Titulo: Sangre

Clasificación : PG (por la muerte de un personaje)


 

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Severus Snape se despertó sobresaltado. Pequeñas perlas de sudor brillaban en su frente y un dolor intenso le aprisionaba el pecho. Buscó a tientas su varita.

-         “Lumos”

Respiró profundamente. Sus pupilas estaban dilatadas. Intentó tranquilizarse. Cuando el dolor cesó un poco, cogió tembloroso una cuchilla que había sobre su mesilla de noche y se cortó en una de sus muñecas. Por supuesto que le dolió cuando el frío metal rasgaba su piel pero cuando la sangre empezó a brotar, él la recogió en sus labios. Eso lo calmaría, no sabía hasta cuando, pero sería una solución provisional. Cuando la hemorragia cesó, se desinfectó la herida y se la vendó.

-         Nox

Poco después estaba plácidamente dormido.

*      *      *

Despertarse a la mañana siguiente no fue fácil. Estaba dolorido y cansado. No había descansado lo suficiente. O quizás sí, pero su “enfermedad” empezaba a evidenciarse.

No sabía desde cuando lo había sabido. Quizás tres o cuatro años antes, pero no quiso darle importancia. Pero justo un mes antes había empezado a manifestar los sintamos de una inminente transformación.

Había investigado, por supuesto, y sus descubrimientos no podían haberlo desolado más. Aun así cubrió su temor con una fría capa de indiferencia. No podía dejar que sus alumnos lo vieran así. Y poco a poco empezó a solucionar todo aquello que tendría que dejar.

Le quedaba poco tiempo, lo sabía. Por eso no podía dejar nada al aire. Tenia que quedar todo resuelto para el momento de su marcha, que sería en tres días.

Tampoco podía dejar que Albus sospechara nada. Aunque era posible que el vejete ya supusiera algo, ”no hay nada que pase sin  que él lo sepa” pensó.

La parte más dolorosa estaba decidida. Así que decidió que al día siguiente empaquetaría sus cosas. Su sustituto quizás no viviría en las mazmorras, pero aun  así no quería que nadie tuviera que pasar el penoso trance de recoger los utensilios  de un muerto.

*      *      *

-         Me dijeron que estas recogiendo tus cosas Severus – dijo Albus en la cena de un par de días más tarde.

-        

-         ¿Y a que se debe?

-         Estaba pensando remodelar las mazmorras. Veinte años con el mismo mobiliario pueden llegar a cansar.

-         ¿En serio?

-         Por supuesto Albus, necesito cambiar un poco mi vida ahora que soy libre.

-         Bien.

*      *      *

Severus volvió a su mazmorra después de la cena. Las preguntas de Albus lo habían incomodado.

Respiró hondo. El dolor de su pecho había vuelto. Fue a su dormitorio y volvió a coger la cuchilla que reposaba en la mesita. Después de desinfectarla, se rajó la muñeca como algunas noches atrás y bebió su sangre. Después se vendó la muñeca.

Miró sus cosas. Le era difícil la situación, pero no podía quejarse, había sido él el que la había decidido así. Se paso la mano por la cabeza. Suspiró.

Se sentó en su escritorio y escribió su carta. Tras terminar la leyó varias veces. No era perfecta, pero no le quedaba ni tiempo ni ganas de volverla a hacer. La dobló y la metió en un sobre.

Después encogió sus pertenencias y las mando con su lechuza a un almacén.

Cogió su capa y salió a los terrenos del colegio. La luna llena iluminaba su camino. Oyó a lo lejos los aullidos de un lobo, quizás un  hombre lobo, pero no estaba seguro de eso, además que importaba eso ya.

*      *      *

-         Señor – dijo Draco Malfoy a la hora de la comida al día siguiente.

-         ¿Señor Malfoy? – contestó Albus Dumbledore con su usual sonrisa en los labios.

-         Es el profesor Snape. Hoy no acudió a darnos clase y cuando fuimos a sus aposentos no contestó. Los slytherin estamos preocupados.

-         Gracias señor Malfoy.

Albus se levantó y se dirigió a las mazmorras.

Llamó varias veces a la puerta y no recibió contestación alguna. Es más parecía que la habitación estaba vacía. Decidió abrir la puerta con magia, mas tarde le pediría perdón a Severus por haberlo hecho pero para su sorpresa la puerta estaba abierta, no necesito más que empujar con fuerza para abrirla.

La sensación  que se llevó no pudo ser mas desalentadora. La habitación estaba vacía. Solo quedaban los muebles. Parecía que allí no viviera nadie. No había nada. Sólo una carta encima del escritorio.

*      *      *

Al otro lado del bosque, cerca de un lago, la figura de un hombre tumbado en la hierba. Respiraba pesadamente, como si se estuviera ahogando. Se oían el canto de los pájaros entremezclados con los quejidos del hombre. Miraba al cielo y sonreía. Poco después expiraba.

*      *      *

Mi querido Albus:

Perdona que no te dijera nada, pero sabría que no me dejarías seguir con mi destino, y mi destino es este... morir.

Sufro de hematodoxia mágica, que como bien sabrás significa que soy un vampiro. No hace mucho que lo descubrí pero aun así he tenido tiempo de solucionar todo lo que ha estadp en mis manos. Aun así me faltó tiempo antes de mi completa transformación, y habrá cosas que tú tendrás que solucionar por mí.

Debería matar para seguir con vida, es decir, alimentarme de la sangre de otros, pero no puedo hacerlo. Demasiadas muertes caen sobre mis hombros debido a mi pasado... no podría seguir con ese cargo en mi conciencia, por eso me voy a morir. Al menos soy consciente de ello, no todos tienen la suerte de saber cuando van a morir... podría decirse que soy un privilegiado.

Además, ¿qué es morir? ¿qué es vivir? No es lo primero consecuencia inevitable de lo segundo y lo segundo no es el primer paso hacia lo primero. Todos estamos condenados a un destino común.

Me despido, sé que sabrás encontrar mi cadáver... no quiero un entierro solemne. No iría conmigo, tu lo sabes... sólo quiero que me dejen descansar por siempre en paz, en una paz que desee durante mucho tiempo y que apenas he podido paladear.

Perdóname amigo.

Hasta siempre  

                                                           Severus Snape

 

*      *      *

        Un par de días más tarde en el cementerio de Hogwarts el director depositaba una rosa blanca en la tumba de su amigo.

-         Severus, jamas pensé que tendría que venir a tu tumba. Me duele que no confiaras en mi... hubiera buscado una solución a tu problema, como siempre lo hemos hecho... aunque esta vez ha sido distinto. Esta vez te has ido para siempre. No sabes como te echaré de menos. – dijo esto limpiándose una lagrima de su rostro. Y se marchó.

“El mayor poder de los vampiros reside en que nadie cree en ellos”

Aquellas palabras pronunciadas por su amigo hacia menos de un año ahora cobraran sentido.

Y era irónico, como le hubiera gustado a Severus, una guerra en la que había luchado, en la que una de las causas, ¿una guerra puede tener causas?, había sido la limpieza o no de sangre y ahora él se iba por esa misma sangre.

 

 

 

 

 

 

 

 

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