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CAPÍTULO 7
Había pasado una semana desde el día del baile, una semana desde la última vez
que habló con Draco. Por qué no se habían dirigido la palabra? no lo sabía.
Cada vez que le veía pensaba en el rubio bailando con Pansy, le había dicho
que no era su novia pero igualmente se moría de envidia. Tampoco podía
quitarse de la mente la cara de Hermione después de hablar con Malfoy... Desde
entonces la chica había estado mirándole con cara pensativa y cuando él le
decía si quería algo, ella sólo se encogía de hombros... Sólo había ido una
vez a la habitación y no había encontrado a Draco, aunque mejor. No sabía como
mirarle, no hubiera sabido como hablarle... Lo único que podía hacer era
observarle desde lejos.
Y fueron esas miradas lo que acabaron por hacer decidir a Draco. Finalmente,
el rubio Slytherin había decidido contarle sus sentimientos a Harry Potter, su
némesis durante siete años. Pero cómo? eso no lo sabía. Hubiera sido buena
idea el poder ir a la habitación, pero había estado muy ocupado urdiendo un
plan. El fin de semana siguiente no el otro, era para ir a Hogsmeade y Granger
le había dicho que si quería encontrar una cura para Harry, aprovechara ese
día para ir a su mansión y buscar algo en algún libro. "Esa chica sí que es
lista, aunque no creo que me lo oiga decir en voz alta..."
Draco se tumbó en la cama. Había hecho los deberes y había enviado una carta a
sus padres en la que les invitaba a pasar el fin de semana en el balneario de
la Toja. Sabía que esos dos días sus padre no tenía trabajo y , a demás,
aprovecharía y lo haría pasar por el regalo de bodas que celebrarían el mes
que viene. El rubio estaba pensando en algunos libros de su biblioteca que
había consultado, a ver si se acordaba que dijesen algo sobre sirenas y
maldiciones cuando escuchó un trueno. Saltó de la cama y miró por la ventana.
Toda una tormenta primaveral se desataba en el exterior. Sonrió, algo le decía
que tenía que ir a buscar a Harry y contárselo todo. Suspiró, cogió el
paraguas del armario y se fue a hacia el lago. Por el camino preguntó si hacía
mucho que llovía, podía ser que Harry ya hubiese salido... Pero Niea, la amiga
de Pansy, le dijo que sólo hacía una media hora. Sonrió y fue a buscar al
Gryffindor.
.----.---.---.
Harry estaba sentado en un sofá en la sala común. Ese día milagrosamente no
tenía deberes y estaba embobado mirando el fuego. De repente sintió sed, no
una sed normal sino el tipo de sed que le producía la magia de la maldición al
percibir que iba a llover. Suspiró resignado, no quería pasar otra tarde con
Haruko y sus amigas, eran lo que entre humanos se conoce como "pijas
insoportables divinas de la muerte" "Como alguien con tanta pinta de salvaje
puede preocuparse tanto por su aspecto y por los cotilleos de los demás? Si
sólo vive para fardar de su papa alcalde..." se decía Harry. Se despidió de
sus amigos y justo cuando salía de su sala común escuchó el agua empezar a
caer.
Ese día, igual que todos, se lo había pasado muy mal. Las sirenas tanto le
pedían su opinión sobre los collares de huesos de la nueva temporada, como le
podían pedir que les hablase sobre el plancton. Y él no sabía nada sobre eso.
Salió del lago, pensando que el día que mejor lo pasó fue el día que pasó con
Draco, Aunque sólo hubiese sido sentir su presencia, sabía que no estaba solo
como siempre... De repente se quedó parado, alguien con un paraguas se le
acercaba. Fijó la vista mientras se acababa de abrochar la camisa y se dio
cuenta de que era Draco. "Bueno, Harry, no puede evitarlo por siempre..."
-Hola!
-Hola Harry.
Harry se puso la corbata e intentó arreglarse un poco su cabello con los
dedos.
-Sabes que existen unos objetos llamados peines para eso?
-Sí lo sé.- le dijo Harry acercándose y poniéndose bajo el paraguas.- pero no
me sirven para nada, así que...
Fueron caminando en silencio hacia el recibidor. Allí se pararon, mirándose el
uno al otro.
-Bueno Harry, yo... Podemos ir a la habitación? .- preguntó el rubio.
-Claro, como quieras.
Los dos fueron caminando en silencio, vigilando por si se encontraban a
alguien, cosa que no ocurrió. Llegaron al cuadro y dijeron la contraseña. Al
entrar, el fuego de la chimenea se encendió y los dos fueron hacia el sofá
para ponerse delante.
Estuvieron callados por más de cinco minutos hasta que Harry apoyó su cabeza
en el hombro de Draco.
-Sabes, esta semana sólo he venido un día. Y ese día tú no estabas. - no lo
dijo en tono de reproche, sino cansado. Se estaba tan bien apoyado en Draco!.
-Bueno, yo tampoco he venido, ni una sola vez...
El silencio volvió a caer encima. Draco miró a Harry, quien tenía una
expresión de paz y tranquilidad en su rostro que hacía que el rubio se
fundiera por dentro.
-Desde el día que te vi salir del lago, algo cambió en mi.
Harry le miró:- Sí, a mi también me pasó. No sabía porque, no te podía
insultar. Ya no te veía como el arrogante yo-soy-mejor-que-todos-Malfoy y en
un principio eso me asustó, pero ahora estoy contento de ese cambio. Eres
mucho mejor de lo que alguna vez podría haber pensado.
Draco le miraba, alucinado por lo que Harry le estaba diciendo, y cuando el
Grryffindor acabó de hablar, ya no tenía ninguna duda: ahora o nunca.
-Harry?
-Mh?- dijo el aludido a modo de contestación.
Pero como Draco no le decía nada, se levantó y le miró.
Sus miradas se encontraron, verde en plata y plata en verde, una combinación
al más puro estilo Slytherin. Ninguno decía nada, solo estaban pendientes de
los movimientos del otro. Por fin, Draco desvió su mirada para posarla en los
labios de Harry. Finos, sonrojados, a qué sabrían? El rubio se acercó y posó
sus labios sobre los del Gryffindor. Harry no se había esperado eso. Podría
haber sido lo más predecible teniendo en cuenta la situación, pero él no lo
vino venir. Así que como no le correspondía al beso, Draco se retiró un poco
abatido. Pero al verlo, los impulsos se apoderaron de Harry y éste se tiró
encima de Draco, besándole con pasión y haciendo que el rubio se recostara
sobre el sofá. Un intenso sentimiento de felicidad se apoderó de Draco, quien
pasó los brazos por la cintura de Harry atrayéndole hacia él. Harry separó sus
labios de los del otro por un instante, mirando hacia los preciosos ojos
grises de Draco, y le volvió a besar ahora con dulzura. Pero fue el sentir
como una mano de Draco se escabullía por dentro de su camisa lo que le hizo
reaccionar. Harry se separó de Draco y se sentó en la otra punta del sofá,
respirando profundamente. Draco no entendía lo que pasaba. Se estaban besando
y de repente Harry huía de él. Le miró interrogante, pero Harry sólo le
esquivó.
-Harry?.- dijo con voz temblorosa.
-Lo siento, Draco yo... perdí el control. Me dejé llevar. No quería hacerlo.
"Qué? cómo que no lo querías hacer? pero si... "
Harry se levantó y se fue. Sólo un casi inaudible <Adiós> salió de sus labios
antes de cerrar la puerta. Entonces Draco saltó.
-Que no querías hacerlo?! Harry, intuía que entre nosotros había algo, y
ahora, con este último beso lo sé! Así que no me tomes el pelo!!!! Seguro que
esto, es culpa de la maldita sirena!
Draco no lloró, eso nunca. Respiró hondo y también se fue. Pensando una manera
de poder descubrir los sentimientos de Harry hacia él y hacia la maldita
sirena.
¸¸,ø¤º°º¤ø °`°º¤ø,¸ CONTINUARA °º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸
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