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Titulo: Toda Historia Tiene un ComienzoClasificación : PG-13
Disclaimer: Todos lo sabemos, pero por si las moscas, lo repetimos, yo no soy asquerosamente rica, por lo tanto, nada de esto me pertenece, es de JK Rowling, yo sólo lo tomo para pasar un rato más o menos agradable.
NOTA DE LA AUTORA: Títa
Earwen.... ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!! Te prometí una historia 100% original, y
bueno, no he encontrado ninguna que se le asemeje, eso sí, de puro experimental
es algo raro... Aun así espero que te guste.
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Samantha Charm nació en una de las mas antiguas familias de brujos y brujas de todo el mundo. Incluso circulaba la leyenda de que descendían directamente de alguno de los hijos ilegítimos que había tenido Merlin y que estaban emparentados con el ilustre fundador de Hogwarts Salazar Slytherin fallecido más de trescientos años antes; así que cuando inició sus estudios en esa escuela nadie se sorprendió cuando el sombrero seleccionador la puso en aquella casa. Siempre destacó por su manejo en la magia, tanto en las artes blancas como en las oscuras, pero su mayor virtud, aparte de su belleza era su sonrisa. Al terminar el colegio, decidió tomarse un año libre en Londres. Al principio su padre se mostró reticente, pero al final accedió. Después de ese año sabático, ella volvería y se casaría con Jacques Hufflepuff (descendiente de Helga Hufflepuff) como era deseo de ambas familias. Pero nada sucedió como ellos esperaban... * * * Samantha disfrutaba de su té en un bar de Londres. Desde su mesa observaba la calle. Afuera llovía y miles de muggles corrían de un lado hacía otro, empapándose. De pronto entró uno al bar... Alto, delgado, moreno... Samantha no pudo suspirar al verlo, era hermoso, lo más hermoso que había visto en su vida. El joven le sonrió cuando se dio cuenta que los ojos de la muchacha no le quitaban los ojos de encima. - No pude evitar darme cuenta de que me estabas observando. – dijo acercándose gentilmente a su mesa - ¿puedo sentarme contigo? - Sí, claro – dijo quitando su bolso de la otra silla que había frente a la mesa. - Me llamo Tom Riddle. - Yo soy Samantha Charm. - Bonito nombre. Pasaron la tarde hablando. Samantha reía con las ocurrencias de Tom. Era un hombre ingenioso y aquello le gustó. Definitivamente no se parecía en nada (A Merlin gracias) a aquel medio bobo y lelo que se iba a convertir en su marido gracias a las conveniencias económicas de su padre. Cuando cayó la noche, Tom la acompañó hasta la puerta de su apartamento y quedaron para el día siguiente. Y pasó el tiempo. Samantha estaba locamente enamorada de Tom, pero sentía que se ahogaba, su vuelta estaba cada vez más próxima y para aumentar su sensación de angustia su madre le enviaba lechuzas periódicas contándole los maravillosos regalos que habían empezado a llegar de muchas partes del mundo para su enlace con Jacques. Una mañana, no pudo más, al leer que su futuro esposo había comprado una mansión en Chester para ambos, su alma se diluyó por completo y empezó a llorar. No supo cuanto tiempo estuvo en aquel estado, pero cuando Tom entró al dormitorio a la hora de comer (le había dado una llave de su apartamento tres semanas antes), la encontró llorando desconsolada con los ojos rojos y grandes ojeras. - Samantha, ¿qué te ocurre mi amor? - Tom, yo... no te conté todo sobre mí. - ¿Estas casada?? - ¡No! ¿Cómo puedes pensar eso? - Entonces dime que te pasa mi pequeño ángel. - Tom, mis padres... quieren que me case con alguien. En teoría cuando acabe el verano, yo volveré a mi casa y me casaré. - ¿Un matrimonio concertado? - Sí- musitó. - Pero eso está pasado de moda, además de ser ilegal. ¿En qué época viven tus padres? Estamos en el siglo XX. - Lo sé, pero estoy en una espiral que me absorbe. Sé que solo seré feliz contigo, pero no puedo escapar, no puedo escapar...- lloró sobre los hombros de su amado. - Samantha, cásate conmigo. Hoy mismo. Tú y yo, juntos para siempre. Por primera vez en meses, Samantha sonrió feliz. Aquello la libraba de su yugo. Sería feliz con Tom. - ¿Estas seguro? - Nunca he estado tan seguro de algo mi vida. - Entonces ¿a que estamos esperando? * * * En una pequeña capilla del sur de Londres una pareja hacía los siguientes votos: - Yo, Tom Riddle te tomo a ti, Samantha Charm, desde hoy Samantha Riddle, cómo legitima esposa, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe. - Yo Samantha Charm, desde hoy Samantha Riddle, te tomo a ti, Tom Riddle, como legitimo esposo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte nos separe. Y después de intercambiar unos sencillos anillos de oro se besaron. * * * El tiempo pasó deprisa. El final del verano y el día en que Samantha debería volver de su año sabático se acechaba. Marvolo Charm paseaba aquella mañana nervioso ante su chimenea. Su hija debería llegar de un momento a otro y tenía un extraño presentimiento. * * * - ¿Vas a ir hoy a hablar con tus padres cariño? – preguntó Tom mientras se anudaba la corbata frente al espejo para ir a trabajar. - Sí. - ¿Quieres que te acompañe? - No, bueno, ellos no se como se lo tomaran... - Bueno, seguro que todo lo que quieren es que seas feliz... - Tom... - ¿Sí? - Tenemos que hablar. - Por supuesto querida. Pero ahora llego tarde. Nos vemos en la noche, ¿de acuerdo? - Sí. Te quiero. - Te amo. Samantha se dirigió al baño. Tenía tantas cosas que decirle a Tom... lo primero su condición de bruja, bueno ella sabía que lo iba a aceptar, al fin y al cabo la amaba ¿no? Y luego estaba aquel pequeño milagro que crecía en su interior. * * * - Samantha hija – dijo su madre avanlanzandose sobre ella. - Madre. - Samantha –dijo con voz fría el padre. - Padre. - Por fin conocerás a Jacques. Lleva meses deseando verte. - Antes tenemos que hablar. - ¿Sobre qué? - Me he casado. Con un muggle. Se llama Tom Riddle y me ama. Además estoy esperando un hijo suyo [N.A. Pobres padres... se tuvieron que quedar catatonicos] - ¿Estas bromeando? – preguntó Marvolo. - No padre. Ahora soy feliz. - ¡¡SAL DE MI CASA!! YA no eres una Charm. Eres una cualquiera. - Pero... - Yo te maldigo... Tú hijo será fruto de tu desgracia y sembrará el pánico por el mundo. - Pero... - ¡¡¡VETE!!! Samantha trasplanó hasta su casa. El apartamento que compartía con Tom y lloró. Estuvo así hasta que se quedó dormida. * * * - ¿Te encuentras bien? – preguntó Tom cuando despertó. - Sí, sólo discutí con mis padres. Dijeron que no era hija suya. - Se les pasara. - No los conoces. No se les pasará. Me odian. He traicionado a mi sangre y a mi estirpe. - ¿Te arrepientes? - Jamás. Te amo. - Yo también tesoro. Por cierto, esta mañana dijiste que teníamos que hablar. - Es cierto. - ¿Qué querías decirme? - Estoy embarazada. - ¿En serio? Eso es maravilloso. – Tom la tomó es sus brazos y la llevó por la habitación. Samantha decidió esperar para darle su otra noticia, ya que sabia que era menos importante... Durante la cena, Samantha respiró hondo y se propuso contarle todo a Tom. - Tom, ¿tú me quieres verdad? - Sí ¿a que viene eso? - Hay algo que no sabes de mí. - ¿Qué es? - Yo soy bruja. - No, vamos en serio - Es de verdad – y con su varita se lo demostró: moviendo algunas cosas, haciendo aparecer unas y desaparecer otras. La cara de espanto de Tom era increíble... - ¿estas bien mi vida? - No me llames así – dijo levantándose y saliendo por la puerta - ¡¡OLVÍDATE DE MI ENGENDRO!! - ¿Y tu hijo? - Seguro que es otro engendro como tú. Yo no tengo hijo, ni he estado casado jamás. - Pero Tom Toda la respuesta que recibió fue un portazo. Samantha se sintió peor que nunca en su vida. En ese día había renunciado por amor a su familia y ahora el hombre que amaba la dejaba. Intentó poner su mente en orden. Lo primero era abandonar aquel apartamento... demasiado caro para ella y luego buscar un trabajo, no importaba si era en el mundo mágico o en el muggle... ¡¡ Por el dulce Merlin!! Su vida se había ido al garete en cuestión de 24 horas... ojalá no hubiera despertado ese día. Después de empaquetar todas sus cosas estaba agotada. Era muy tarde en la madrugada. Se quedaría ahí la noche y saldría a la mañana siguiente. Mientras cerraba los ojos la voz de su padre retumbaba en su cabeza: “tú hijo será fruto de tu desgracia” - Pequeño, eres todo lo que me queda – “fruto de tu desgracia” – saldremos adelante – “sembrará el pánico en el mundo”- no te voy a dejar nunca- “fruto de tu desgracia”. * * * Habían pasado cinco meses desde aquel día. Samantha trabajaba en una fabrica ilegalmente, clasificando tornillos y algunas noches cuidaba un anciano. Estaba agotada, tanto física como anímicamente, pero tenía que salir adelante. No podía volver con sus padres, se lo dijeron cuando les contó que se había casado y no supo nada de Tom. Vivo o muerto, había desaparecido del mapa. Compartía un pequeño apartamento con una chica que también trabajaba en la fábrica en las afueras de Londres. - Vamos Samantha- dijo Sheilla, su compañera de piso – vamos a ir a M&S. Tomaremos un té y una de esas deliciosas magdalenas. - Id vosotras, no me apetece. Estoy agotada. Anoche estuve cuidando al señor Bachellor (N.A. Significa solterón) y estoy agotada... me muero por tomar una ducha caliente y acostarme. Además mañana tengo doble turno en la fábrica. - El capullo del señor Simón te explota... - Lo sé, ¿pero quien va a contratar a una mujer embarazada y sin experiencia? Nadie. - Pero eso no justifica... - Da igual... en cuanto nazca mi pequeño buscaré otro trabajo o iré a ver a mis padres. Espero que ellos me perdonen. - La vida es injusta. - Sí, pero no ganamos nada quejándonos. Anda, corre llegaras tarde y se habrán acabado las de relleno morado. (N.A. Yo no probé las magdalenas de M&S, pero sí las del avión y bueno, simplemente las trasplané de lugar, otra vez preguntaré sabores reales de magdalenas) - Umm, deliciosas... ¿en serio no vienes? - No... Hasta luego Sheilla - Hasta la noche. * * * Samantha estaba en la fabrica cuando un intenso dolor le llegó al vientre. Aquella mañana estaba más duro que de costumbre, pero... ¡aun faltaban dos semanas para que saliera de cuentas! Otro dolor... ¡Merlin! Había roto aguas... ¿qué hacer? Respiró hondo y buscó a Sheilla. - Sheilla, ya viene, estoy de parto... - ¿En serio? - ¿Puedes llevarme al hospital? - Claro, voy a coger mis cosas y las tuyas y vamos. - Gracias.
* * *
Varias horas más tarde, en el hospital católico (en Irlanda los hospitales católicos eran en el pasado los hospitales de beneficencia, aprovecho la ocasión para recomendaron el libro Las cenizas de Angela de Frank McCourt... es genial, duro pero precioso, perdón que me pierdo... que supuse que en Inglaterra también, sino es así lo siento) de Saint Patrick, Samantha, cubierta en sudor, seguía empujando... “fruto de tu desgracia”... las palabras de su padre se repetían como una salmodia sin fin en su cabeza... “fruto de tu desgracia” - Doctor – dijo una enfermera – hay sufrimiento fetal. Si no intervenimos, morirá el bebé. - Pero la madre está muy débil, si intervenimos morirá ella. - Si no intervenimos, los perderemos a los dos. - ¡No!- quiso gritar Samantha, pero sólo era un sonido ahogado – mi niño tiene que nacer. Tiene que nacer. - Entonces le tenemos que practicar una cesárea, y tiene que firmar usted unos papeles. ¿tiene usted familia a la que tengamos que avisar? - No, soy madre soltera, mis padres murieron – dijo. Quizás se arrepintiera en un futuro, pero no podía dejar que sus padres la vieran así. Mientras firmaba dijo a una enfermera – si me pasara algo... - No le va a pasar nada – mintió la mujer en uniforme blanco. - Si me pasara algo- repitió – mi hijo se llamaba Tom Marvolo Riddle – fueron las últimas palabras que se oyeron antes de que hiciera efecto la anestesia. * * * Aquel niño, que nació cuando murió su madre, jamás conoció a sus abuelos. Los Charm nunca supieron de su existencia... y cuando tuvo edad suficiente vengó a su madre matando con sus propias manos a su padre y a los padres del mismo. No tuvo compasión, él no la había tenido con su madre. Cuando terminó sus estudios en el colegio Hogwarts de magia y Hechicería, ¿alguien dudaba que el heredero de los Charm y del mismo Salazar Slytherin fuera mago?, se transformó a sí mismo en el mago más temido de todos los tiempos: LORD VOLDEMORT. ¿Fin o principio?
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