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Titulo: Los Ojos más Verdes que Pudiera ImaginarClasificación : PG
Cometarios: Esta es la continuación de Cien razones, y al igual que ese, este va dedicado a Jaen Snape, entre otras cosas por haber convertido un verano que parecía asqueroso en algo magnifico. Ahora que me voy (a la uni), sé que vamos a perder un poco de contacto, pero por favor no me olvides, ¿ok? (Ahora soy yo la que llora)... Perdona, pero este me salió entre cursi y triste, cómo estoy yo ahora... Besos... Espero que te guste.
Disclaimer: Todos lo sabemos, aun así lo repetimos... todo es de Rowling (a ver si publica ya el sexto) y yo sólo lo uso para enfadar a mi madre por pasar demasiado tiempo delante del ordenador... quiero decir, para pasar el tiempo... ^^
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El séptimo curso de Harry Potter acabó como todos los séptimos cursos de Hogwarts. Aunque para decir la verdad, esto no era del todo cierto. El otrora feliz y amigable Gryffindor se había transformado en un témpano de hielo, más propio de la casa de las serpientes que de la del león. Además le había perdido el respeto al director, y debido a esto se pasó la mayor parte del curso de retención en retención... además de ser suspendido de forma permanente del equipo de quiddich y la prohibición de las visitas a Hogsmeade... pero eso no importó al moreno de ojos esmeralda, se esforzó por sacar unas notas excelentes y ser el segundo de su promoción, tras Hermione Granger. Nadie, ni sus amigos ni Remus entendían lo que le pasaba al muchacho. Suponían que tenía algo que ver con la desaparición que había ocurrido el verano anterior y de la cual el muchacho no quería hablar. Les decía que no estaban preparados, que no entenderían... Y así el último día de curso, Harry tras recoger las notas de sus Extasis, que por cierto eran sobresalientes, fue a la biblioteca y escribió en un pergamino : “Señor Albus Percibal Wulfric Brian Dumbledore, lamento decirle que me cansé de ser su juguete. Ahora lo sé todo. Harry” Lo enrolló y se lo dio a una de las lechuzas del colegio pidiéndole que la entregara a la mañana siguiente. Después fue al dormitorio común de Gryffindor y recogió las pocas cosas que no estaban ya en su baúl. - Harry, ¿qué vas a hacer este verano? - No sé, Merlin proveerá... lo sabré en su momento. Las mejores cosas pasan cuando menos te lo esperas - Harry, estas muy extraño. Has estado muy extraño durante todo el año... ¿qué pasó cuando desapareciste? - Ron no te gustará saberlo. - Pero soy tu amigo, quiero saberlo... - Ron, mi pareja es Tom Riddle. * * * Harry abandonó el expreso en la estación de King Cross. Al llegar, notó como Lucius Malfoy se le acercaba. - Potter, mi señor quiere que lo acompañe hasta su presencia... - Por supuesto, voy a coger mis cosas. - No, ya lo hará Crabbe – “de tal padre tal hijo pensó Harry”..
Lucius condujo a Harry hasta la mansión Riddle, que estaba tal y como Harry la recordaba del verano anterior. Lo llevó hasta una sala donde le dijo que esperara. Harry se sentó en uno de los sofás y observó con deleite la cantidad de libros que llenaban las estanterías. Se levantó y se acercó a las librerías, posando la mirada en cada tomo... - Encantado de volver a verle señor Potter. - TOM – gritó al oír la voz de su amado y corrió a abrazarlo – te extrañé mucho ¿lo sabes? - Bueno, yo también te extrañe – dijo mientras le devolvía el abrazo – pero quiero que sepas que estoy muy enfadado contigo. - ¿Por qué? - ¿Cómo se te ocurre desafiar al gran Albus Dumbledore en sus propios dominios? - Yo... - Está bien. Bueno, acompáñame te voy a mostrar tus aposentos. - ¿No voy a estar en la habitación del verano pasado? - No. – dijo mientras abría una puerta de roble. – a partir de ahora estas serán tus habitaciones. – la puerta daba a una sala de tamaño intermedio con dos sillones, una mesa y una chimenea. A la izquierda una puerta daba lugar a un dormitorio grande y lujoso con un baño tan inmenso como todo el dormitorio común de Gryffindor. Otra puerta en la sala principal daba a un estudio con una mesa y varias estanterías llenas de libros y una última puerta que daba paso a un pequeño jardín privado. - ¡Merlin! Esto es increíble. - Bueno, mi pequeño ángel se lo merece todo. Ahora, tenemos que hablar... ¿has decidido que quieres hacer el año que viene? - No - Pues deberías pensarlo. Y ahora toma un baño y ponte una de las túnicas que hay en aquel armario... hoy hay una cena importante. - ¿Qué pasó? - Volvieron algunos de mis mortifagos de una misión. Han estado fuera seis meses. - ¿Tom? - Dime - Ya no matas muggles ¿verdad? El verano pasado me dijiste que habías cambiado... - Claro que no, pero estoy intentando crear un modo alternativo de uso de la magia... te lo explicaré luego. Ahora tengo que irme a recibir a mis invitados – dijo dándole un pequeño beso en los labios. Harry entró al baño y llenó la bañera. Se metió relajándose, desentumeciendo los músculos, sintiéndose en casa; casa, hogar... ¿Sería Tom capaz de darle eso? No sabia de cuanto tiempo disponía, mejor no demorarse mucho... con sólo una toalla alrededor de su cintura se dirigió al armario que le había dicho Tom, al abrirlo se dio cuenta de que todas las túnicas, aunque negras y elegantes tenían referencias a Slytherin... bueno, no le hacía mucha gracia tener que vestir así pero su... ¿pareja? ¿Era Tom su pareja o él era solo su amante?, era el heredero de Salazar Slytherin. Además según le había dicho aquella era una cena importante, mejor no discutir ese día, ya podrían hablar en los sucesivos días. Cogió una túnica que destacaba por su austeridad y elegancia... negra, de seda natural con caída y sólo una serpiente bordada en plata en una de las bocamangas... ¿Qué debía hacer? ¿Bajar? ¿Esperar? Ante la duda mejor preguntar ¿no? - Elfo- llamó. Con un plop apareció un elfo, Harry creía recordarlo del verano pasado, pero bueno, todos los elfos se parecen ¿no? - ¿Señor? - ¿Puedes decirle a Tom que estoy preparado? Es decir, pregúntale lo que tengo que hacer, si salgo, si lo espero aquí... - Bien, señor... - Y después quiero que vengas aquí y me digas lo que te dijo... - Sí señor, ¿Algo más? - No, puedes retirarte. Harry fue al despacho y cogió uno de los libros: “La magia en la historia”, volvió a la sala de su dormitorio y se sentó en uno de los sofás a leer. Alguien abrió la puerta: - Me dijeron que eras un espíritu indómito. No te esperaba tan dócil... - ¿A que te refieres Tom? - Bueno, no te imaginaba pidiendo permiso para todo después de lo que me dijeron que armaste en Hogwarts durante este año. - Será porque a ellos no los amo... ups! – no se dio cuenta de lo que había dicho hasta que lo había dicho. - ¿Es eso verdad? - ¿Qué te amo? ¿Acaso lo dudabas? Te amo desde aquella noche en la playa... no sabes cuanto te extrañé mientras estaba en el colegio, y eso me hacía estar de mal humor y el odio que le tengo a Dumbledore desde mi quinto año se iba haciendo más y más grande... te quiero Tom – dijo mientras lo besaba en los labios. - Yo también – le respondió mientras le correspondía. – pero ahora tenemos que irnos, ¿sí? Porque si empiezo ahora a besarte se que no voy a poder parar... en la cena te sentarás a mi lado, procura no molestar a mis chicos... - ¿Cómo podría molestarles? - Pues ignorándolos o interrumpiéndolos, hoy es su gran día, déjalos que se luzcan, ¿ok? Después de la cena habrá una copa en su honor y bueno, tú no puedes ir... - ¿Por qué? - Reunión exclusiva para mortifagos. Ven aquí, yo vendré a darte las buenas noches cuando acabe. - Bien. * * * La cena no solo fue aburrida, sino que fue mortalmente tediosa. Los cuatro mortifagos en torno a los cuales se celebraba la fiesta parloteaban sin parar acerca de anécdotas a su parecer muy graciosas (en opinión de Harry, estúpidas) de su viaje por Europa intentando reclutar gente para la “causa” (“Ja” pensó Harry “si supieran que los leales a Dumbledore también usan esa palabra”). Cerca de la media noche, los “caballeros” se levantaron y se dirigieron hacía otro salón. - Con su permiso, yo me retiro – dijo Harry. Subió las escaleras y volvió a su habitación. Buscó en su baúl algo cómodo... una camiseta amplia le bastaría, no le apetecía buscar su pijama ahora, y volvió a coger el libro que había estado leyendo por la tarde. Tom entró casi tres horas mas tarde con sigilo. Harry dormitaba con el libro en las manos, la luz encendida y las gafas produciendo unas marcas rojas en su cara. Con cuidado cerró el libro e intentó quitarle las gafas: - ¿Tom? - ¿Te he despertado? Lo siento cariño. - Te estaba esperando. – dijo mientras le besaba en los labios – llevo haciéndolo nueve meses. - Ni que fueras mi madre... - ¿qué? - Un chiste (N.A. ¿Lo entendieron?) - Y tengo que recuperar el tiempo perdido- le musitó mientras empezaba a desabotonarle la túnica. Las manos de Tom correspondieron a Harry. Él también llevaba tiempo deseándolo... (N.A. Se supone que aquí vendría un lemon, pero no me salen... os lo dejo a vuestra “calenturienta” [ups, ¿yo dije eso?] imaginación) * * * Harry llevaba tres semanas en la mansión Riddle. Durante el día apenas veía a Tom, pero se dedicaba a estudiar. A veces se sentía solo, pero claro, ahora no tenía a nadie más, Ron, Hermione y Remus le habían dado de lado al saber de su relación con el antiguo señor oscuro. Echaba en falta un amigo, pero ese sentimiento de soledad se evaporaba por las noches... cada vez que Tom lo acariciaba, sus pensamientos se electrizaban hasta que solo le dejaban pensar una cosa... ¡cuánto amaba a aquel hombre! Tom le explicó que ahora sus esfuerzos se centraban en crear una “nueva ciudad de la magia”, en ella vivirían familias de magos como en una ciudad medieval, especializándose cada uno en una parte de la magia... pociones, hechizos, e incluso adivinación. En ella habría un nuevo sistema de enseñanza en el que los niños empezarían a estudiar los fundamentos de la magia a los tres años para a los diez especializarse en lo que tuvieran un don. A Harry aquello le sonó fabuloso, mágico incluso (N.A. Harry es lógico que te suene mágico, al fin y al cabo de eso se trata ¿no?). Tres días antes de su cumpleaños Tom entró a su habitación: - ¿Qué quieres para tu cumpleaños? - A ti – dijo sensualmente. - Umn, veo que eres exigente – dijo dándole un beso en los labios. - Mucho – dijo comenzando a desabrocharle la camisa. - Harry, ahora no... tengo que irme. - Siempre estas ocupado. Nunca tienes tiempo para mí... - Sabes que lo que estas diciendo no es justo... - Pero es verdad. - Deja de comportarte como un bebé ¿quieres? – dijo mientras salía de la habitación. * * * La mañana de su cumpleaños, Harry se despertó abrazado a Tom. Le encantaba esa sensación de protección y calor: - Buenos días mi ángel. Feliz cumpleaños. - Buenos días Tom. - ¿Descansaste bien? - Mucho, me encanta dormir contigo... - Vamos a bajar a desayunar, ¿sí? - Quédate cinco minutos más. - Harry... vamos, hoy es un día importante, tenemos una cena importante. Hoy recibirá la marca Draco Malfoy. - Tom – dijo el muchacho mientras buscaba sus zapatillas por la habitación- ¿cuándo podré yo recibir la marca? - Nunca - ¿Por qué? ¿Acaso no soy digno de ella? ¿O es que sólo soy la puta de turno? - No, Harry. Lo hago porque quiero que seas libre. Para que tengas la oportunidad de irte un día si lo quieres. Si recibes la marca, nunca podrás abandonarme del todo. - YO no te quiero abandonar nunca. - Vamos Harry, deja de comportarte como un niño pequeño... - Eso es lo que soy, ¿no? - ¿Qué? - Has decidido que yo no soy bueno para ser de tus mortifagos sin ni siquiera preguntarme... - Harry, estas montando una montaña de un grano de arena. - Vete Tom, no voy a ir a desayunar, se me pasó el hambre. Y dudo que vaya a ir a la cena. Discúlpame con tus invitados. * * * Harry lloró en el dormitorio cuando Tom se fue... él lo había abandonado todo por él y él sugería que en algún momento se separarían... echaba de menos las lechuzas de Ron y los bombones que habitualmente le mandaba Remus... y todo por él, y ahora... Cogió su maleta y empezó a meter sus cosas. Quizás aun estuviera a tiempo de volver a recuperar su amistad. Entró al baño y se lavó la cara. - ¿Qué significa esa maleta? – le preguntó Tom asombrado cuando volvió al dormitorio (Quería darle su regalo de cumpleaños) - Me voy. - ¿Por que? - Lo abandoné todo por ti... mis amigos y a Remus, que se podría decir que es mi única familia, por ti... y tú me dices que algún día nos separaremos... prefiero irme antes de que me hagas más daño. - Harry, sabes que te amo... - Y yo Tom, pero no estoy bien. No así. Me siento como la muñeca de exposición, me paso el día aquí encerrado, estudiando y sólo salgo para tus cenas con tus mortifagos en las que no hablo por miedo a importunar... lo siento, déjame un tiempo para pensarlo. - Yo... - ¿Acaso no dijiste que no me dabas la marca para que fuera libre? - Sí, pero... - Tom, no significa que no te quiera... sólo necesito tiempo, yo no puedo vivir así, necesito acción. - ¿Volveré a verte? - Claro, te dije que esto sólo es un hasta luego. Además simple podrás intentar matarme... - ¡Harry! - Vamos Tom- le dijo dándole un beso en los labios – es lo mejor. Mi humor empeora por momentos, creo que necesitamos un tiempo para replantearnos la situación. - Esta bien. TE amo – dijo abrazándolo.
Harry cogió su maleta y tras pedir un taxi mágico se dirigió a casa de Remus. Harry le pidió perdón por no habérselo contado todo desde un principio, le explicó lo que sentía y que no iba a cambiar. Le dijo las razones por las que estaba allí y que si él estaría a darle cobijo durante un tiempo. Remus lo abrazó con lagrimas en los ojos y lo acogió como al hijo prodigo. Tom mientras tanto miraba al vacío en la habitación de Harry. Quizás era cierto, lo había tratado como a un trofeo, pero él era incapaz de mostrar sus sentimientos de otra manera. El verano anterior era todo más fácil, Harry le mostraba una cara frágil y no la guerrera que había tenido todo el tiempo desde que llegó de Hogwarts. Lloró abrazado a la almohada, que aun conservaba su aroma, y se hizo la promesa de que lo recuperaría. Notó en el bolsillo de su túnica un pequeño paquete. El regalo que le iba a dar a Harry y que no hizo. Lo abrió con cuidado... un colgante con forma de serpiente... ¡que estúpido había sido! Solo pudo hacer una cosa... Caminó hacia la casita que había junto al lago, donde habían hecho el amor la primera vez el año anterior. - “Harry te amo” – pensó mientras se tumbaba a dormir en aquella cama... quizás a soñar con los ojos mas verdes que pudiera imaginar.
¿FIN?
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