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UN MAL DÍA PARA IR AL BANCO
Amanecía sobre Londres. 4 de agosto, hacía exactamente un año que Voldemort
había sido derrotado.
Todo el mundo mágico celebraba el acontecimiento con una gran fiesta en
Hogsmeade, por supuesto Harry era el invitado de honor de la ocasión, junto con
los otros grandes héroes.
Ron y Hermione, pareja desde hace dos años, acudirían con su pequeño James, el
único Weasley castaño en varias generaciones. Ginny, Luna y Neville, que
compartían apartamento, y cama, en la zona bohemia de la capital, también
estarían. Dumbledore, la Orden del Fénix al completo, así como los
supervivientes de ED, asistirían a los festejos desde distintos puntos del país.
El despertador comenzó a sonar insistentemente sobre la mesilla, una mano morena
emergió de las sábanas y trató de apagarlo, pero, como digno regalo de los
gemelos Weasley, se le escurrió entre los dedos hasta situarse un poco más
lejos. Tras varios intentos al fin lo agarró y lo lanzó por la puerta de la
habitación abierta.
- Auu – Sonó en el pasillo.
Asustado, Harry, saltó de la cama y corrió hacia Remus, que se encontraba tirado
en el suelo, con los restos del despertador esparcidos a su alrededor.
- ¿Estás bien? Perdona, es que el maldito cacharro no dejaba de sonar. Creo que
aún no me he acostumbrado a levantarme pronto.
- ¿Pronto? Pero si ya son las nueve.
- Pues eso, pronto para la época que estammos.
- ¿No me digas que lo has olvidado? – Antee la cara de desconcierto del moreno,
continuó. - ¿Recuerdas que día es hoy?
- ¿Viernes?
- ¡Harry! ¿Cómo puedes ser tan despistado?? Hoy es 4 de Agosto. – Esa fecha no le
decía nada, no era ningún cumpleaños. - El aniversario de la caída del señor
oscuro.
La realidad calló sobre él de golpe. Claro, por eso Remus había ido a comprarse
una túnica nueva, y había insistido en que él hiciese lo mismo. Un momento. ¡La
Túnica! ¿Cómo había podido olvidarlo? Había decidido llevar la que había
utilizado su padre en la boda, que guardaba en su cámara de Gringotts, y que ahí
continuaba.
- Eoo, vuelve. Estoy aquí. – Decía el licáántropo al ausente joven, mientras
pasaba su mano por delante de los ojos sin observar ningún cambio.
- Gringotts…la túnica. – Era lo único que este alcanzó a decir.
- ¿Qué?
- Que me he dejado la túnica en Gringotts..
- ¿Cómo? No es posible. Por Merlín eres peeor que James y Sirius juntos. Tendrás
que ponerte otra.
- No puedo, era de mi padre, Sirius se la regaló y mamá la eligió. Tengo que
llevarla, así ellos estarán conmigo hoy.
- Pues tendrás que darte prisa, los actos comienzan a las once y no puedes
faltar.
- Voy rápidamente. – Dijo, cogiendo un puññado de polvos flu, se fue por la
chimenea.
- Espera…el…pijama. – Era tarde, ya se habbía marchado, bueno, ya se enteraría.
Mientras tanto, él se iría yendo, tenía que pasar a recoger a Bill, que aun
vivía en la Madriguera, aunque dormía más noches en el apartamento que Harry y
Remus compartían desde que pudo al fin librarse de los Dursley.
Apareció en el Caldero Chorreante. Vacío como nunca antes, todo el mundo estaba
en sus casas, arreglándose para la ocasión.
- Hola Tom.
- Hola Harry ¿A dónde vas en pijama?
- ¿Pijama? – Entonces se volvió a mirarse y cayó en la cuenta de la situación. –
Por Merlín no me había dado cuenta. Por favor, podrías…
- Claro. – Dijo él y con un movimiento de varita lo transformó en unos ajustados
vaqueros azules, una camisa blanca y unas zapatillas de deporte. Se le veía muy
pero que muy bien con esa ropa, pero él se sentía un poco incómodo, no solía
llevar cosas tan ajustadas, pero había que reconocer que el hombre tenía buen
gusto, pues el único cliente que entraba se le quedó mirando y no precisamente
la cicatriz.
- Nos vemos. – Gritó mientras echaba a corrrer hacia el banco. El Callejón Diagón
estaba desierto, la mayoría de los comercios engalanados y cerrados. Solo unas
pocas personas caminaban por él, y todos volvían la vista al pasar, no por ser
Potter, su salvador, sino porque era un joven muy atractivo.
- “Si Severus pudiese verme ahora” – Pensóó. El profesor de pociones se había
convertido en una obsesión para él, desde aquel día en que estuvo apunto de
morir para protegerlo. Los recuerdos dolían, pero a la vez le hacían sentir
extrañamente bien, protegido.
Había sido capturado, y llevado ante Voldemort, por culpa del maldito Malfoy, le
engañó, le dijo que le amaba y luego le condujo ante su señor. Tuvo que sufrir
la humillación de ser violado delante de todo el círculo interno por Lucius,
pero lo peor fue la reacción de su cuerpo, que pareció disfrutar tan cruel
trato. Sabía que el hombre se vengaba por la captura de Draco, otro asunto del
que Harry era totalmente inocente. Mientras sentía como el hombre se clavaba con
saña en su interior, le pareció ver a un mortifago llorando bajo la máscara y
apretando con fuerza sus puños hasta hacerse sangrar.
Cuando ya esperaba su muerte y el señor oscuro alzaba su varita para terminar el
trabajo, alguien se interpuso, abrazándole y desapareciendo de allí. Más tarde
supo que había sido Snape, pero desde entonces su antiguo profesor le rehuía.
Harry había tardado diez meses en admitir que estaba enamorado, y otros tres, en
comprender, que jamás volvería a sentir algo parecido a esa sensación de
protección, en brazos de otro hombre.
Las puertas de Gringotts se abrieron ante él y rápidamente fue atendido.
El carro avanzaba a toda velocidad, más hondo, hacia las cámaras antiguas. Pocas
de ellas eran usadas hoy en día y solo las poderosas familias, como los Potter o
los Black, poseían una. Él era dueño de dos, aquella que perteneció a sus
padres, donde guardaba como un gran tesoro los objetos que les pertenecieron, y
la que le dejó su padrino, que compartía con Remus.
De pronto la tierra tembló y el carrito se balanceó peligrosamente a los lados.
Otra sacudida. El gnomo trató de controlar el vehículo bajando la velocidad.
Ante ellos comenzaron a caer rocas taponando su camino. En el último momento
realizaron un giro arriesgado tomando otra dirección. Finalmente chocaron con
otro carrito en un callejón sin salida. La tierra aun se sacudía descontrolada.
Desde una de las cámara que había cerca un gnomo les llamó, su compañero salió
corriendo hacia el refugio, pero Harry se había golpeado en la cabeza y estaba
algo desorientado. Alguien corrió, una túnica negra ondeando tras él. Se sintió
abrazado y seguro. El hombre utilizó su cuerpo para proteger al menor de la
caída de unas pequeñas rocas y después llevándole en brazos alcanzó lugar
seguro.
El niño-que-vivió lloraba tembloroso y asustado, no sabía lo que ocurría, el
golpe había sido muy fuerte, tanto que había caído inconsciente unos instantes.
Pero lo que más le dolía era no haber sido capaz de reaccionar a tiempo. Sólo
había vivido un terremoto, el cuatro de agosto del año anterior, el día más
negro de su vida, cuando creyó morir y la profecía obtuvo su cumplimiento.
La tierra dejó de convulsionarse terminando todo como había empezado. Se sentía
tan bien entre los brazos de ese desconocido, era como si ya hubiese estado así
antes, como si fuese a ser siempre así.
Al fin las antorchas volvieron a encenderse, fue entonces cuando elevó los ojos
hacia su salvador para encontrarse con las dos negras profundidades que lo
tenían loco.
Como llevado por un sueño acarició la mejilla, la piel se revelaba suave al
tacto. Llevó la mano al pelo, era muy sedoso. De pronto sintió algo húmedo, era
sangre.
- ¡Estás herido! – Exclamó asustado miranddo el rojo líquido en su mano.
- No es nada. – Dijo apartando un mechón dde su rostro.
- Señores disculpen. – Un elfo interrumpióó las intensas miradas que ambos se
dirigían.
- ¿Si? – Preguntó sin soltar al muchacho.<
- Deberíamos salir a buscar ayuda. Es posiible que el terremoto haya incomunicado
varios túneles, así que será mejor que ustedes nos esperen aquí, estarán
seguros. Estas cámaras fueron construidas por los mejores gnomos, están
perfectamente reforzadas para resistir un temblor.
Era cierto en el interior no se observaba ni una sola grieta, pese a la
intensidad del seísmo.
- Bien. Vayan, esperaremos aquí.
Unos minutos después, tras comprobar que la estancia era segura para sus
clientes, los gnomos partieron. Harry se había sentado en el suelo y Severus
daba vueltas alrededor de la habitación, sin atreverse ninguno a mirarse a los
ojos. Habían estado a punto de besarse.
- Estás herido, déjame curarte. – Rompió ffinalmente el menor el silencio.
- ¿Con qué? No se si te has fijado pero esstamos en medio de la nada y ninguno
lleva varita.
- ¿Cómo sabe que yo no la llevo? – Pregunttó curioso.
- ¿Dónde ibas a llevarla?
Al echarse un vistazo a si mismo se dio cuenta. La ropa que le había
proporcionado el dueño del Caldero Chorreante era tan ajustada que no dejaba
nada a la imaginación. No había tenido antes mucho tiempo para mirarla, con las
prisas de ir a buscar la túnica.
- Perfecto, encerrados. Remus me mata. – EEl mayor realizó un gesto de dolor al
escuchar estas palabras.
- Pobre niñito, su parejita va a reñirle. – Su voz sonó tan sarcástica como
cuando en clases de pociones le hacía la vida imposible. Era su forma de
defenderse, de protegerse cuando algo le dañaba.
- No es mi pareja. Aparte de que para mí ees como un padre, está con Bill.
Snape soltó el aire contenido. Había tenido celos, como siempre que oía a Harry
hablar de otro. Pero no podía permitirse mostrarlo, él creía que el joven lo
odiaba, y un desprecio era más daño del que creía soportar.
Cada uno se encontraba en un extremo, sin hablarse, ambos perdidos en sus
pensamientos. Los dos temerosos de decirse algo que estropease más la situación.
Harry miraba inquieto cada cinco minutos su reloj. El tiempo pasaba y nada se
oía en los oscuros corredores.
De pronto la tierra volvió a temblar fuertemente.
- ¡Harry! – Gritó fuertemente Severus corrriendo a abrazarlo. El joven se
balanceaba con las rodillas abrazadas muy asustado mientras murmuraba
incoherencias sobre el señor oscuro y la batalla. – Mírame. Tranquilo, no pasa
nada, no está, le derrotaste, ya no volverá.
Alzó la vista para encontrarse con otros ojos que le miraban preocupados.
- La…salida. – Logró balbucear cuando por fin apartó la mirada avergonzado.
Un montón de rocas había caído taponando la entrada, pero ninguna había entrado
en la cámara, que parecía protegida con algún hechizo.
- ¡Nos quedaremos sin aire! – Exclamó asusstado ocultando su rostro entre los
pliegues de la túnica del mayor, agarrándole como si temiese dejarle ir.
- Ya basta. – Dijo fuertemente Severus mieentras lo agarraba de los hombros. – No
vamos a quedarnos sin aire. Las cámaras están hechizadas, tendremos aire al
menos para un par de días.
El niño-que-vivió tenía los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas por el
miedo. Permanecía aferrado a su profesor, inocente de las reacciones que su
cercanía producía en el hombre.
- Calma, no va a pasarnos nada. – Decía miientras le acariciaba los cabellos
meciéndole entre los brazos.
Pero él seguía sollozando asustado. Todos los recuerdos encerrados en su mente
volvieron a él.
Voldemort alzando la varita, la maldición asesina chocando contra su cuerpo,
dolor y oscuridad. De pronto, volver a respirar, estaba vivo, había resistido de
nuevo. Él mismo alzando la suya, y lanzando la misma maldición. El cuerpo del
señor oscuro deshaciéndose en cenizas. Su espíritu, encerrado para siempre en un
universo paralelo, gracias a Dumbledore.
El campo de batalla regado de cadáveres, había muchas pérdidas que sentir. El
ED, pieza fundamental en la contienda, estaba diezmado, tantos jóvenes valientes
muertos por defender aquello en lo que creían. El ministerio perdió a casi todos
sus aurores, familias enteras destrozadas por causa de un loco. Todo había
terminado, pero era una victoria triste.
Los mortigafos supervivientes fueron encarcelados, y él tuvo la satisfacción de
enviar a Lucius Malfoy a prisión con su testimonio. Pero en las noches todavía
sentía las manos del maldito rubio sobre su cuerpo y despertaba lloroso para
correr al baño a vomitar. Sólo Remus lo sabía, a nadie más había contado lo que
ocurrió esa fatídica noche, y aunque muchos lo sabían, no le hablaban de ello.
- Ya pasó todo, tranquilo. – Decía el mayoor mientras lo acunaba entre sus
brazos.
- Nunca pasará, siempre seguiré sucio. – MMurmuró Harry con la cabeza escondida
en el pecho de su ex profesor.
- ¿Sucio? ¿Por qué dices eso? Tú no estás sucio. – Tomándolo de la barbilla le
obligó a mirarle. Las hermosas esmeraldas estaban cuajadas de lágrimas.
- ¡Lo estoy! Tú estabas presente, lo vistee todo. Estoy usado, no valgo para
nada. ¿Quién iba a querer a alguien como yo? – Exclamó rabioso levantándose y
comenzando a dar paseos sin sentido por el cuarto. – Cuando me miro al espejo
siento sus manos. Cada vez que cierro los ojos está ahí. Me dicen que tengo que
ser fuerte, pero ya estoy harto de ser fuerte. – El tono de voz había ido
bajando hasta que al final se volvió para mirar al hombre que seguía sentado
sobre sus rodillas en el suelo. – Yo solo quiero que alguien me bese, pero se
que es imposible.
- Hay mucha gente que daría todo por un beeso tuyo.
Snape se situó al lado de Harry mientras decía estas palabras.
- Ellos no saben la verdad.
- Yo la sé. – Y sin más sujetó dulcemente el rostro y posó sus labios sobre los
del más pequeño. Solo un ligero contacto. Su corazón latía desenfrenado cuando
se separaron.
- ¿Por qué lo ha hecho? ¿Ha sido por qué lle doy lástima?
- Lo siento, se que no debería haberlo heccho. No por compasión, ni siquiera por
la pasión del momento. Es algo que llevo deseando hacer mucho tiempo, espero que
algún día me perdones. No tengo derecho a besarte, no lo merezco.
Estaba totalmente paralizado mientras escuchaba la confesión del hombre que de
espaldas a él había comenzado a llorar. Harry se acercó a él y puso una mano en
su hombro, pero el otro se apartó.
- Yo tampoco quiero lástimas de nadie. – DDijo entre sollozos tratando de
conservar intacta la poca dignidad que le quedaba. Nadie jamás le había visto
llorar, no al menos en su vida de adulto. Hoy, no sabía porqué estaba
especialmente sensible. Quizá porque hacía un año que era libre, quizá porque
había estado apunto de perder al hombre que amaba por el terremoto, quizá porque
no estaba en sus planes encontrarse con él y mucho menos quedarse encerrado.
Fuese por lo que fuese las lágrimas corrían lentas y silenciosas por sus
mejillas.
Notó como le abrazaban, un cuerpo, recién entrado en la juventud, pegado a su
espalda. La cálida sensación de sentirse protegido. Esos mismos brazos lo
voltearon, y sintió como le sujetaban dulcemente el rostro para secar los
rastros de sal de su cara. No quería abrir los ojos y ver que no era cierto, que
Harry estaba en el otro extremo del cuarto mirándole con odio.
Se puso de puntillas y presionó sus labios contra los del hombre mayor, le notó
abrirlos por la sorpresa e introdujo su lengua explorando la húmeda cavidad. Se
aferró fuertemente a su cuello para no perder el equilibrio por la emoción.
Poco a poco Severus fue reaccionando al darse cuenta de que no podía ser un
sueño, ni una alucinación. Al abrir los ojos se encontró con la visión más
hermosa de toda su vida. Con los ojos cerrados, el niño-que-vivió, se entregaba
totalmente a él. Podía notar el sonrojo de sus mejillas y el calor de su piel.
Su lengua pareció despertar del letargo y se unió a la danza que se desarrollaba
en su boca. Sus brazos, inertes a ambos lados del cuerpo, cobraron vida
agarrándose a la delgada cintura.
- No es posible. ¿Tú me quieres? – Pregunttó temeroso el ex mortifago cuando
pararon a respirar.
- Si. Desde aquel día en que me salvaste oo quizá antes. Cuando Malfoy me violó
solo podía pensar en ti, en lo que pensarías de mí al verlo, en si me odiarías.
– Las últimas palabras sonaron tan bajo que no estaba seguro de haberlas oído.
- Maldito Lucius. – Dijo sin soltar el cueerpo que abrazaba. – Creí morir cuando
le vi hacerte eso. Quería saltar sobre él, golpearlo, pero sólo podía llorar.
Apreté tan fuerte mis manos que tuve cicatrices durante un mes. Después de eso
no me sentía capaz de verte, quería ir y decirte que te amaba, pero no encontré
el valor.
- ¡Eras tú! Te vi entre ellos. – Habló Harrry con los ojos humedecidos. – Me
amabas entonces. Quizá es tarde para decirte que yo también te amaba.
- Nunca es tarde. – A continuación tomó ell control de sus labios, besándolos
como si no hubiese un ayer ni un mañana. Las lenguas se entrelazaban en ávida
danza. Las manos del menor había abandonado el cuello para hundirse en los
sedosos cabellos. Las de Severus realizaban movimientos ascendentes y
descendentes por la espalda, sin dejar de presionar más cerca los cuerpos.
El beso se tornaba cada vez más apasionado, cuando se separaron para tomar aire
el joven gryffindor atacó el cuello del otro, lamiendo y chupando, dejando una
marca que sería visible al día siguiente. Snape solo acertaba a gemir en
éxtasis, frotando las caderas y las nacientes erecciones. Las pupilas dilatadas
por el placer. Bruscamente sus manos abandonaron la espalda para atrapar el
trasero del niño-que-vivió, que enredó sus piernas en la cintura de su ex
profesor haciendo que la erección de este aumentase por el contacto.
Los labios volvieron a unirse, hambrientos y enrojecidos. Aferrándose a los
hombros de su recién descubierto amante, Harry se movía arriba y abajo excitando
más al hombre que lo sostenía.
- Hazme tuyo. – Dijo con la voz tomada porr el placer.
La capa del mayor fue retirada y extendida sobre el suelo. Sobre ella tendió
suavemente a su ángel de ojos verdes, ahora oscurecidos. Se echó sobre él con
cuidado de no dañarle con su peso. Le besó, las lenguas jugaban extasiadas.
Severus trataba de desabrocharle la camisa. Uno a uno los botones fueron
cediendo, fue entonces cuando por fin pudo contemplar el torso desnudo. Era más
pálido de lo que imaginó, aunque tenía más color que el suyo propio. Algunas
cicatrices regaban su superficie, pequeñas y apenas visibles.
Tomó uno de los pezones con su boca y con movimientos circulares de su lengua lo
dejó erecto, chupó y dio pequeños mordiscos hasta escuchar un gemido. Luego fue
al otro. Primero lo masajeó un poco con las manos y dio un pequeño pellizco que
hizo arquearse el cuerpo bajo él. A continuación lo humedeció con su saliva y
aspiró hasta sentirlo erecto entre sus labios. Una presión dolorosa en su
pantalón le recordó que otras zonas también merecían atención.
Elevándose para quedar sentado, procedió a despojarse de su parte de arriba.
Harry le miraba extasiado. La pálida piel brillaba con el sudor que la actividad
estaba generando. Los ojos parecían más negros, las pupilas dilatadas gracias al
placer. Quería besar ese cuerpo, fundirse con él.
Al descender lo hizo de forma que el de ojos verdes pudo introducir primero su
lengua en el ombligo. Se mantuvo en esa difícil posición, sujetándose para no
caer sobre él. Fue resbalando y ahora era uno de los oscuros botones de su pecho
el que recibía esas atenciones.
El joven gryffindor lamía el torso del hombre mayor con gran avidez, sus labios
jugueteaban con un pezón, haciéndole endurecerse. Mientras su mano trabajaba en
dar igual trato al otro.
Finalmente volvieron a alinearse uno sobre el otro. Severus tomó posesión de la
boca del menor, lamiendo su labio inferior, perfilando el superior con su
lengua, penetrando en la cavidad una y otra vez hasta conocer sus más húmedos
rincones.
La presión bajo los pantalones había subido hasta extremos insospechados, las
erecciones luchaban por liberarse de la opresora tela que las impedía rozarse.
Tras acariciar ansiosamente sus cuerpos, las manos se centraron en tratar de
desabrochar los pantalones. Tras unos minutos de forcejeo los de Harry fueron
retirados, y más tarde los otros siguieron igual camino.
Ya solo una pieza de ropa y podrían acariciarse libremente. El ex profesor
introdujo su mano tocando la dureza oculta y comenzando a acariciarle con
movimientos ascendentes y descendentes.
El niño-que-vivió gemía al sentirse llevado a una dimensión de placer jamás
conocida. Trató de devolverle el trato al hombre, pero un movimiento más intenso
sobre su miembro le distrajo. Cuando creía que ya no podría más, las manos se
retiraron para dejar paso a una hambrienta boca.
Primero la sintió humedeciendo sus testículos, recorriendo cada recoveco por
profundo que fuese, cuando la lengua acarició el perineo creyó venirse ahí
mismo, las sensaciones se dispararon en todo su cuerpo y se arqueó deseando ser
poseído en ese mismo instante por el hombre mayor.
Siguió un leve beso en la punta, seguido por otros alrededor de toda su
superficie. Como un caramelo lamió cada pliegue, cada vena, para finalmente
introducírsela entera y comenzar a succionar. Sin sacarla de la boca comenzó a
estimularla con los músculos de su garganta, una habilidad que adquirió hace
muchos años, en su adolescencia. El gryffindor gemía y se retorcía ante este
trato. En ocasiones sentía presión en la punta, luego esta se relajaba para
intensificarse lanzando ráfagas de placer por toda la columna. Los testículos
eran hábilmente acariciados por ágiles manos.
Tras unos minutos de dulce tortura en que el miembro de Harry fue dulcemente
engullido, lamido y succionado, alcanzó el punto clave tras el que no había
marcha atrás. La boca no se retiró, y durante las convulsiones del orgasmo
recogió toda la ardiente semilla.
Severus se elevó para alinear su cuerpo con el del menor. Besó sus labios
dándole a probar su propio sabor en este gesto.
Agotado tras la explosión se dejó besar y acariciar mientras trataba de
normalizar su respiración. Antes de darse cuenta las hábiles manos de su maestro
había vuelto a despertar su hombría.
- No sabía que se pudiese repetir tan pronnto. – Dijo el-niño-que-vivió,
entrecortadamente, sorprendido de la reacción de su propio cuerpo.
- Generalmente no, pero no te caracterizass por ser alguien que se atiene a las
normas. Además no vamos a repetir, vamos a probar algo nuevo. – Respondió el ex
mortifago.
Sin tiempo a más charla volvió a tomar su boca y a entrar en ella, las lenguas
se enredaban en rápida danza. Las manos viajaban por ambos cuerpos acariciando y
pellizcando todo lo posible.
La mano de Harry se dirigió al miembro de Snape, pero este la interceptó
enredándola con la suya.
- No lo hagas si no quieres que la fiesta termine aquí mismo, yo no tengo tu
capacidad de recuperación.
Asintiendo se dedicó a zonas menos peligrosas. Con ambas manos presionó el
trasero de su acompañante aumentando la fricción entre sus cuerpos. Y acelerando
la respiración de ambos.
- No tenemos lubricante. – Logró pronunciaar Severus apunto de introducir un dedo
en la entrada del gryffindor.
Como contestación su mano fue atraída hacia la boca del muchacho de ojos verdes
y sus dedos humedecidos en saliva.
Intentando frenarse, para no penetrarlo en ese mismo momento, tras tan
placentero trato a sus dedos, dirigió uno de ellos hacia la ansiosa entrada. La
carne estaba caliente y apretada, palpitante al toque. Lentamente lo introdujo y
comenzó a moverlo con movimientos circulares, buscando la próstata del joven.
Sintió los músculos relajarse y volverse a contraer levemente cuando acertó el
lugar. Fue entonces cuando un segundo dedo entró. Se repitió la lenta tarea de
distender la zona. Los dedos entraron y salieron, trazaron círculos sobre la
carne, y acariciaron levemente el punto erógeno del interior de Harry.
El joven se movía desesperado, tratando de empalarse más contra esos dedos que
tan cruelmente le torturaban, queriendo retenerlos en su interior.
Gimió en protesta cuando los notó retirarse para entrar con otro compañero. Ya
no podía aguantar más el deseo, quería tener a Severus dentro de él, en ese
mismo instante.
- ¡Hazlo de una vez! – Rogó perdido en el mar de sensaciones.
Obediente y notando que ya estaba totalmente preparado colocó su miembro en la
entrada, sin atreverse aún a meterse dentro, temeroso de dañar al muchacho.
Ante la falta de movimiento fue él mismo el que se movió, causando la
penetración. Un grito, mitad dolor, mitad placer, escapó de sus labios, siendo
acallado por su maestro. Dio otro empujón antes de sentirse completamente lleno.
Algunas lágrimas regaban sus ojos pero el placer era mayor.
El ex mortifago no se movía, pendiente de cualquier gesto de la cara de su
gryffindor. Las paredes del interior de Harry aprisionaban su miembro con
dureza, quería moverse, necesitaba hacerlo, pero no hasta que el joven no
estuviese preparado.
Cuando sintió los músculos relajarse y acostumbrarse a su presencia salió casi
totalmente para volver a clavarse en una profunda embestida. Esta vez el gemido
que salió de ambos fue de puro placer.
Los movimientos aumentaron su ritmo conforme pasaban los minutos, la penetración
era muy profunda. Las piernas del niño-que-vivió aferradas a la cintura de su
profesor.
Severus salió de él y lo volteó dejándolo a cuatro patas. Se introdujo en él con
fuerza agarrándolo de la cadera para estabilizarse. Harry gemía descontrolado,
creía morirse y renacer con cada roce del miembro del hombre contra su próstata.
Uno minutos más y Snape también perdió todo resquicio de cordura. Aún no estaba
listo para liberarse pero el cansancio comenzaba a poder con él.
Las embestidas perdieron precisión y fuerza, el sudor bañaba los cuerpos.
Entonces el de ojos verdes se apartó. Hizo al hombre tumbarse en el suelo y de
un solo movimiento se empaló. Comenzó a moverse arriba y abajo sintiendo sus
entrañas contraerse con el esfuerzo, aprisionando el gran miembro dentro de él.
Una mano tomó su erección y comenzó a masajearla con idéntico ritmo. Ambos
estaban próximos al límite de sus fuerzas.
Un orgasmo salvaje sacudió el cuerpo de Harry, cayendo una última vez sobre la
erección de su pareja mientras su espalda se arqueaba. Los ojos cerrados,
mordiéndose el labio inferior. Sus músculos se contrajeron causando idéntica
reacción en Severus. Un placer como ninguno había sentido les envolvió.
Tras segundos, quizá minutos, en que perdieron la noción del tiempo y el lugar,
el joven de ojos verdes se movió, liberando el miembro de su profesor. Agotado
solo acertó a moverse un poco hasta dejarse caer prácticamente encima del
hombre.
Las respiraciones se calmaban, los corazones volvían a latir a su ritmo. El
mayor acariciaba los desordenados mechones de pelo del joven que se aferraba a
su pecho.
Despertaron horas después, no sabían cuando era. Las antorchas se habían apagado
y comenzaba a faltar el aire.
- ¿Severus? ¿Qué está ocurriendo? – Pregunntó Harry asustado.
- No lo se pequeño. – Dijo él abrazándolo..
- Me cuesta mucho respirar.
- Creo que el aire se nos está acabando.
- ¿Vamos a morir? – Inquirió sollozante.
- No lo sé. – Por primera vez en mucho tieempo no tenía una respuesta válida. El
creía que iban a morir, pero de ningún modo pensaba decírselo al chiquillo.
- Tengo mucho sueño, y frío.
Le abrazó con los ojos llorosos, él también notaba la falta de aire, le dolían
los pulmones del esfuerzo y una extraña somnolencia parecía apoderarse de todo
su cuerpo.
- Severus. Te quiero. – Oyó decir al muchaacho antes de sentirle caer dormido.
- ¿Harry? Despierta por favor. ¡Escúchame!! Por favor despierta. – le abrazó
fuertemente, notando la respiración tan débil que lo mantenía con un hilo de
vida. – No me dejes. Te quiero.
Calló él también dormido de un sueño del que no esperaba despertarse.
- Hay que tirar esto rápido, están muy débbiles, casi no les queda aire.
- Hacemos todo lo que podemos Señor Dumbleedore, pero el trabajo es duro.
- Vamos a perderlos. – Gimió angustiado ell hombre. Se había extrañado de la
ausencia de ambos durante la ceremonia y al preguntar a Remus descubrió que
Harry había acudido a Gringotts, al igual que Severus según le dijo por la
mañana. Apareciéndose en el lugar, lo encontró muy deteriorado. Un terremoto de
gran magnitud había sacudido el Callejón Dragón, al parecer dos gnomos había
podido llegar a la superficie, minutos antes, contando la situación de los
atrapados.
Antes de tener confirmación, su corazón ya le avisó de que se trataba de ellos.
Asustado por poder perder a ambos magos, se unió al grupo de rescate. Ahora se
encontraban frente a la cámara sellada por la avalancha de rocas tras la cual
agonizaban dos personas muy queridas para él.
- No hay tiempo. ¡Apartaos! – Gritó muy assustado cuando notó el poder de ambos
disminuir hasta casi extinguirse.
Un rayo de luz procedente de la varita de Dumbledore impactó contra la mole de
piedra creando un agujero lo suficientemente grande como para poder entrar un
mago agachado.
El aire entró a raudales por la apertura renovando la cámara. Las antorchas,
apagadas a falta de oxígeno, se encendieron de nuevo. Justo en el centro, sobre
una capa negra estaban ambos cuerpos, desnudos y abrazados. Una mano
entrelazada. Severus protegía a Harry con la otra, sumergiéndole en un abrazo.
El niño-que-vivió acariciando la mejilla de su maestro.
Temeroso de no encontrar ya vida en ellos el anciano se aproximó. Agachándose
junto a ellos notó los latidos de su corazón, aun eran débiles, pero
sobrevivirían. Unos segundos más y les habrían perdido.
Harry despertó en la enfermería de Hogwarts, hacía años que no entraba allí. La
imagen de un hombre dormido en la silla, con la cabeza apoyada en la cama y la
mano enlazada a la suya le recordó la realidad.
- ¿Severus?
El maestro despertó al oír la voz de su amado. Él se había recuperado unas horas
después, pero el joven llevaba ya dos días inconsciente. Hasta Remus, obligado
por un preocupado Bill se había ido a descansar, abandonando la constante
vigilia. Pero nadie había logrado apartarle a él de ese lugar.
Había estado a punto de perderle, y aún no había podido decirle que le amaba,
pues para cuando fue capaz de decirlo, él no había podido oírle.
- Has despertado. – Exclamó acariciándole la mejilla.
- Tenía que verte. – Respondió.
- Hay algo que antes no pude decirte.
- ¿Y que es?
- Te quiero.
Cuando la enfermera llegó a la mañana siguiente se encontró con ambos pacientes
abrazados y dormidos en la cama de Harry. En sus rostros la sonrisa más sincera
que jamás había visto. Ahora eran felices. Las dos almas solitarias al fin
habían encontrado su otra mitad.
FIN
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