Titulo: Un Verano para Morir

Clasificación : R

Disclaimer: Todo esto es de JK Rowling, yo solo los utilizo para matar mi tiempo y por supuesto no saco beneficio económico de esto.

 

NdA: Esta es la respuesta al reto de emparejar a Neville con Draco en la orden de las mortifagas. Lo siento, es un poco raro, yo no estoy muy satisfecha con él, pero es todo lo que puedo hacer con esta pareja, porque lo cierto es que Neville me parece un personaje muy soso. Bueno, espero que os guste un poquito y os sirva de estimulo para participar (aunque solo sea para dejarme a la altura del betún)
Sin más, aquí os lo dejo
 


 

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Draco Malfoy llevó la mano a su pecho, aquel dolor lo iba a sacar de sus casillas. No pudo aliviarlo si quiera con pociones o magia oscura. Estaba bastante débil, incluso se le caía el pelo, su precioso pelo rubio platino. Se hacía necesario ir al médico. Pensó que ir a San Mungo sería una buena idea para enterarse de lo que cotilleaban por el mundo mágico.

Atravesó los pasillos del hospital con paso firme y decidido, la cabeza alta (entre otras cosas para evitar el olor a sangre sucia  y a amigos de los muggles que los pacientes en los pasillos desprendían). Llegó a la puerta que le había indicado la señorita (una bruja bastante mona aunque bastante tonta, aunque claro, ¿qué se podía esperar de un semiser cómo cualquier sangre sucia?) y llamó a la puerta.

-         Adelante – le dijeron. Entró a la habitación cuando de pronto... - ¿Malfoy, Draco Malfoy?

-         Sí – dijo acercándole la mano con educación - ¿con quien tengo el honor de hablar?

-         ¿No me recuerdas? Soy Neville Longbottom, estudiaba en Gryffindor mientras estabas en Hogwarts.

-         Claro, ¿cómo olvidar al peligro de las pociones? Has cambiado mucho desde entonces.

-         Bueno, sólo en algunas cosas. Pero supongo que si estas aquí no será para discutir sobre los viejos tiempos.

-         No, venía porque desde hace un tiempo estoy bastante débil, me duele el pecho, en ocasiones me cuesta respirar...

-         Está bien, no sigas- dijo el médico poniéndose de pie – quítate la camisa que te exploro y- rellenando unos papeles sobre su mesa- después llamaré a una enfermera para que te acompañe a hacerte unas pruebas, hoy no te iras de aquí hasta que sepamos lo que tienes.

Después de un rato en el que el médico lo estuvo auscultando y tocándole en diversos puntos de su abdomen fue acompañado de una joven enfermera a otra sala donde le sacaron radiografías y muestras de sangre.

-         Señor Malfoy – le dijo la muchacha mientras le ponía un algodón en el lugar donde había estado la aguja que le sacaba sangre – los resultados tardaran un poco, pero el doctor dijo que fuera en cuanto terminase a su consulta.

-         Está bien, gracias... no es necesario que me acompañe, ya le robé demasiado de su precioso tiempo – le dijo regalándole una sonrisa 100% encantadora marca Malfoy. [N.A. Yo quiero!!!]

Deshizo el camino que había hecho un rato antes y volvió a tocar a la puerta del despacho. Un momento después una mujer mayor salía apoyada en un bastón.

-         Y no lo olvides Molly, tomate tu medicación sino no se te irá el dolor de huesos... Draco, ¿ya terminaste?

-         No creí haberte dado permiso para llamarme por mi nombre.

-         Perdón.

-         No importa, tu enfermera me dijo que querías verme mientras salían los resultados.

-         Bueno, era por si te apetecía ir a tomar un café conmigo mientras esperabas. Para hablar de los viejos tiempos...

-         Bueno, no veo porque no.

-         Espera un segundo que dejo mi bata y cojo mi chaqueta- cogió un aparatejo que había sobre su mesa y que Draco sabía que era un comunicador – Jane...

-         ¿Si doctor Longbottom? – dijo la enfermera al otro lado.

-         Voy a salir un rato. Por favor, deje sobre mi mesa los resultados de los análisis del señor Draco Malfoy en cuanto salgan. Volveré en un rato, ya sabes como encontrarme en caso de urgencia. Volveré en la tarde. Pasa un buen día.

-         Gracias doctor Longbottom.

-         Bueno, ¿qué te apetece?- dijo dirigiéndose al rubio.

-         Es casi la hora de comer, si quieres te acompaño.

-         Será un honor.

Se trasplanaron hasta un restaurante bastante lujoso de la ciudad “Chez Julien”.

-         Señor Malfoy, nos vuelve a honrar con su presencia.

-         Por favor, mesa para dos.

-         En seguida, por favor...- dijo mientras un mozo cogía sus abrigos- síganme.- y los guió hasta una mesa en uno de los laterales - ¿vino blanco?

-         Sí, como aperitivo estará bien.

El maitre se marchó dejando a los dos hombres conversando.

-         Te debe ir muy bien – comenzó Neville- para que te conozcan en el restaurante más caro de todo Londres.

-         Bueno, tomé las riendas de las empresas de mi padre y monté las mías propias. ¿Y tú?

-         No me puedo quejar, al terminar el colegio empecé la carrera de medicina y soy feliz con eso.

-         ¿Y en el aspecto sentimental?

-         Bueno, al principio estaba muy atado para cualquier relación, mis padres y mi abuela estaban enfermos y el poco tiempo que me quedaba libre se lo dedicaba por completo a ellos, cuando murió mi abuela trasladé a mis padres a mi casa hasta el año pasado, en que murieron los dos. Primero mi madre y a la semana mi padre, se fueron como habían vivido, juntos. Luego me di cuenta que sólo los usaba como excusa, para evitar enfrentarme a cualquier relación, digamos que estoy aferrado a un amor imposible del pasado.

-         Lamento lo de tus padres.

-         No lo hagas, no volvieron a ser los mismos. Es decir, se recuperaron algo, pero lo suyo no era una vida real, vivían en un mundo de nubes, flores, pajaritos y elefantes rosas... ¿Y tú? Según tengo entendido no te faltan pretendientes, tanto en el género masculino como en el femenino.

-         NO sabía que los médicos leyeran los tabloides (N.A. Es la consideración que tiene la prensa rosa en Inglaterra).

-         Sólo en la sala de médicos, las guardias nocturnas pueden ser extremadamente largas.

-         Bueno, no me quejo pero aun no he encontrado a mi gran amor... digamos que ahora simplemente alivio la espera.

Neville sonrió. Conversaron alegremente durante la comida, incluso bromearon sobre algunos sucesos del pasado y de la mala memoria que solía tener Neville en su época de estudiante. Al final de la comida Draco pagó la cuenta, lo que hizo sonrojar al joven médico.

-         No te preocupes, espero que la próxima la pagues tú- dijo intentando zanjar el tema el rubio.

-         Entonces, ¿habrá próxima?

-         ¿Por qué no? No eres tan cretino como pensaba en la época de escuela- sonrió maliciosamente el rubio. Neville lo miró extrañado, no sabía si tomarse aquello como un insulto o como un halago.

-         Mejor volvamos al hospital, los resultados de tus análisis seguro que ya están en mi mesa.

Regresaron al hospital y entraron al despacho de Neville. Este abrió un sobre que había en su mesa y empezó a ojear las paginas escritas en una letra minúscula, una tras otra, y su semblante cada vez iba siendo más serio.

-         Vamos, ¿qué tengo? Me estas asustando con esa cara Longbottom – dijo el rubio

-         Draco, esto es peor de lo que yo pensaba.

-         ¿Es grave?

-         Tu cuerpo se está destruyendo a si mismo, como si fueras un intruso.

-         ¿Tiene cura?

-         No, lo siento Draco.

-         ¿Eso significa que...?

-         Es lo que temo Draco

-         ¿Cuánto tiempo me queda?- dijo tragando saliva, intentando aguantar las lagrimas.

-         Seis meses aproximadamente, puede que algo más.

-         ¡Dios! – dijo el rubio echándose a llorar.

-         Tranquilo- le contestó Neville abrazándolo.

-         He sido un cretino toda mi vida. Es lo que me merezco.

-         No digas eso, nadie merece eso.

-         ¿Ni siquiera un mortifago?

-         Ni siquiera.

Draco sacó su varita e intentó lanzarse una maldición imperdonable hacía si mismo pero Neville se la arrebató de las manos.

-         Ven, te llevaré a mi casa hasta que te tranquilices – le dijo el médico. – Draco apoyó solicito la cabeza en el hombro del médico y se trasladaron a casa de Longbottom por medio de la chimenea.

Cuando llegaron, Neville lo ayudó a tumbarse en el sofá y fue a la cocina. Volvió poco después con un tazón humeante de tila.

-         Toma, bébelo.

-         Gracias- dijo Draco mientras temblaba

-         Tienes frío – afirmó el moreno avivando el fuego.

-         ¿Te puedo hacer una pregunta?

-         Claro, dispara.

-         ¿Quién es la persona que ocupa tu corazón?

-         No importa en serio.

-         No le niegues un deseo a un moribundo – dijo Draco poniendo un lindo pucherito en su cara...

-         No eres un moribundo Malfoy.

-         Vamos dímelo, ¿qué te cuesta?

-         Mi orgullo, el poco que tengo.

-         Dímelo

-         No

-         Vamos

-         No

-         Por favor...

-         ¿Quieres que te lo diga? – dijo el otro enfadado- Pues bien, te lo diré, eres tú. Me gustas desde sexto curso, cuando me explotó el caldero en la cara y tuve que pasar varios días en la enfermería y a la vuelta tú me dejaste tus apuntes para que Snape no me gruñera. Entonces descubrí que eras humano, que debajo de esa máscara de frialdad, hay un hombre con un corazón de oro

-         Neville, yo...

-         Draco, no te estoy pidiendo nada, ¿entiendes? Solo quiero ofrecerte mi amistad.

-         Nunca me habían dicho algo tan bonito, ¿sabes? Hasta ahora todas las relaciones que he tenido han sido por lo que he sido, no por quien soy. Pero aunque lo que digas me halague, aunque tu me gustaras, no tengo derecho a encerrarte en una relación con fecha de caducidad.

-         Déjame elegir eso a mi- y tímidamente le dio un beso en los labios. El rubio correspondió al beso, poco después rozó con su lengua los dientes del moreno, pidiéndole permiso para explorar cada milímetro de aquella cueva húmeda de la que deseaba conocer hasta el último beso.

Se besaron durante un largo tiempo y después se abrazaron.

-         Me haces sentirme vivo Neville.

-         Tú me haces sentir único, Draco.

-         Tengo que irme, el Lord se enfadará sino aparezco pronto.

-         Draco, ¿por qué te hiciste mortifago?

-         Al principio fue por mi padre, toda su aspiración había sido que yo fuera uno y mi admiración por él me llevó a dar este paso. Durante un tiempo no te niego que disfrutara torturando y asesinando muggles, pero ahora supongo que ya es parte de una rutina.

-         Déjalos, Draco. Ven conmigo, puedo alquilar un apartamento en la playa y estaremos juntos hasta el final, yo te haré disfrutar de las pequeñas cosas.

-         No puedo, ¿qué le diré?

-         La verdad, Draco, te estas muriendo amor mío, disfruta lo que te quede siendo Draco y no un Malfoy.

-         Lo intentaré – dijo dándole un beso en la mejilla – te quiero Neville.

-         Te amo Draco.

*      *      *

De alguna forma Draco convenció al Lord y a sus seguidores. Cuando se quitó la mascara por última vez pudo ver una mirada de lastima o compasión en algunos de sus compañeros de torturas. Pero él sabía que ahora era libre, por poco tiempo, pero libre.

Volvió junto a Neville y se instalaron en una casita cerca del mar, Neville había pedido una excedencia de unos meses para poder cuidarlo.

-         Ven amor mío- le dijo una noche mientras lo llevaba hacía el baño, donde había preparado la bañera con espuma relajante y había encendido velas aromáticas.

-         Es precioso... gracias Nev.

-         Venga, disfruta de tu baño.

-         ¿No me acompañas?

-         Sólo si tu quieres...

*      *      *

El tiempo pasó deprisa, demasiado deprisa para los dos amantes. Además con la llegada del verano Draco se encontraba peor, el calor lo asfixiaba y hacía que se cansara con mayor facilidad.

-         Nev...

-         Dime mi vida

-         Quiero que me prometas una cosa.

-         Dime

-         Quiero que después de..., bueno, quiero que rehagas tu vida, no quiero que te aferres a mi recuerdo.

-         Sabes que jamas volveré a enamorarme de alguien.

-         No seas estúpido, por favor.

-         Draco, no te voy a  prometer algo que no voy a cumplir.

-         ¡Estupidez de Gryffindor! – bufó y un ataque de tos lo hizo desplomarse en el sofá.

-         ¿Estas bien?

-         Sí – dijo recobrando el aliento – lo siento Nev.

-         No importa. ¿Por qué no te acuestas un rato? Seguro que después te encuentras mejor...

-         Bueno.

Draco subió las escaleras y se metió en la cama. Estaba cansado, pero sobre todo triste... sabía que le quedaba poco tiempo, era seguro que no pasaría de aquel verano y el miedo empezaba a apoderarse de él. Había cometido tantas estupideces en su vida que seguramente se mereciera lo que le estaba pasando... con estos pensamientos se quedó dormido.

Despertó después de las nueve. La noche había caído y Neville estaba en el salón, leyendo un libro con una taza de chocolate caliente en las manos.

-         Despertaste, ¡que bien! En seguida te preparo algo de comer.

-         Déjalo, no me apetece.

-         Deberías comer algo, la medicación que tomas es muy fuerte...

-         ¿Estoy hablando con un médico?

-         Pues ahora sí.

-         Lo lamento, porque iba a insinuarle algo...

-         Lastima, espera – dijo mientras se marchaba a la cocina. Draco ojeó el libro que Neville estaba leyendo, desistió al darse cuenta que no entendía ni una palabra del lenguaje médico. Neville volvió poco después con una bandeja en la que había una ensalada, un filete y un zumo de piña. – señor Malfoy, espero que sea un niño bueno y se lo coma todo.

-         En serio Nev, no me apetece.

-         ¿Por qué? ¿Te duele algo?

-         No, simplemente no tengo hambre.

-         Por favor... sólo un poquito – dijo mientras hacía un pucherito

-         ¡ Se supone que eso de manipular sentimientos solo lo hacemos las serpientes!

-         Y los médicos cuando decimos que no va a doler y duele.

-         Está bien.

*      *      *

Cuando llegó el mes de agosto la salud de Draco era deplorable. Apenas podía dar tres pasos sin agotarse y prácticamente todo lo que comía lo vomitaba.

-         Vamos Draco, tomate esto – le decía Neville mientras le daba una poción.

-         No me apetece.

-         No seas niño, por favor, es una poción fortificante. Si no te la tomas te juro por mis padres que mañana mismo nos volvemos al hospital.

-         No, por favor...

-         Entonces tómatela. – Draco obedeció y se tomó la poción con cierta cara de asco. – buen niño – le dijo Neville mientras le acariciaba el pelo – Draco, yo quería decirte una cosa.

-         Dime mi vida.

-         Yo, bueno... sé, sabemos que el momento de que te vayas está cerca y yo no voy a poder olvidarte nunca, lo sabes ¿verdad?

-         ¿Qué quieres decir?

-         Sé que lo que te voy a pedir es muy egoísta, pero no me quedaré tranquilo si no te lo pregunto.

-         Dime mi vida

-         Yo, querría tener un hijo tuyo.

-         Pero...

-         No hace falta que aceptes, yo solo quería propornertelo.

-         Déjame hablar, por favor. Yo quiero dártelo, pero preparar la poción lleva mucho tiempo, y ambos sabemos que no disponemos de él.

-         Yo tengo la poción.

-         ¿A que estamos esperando? [N.A. Estará moribundo, pero mi Draky es mi Draky]

Neville salió de la habitación para ir al baño. Poco después volvió con una botellita con una poción.

-         Toma, bébetela.

-         Perdona mi vida, pero el que se va a quedar embarazado eres tú.

-         Por supuesto, pero tú estas demasiado débil para realizar un esfuerzo así. Es otra poción fortificante, es muy fuerte.

-         Es curioso, nuestra primera y última vez...

-         Mi primera y mi última vez

Al decir esto, Neville aprisionó los labios de Draco con los suyos. El rubio contestó apartando su cara para dirigirse al cuello de amante. Neville no perdió el tiempo y decidió que la ropa sobraba, así que empezó a quitarle torpemente la ropa a Draco. Este sonrió. Le encantaba la candidez del hombre. Poco después le quitó su ropa y lo acarició, haciéndolo rozar el cielo.

Aquel era un amor desesperado, frenético... y muy hermoso. Una lucha de caricias y besos en la que sabían que no habría vencedor ni vencido, una batalla que sabrían que no podrían repetir. Cuando los dos estaban bastante excitados, Draco comenzó a preparar a Neville, primero le introdujo un dedo y luego otro más. Cuando consideró que estaba lo bastante dilatado le musitó:

-         Te va a doler un poco, pero agárrate a mi cuando te duela, ¿vale? Procuraré ir despacio. – la cara de Neville era una mezcla de sensaciones... miedo, placer... simplemente se agarró a las sabanas mientras Draco le elevaba las caderas.

-         Ah! – gritó cuando sintió una intromisión.

-         Ya pasó, ya pasó, ya pasó – le dijo Draco tranquilizándolo. Cuando el cuerpo de Neville se relajó comenzó a dar suaves embestidas que pasaron a ser más brutales cuando iban a alcanzar el clímax. Al final se derramó dentro de Neville con un gemido. Salió del cuerpo de su amado y lo abrazó fuertemente – te amo. No lo olvides.

-         NO lo haré.- y se quedaron dormidos.

Neville despertó a media tarde. Draco seguía dormido y decidió que era conveniente que descansara. No despertó en todo el día ni a la mañana siguiente. Entonces Neville empezó a preocuparse:

-         Mi vida, despierta... despierta por favor – tras comprobar las constantes de su pareja se dio cuenta de que había entrado en coma. Neville lloró, su amado había sacrificado su vida para darle algo común a ellos... un hijo.

Lo tomó en brazos y lo metió en la bañera. Le dio un baño como aquel que habían compartido no  hacia demasiado. Lo secó amorosamente, lo vistió y lo peinó.

-         Eres mi ángel. – después se vistió él mismo y trasplanó a San Mungo.

Cuando llegó, pidió a la enfermera una habitación privada para el señor Malfoy y que avisaran a la familia del mismo. Se sentó a su lado, tomándole la mano, aguantando las lagrimas que querían salir de sus ojos.

Poco después llegaron los Malfoy y salió de la habitación. Ellos no sabían nada de su relación y quizás fuera lo mejor. Entró a su despacho y comenzó a llorar. En el exterior se desató una violenta tormenta.

Cerca de la media noche una enfermera entró al despacho para darle la fatal noticia. Draco había muerto.

Un grito se escuchó en todo el hospital mientras los relámpagos iluminaban la ciudad:

-         ¡ DRACO!

*      *      *

(Un año después, en un cementerio al sur de Londres)

-         Draco, hoy hace un año que te fuiste y me dejaste solo. Bueno, no exactamente solo, el pequeño Yago me alegra, además es igual a ti, tiene tus ojos y tu pelo, sin dudarlo es un Malfoy, aunque no le haya dado tu apellido, no quiero enfrentarme a tu familia.

Te quiero, te sigo amando aunque estés lejos, no sé si hay otra vida, pero tengo la esperanza de que si la hay me estarás esperando.

No te olvidaré. – dijo mientras besaba una rosa que depositó en la tumba – volveré. Y vendré con el niño, aunque sé que tú nos vigilas desde algún lugar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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