Introducción
Muchos son los que temen al dolor. Tal vez es porque lo asocian a una herida
en alguna parte del cuerpo, un corte que provoca que las terminales nerviosas
se vuelvan locas, o lo asocian con verse desangrar lentamente y no poder hacer
nada por salva su inmunda existencia. Pero ese tipo de dolor no es nada
comparado con el dolor que se siente al perder a la persona que amas, hay una
herida, cierto, pero una profunda y terrible herida en tu corazón que
curiosamente no sangra, pero duele, y el dolor se transporta a través de la
sangre por todo el cuerpo, no sientes la desesperación de verte desangrando,
pero si sientes las desesperación de que tu estas vivo... y él no. Sientes la
desesperación de que tu inmunda existencia si se salvó y él fue el precio para
ello... y te duele, y te sientes culpable... y solo...
Tal vez te dirías "Ya estas acostumbrado a estar solo ¿de que te quejas?" pero
la verdad es que la soledad había desaparecido desde que él te tomo entre tus
brazos y con sus caricias fue despertando en ti la esperanza de vivir y con
sus besos te devolvió la vida. Es por eso que ahora que el no esta, la soledad
es aún más cruel contigo, recordándote a cada segundo que estas solo, que no
estas con él.
-¿Draco? - lo llamó una voz gentil. Hermione lo veía desde la puerta de su
habitación. Ron detrás de ella, ambos con miradas tristes. Draco estaba
sentado en la base del ventanal, tenía las piernas pegadas a su pecho y sus
brazos sujetándolas. Sus ojos estaban hinchados por tanto llorar y aún no
dejaban de hacerlo, las lágrimas surcaban su rostro sin misericordia. Hermione
estuvo a punto de echarse a llorar ahí mismo nuevamente, pero la mano de Ron
sobre su hombro le dio fuerza para decir las siguientes palabras - Es hora -
pero Draco no hizo ningún movimiento, la chica pensó que tal vez no la había
escuchado, o un peor: que había recaído a un estado vegetativo. Cuando iba a
acercarse notó como el rubio cerraba los ojos y suspiraba, ante ese movimiento
más lagrimas fluyeron de sus ojos, luego de unos segundos se puso en pie y con
lentitud se dirigió hacia Hermione y Ron.
-Vamos - les dijo con voz temblorosa. Los tres comenzaron a caminar rumbo al
Bosque Prohibido, su paso era lento a propósito, no querían llegar a su
destino, pero tarde o temprano tendrían que afrontarlo. Llegaron hasta una
capilla situada a la entrada del Bosque Prohibido, cerca del lago. El profesor
Dumbledore la había mandado construir al iniciar la guerra, había dicho que
sería el lugar ideal para aquellos que dieran su vida en la guerra, tal vez
supo que él estaría entre los que dieron su vida, y no queriéndose alejar de
Hogwarts la había mandado hacer. Había muchos magos y brujas alrededor de la
capilla, la mayoría se trataba de los sobrevivientes de la guerra, entre ellos
estaba el Profesor Snape que, para sorpresa de muchos, presidía el cortejo, al
igual que magos y brujas también estaban criaturas mágicas como centauros,
elfos, incluso algunos gigantes, todos estaban ahí para darle "el último
adiós" a la persona que yacía en un féretro hecho de cristal, lo que permitía
a todos verlo a la perfección. El cuerpo no parecía estar ya sin vida, al
contrario, parecía estar lleno de ella, su piel ligeramente morena brillaba,
sus labios estaban con ese ligero color carmín que los habían caracterizado,
su cabello negro y revuelto descansaba a su alrededor, y sus ojos, sus ojos
permanecían cerrados, como si disfrutase del placer del sueño, un sueño
eterno, del que nunca lo verían despertar.
Al ver llegar a los tres chicos, la multitud se hacía a un lado permitiéndoles
entrar, todos sabían de quienes se trataban y el honor y respeto que merecían.
Al llegar frente al ataúd, Draco sintió que sus fuerzas se escapaban y por un
lado lo deseó con fuerza, tal vez si caía muerto en ese lugar, en ese
instante, podría encontrarse con él. Escuchó sollozar a Hermione a sus
espaldas, seguramente ahora sería abrazada por Ron en un intento de darle
fortaleza, cuando el pelirrojo se desmoronaba por dentro. Todos sufrían, todos
lloraban la muerte de ese chico en el que recaía la esperanza del salvar al
mundo mágico, y lo había logrado, lo había salvado, pero a que precio. Draco
paseó su vista por el féretro, todo estaba según sus ordenes, si alguien tenía
el derecho de decidir de que forma se enterraría a ese cuerpo al que tantas
noches amó, ese alguien era él. El cuerpo había sido hechizado para que el
tiempo no pasará por el y llegara a descomponerse, conservaría su juventud y
belleza, no se atrevía a profanar ese cuerpo con el fuego, mucho menos dejarlo
pudrirse y que los gusanos disfrutaran de él. No, aún después de muerto lo
cuidaría. Muerto, esa palabra se repetía una y otra vez en su cabeza,
clavándose como una daga en su corazón.
Ese era el verdadero dolor, al que todos debían temerle.
Observó la placa de oro colocaba a un costado del ataúd, tenía grabados en su
superficie, eran palabras expresadas desde lo más profundo del corazón de
quienes las plasmaron en la placa. Conforme iba leyendo sentía como sus
lagrimas recorrían su rostro, pronto el respirar se hizo una tarea difícil,
sentía como su corazón se desangraba, como el dolor de verlo ahí, ser
conciente de que ya no lo vería reír, que ya no lo escucharía decirle 'te
amo', de ya no tenerlo en sus brazos, lo destrozaba. Se dejó caer sobre sus
rodillas, llorando y gritando, nadie se sorprendió de verlo así, sabían lo que
Draco habían sentido por él, conocían ese dolor y nadie se atrevió a acercarse
a él, salvo un hombre, Severus se acercó hasta el chico que estaba arrodillado
reclamándole al cielo el haberle arrebatado lo único a lo que llegó a amar,
colocó su mano sobre el hombro de Draco en una señal de compañía en su dolor.
Draco temblaba con fuerza, quería morirse, lo anhelaba. En un arrebato se
arrojó contra el féretro intentando aferrarse a él, y de ser posible ser
enterrado junto a él. Hermione lloró con más fuerza aferrándose a Ron, quien
se debatía entre seguir cuidando a la chica o tratar de hacer entrar a Draco
en razón. Snape tuvo que intervenir, hizo que Draco soltara el féretro
utilizando la fuerza, Draco se aferró al cuerpo de su profesor llorando
abiertamente viendo como el ataúd donde descansaba la persona que amaba era
llevado dentro de la capilla para luego ser sellada con magia.
Poco a poco todos los presentes se retiraron, Ron llevó a Hermione dentro del
castillo, solo Draco permanecía ahí, junto a Snape que se negaba a dejarlo
solo, cuando la noche cayó, Severur forzó a Draco a entrar también al
castillo, el chico estaba demasiado débil y triste como para oponer la
resistencia suficiente que le permitiera quedarse, así que se dejó guiar.
El manto nocturno cubría gracilmente todo a su alrededor, totalmente ajeno a
la pena que embargaba a todos los seres vivientes. Un rayo de luna se filtró
por una de las torres de la capilla, iluminando la placa de oro que horas
antes había sido elaborada por los dos mejores amigos y el amante de aquel al
que fueron a despedir.
"Aquí yace el Héroe del Mundo Mágico
El chico que derrotó al Innombrable
Y que dio su vida por ello.
Aquí yace el amigo fiel,
Siempre te recordaremos como el chico
Que nos unió y nos dio la oportunidad
De conocer al corazón detrás de la fama:
Nuestro hermano yace aquí.
Aquí yace el amor de mi vida,
El hombre al que amé y me am
Al que amaré aunque la muerte se interponga,
Porque aún después de muerto
Mi corazón solo latirá por la esperanza
De reunirnos cuando mi vida termine
Y amarnos como en vida lo hicimos.
Aquí yace Harry Potter"