIS (El País Domingo) “El
temible ideario de un viejo fascista” LLUÍS BASSETS (El País) “Radiografía de la Francia de Le Pen”: (Reportajes de El Mundo) I. Cuando los
inmigrantes votan a la ultraderecha II. Guerra de
hermanos en la Costa Azul III. Alsacia:
'choucroute', vino blanco y votos neofascistas IV. De Gaulle
resiste al zarpazo del 'lepenismo' V. Guerra santa
contra la cultura de izquierdas |