Titulo: Venganza

Clasificación : PG-13

Disclaimer: Todo estos personajes son de Rowling. Yo solo los tomo para matar mi tiempo libre.

 

NdA: Este es un fic experimental, 100%, basado en un sueño de hace mucho tiempo y la verdad no sé como quedará.


 

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Uno de septiembre, primer día del curso en Hogwarts. Su último curso. Blaise se acercó a su armario. Cogió su ropa y su túnica. Después se peinó y cogió una cadena de oro que había sobre su mesilla, recitó una pequeña salmodia (que provocó que el colgante brillara con más intensidad) se lo colgó del cuello. Una estrella de cinco puntas dorada frente al negro de sus ropas. Recogió su varita y el libro que tenía pensado leer en el trayecto a Hogwarts. Por fin, le echó un último vistazo a su cuarto, pensando que no lo volvería a ver al menos hasta Navidad.

*      *      *

El anden 9 y ¾ bullía aquella mañana con todos los estudiantes que comenzaban el nuevo curso. Los más pequeños gritaban, algunos de los mayores vociferaban, otros reían, algunos se movían inquietos, otros correteaban, sólo la figura de un joven vestido de negro, con aspecto inexpresivo, de pie junto a su baúl parecía inmóvil, impasible al paso del tiempo.

-         Blaise – le dijo un muchacho de pelo rubio platino mientras se le acercaba – el verano te ha sentado genial, luces perfecto.

-         Gracias Draco – dijo secamente – tú también estas bien.

-         ¿Qué? Deseando acabar ya nuestro martirio en el colegio.

-         Supongo.

-         Venga Blaise, siempre hemos sido más o menos amigos, podrías decir algo más...

-         No tengo mucho de que hablar, si me disculpas voy a dejar mi equipaje y a buscar compartimento en el tren.

-         Sí, sí, ve – dijo Draco un poco sorprendido, no estaba acostumbrado a que alguien lo ignorara.

Blaise dejó su baúl junto a los demás de séptimo de Slytherin y fue al tren. Escogió un compartimento cercano a la cola, de los mas viejos que llevaba el tren y que habitualmente se quedaba vacío en los viajes de principio de curso. Cuando se hubo acomodado sacó su libro de uno de los pliegues de la túnica y siguió leyendo. La soledad del muchacho, casi hombre ya,  extrañó a los prefectos y profesores que hacían rondas por el tren, pero cada vez que le sugerían que se cambiara de compartimento, él los ignoraba y seguía leyendo aquel misterioso libro.

El expreso se detuvo por fin. Los de primero, como de costumbre fueron llevados en las barcas a través  del lago y el resto en carruajes tirados por thestrals. Nadie debía saberlo, pero ahora él podía verlos, y en poco tiempo, quizás controlarlos.

 

*      *      *

Después del banquete de inicio de curso, los estudiantes de séptimo curso de Slytherin fueron convocados a una reunión en su sala común con el jefe de su casa.

-         Como ustedes bien sabrán- comenzó Severus Snape – los alumnos de séptimo año de esta casa tienen el privilegio de poseer habitaciones privadas. Vuelvo a repetir que esto es un privilegio, ya que sólo se da en esta casa. Pero como todo privilegio lleva ligado una serie de responsabilidades. Sus habitaciones no serán limpiadas por los elfos del colegio, si lo desean podrán traer sus propios elfos una vez por semana, además se les pide un comportamiento decoroso, no me gustaría tener que expulsar a alguno de ustedes hacía un dormitorio compartido por alguna situación impropia. Creo que ustedes son lo suficientemente inteligentes para comprender a lo que me refiero, ¿no es cierto? Bien, este es el pasillo de sus habitaciones, espero que puedan ponerse de acuerdo acerca de que habitación escoge cada uno- dijo poniendo varias llaves sobre la mesa ante las que se abalanzaron los chicos y las chicas deseosos por coger una, todos excepto Blaise Zabini, que cogió la última que quedó sin importarle el número de habitación – Señor Zabini, por cierto, me gustaría hablar con usted en mi despacho.

-         Si señor – dijo el muchacho poniéndose de pie y siguiendo al profesor por los pasillos de las mazmorras. Esperó hasta que el profesor abrió la puerta de la sala y le invitó a sentarse en una silla frente a él.

-         Señor Zabini, quería hablar con usted respecto a varios temas...

-         Usted dirá señor.

-         Bien, el primero es que el reglamento prohibe hacer ostentación de joyas, por lo cual no puede exhibir su colgante.

-         Lo lamento, no lo sabía – dijo mientras deslizaba su cadena con la estrella de cinco puntas hacia el interior de su túnica.

-         Lo segundo es que me gustaría saber porque no lleva usted la túnica de su casa.

-         Señor yo aun guardo luto por mi madre, espero que pueda comprenderlo – mintió. La historia de los Zabini había sufrido un cambio radical en los últimos meses. Su padre había sido mortifago pero fue asesinado por Voldemort cuando él considero que lo había traicionado. Después de esto, la madre de Blaise había estado muy deprimida, tanto que había perdido la cordura y a mediados del mes de agosto se suicidó ahorcándose en medio de su dormitorio. Todo fue mas dantesco de lo que se puede pensar porque el que encontró el cadáver de la mujer fue su único hijo, que incapaz de llorar se había vuelto más reservado y solitario que nunca. Desde entonces pasaba sus días solo en su dormitorio en la casa familiar, decía que le era imposible abandonarla, y leía. Deshecho sus antiguas túnicas y compró una gran cantidad de las mismas en negro. Además encendía muchas velas y no se separaba nunca de un colgante que se había hecho fundiendo las alianzas de sus padres.

-         Lamento lo que pasó.

-         Gracias señor.

-         Por último señor Zabini, si necesita hablar con alguien, siempre puede contar conmigo.

-         Gracias de nuevo señor. No es necesario, estoy bien. Con su permiso me gustaría ir a deshacer mi equipaje.

-         Por supuesto, que pase una buena noche – Contestó Severus mirando a aquel niño con una pena inmensa, apenas hacía comenzado a vivir y ya lo había pasado realmente mal. Intentó sacar esos pensamientos de su cabeza mientras preparaba sus clases para el día siguiente.

*      *      *

 

El primer trimestre pasó con rapidez. Los profesores se asombraron con el cambio que había dado Blaise. Pasó de ser un alumno común a ser un alumno brillante, tanto que mucha gente pensaba que el premio anual, que todos habían dado por hecho que le darían a Hermione Granger en exclusiva sería dado a ambos.

Aun así, Snape, como cabeza de su casa se sentía preocupado por el muchacho. Él sabía que lo slytherins eran solitarios y reservados pero por lo general solían compartir sus cosas con sus compañeros pero su única relación con sus compañeros de casa era alguna sonrisa cortes durante las comidas o las clases. Algunos chicos le habían dicho que no utilizaba la sala común ni la biblioteca, que estudiaba en su dormitorio únicamente... las Navidades estaban cerca y Severus hizo una nota mental de hablar con el muchacho después de las mismas.

*      *      *

Blaise encendió unas cuantas velas de su dormitorio. Negras, como todo lo que había en aquella habitación; Blaise se encargó de quitar cualquier indicio de verde o plata. Algunas estatuillas curiosas eran todos los elementos decorativos que la austera habitación, ahora iluminada con la luz centelleante, tenía. Buscó con el dedo entre los lomos de los libros y cogió uno de aspecto viejo y decrépito y se sentó sobre la cama. Buscó entre sus páginas y cuando encontró lo que estaba buscando una leve sonrisa se dibujo en sus labios, pero no era una sonrisa cualquiera... era una sonrisa tan siniestra que le hubiera helado la sangre a cualquiera que la hubiera visto.

*      *      *

Nochebuena. Aquel año Blaise decidió quedarse en Hogwarts para llevar a cabo su plan. Sólo dos estudiantes más hicieron lo mismo, una niña de primer año de Hufflepuff y el niño dorado del mundo mágico. Aquella sonrisa maliciosa que sólo Blaise podía formular volvió a dibujarse en su cara; todo iba saliendo como él había planeado.

Se duchó y se vistió (con una túnica negra, ¿cómo no?) y fue al gran comedor. Las mesas de las casas habían sido retiradas y en su lugar había aparecido una mesa en la que se sentaron los profesores y los alumnos.

Entre todos se inició una alegre charla en la que Blaise apenas dijo algo, pero al final de la cena cuando ya se retiraban paró a Harry Potter en un pasillo.

-         ¿Podría hablar contigo Potter?

-         Claro Zabini.

-         ¿Te gustaría venir a mi habitación? Es más tranquilo. Sé que tienes una capa de invisibilidad. Te espero, ¿de acuerdo?

-         Vale, voy a Gryffindor ahora, a media noche en la puerta de Slytherin – dijo Harry confiado. Blaise no era un Sly común, nunca lo había insultado, y es mas, durante ese trimestre le había dejado apuntes de pociones y lo ayudaba en algunas asignaturas en aquellas raras ocasiones en las que el muchacho de negro pisaba la biblioteca. Harry supuso que, al ser las primeras Navidades sin sus padres, y por haberlos perdido de una forma tan traumática, Blaise quizás necesitara alguien con quien hablar.

*      *      *

A media noche Blaise esperaba a Harry ante la estatua que regulaba el paso en Slytherin. El moreno llegó unos minutos tarde.

-         Lo siento Blaise, tuve que esquivar a Filch. No descansa ni en Nochebuena.

-         Está bien, no importa. Lo mejor que podemos hacer es quitarnos de en medio... Sígueme. -Harry lo siguió por los pasillos hasta  que se detuvieron ante una puerta que Zabini abrió y lo invitó a pasar.

-         Que tétrico – fue lo único que pudo decir Harry ante la visión de la habitación.

-         No te preocupes, no es peligroso, es una decoración diferente... ¿te apetece un whisky?

-         Bueno, ¿por qué no?

-         Bien – dijo mientras servía un par de vasos.

Los muchachos empezaron a hablar. Primero de cosas triviales, luego de otras no tanto, y mientras hablaban, bebían... bueno, para ser exactos HARRY bebía mientras que BLAISE hacía como si lo hiciera.

Cuando el Gryffindor estaba considerablemente borracho Blaise le preguntó.

-         ¿Eres virgen?

-         ¿Qué quieres? Una noche de sexo con el chico dorado

-         No, solo quiero saber si eres virgen.

-         Sí, lo soy -Blaise sonrió.

-         ¿La última copa?

-         Está bien. – Blaise echó unas gotas de algo en el vaso de Harry y lo programó para que hiciera de traslador después de unos minutos.

-         ¿Qué le pusiste? Sabe diferente – fue lo último que dijo Harry antes de caer dormido.

*      *      *

Cuando Harry despertó lo primero que notó fue que estaba desnudo y atado a un altar. La cabeza le dolía y su boca  estaba pastosa. Intentó moverse pero no pudo, quien lo hubiera atado lo había hecho a conciencia. Intentó gritar pero una mordaza se lo impedía. Hizo un esfuerzo por recordar... Blaise... había estado con Blaise bebiendo la noche anterior... quizás el Slytherin fuera mortifago y lo hubiera entregado al Dark Lord. Escuchó un ruido, lo cierto es que había estado presente desde el momento que despertó pero no le había prestado atención. Giró un poco la cabeza y vio un poco más del lugar donde estaba.

El altar estaba rodeado por un circulo de velas negras y el ruido lo producía una figura, vestida de negro que, arrodillada frente a una estatua repetía incesantemente una salmodia... Harry se fijó un poco más, la figura era Blaise.

En un momento dado, los ojos de la estatua brillaron lo cual prácticamente enloqueció a Zabini.

-         ¡ Belcebú! – gritó – yo te invoco. Yo te ofrezco el poder de este virgen y mi alma. Haz caso de mi guardián de los infiernos.- Blaise estaba en trance. Sus ojos se pusieron en blanco y durante un tiempo estuvo en silencio, como si estuviera recibiendo la respuesta. Después se acercó a una mesa auxiliar donde tenía un cáliz y un gran cuchillo. Se acercó a Harry y ante la sorpresa del moreno empezó a masturbarlo hasta que este se corrió y él recogió el liquido en el cáliz. Después se arrodilló, tomo el cuchillo en sus manos y quemó la hoja, después cortó sobre el abdomen de Harry una estrella de cinco puntas y recogió la sangre del muchacho en la misma copa. Después volvió hacía la estatua y siguió con su salmodia. Harry intentó seguir lo que pasaba, pero el dolor que sentía era tan grande que solo conseguía hacerlo por momentos. En un momento dado, Blaise alzó el cáliz con sus secreciones y lo bebió. Una oleada de asco inundó a Harry y lo hizo vomitar. Poco después, Blaise volvió a gritar – ESPIRITU DE LAS TINIEBLAS VÉNGAME.

Las llamas de las velas se dirigieron hacía Blaise y prendieron sus ropas, pero él no hizo ningún ademan de apagarlas mientras moría calcinado. Al mismo tiempo un dolor inmenso se apoderaba de Harry, que calló desmayado.

*      *      *

Harry despertó en la enfermería de Hogwarts. Tenía la garganta seca y le dolía la cabeza. Abrió lentamente los ojos y se encontró con la figura preocupada de Remus que lo miraba.

-         ¿Harry? ¿Despertaste?

-         Tengo sed – fue todo lo que pudo decir el muchacho. El licántropo hizo aparecer un vaso de agua fresca que le ayudó a beber. - ¿Qué paso?

-         ¿No recuerdas lo que pasó?

-         Sí, lo sé... lo que paso. Pero no lo entiendo. Ni como me encontrasteis... no lo entiendo.

-         Blaise hizo un antiguo ritual satánico. Tan antiguo como se pierde en el tiempo y sólo se puede hacer en un lugar... ¿Conoces Stonhedge?

-         Sí.

-         Contrariamente a lo que piensan los muggles, el monumento es la puerta a un templo satánico que solo puede ser abierto por los magos. Blaise ofreció tu poder y su alma como ofrenda al maligno para consumar su venganza: Matar a Voldemort. Cuando el cuerpo del Señor Oscuro apareció calcinado y con una estrella de cinco puntas en su frente, supimos donde estabas.

-         ¿Y que me pasará ahora?

-         ¿A que te refieres?

-         Has dicho que ofreció mi poder, ¿eso significa que no podré hacer magia?

-         No, eso significa que te debilitó mucho, pero Zabini no quería hacerte daño, no tomó mas sangre de la necesaria, solo una muestra, te debilitó pero no te quitó la magia.

-         Supongo que debo estar agradecido.

-         Él quería lo mismo que tú, destruir a Voldemort, y por la misma razón. No creo que quisiera hacerte daño, sólo te utilizo como una herramienta más para su fin.

-         ¿Y que pasó con Blaise?

-         Murió. Vendió su alma al diablo.

-         ¿Y?

-         Pues nadie sabe. Muchos dicen que su alma vagará errante hasta el fin de los días. Otros dicen que estará en el infierno.

-         Yo no lo creo.

-         ¿Por qué?

-         Porque no se lo merece. Yo también hubiera enloquecido si hubiera pasado lo que el.

-         ¿Tú crees?

El dolor y el odio envenenan la sangre y él quitó ese veneno de la única forma que puede hacerse: Vengándose. [N.A. yo no creo que la venganza sea la solución, pero en este caso si lo es, ¿no?]

 

 

 

 

 

 

 

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