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-Hermione... eh... me... me estas... asfixxiando – le dijo un Harry cuyo rostro
estaba pasando del morado al azul pálido, intentando por todos los medios poder
llevar oxígeno a sus pulmones
-Oh... lo siento – le dijo Hermione al missmo tiempo que aflojaba un poco la
corbata verde esmeralda que intentaba atar alrededor del cuello de Harry
-Al menos a ti no te obligó a ponerte una corbata rojo quemado – se quejó Ron
-Dejen de quejarse, sin mi ayuda no podríaan lucirse en este San Valentín
-Yo no quiero lucirme – dijo Harry inmediaatamente
-Bajarían vestidos de payasos como es su ccostumbre – siguió la chica ignorando
olímpicamente el comentario de Harry
-Nosotros no nos vestimos como payasos – oobjetó Ron
-Tienes razón, me disculpo por lo que dijee... los payasos tienen mejor gusto –
Ron iba a objetar nuevamente, pero Hermione tomó a ambos chicos del brazo y los
arrastró, literalmente, al Gran Comedor
Era el último San Valentín que Harry y sus amigos celebraban en Hogwarts, y
Hermione quería que por una vez en su vida escolar, Ron y Harry vistieran como
personas con gusto en el desayuno, aunque más tarde tuvieran que ponerse la
túnica encima.
Cuando estaban a punto de llegar al Gran comedor, Harry sintió como su estomago
comenzaba a retorcerse, no quería llegar ahí y ver la montaña de regalos que
seguro habría sobre su lugar. Simplemente era algo que le desagradaba por
completo: docenas de chicas (y chicos) que le enviaban cartas de amor y regalos
tontos (como corazones saltarines) con tarjetas cursis que prácticamente decían
exactamente lo mismo “Eres el hombre perfecto para ser mi amor eterno”, ¿Cómo
podían saber si era perfecto o no? No existía el hombre perfecto, además, ni
siquiera se molestaban en conocerlo verdaderamente a él, a Harry, al chico
detrás de la fama, para todas esas chicas (y chicos) solo existía Harry Potter,
El-Chico-Que-Vivió, y que estaba destinado a vencer a Lord Voldemor, y no Harry,
el chico huérfano que se crió con sus tíos muggles y que necesitaba
desesperadamente de alguien que comprendiera lo que era llevar sobre su espalda
la carga de ser el Salvador del Mundo Mágico y las miles de vidas que eso
implicaba.. Nadie, nunca, a lo largo de toda su vida, se ha tomado la molestia
de ver al corazón detrás de la fama... nadie...
-¿Harry? ¡Hey, Harry! – el Moreno parpadeóó ligeramente desconcertado. Sin darse
cuenta habían entrado al Gran Comedor y él estaba sentado frente a una gran fila
de cartas y paquetes
-¿Estas bien Harry? – le preguntó Hermionee al notar el ausentismo de su amigo
-Si, si, solo... me distraje – Harry vio dde reojo los regalos y cartas apiladas
frente a él, Hermione sonrió comprensiva
-Harry tienes que empezar a abrir los obseequios de tus admiradoras – le dijo
Seamus sin siquiera intentar disimular su gran sonrisa
-Si, y tendrás que hacerlo rápido si quierres comer algo en tooodo el día – le
dijo un sonriente Dean
-Jaja, que graciosos – dijo Harry con un ttono claramente lleno de sarcasmo
-Ve el lado bueno de esto Harry – le dijo Neville a su lado – al menos no eres
el único que sufrirá por algo “así” – Harry dirigió su vista hacia donde Neville
le indicaba, viendo una montaña de regalos y cartas de similar tamaño a la que
yacía frente a él sobre la mesa de Slytherin, detrás de esa “montaña” pudo ver a
Draco Malfoy pavoneándose ante el resto de los slytherin por haber recibido una
mayor cantidad de regalos que todos ellos juntos.
-Es un patán engreído – escuchó gruñir a RRon
-Tal vez – empezó Hermione – pero con buenn gusto para vestir
Harry tenía que aceptar que Hermione estaba en lo correcto. Malfoy llevaba una
camisa hecha de algún tipo de seda, en color plata y con alguna especie de
bordado por todo el frente, haciendo que con los destellos que irradiaba, su
cabello rubio platinado brillara más de lo habitual, esa camisa junto con un
pantalón negro un poco ajustado le daban un toque elegante y a la vez glamoroso.
Agradeció interiormente el haber permitido que Hermione dirigiera su arreglo
personal al menos así no tendría que soportar las burlas de Malfoy sobre vestir
ropa cuatro veces más grande que su propio cuerpo. Él nunca se había imaginado
llevar una combinación como la que Hermione le hizo vestir ese día, vestía
completamente de negro, eso incluía a su camisa, pantalón, cinto y zapatos, y el
único detalle de color era una corbata en verde esmeralda, que según Hermione le
hacía resaltar el color de sus ojos, dándoles un toque enigmático, además de
acentuar el color de sus facciones, y si su amiga creía eso, él también lo
haría.
-Vamos Harry, comienza a abrirlos y deja dde babear
-No empieces Ron – le dijo Harry comenzanddo a abrir una caja de donde comenzaron
a saltar hacia él pequeños corazones – vaya... que sorpresa – murmuró entre
dientes
-No te quejes Harry – dijo Hermiente mienttras abría una de las cartas que le
llegaron a su amigo y comenzaba a leerla. Después de leer las primeras líneas,
la cerró lo más rápido posible al mismo tiempo que su rostro se ponía más rojo
que el cabello de un Weasley
-¿Ocurre algo? – preguntó Harry a la vez qque abría otro regalo en cual esta vez
los corazones tenían alas y volaban alrededor de él
-¿Una noche de pasión desenfrenada? – la vvoz de Ron se quebró tratando de
reprimir una carcajada, a lo que Hermione asintió vigorosamente, poniéndose aún
más roja, provocando en Ron un ataque de risa que casi le hace caer de su silla.
Harry ya comenzaba a fastidiarse de todo eso, comenzaba a pensar en la seria
posibilidad de cargar con todo, llevarlo hasta su sala común y arrojarlo todo a
la chimenea, así al menos tendrían un uso productivo, pero algo capturó su
atención,: un paquete envuelto en un papel de color plata y atado con un fino
listón en color verde, muy diferente al rojo que abundaba sobre la mesa, había
estado sepultado por los demás paquetes, y por esa razón no lo había visto
antes. Lo sacó a la superficie viendo que sobre la tapa y atada junto al resto
del paquete también había una carta. Desató el listó con cuidado y tomó la carta
sacando el pergamino del sobre, comenzando a leerlo:
Harry:
Lo más lógico para iniciar esta carta sería algo como: ¡Feliz San Valentín! O
alguna estupidez por el estilo, pero no haré mención de frases inútiles y sin
sentido ¿Sabes porque? Porque este día que para todos es especial, para mi es el
peor de mi existencia por la sencilla razón de que tu no estas a mi lado para
disfrutarlo con frases insulsas, porque simplemente tu no me conoces.
Y no es porque jamás me hayas visto, diariamente tus ojos encuentran a los míos
de la misma forma en que yo encuentro los tuyos, compartimos palabras, pero no
son precisamente promesas de amor eterno, sino todo lo contrario, me ves a
diario y como todos, pasas de largo, ese, en realidad es el problema, solo me
ves, no te detienes a observarme, ni siquiera lo intentas, te dejas llevar por
una máscara, una simple apariencia... al igual que el resto del mundo.
Pero eso es algo contra lo que no se puede luchar ¿Cierto? Tu mismo eres un
cruel ejemplo de ello.
Sin embargo eso no significa que la vida que llevamos sea de nuestro agrado, que
ansiemos vivir lo que nos otros esperan que hagamos, tenemos anhelos, ilusiones,
metas que deseamos cumplir, pero eso parece no importarle al Mundo.
¿Has sentido alguna vez que la vida se te escapa de las manos? ¿Qué todos a tu
alrededor han planeado tu futuro? ¿Qué han marcado el como vas a vivir? ¿Incluso
el como vas a morir? ¿Acaso no odias no tener el control de tu propia vida, y
sean otros los que decidan por ti? Yo sí.
Odio el tener que seguir un camino que yo no quiero andar. Odio tener que ver
como me juzgan sin saber la verdad, Mi verdad. Odio no tenerte a mi lado por el
simple hecho de ser quien soy. Odio no poder hablarte y decirte todo aquello que
deseo. Odio no poder estar cerca de ti. Odio que mi única compañía sea la
soledad.
¿Alguna vez has sentido como la soledad de rodea? Como extiende sus alas
cubiertas por la oscuridad, intentando cubrirte con ellas, para luego devorarte
mientras que tu te retuerces en la agonía de estar solo, de que nadie acudirá a
tu llamado por más que intentes desgarrarte la garganta en gritos de ayuda, ya
que ningún sonido en realidad sale de tu garganta, por más que te esfuerces, por
más que lo intentes, nunca podrás gritar... Duele... lo se... duele mucho, y se
que tu también sufres el dolor de estar solo, de no poder confiar verdaderamente
en nadie, de que nadie vea quien eres realmente, el que solo admiren una figura,
una leyenda, más nunca vean la verdad, sufres... al igual que yo...
Yo se del dolor que habita en tu alma atormentada, el mismo que habita en la mía
y que se torna más oscuro a cada minuto que pasa. Nadie nota ese dolor... nadie
lo ha sentido destruirnos el corazón, la fe, la esperanza... nadie sabe de ese
dolor... nosotros si. Es un dolor que con lentitud desgarra el alma, que te
retuerce en una agonía y te hace ver que la vida no es más que una cruel burla
que disfruta el verte sufrir, haciéndote sentir solo cuando estas rodeado de
multitudes. Cuando, tal vez, la única persona que puede liberarte de ese
sufrimiento esta frente a ti... y no puedes verla.
¿Podrás ver a través de la oscuridad y el dolor, a través de las máscaras del
odio, que yo siempre estaré ahí... amándote?
Sin embargo, el tiempo que compartimos, el que puede darnos una pequeña
esperanza, poco a poco se acaba y he estado esperando toda mi vida por algo que
tal vez nunca llegue:
Tu amor Harry.
La vista de Harry estaba nublada debido a las lágrimas que luchaban por salir.
Sentía una dolorosa presión en el pecho que le impedía respirar, así como un
nudo en la garganta que le hacía casi imposible hablar y digerir lo que acababa
de leer ¿Sería posible...? ¿Sería posible que alguien se hubiera detenido a
mirarlo dos veces? ¿Qué hubiera hecho a un lado su fama de héroe y lo había
visto a él, a Harry? Y no solo eso, sino que además lo entendía, comprendía todo
por lo que estaba pasando, su dolor... su soledad... sus frustraciones... y
sobre todo... su necesidad de sentirse amado...
-¿Harry, te sientes bien? – la voz de Hermmione lo hizo volver a la realidad.
Harry cerró los ojos tratando de controlarse, podía sentir como su cuerpo
temblaba. Ron y Hermione intercambiaron miradas de preocupación
-Amigo, ¿Seguro estas bien? ¿La carta traíía malas noticias? - la pregunta de Ron
le hizo sonreír de lado ¿malas noticias? No, no eran malas noticias, sino las
que toda su vida había estado esperando.
-¿Entonces....? - Hermione negó con la cabbeza haciendo que Ron dejara la
pregunta a medias
-¿En ese caso porque no abres el regalo? –– le dijo la chica, esperando que al
desviar el tema su amigo se tranquilizara. Harry respiró profundamente y tomó el
paquete plateado, retiró la tapa, dentro había una caja pequeña de caoba de
forma rectangular, con grabados de dragones en pleno vuelo y cuyo broche de
plata semejaba la cabeza de un dragón
-Waw – murmuró un asombrado Ron, quitándolle la palabra que Harry habían pensado
-Es hermoso – dijo Hermione – ábrela
Harry tomó la cajita con manos temblorosas, temiendo romperla o mancharla, con
sumo cuidado levantó la tapa. Enseguida llegó a sus oídos una suave melodía, era
una música tenue y delicada, muy lenta, llena de vaivenes sobre un tema que de
alguna manera le era muy relajante... algo intimo, como si se tratara de un
amigo de toda la vida que lo conocía y lo confortaba con ese delicado sonido,
como si comprendiera por lo que había estado pasando, comenzando con notas
tristes, casi desesperadas, para luego pasar a un ritmo más fuerte como si
hubiera sacado fuerzas del fondo de su corazón...
El suave compás de la música, le hizo olvidar por un momento el torrente de
emociones que le había causado la carta y dejarse envolver por las notas de esa
bella melodía. De pronto la sensación de sentirse manipulado le inundó todo su
ser, sentirse como si hubiera vivido como la pieza de un juego de ajedrez que
alguien movía a su antojo, manipulándolo a diestra y siniestra sin importarle
sus sentimientos, el si estaba conforme con esos movimientos, el que creara
estereotipos sobre él, sobre sus amistades y enemistades, toda la cruel realidad
le llegó de golpe, fue conciente de no tener el pleno control de su vida... de
no tener verdaderamente una vida que controlar...
Cerró la cajita de golpe, todo el Gran Comedor se había sumergido en una
sensación de ensoñación al escuchar las primeras notas, y al notar el repentino
silencio, toda su atención se centró en Harry Potter. Harry temblaba, con su
mano aún sobre la cajita, se sentía frustrado, humillado, estaba furioso con
todo y con todos, nunca había tenido la posibilidad de elegir como vivir, habían
sido otros los que habían trazado su camino, incluso la irracional idea de que
no tuviera una familia verdadera rondó por su cabeza como si eso hubiera sido un
plan para tener mejor control sobre él.
-¿Harry? – lo llamó Ron, mientras colocabaa su mano sobre la espalda de su amigo.
Eso lo hizo reaccionar. Se levantó de golpe, tomó la cajita y la carta y salió
corriendo del Gran Comedor, sin importarle el que todos lo miraran, unos
extrañados otros asustados y solo unos cuantos preocupados. No le importaba
nada, solo quería correr y perderse de todas aquellas miradas hipócritas que
solo lo usaban para su propio bienestar, porque debían de estar al lado del
Chico que era capaz de derrotar al Mago Oscuro más temido por todos los tiempos,
porque solo lo veían como una leyenda y no un chico común. Odiaba eso...
Quería correr, quería esconderse, quería llorar hasta que se le acabaran las
lagrimas, quería gritar hasta destrozarse la garganta, pero más que nada, quería
abrazar a la persona que le había escrito esa carta, decirle que podían
compartir su soledad, que juntos podrían salir a la luz y trazar un nuevo camino
solo para ellos, quería sentirse amado con la misma pasión con la que escribía y
sobre todo... quería amarlo.
*********
-¿Cómo esta?
-No lo se, sigue metido en su cama y con hhechizos alrededor de ella para que no
nos acerquemos – Ron se dejó caer sobre un sofá frente a la chimenea de su sala
común., Hermione estaba sentada sobre uno de los sillones de los lados.
Permanecieron unos minutos en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos,
aunque ambos sabía que esos pensamientos tenían nombre y apellido: Harry Potter
Desde que había salido del Gran Comedor, Harry se había encerrado en su
habitación, más específicamente en su cama y desde entonces no había salido de
ahí, ni siquiera había asistido a clases, lo que había provocado que los
profesores se molestaran y le encargaran deberes extras, pero eso no era
realmente lo preocupante. Lo preocupante era el hecho de que estaba oscureciendo
y Harry no había comido en todo el día, ni siquiera en el desayuno, y ellos por
más que insistían, Harry no les permitía verlo.
-¿Qué crees que diga esa carta? – preguntóó Ron sin dejar de ver las llamas de la
chimenea. Hermione vio a Ron por unos segundos para luego desviar su vista hacia
el fuego de la chimenea y responder con voz firme
-Seguro algo que Harry ha estado buscando – Ron despegó su vista de la chimenea
y la dirigió hacia su amiga, pero ella tenía la vista perdida en algún punto de
las llamas.
***********
Harry permanecía acostado sobre su cama, con la carta en su mano y la cajita al
lado de su cabeza, la música resonaba con espléndida claridad siendo ahogada por
los hechizos antisonido que había puesto en los doseles de su cama. Todo el día
la había estado escuchando, una y otra vez, tanto que prácticamente se había
grabado en su memoria y había logrado identificar el instrumento de donde
emanaba: un violín.
Un violín que con sus cuerdas y arco producía el más sublime sonido,
permitiéndole soñar una vida diferente, permitiéndole sentir tantas emociones y
sentimientos que pocas veces había sentido: comprensión, paz, anhelo... y sobre
todo... amor...
Un amor tan pasional y sublime que le hacía desear más, que le hacía pedir más,
poder vivirlo, poder sentirlo...
Una lagrima solitaria marcó un camino cristalino por su mejilla hasta caer y
desintegrarse en la tela de su almohada. Cerró los ojos con fuerza tratando de
retener esos sentimiento, de no dejarse llevar nuevamente por las alas de la
soledad. No quería volver ahí... no podría soportarlo de nuevo... no ahora que
un poco de luz comenzaba a desfragmentar su oscuridad.
Cerró con suavidad la cajita sumergiéndose en un profundo silencio, se sentó aún
sobre la cama y se limpió el camino que sus lagrimas habían dejado en su rostro.
Necesitaba aire fresco, necesitaba salir de ese encierro, de los muros que el
mundo había fabricado a su alrededor. Desechó todos los hechizos sobre su cama y
guardó la cajita del broche de dragón y su carta en su baúl, vio que el resto de
las camas estaban cerradas y notó que ya había anochecido. Tomó su capa de
invisibilidad y salió rumbo al Bosque Prohibido.
Caminaba sin rumbo fijo, ni siquiera era conciente de que ese camino aún lo
llevara a la parte segura del Bosque Prohibido, pero tampoco eso le importaba
mucho, solo caminaba por inercia, sumido en sus pensamientos ¿Quién era la
persona que le había escrito? ¿En verdad lo comprendería como decía? ¿Lo amaría
realmente? Y si llegaba a saber de quien se trataba ¿Qué haría? ¿Se arrojaría a
sus brazos? ¿Llegaría a amarlo? ¿O simplemente le preguntaría si era verdad todo
eso, y después se separarían como si nada hubiera pasado? No... eso no... tanto
tiempo... tantas noches en vela esperando que esa persona llegara y ahora que
parecía encontrarla, no la perdería...
Se detuvo en seco
Le había parecido escuchar una melodía en medio de su camino al lago. Concentró
todos sus sentidos en saber si había escuchado el sonido de un violín. Durante
unos segundos permaneció inmóvil, atento a cualquier sonido fuera de lugar...
Volvió a escucharlo
Una nota suave y lenta... le era familiar. Caminó tratando de seguir el sonido,
quería encontrar la fuente, ya que conforme avanzaba, más seguro estaba de que
esa melodía era la misma que había estado escuchando todo el día. Tan
concentrado estaba en seguir el sonido que no supo cuando dejó de caminar para
comenzar a correr. Ni siquiera le importó el hecho de que su capa se deslizó,
dejándole al descubierto la mitad del cuerpo. Lo único que quería era llegar
hasta la persona que tocaba esa melodía, porque encontrar a esa persona
significaba encontrar a quien había buscado desde hacía mucho tiempo.
Se detuvo cuando pudo distinguir a lo lejos una silueta a la orilla del lago. Se
acomodó la capa y se acercó con lentitud tratando de no perturbar a esa persona,
quería seguir disfrutando de esa música y quería ver su rostro mientras tocaba.
Aún con la capa de invisibilidad, se colocó tras un grueso árbol. A esa
distancia pudo ver mejor a la persona, llevaba una larga capa negra con capucha
que lo cubría por completo solo permitiéndole ver unas manos blancas que
sostenían un violín que descansaba delicadamente sobre su hombro izquierdo.
A Harry esa imagen le recordó un hermoso elfo observando el menguar de la luna.
Cerró los ojos dejándose envolver por la música, sintiendo nuevamente esa
sensación de paz y seguridad que lo envolvía con delicadeza, sintiendo como su
soledad se alejaba cada vez más.
Una fuerte corriente de viento le hizo entreabrir los ojos. Viendo como la capa
de ese elfo revoloteaba con fuerza dejando al descubierto un pantalón negro y
una camisa de plata. Harry abrió los ojos con sorpresa. Reconocía esa ropa, pero
no podía ser ¿O si?
Y como si el viento le respondiera esa pregunta, nuevamente sopló con fuerza
removiendo la capucha que cubría el bello rostro, removiendo a su vez el cabello
rubio platinado que brillaba con intensidad bajo los rayos lunares.
Harry dejó caer la capa de invisibilidad que lo cubría, sintiendo como si lo
hubiera abofeteado ¡¡Ese era Draco Malfoy!! No, no podía ser, su mente debía de
estarle jugando una broma de muy mal gusto. Malfoy no podía estar ahí, no pudo
ser él quien le escribiera esa carta, no podía ser él quien tocara esa bella
melodía, no podía ser él quien jurara amarle, no podía ser él a quien Harry
deseaba amar... no podía... sin embargo, ahí estaba Draco Malfoy observándolo
con esos fríos ojos grises con ligera sorpresa, de sus manos cayeron el violín y
el arco, produciendo un delicado golpeteo amortiguado por el césped sus finas
facciones adquirieron rápidamente una expresión inescrutable, dejando la
expresión de sorpresa rápidamente en el pasado, como si nunca hubiera sucedido.
Harry se acercó a él con pasos lentos, pero seguros. Su cabeza le gritaba que
era un malentendido, que solo era una coincidencia, y que debía de regresar a su
Sala Común y olvidarlo, pero su corazón latía con fuerza, como nunca antes lo
había hecho, incitándolo a seguir adelante, y a acercarse a ese ser que podía
ser su salvación... o su perdición.
Se detuvo a unos pasos de Malfoy sin dejar de verlo a los ojos, tratando de
descubrir algo que le indicara que debía de hacer, si debía golpearlo hasta
dejarlo inconsciente, hasta destrozarse los puños, o besarlo con toda la pasión
y el amor que tuviera por haber encontrado a quien buscaba.
/solo me ves, no te detienes a observarme, ni siquiera lo intentas, te dejas
llevar por una máscara, una simple apariencia... al igual que el resto del
mundo./
-Malfoy – pronunció sin odio, sin aberraciión, solo como un apellido más. Vio
pequeños destellos en los ojos de plata, destellos que nunca antes había visto
en esos diamantes siempre fríos.
-Potter – dijo Draco en un tono similar, ppero como si acariciara cada letra con
suavidad, sin ese sarcasmo y altanería que le crispaban los nervios, sin esa
actitud superior que tanto odiaba.
/Odio no tenerte a mi lado por el simple hecho de ser quien soy. Odio no poder
hablarte y decirte todo aquello que deseo. Odio no poder estar cerca de ti/
Harry avanzó un par de pasos más para luego inclinarse y tomar el violín junto
con el arco que yacían a los pies de Draco, todo con extrema lentitud como si
cualquier movimiento brusco enturbiara la atmósfera tan frágil que los rodeaba.
/ Cuando, tal vez, la única persona que puede liberarte de ese sufrimiento esta
frente a ti... y no puedes verla./
-Toca para mi – le dijo Harry ofreciéndolee el instrumento. Draco abrió un poco
más sus ojos como señal de desconcierto, pero su rostro seguía imperturbable.
Tomó el violín y su arco sin dejar de ver a las bellas esmeraldas que lo
observaban con atención, colocó el violín sobre su hombro izquierdo y recargó su
mejilla sobre la superficie del instrumento, luego posicionó el arco sobre las
frágiles cuerdas y el primer sonido salió de ellas. Suave, lento, con cierto
temor, siguiéndole otros sonidos igual de suaves, pero que poco a poco
incrementaban su fuerza. Inconscientemente Draco cerró los ojos permitiendo a
sus sentimientos tomar el control de la música, hablándole a través de las
notas, diciéndole con ellas todo lo que sentía.
Harry pudo sentir a través de la música la soledad de Draco, su desesperación,
su dolor y su lucha, tantos sentimientos iguales a los suyos, tantas semejanzas,
pero más fuerte que todo eso, pudo sentir el amor... un amor que había deseado
conocer, que había deseado abrazar, un amor tan fuerte como el que había estado
guardando para aquella persona que pudiera verlo tal y como es en realidad...
Fijó sus ojos en las facciones ahora relajadas del slytherin, tan diferentes a
lo que conocía de él, pero a la vez tan atrayentes.
/¿Podrás ver a través de la oscuridad y el dolor, a través de las máscaras del
odio, que yo siempre estaré ahí... amándote?/
Con anterioridad había aceptado un par de veces que Draco Malfoy era atractivo,
lo había aceptado como un chico acepta que otro se ve bien, pero ahora que lo
veía de una forma diferente, mucho más profunda, veía que no solo era atractivo,
sino hermoso, su piel era blanca como la porcelana y su cabello parecía hilos de
oro moviéndose al ritmo del viento, y sus manos, sus manos eran delicadas, pero
de contornos firmes, se sorprendió a si mismo deseando que esas manos lo tomaran
con la misma fuerza y delicadeza con que tomaban el violín.
La música cesó, dejando escuchar solamente el susurrar del viento y el mover de
algunas ramas. Draco abrió sus ojos lentamente, como si acaba de despertar de un
sueño y lo primero que vio fue un par de esmeraldas que lo observaban con
cariño. Bajó sus brazos colocándolos a cada costa de su cuerpo, con el violín en
una mano y el arco en la otra. Se observaron a los ojos, cada uno pensando en la
forma en que debían de actuar con el otro. Descubrir sus sentimientos más
protegidos podría destrozarlos más ferozmente que la peor de las maldiciones.
Los labios de Harry se entreabrieron sutilmente, comenzando a formar palabras
que Draco conocía a la perfección.
-El tiempo que compartimos, el que puede ddarnos una pequeña esperanza, poco a
poco se acaba y he estado esperando toda mi vida por algo que tal vez nunca
llegue: Tu amor Draco. – el slytherin dejó caer su mascara de indiferencia,
perdiendo todo el autocontrol que había logrado mantener su fachada
imperturbable. Dejándose ver tal y como era ante Harry: un ser humano que solo
deseaba ser amado por el chico frente a él.
Él había escrito esa carta en un momento de debilidad, de desesperación por que
Harry supiera lo que sentía por él. Él había sido el único que había logrado
conocer verdaderamente al chico que era la esperanza del Mundo Mágico, porque,
aunque el Mundo pensara que eran Némesis, en realidad eran más parecidos de lo
que podían creer, a ambos se les había trazado un camino desde antes de nacer,
nadie les había preguntado si estaban de acuerdo con ello, solo se les impuso.
Por eso se había enamorado de él, porque a pesar de vivir una vida planeada
trataba de disfrutarla, vivió una infancia carente de amor o cariño y al
encontrarlo en Hogwarts lo defendía con tal pasión que le hizo desear sentirse
amado y protegido por ese chico. Cuando escribió esa carta había deseado con
todo su corazón que Harry supiera su verdad, pero nunca hizo creer esa
esperanza. que llegara a entenderlo y mucho menos creyó que Harry llegaría hasta
él. Había estado inquieto desde la salida de Harry en el Gran Comedor, había
estado tentado a ir en su busca, inventar alguna excusa, algún problema solo
para verle, pero había desistido de esos intentos inútiles, en cambio había
salido, esperando que con ayuda de su violín pudiera calmarse, nunca imaginó que
el destino lo reuniría con el ser que amaba, mucho menos que sucediera lo que
acababa de ocurrir.
Soltó su instrumento sin importarle el que se dañara, lo único que su mente le
gritaba que era importante en ese momento que besara a Harry. Tomó entre sus
manos el rostro ligeramente sonrojado de Harry y sin darle tiempo a reaccionar
unió sus labios en un beso, mordiendo suavemente y delineando con su lengua los
labios del Gryffindor, su Gryffindor. Sonrió contra los labios de Harry cuando
sintió las manos del moreno aprisionar su cintura y responder el beso.
Por primera vez en mucho tiempo, Harry se sintió pleno, lleno de una dicha que
nunca había experimentado, sintiéndose con la fuerza para cambiar el camino que
le habían impuesto. Sentía como si le quitaran un enorme peso de encima y todo
pareció volverse mas claro, más brillante. No dejaría que nada ni nadie lo
separaran de la fuente de esa dicha, de esa fuerza.
Lentamente se separaron, al abrir los ojos encontraron los del otro, más en su
mirada no habían el rencor y odio de antaño, habían un sentimiento que durante
mucho tiempo habían soñado con ver.
-¿Estas seguro de esto? No será precisamennte algo fácil – se aventuró Draco, sin
dejar de ver directamente a los ojos de Harry, deseando con todo su ser que las
cosas no volvieran a ser como antes.
-Será difícil, lo se, pero si permanecemoss firmes, podremos trazar un nuevo
camino... nuestro camino – dijo con tono suave. Un tumulto de emociones pasó por
los ojos de Draco, para luego aclararse y dedicarle una genuina sonrisa.
-Tienes razón... crearemos nuestro propio camino. - Y lo siguiente que Harry
supo, fue que los labios de Draco se cerraron sobre los suyos. La boca de Draco
sabía como un recuerdo familiar, como un lugar especial que recordaría siempre,
por el resto de su vida. Sus brazos mantenían a Draco cerca de él mientras se
besaban profundamente, dejando que el viento se llevara todo lo que los había
separado y que solo dejara lo que les había unido, sin máscaras y
manipulaciones, solamente eran ellos dos, compartiendo ese momento tan íntimo
sólo porque querían hacerlo... porque juntos podrían trazar un nuevo camino...
FIN.
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