Titulo original: ¿Un repaso de Pociones?

Clasificación : NC-17

Comentarios: SLASH HP/SS.

 

Advertency: Violación/Non-Con, violencia.

Palabra: Pabilo: mecha de una vela.

NdA: Espero que os guste, porque le he puesto toda mi ilusión y espero que la dichosa palabrita no sea demasiado rebuscado el que entrara metida por ahí en medio.

 

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En una de las ya habituales clases de Pociones, Longbottom se las volvió a apañar para que su caldero explotara, algo que ya era más costumbre que accidente durante esas clases.

    Esta vez les tocó recibir a Harry Potter y Draco Malfoy, quienes estaban justo delante del “patoso” de Neville Longbottom. Ambos tuvieron que tomarse el antídoto enseguida, pues unas horrendas pústulas estaban saliéndoles en la cara y brazos arremangados.

    Snape le aplicó la poción a Draco Malfoy, quien no paraba de quejarse del daño que le causaban las pústulas, pero al llegar a Harry, éste se puso rígido. Todos sabían del odio que se tenían profesor y alumno así que pararon de elaborar sus pociones para ver la reacción de ambos. Algo advirtió a Harry de que no le iba a gustar lo que le pondría el profesor de Pociones, pero no emitió queja alguna. Sabía que Malfoy estaba buscando provocarle desde que entró al aula y esta vez no le daría el gusto.

    Snape le aplicó la poción y Harry volvió a su sitio a seguir con la poción. Hoy tenían que realizar un complicado brebaje para no mojarse durante un día de lluvia.

    Draco no paraba de despotricar contra la familia de Harry diciendo que se tenían merecido lo que les pasó cuando no quisieron unirse a Lord Voldemort. Harry estaba terminando la paciencia, pero no quería provocar a Snape y tampoco quería darle el gusto a Malfoy de ver como lo retenían de nuevo.

    Pero toda paciencia de santo tiene un límite y éste llegó con el comentario de lo ocurrido con Bellatrix Lastrange en aquella sala del Arco en el Ministerio de Magia. Harry sacó instintivamente la varita sin importarle que allí se encontrara Snape y mucho menos que Hermione y Ron se hubieran levantado de sus asientos y le cogieran la varita para evitar una desgracia mayor.

-      &nbssp;  ¡Señor, Potter! –oye que dice Snape yendo hacia él a zancadas.

-      &nbssp;  ¡Nunca vuelvas a hablar de mi padrino, Malfoy! Eso no te lo permitiré jamás. Tú no le conocías. Nunca supiste la verdad, y dudo que ahora pueda salir a la luz. Puede que le hayan limpiado el nombre, pero fue demasiado tarde  que se dieron cuenta de su error y lo que no pienso permitir es que un sucio mortífago vuelva a manchar su nombre porque no puede soportar a un enemigo que durante años le ha estado haciendo el menor caso que ha podido. ¿Sabes, Malfoy? La paciencia llegó a su fin y con ella va a llevar a que tú y yo nos distanciemos lo que yo pueda permitir. No pienso decírtelo dos veces y esta vez, vete con cuidado con lo que te atrevas a decir, tanto de mí, como de mis amigos. ¿Entendiste?

-      &nbssp;  ¡Señor, Potter! ¡Y yo no voy a permitir que amenace a un alumno! –dijo amenazante Severus Snape. Harry giró la cabeza bruscamente.

-      &nbssp;  ¿A no? ¿Y qué va a hacer para evitarlo, profesor? –la voz de Harry era calmada, pero retadora.

-      &nbssp;  Voy a estar vigilándole más de cerca de lo que puede imaginar, señor Potter.

-      &nbssp;  Uuuh, eso no es muy amenazante, Snape. Pensaba que serías más… Cómo decirlo… ¿astuto? –a Harry le apareció una malévola sonrisa.

-      &nbssp;  Señor Potter, no me tiente, porque le aseguro que cuando quiero soy más astuto de lo que puede llegar a imaginar. Es más, queda retenido después de la cena por su osadía.

    En ese momento, el timbre del fin de las dos horas de pociones llegó a su fin. Harry recogió sus cosas, las metió de cualquier manera en su mochila y salió seguido de Ron y Hermione.

    Harry estaba de mal humor por lo ocurrido en la clase y Hermione y Ron no se atrevieron a decirle nada, no fuera que intentara tomarla con ellos. Pero lo que tenían claro era que él mismo se lo había buscado.

    Desde lo que ocurriera en la sala del Ministerio que Harry se había vuelto muy radical con el tema de Sirius. Algo que preocupaba seriamente a Ron, quien intentaba calmar la mayoría de veces el temperamento de su mejor amigo.

    Hermione normalmente le paraba cuando sacaba su varita en medio del pasillo para echarle un maleficio a Malfoy.

    Llegaron al aula de Transformaciones. Allí, a Harry se le pasó un poco el enfado, pero aún seguía con mal humor.

    Las horas pasaron demasiado deprisa para el gusto de Harry, quien no deseaba mucho que llegara la hora de su retención. Sabía que nada bueno podía esperar de estar a solas con Snape y no sabía cuanta razón llevaba el “niño de oro” al pensar en aquello.

    La cena pasó deprisa, demasiado. Malfoy seguía con sus típicas burlas, imitándole durante toda la cena, mientras los demás Slytherin le reían la gracia, aunque realmente se veía patético con aquella parodia.

    Pronto se vio caminar detrás de Snape, camino a las frías mazmorras. Allí hacía un frío horroroso, pero no pronunció queja alguna, ya era demasiado odioso tener que pasar a saber cuantas horas encerrado junto al odioso Profesor de Pociones, cuanto más tener que escuchar las reprimendas que le podría dar si llegaba a quejarse del frío que hacía allí abajo.

    Llegaron al aula de Pociones y Snape le hizo entrar. Allí estaba, el “héroe” del Mundo Mágico, retenido por su atrevimiento durante un momento de odio infinito, algo que nadie podía imaginar del “niño-que-vivi”, quien supuestamente les tenía que salvar a todos de Lord Voldemort.

    Algo le decía que no le haría lavar los calderos, algo malo estaba tramando el Profesor de Pociones, porque no encontró tarea alguna que hacer.

    Al haber entrado, Snape cerró la puerta tras ellos y cerró la puerta con un encantamiento. Harry se notaba las piernas temblar. Presentía que lo que a continuación iba a ocurrir no le iba a gustar nada.

    Snape sacó una vela de su escritorio y la posó encima de éste. Entonces y con la varita encendió el pabilo y la vela comenzó a consumirse.

    Harry vio que una sonrisa torcida aparecía en el pálido rostro de su profesor. Un paso de éste hizo que Harry se pusiera en guardia, pero que diera un paso atrás, para alejarse de él.

    Snape da otro paso hacia Harry y éste se separa con otro paso hacia atrás. Así sucesivamente, hasta que Harry choca contra la fría pared de la mazmorra. No tiene escapatoria alguna. La puerta está cerrada y Snape le tiene acorralado en un rincón del aula.

-      &nbssp;  ¿Qué ocurre, Potter? ¿No eres tan valiente ahora?

-      &nbssp;  ¿Me está llamando cobarde? –dijo no muy seguro de qué decirle. En verdad, sí estaba asustado. Sabía que él estaba fuerte gracias al quidditch pero no tanto como para ganar al adulto que se le estaba presentando enfrente de él.

-      &nbssp;  Eso es precisamente lo que estoy diciendo, señor Potter. Antes parecía más valiente. ¿Será por qué estaban allí todos los compañeros de casa?

-      &nbssp;  Bo-bobadas. No conseguirá intimidarme, profesor Snape –la voz le delató. “¡Maldita sea! ¡Harry, contrólate!”.

-      &nbssp;  Potter, Potter, Potter –dijo Snape negando con la  cabeza. Estaba acercándose peligrosamente a él. Snape acabó de acercársele. Le pasó el dedo índice por la cicatriz de manera que éste recorriera su contorno.

    Harry se estremeció con aquella “caricia”. Snape abrazó a Harry y éste se tensó instintivamente. De un empujón lo separó de él, bruscamente.

    Snape se crispó ante aquella reacción y le cogió un brazo muy fuerte. Harry se retorció de dolor.

    El “niño-que-vivió” no creía el comportamiento que estaba teniendo su profesor de Pociones hacia él. Quizá sí lo hubiera hecho si hubiera vuelto a entrar en su pensadero, pero no era el caso y eso era algo que le desconcertaba. Sabía que no había sido una gran idea el comportamiento que tuvo aquella tarde en su clase, pero no creía que fuera para llegar a esos extremos…

    Snape estaba enloquecido por el deseo que sentía hacia aquel joven tan inocente y puro. Sabía que no se había estrenado aún y el hecho de poder ser él el primero en poseerlo le hacía estremecer de tal manera que sin darse cuenta aflojó la mano con la que sujetaba el brazo del chico y éste pudo escapar, mas no fue muy lejos, puesto que la puerta estaba cerrada con un antiguo encantamiento que sólo los más hábiles magos sabían contrarrestar.

    Eso no le gustaba a Harry. Así que decidió ir hacia la vela. El pabilo no era el de una vela normal como las demás velas del castillo, sino que tenía forma de ave fénix. Al tocarla, Harry se iluminó y Snape quedó totalmente prendido de él, pero, aún así, Harry no quería que Snape le tocara.

    Un golpe le llegó a Harry a la cara y se desplomó aturdido en el suelo. Después, un peso sobre sus rodillas le indicó que el adulto le acababa de inmovilizar las piernas para que no pudiera moverse y mucho menos huir.

    Intentó pegarle puñetazos a Snape, pero éste le cogió las manos y se las amarró con una sola en la parte de arriba de la cabeza.

    La otra mano del adulto vagó por su cuerpo sin destino “previamente” fijo. Le subió la túnica y se encontró con el botón y la cremallera del pantalón. Con maña se lo desabrochó y como pudo le bajó los pantalones. Harry sintió el frío suelo de la mazmorra y cerró fuertemente los ojos. Unas rebeldes lágrimas pugnaban por salir y resbalar por sus sonrosadas mejillas.

    El adulto comenzó a acariciar ávidamente aquellos jóvenes muslos que se le presentaban y que tanto tiempo había deseado tener entre sus manos, pero que jamás se le ofreció la oportunidad.

    Aunque no lo pareciera, el pabilo lo había vuelto completamente loco y su comportamiento no era el que debía de tener con un alumno retenido por una fechoría escolar.

    Snape también se desabrochó su pantalón y se sacó su miembro erecto y con una mano preparó al chico.

    Harry abrió de repente los ojos, estaba aterrorizado y parecía que Snape estaba dispuesto a llegar hasta el final.

    Harry se removió en un vano intento de quitarse al adulto de encima. Entonces un dedo intruso se introdujo en su ano y después de éste dos más. Así estuvo hasta que pareció que se empezaba a acostumbrar a la sensación de invasión anal.

    Snape entonces le extrajo los dedos, ya que estaba lo suficientemente dilatado para que él le pudiera penetrar con facilidad y sin apenas dañarle.

    Harry miró a un punto fijo y se perdió en aquel punto, dispuesto a no luchar más en vano y esperando que aquello pasara rápido. La vergüenza comenzaba a caer sobre él y esa era una sensación demasiado abrumadora como para pensar en ella. Se dejó llevar y el llanto apareció en su garganta ahogándole. Los sollozos los intentaba también ahogar en su garganta y también deseaba que todo aquello acabara para poderse ir de allí.

    Ahora tenía algo claro, se pensaría dos veces las cosas antes de hacerlo delante de su Profesor de Pociones.

    El miembro erecto de Severus Snape le penetró. Primero comenzaron con pequeñas embestidas que se fueron intensificando poco a poco, a medida que el clímax de Snape iba subiendo.

     Snape llegó casi enseguida a lo más alto con un gran orgasmo que llenó el aula de Pociones. Snape le besó entonces en los labios y al salir de él se tumbó en el frío suelo de la mazmorra.

     Harry se subió rápidamente los pantalones, se levantó, apagó lo que quedaba de pabilo y se fue corriendo como pudo hacia la Sala Común de Gryffindor.

    Entonces, Snape se dio cuenta de lo que había pasado y se sintió muy mal por lo ocurrido con Harry… Esa no había sido su intención, él tan sólo había querido asustarle para que no volviera a hacer de las suyas durante una de sus clases y eso había llegado demasiado lejos…

 

   

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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